[A la inversa] Voy al Arco: Di Fusco (1989)

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No fueron muchas las oportunidades de jugar que tuvo Raffaele Di Fusco en el Napoli, club que lo cobijó, salvo breves interrupciones, entre 1983 y 1998, cuando decidió ponerle punto final a su carrera como profesional y colgó los guantes.

El 11 de junio de 1989, en el estadio Cino e Lillo Del Luca, Ascoli, el local, y Napoli se enfrentaban por la antepenúltima fecha de la temporada 1988/89. Sin varios titulares habituales (Diego Maradona, por ejemplo), el técnico napolitano Ottavio Bianchi se las tuvo que rebuscar bastante para completar la planilla y debió improvisar un 5-3-2 con Maurizio Neri y un Careca entre algodones en el ataque.

Faltaban poco más de diez minutos para el final del partido que Ascoli ganaba cómodo 2 a 0 cuando el brasileño fundió biela. Bianchi no tenía muchas opciones: podía poner al mediocampista Francesco Romano, que se recuperaba de una lesión, y arriesgarse a que se rompiera todo o, perdido por perdido, mandar a la cancha al eterno arquero suplente Raffaele Di Fusco… como delantero.

Di Fusco, por las dudas, tenía listas en el banco las dos camisetas: la 12, por si debía reemplazar al titular aquella tarde, Giuliano Giuliani, y la 16, por si le tocaba actuar como jugador de campo. Cuando Careca hizo el gesto de “no va más”, Bianchi no lo dudó demasiado, lo miró a Di Fusco y le dijo algo así como “preparate que entrás”. El portiere amagó a agarrar la 12, pero se puso la 16, ante el desconcierto de los futbolistas del Ascoli, que no entendían muy bien lo que pasaba.

Acostumbrado a jugar como atacante en los entrenamientos, y en buen nivel según contaría el propio Ottavio Bianchi después del encuentro, el movedizo Di Fusco se las arregló para complicar a los defensores del Ascoli y hasta casi marca, de cabeza, lo que hubiese sido el descuento del equipo napolitano.

Malvestiti: ¿Para qué te traje? (?)

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Desprolijo, todo muy desprolijo lo que hizo Juan Antonio Pizzi a finales de 2013. Apenas 5 días después de haber conquistado el Torneo Inicial con San Lorenzo y cuando los dirigentes planeaban armar el equipo para ganar la Copa Libertadores, el DT pegó el portazo y los dejó a todos en banda, aduciendo que el ciclo ya estaba terminado. Sólo había dirigido 54 partidos al Ciclón.

¿El motivo de su huída? Una oferta del Valencia, endeudado y navegando en la mitad de tabla de la Liga española. Hacia allí fue el santafesino, que en su presentación en el estadio Mestalla, siguió demostrando por qué era el rey de la desprolijidad.

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Puede que traje negro con camisa celeste rayada, corbata violeta y zapatos marrones no sea la combinación más elegante. Pero bueno, la cancha también tiene butacas naranjas (?).

Lo que sí es inadmisible, es que el técnico le haya pifiado por 3 talles al traje. Evidentemente, no sólo el banco le quedaba grande.

Sacachispas con pechera y camiseta albiverde (2014)

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Arrancar el partido con pecheras y terminarlo con camisetas que no tienen nada que ver con tu historia. Cosas que pasan en el fútbol de ascenso, aunque el motivo del encuentro haya sido la Copa Argentina.

Marzo de 2014. Sacachispas recibía a Luján, en el cierre de la Fase Inicial Metropolitana IV. La visita llegó con su vestimenta alternativa: negra con detalles rojos. El local, solo contaba con un juego de camisetas para afrontar el encuentro. Hete aquí (?) el problema: las casacas azules con las que contaba Saca eran, a criterio del árbitro Rodrigo Pafundi, muy similares a las del Lujanero. Caos en Soldati.

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Después de media hora donde reinó la confusión, se decidió arrancar el juego con la solución más inmediata posible: pecheras grises, sin número ni inscripción alguna para los jugadores del Lila. Pero no todo terminaría ahí.

En el segundo tiempo, se vestirían con una camiseta blanca con vivos verdes, sin marca, escudo o algo que las identificara como propias. Por lo menos, estas tenían números. Porque la humildad tiene un límite (?).

Manrique Matías

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Matías Eduardo Manrique

Símbolo de una etapa oscura de Independiente y primer beneficiario de las constantes visitas de Gabriel Milito al policlínico, el mendocino Matías Manrique dejó su imborrable recuerdo tanto en las retinas de los seguidores del fútbol como así también en las piernas de rivales de turno. Aquí el repaso de su dilatada trayectoria.

Defensor central, lateral izquierdo o a veces volante central, Manrique debutó en la última fecha del Apertura 2000, cuando el técnico interino, Hugo Villaverde, lo mandó a la cancha por Gustavo Núñez en el segundo tiempo de la victoria 2 a 1 sobre Belgrano. Esa tarde y pese al triunfo, El Rojo no pudo lograr el pasaje a la Copa Libertadores de 2001 ya que Vélez había ganado su respectivo encuentro. La historia arrancaba con sabor a decepción.

El jugador recién volvió a ver algo de acción al año siguiente. Y durante 2001 y el primer semestre de 2002 integró una pesadillesca última línea que se compuso con estos apellidos: El Bebé Rocha ó Darío Sala / Martín Vitali, El Avión Ramírez o Matías Villavicencio / Satanás Paéz o José Luis Zelaye / Matías Marchesini o Matías Manrique / Mariano Pernía o Juan Carlos Tissera. Entrenador: Osvaldo Piazza ó El Negro Clausen… Si no viene sólo, metansé los dedos pero no se queden con el vómito atragantado.

Con la intención de destacarse entre tanta alimaña (?), nuestro homenajeado metió la mano de manera casi amateur en la última fecha del Clausura 2001, cediéndole un penal a Racing que luego El Chanchi Estévez convirtió en gol y que significó la derrota con la que Daniel Garnero se despidió del fútbol.

Con la llegada del Tolo Gallego se acabó esa etapa nefasta de la humanidad y Manrique se exilió en el recientemente ascendido Arsenal de Sarandí (2002/04), donde comenzó alternando y agarró la titularidad en el Clausura 2003. Lamentablemente, entre las lesiones y la poca onda (?) sólo disputo menos de una decena de partidos durante los últimos doce meses. En total defendió en 33 ocasiones el escudo de armas de la familia Grondona.

El mendocino volvió a Independiente y se mantuvo los últimos seis meses de 2004 entrenando con la reserva. Al año siguiente, un César Luis Menotti que ya estaba de vuelta lo vio correr, se enterneció y lo volvió a incluir en el primer equipo. Nobleza obliga, El Flaco solo lo utilizó frente a Olimpo. Fue Pepé Santoro quien lo hizo jugar con más continuidad y ya como lateral izquierdo, disimulando las falencias de Manrique con los aciertos de Navarro Montoya, El Negro Martínez, Múñoz Mustafá y El Negro Cáceres.

Luego llegó Julio Falcioni y Manrique se vislumbraba como el atleta perfecto para la filosofía del entrenador. Hasta le convirtió un recordado golazo de tiro libre a Lanús (4-2) en la primera fecha del Apertura 2005. Lamentablemente, en la quinta jornada se hizo un gol en contra frente a Gimnasia de La Plata (0-3), fue reemplazado y no volvió a verse su estampa en una cancha de la Primera División de nuestro fútbol.

Sus números finales en Independiente dan: 31 partidos con tres rojas y un gol por campeonato más 7 encuentros por la Copa MERCOSUR con la recordada tarjeta roja frente a Flamengo, cuando se hizo expulsar de manera infantil a los 18 minutos propiciando la victoria por 4 a 0 de los dirigidos por Mario Zagallo ¿Algo más? Si, cuando Manrique se estaba yendo de la cancha, Oscar Ruíz le enchufó una amarilla por protestar. Nuestro protagonista en estado puro…

Luego de meter un mal pase con el Numancia de España y de salvar su vida de milagro al arrojarse de su camioneta para evitar un secuestro express, Manrique continuó su carrera en Uruguay, donde tuvo un paso discreto por Danubio (2006). Tras un año recuperándose de una lesión en Independiente se sumó –increíblemente- a un Peñarol de Montevideo (2007/08) que se encontraba en decadencia y donde pudo sumar su único título actuando como suplente.

A mediados de 2008 volvió al país y firmó para Huracán, donde solo fue al banco de relevos en el empate 3 a 3 con River, la tarde que debutó Ángel Cappa como entrenador quemero. De hecho, fue el propio Bigotón quien le aconsejó a los dirigentes que le rescindieran el contrato junto a Germán Castillo, Alejandro Limia y Diego Herner, quienes no tenían cabida en el “Tiki – Tiki”.

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Tras no llegar a un acuerdo con Chacarita del Nacional B por un tema de números, el defensor se volvió a su provincia y jugó un año para Huracán de San Rafael del Argentino C. Luego cruzó la cordillera y se sumó a Ñublense (2010), donde su estadía quedó marcada a fuego luego de ser suspendido por cinco fechas tras agredir al jugador ecuatoriano de Unión Española, Giovanni Espinoza, con epítetos como: “Mono” y “Tomá una banana”. Ese mismo mes fue arrestado por protagonizar una pelea en el estacionamiento de un supermercado. Todo Mal.

En 2011 y ya en el otoño de su carrera Matías Manrique se integró al Leonardo Murialdo de Mendoza. Club que abandonó en algunas ocasiones para intentar ayudar a otros equipos mendocinos como Andes Talleres o Deportivo Maipú cuando participaron de competencias como el Argentino B o C. Pero claro, siempre regresa a Leonardo Murialdo, donde es considerado una leyenda y un símbolo de la provincia. Cada loco con su tema. De hecho, hace poco el club lo agasajó por su partido 300 con la institución. ¿Trescientos? “This is Sparta Mendozaaaaaaaa”…

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Mal Pase: Sanchez Prette a Bucaramanga (2014)

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Llegó al aeropuerto, se encontró con los dirigentes, le entregaron una camiseta para la foto, dio un par de vueltas y volvió al lugar de arribo para despegar otra vez. Así de intensa fue la estadía de Cristian Sánchez Prette en la ciudad que cobija al Atético Bucaramanga, el club que tenía todo listo para contratarlo. Pero en un mismo día, así como el volante argentino llegó, se marchó sin dar explicaciones.

El jugador pisó suelo bumangués alrededor del mediodía del miércoles 29 de enero de 2014. Cuentan testigos (?) que estaba todo acordado para alojarlo en la ciudad, y que incluso los directivos del club ya le habían comunicado que al día siguiente le realizarían los exámenes médicos. Pero de repente, el mediocampista desapareció. Así lo relató el presidente Héctor Cárdenas: “A las 8:00 de la noche me llamó el empresario Sergio Espíndola a decirme que no pudo retener al jugador, que se le había volado para el aeropuerto y la única explicación que me da es que recibió una llamada de otro equipo, le hicieron una oferta y el jugador dejó tirado al empresario y al club.”

Ese nuevo equipo que apareció en el medio era el Club Deportivo Águila, de El Salvador, que finalmente se hizo de los servicios del argentino. El ofrecimiento de un contrato más jugoso hizo que tomara un vuelo que lo llevara a Bogotá y de ahí otro a Centroamérica. Al llegar, vendió un poco de humo al declarar: “No podía decirle que no al equipo más popular. Estaba allá cuando me habló mi empresario, Mario Paniego, de venir a jugar acá, a un club grande y con muchísima historia y mucha gente.”

Un tiempo después, ya afianzado en El Salvador, Sanchez Prette dio su versión de lo sucedido en Colombia: “En realidad yo nunca hablé con nadie del Bucaramanga. Nunca firmé nada, estaba la posibilidad y tenía que ir a hablar con ellos. Llegué, me fueron a buscar al aeropuerto y luego prácticamente me dejaron solo, no me llevaron a ningún hotel. Fueron un montón de situaciones que me llevaron a irme de ahí; incluso si no se hubiera presentado la propuesta del Águila me hubiera regresado a Argentina.” Si decía que la publicidad de la camiseta le daba vergüenza ajena, era más creíble.

Fornillo Mariano

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Mariano Leandro Fornillo

Primer semestre del año 1999. Huracán era un quilombo, un haras, un corralón. Inmersos en una carrera alocada hacía el Nacional B, sus voluntariosos jugadores juveniles sobreexigían su tracción a sangre para intentar lograr un imposible mientras su hinchada los maltrataba cual animales; si es que legitimamos el sinsentido de maltratar a los mismos.

Con el inglés Carlos Babington haciendo las veces de un déspota patrón de estancia, por el primer equipo del Globo desfilaron percherones como Sebastián Morquio, Alfredo Torres, Marcelo Ledesma, Fernando Ávalos, Cristian Fernández, Ariel Graña, Leonardo Orsi, Gustavo Mhamed y Gustavo Artaza, entre tantos y tantos otros grandes valores.

Lo curioso del asunto es que ni antes ni después de aquel primer semestre de 1999 un plantel descensivo contó –además- con tantos potrillos señalados como proyectos de futuros grandes jugadores. A saber: Sixto Peralta, Rolfi Montenegro, Andrés Silvera, Gastón Casas, Pablo Calandria, Lucho González, Pablo Brandán y Mariano Toedtli. Eso, sumado a unos experimentados Gustavo Chacoma y Raúl Peralta. Todos ellos verdaderos pura sangre del buen trato de pelota; más allá que alguno que otro se convirtió en legítimo baldosero.

En ese contexto, el juvenil arquero Mariano Fornillo (04/04/1979) ocupó -con el dorsal número 40- el lugar de suplente de Martín Ríos una vez que el entrenador se cargó a La Anguila Gutiérrez y a Javier Sodero. Por que animales había para todos los gustos.

Y así, durante las últimas ocho jornadas, el pibe se sentó en el banco de suplentes y se dedicó a mirar los partidos, no sin dejar de sorprenderse y tomar nota del marcado contraste entre compañeros y compañeros. La afilada guillotina del Fantasma del Descenso acabó con el espectáculo y con los días de Mariano Fornillo en un plantel de Primera División.

Deportivo Merlo (2001/06), San Miguel (2006/07) y Justo José de Urquiza (2007) de las categorías menores de AFA fueron los lugares donde continuó su carrera con relativa continuidad y escaso suceso. Antes de cumplir los 30 años, Mariano Fornillo colgó los guantes.

Extrañamente o no tanto, Mariano Fornillo consiguió notoriedad y prestigio en la siguiente década ¿En que forma? No en forma de fichas, sino como uno de los mejores cuidadores y criadores de caballos de competición de la Argentina. Y allí anda hoy, recibiendo reconocimientos y billetes. Nos alegra y nos ilumina. Por que siempre es saludable tratar con equinos desde chico…

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