Vyvoda Luciano

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Luciano Javier Vyvoda

No es fácil trasgredir en una actividad con reglas, usos y costumbres muy establecidos y arraigados. Por lo general, quien lo intenta queda catalogado como un tipo peligroso o “raro” por sus superiores y por sus pares. Y, a la primera de cambio, claro, él y sus ideas salen eyectados del medio -cualquiera que éste fuere- probablemente, para nunca jamás volver a conseguir algún cargo.

Viajamos hasta febrero de 2002. Una Argentina sumergida en el caos. Y encima hacemos foco en Talleres de Córdoba, o sea, el propio lugar donde se ideó el caos. Con la responsabilidad de hacerle frente tanto al Clausura como a la Copa Libertadores, a Mario Ballarino, técnico interino de aquella institución, se le ocurrió innovar con algo que, hasta ese momento, nadie había intentado.

“Los arqueros no se lesionan casi nunca. En 300 partidos, Mario Cuenca jamás faltó. Y si le ocurre una fatalidad lo pongo a Sebastián Carrizo, que además de volante ataja bastante bien… Desde el partido contra Colón y en adelante no voy a utilizar arqueros suplentes en mis equipos… y así voy a ganar un suplente… Y luego seguiremos con nuestro plan maestro: tratar de conquistar el mundo….

El primero que sufrió el daño colateral por la iluminación del entrenador fue El Tigre Muñoz, quien encima había abandonado Boca para intentar ganar minutos en El Matador. El primero que se benefició con la determinación de Ballarino fue Luciano Javier Vyvoda (15/02/1982), quien no es una sedpiente que se adastda, sino un defensor central surgido en las inferiores del club, que aquel 17 de febrero se sentó por primera vez en el banco de suplentes y puso su mejor cara de “soy jugador de Primera” ante los fotógrafos que retrataban a los inéditos relevos sin portero sustituto.

Tras compartir ese gran momento de fama baldosera junto a Lucas Molina, Marcelo Sarmiento, Claudio Pronetto y Federico Astudillo, nuestro homenajeado nunca más fue convocado para el primer equipo y luego deambuló por el under profundo vistiendo las camisetas de Centenario de Neuquén, Sarmiento de Leones, Deportivo Guaymallén, Deportivo Roca y algún equipo del fútbol panameño, entre otros.

Por otra parte, Mario Ballarino y su banco de suplentes sin arquero duraron hasta la jornada número 12, cuando el entrenador abandonó el cargo tras diagnosticársele un severo cuadro de estrés y fatiga. Todavía le faltaba un partido por la Primera Rueda de la Libertadores. No hay caso, a los distintos todos los necios le conjuran en contra…

River 0 – Real Madrid 1 (1958)

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En agosto de 1958, el Real Madrid (vigente bicampeón en su país y tricampeón europeo) realizó una gira por las costas del Río de la Plata. No es que fueron a clavarse un chori en la Costanera ni a ver si picaba algún pejerrey, sino a jugar algunos amistosos en Buenos Aires y Montevideo. El primero de ellos tuvo lugar en el Monumental y el rival fue, obviamente, River Plate.

El Millonario formó con Ovejero; Pérez, Sola, Nuin, Malazzo; Urriolabeitia, De Bourgoing (Rodríguez); Menéndez, Scandoli (Onega), Labruna y Zárate. Los Merengues salieron a la cancha con Alonso (Domínguez); Atienza, Santamaría, Lesmes; Santisteban, Zárraga; Kopa, Puskas (Mateos), Di Stefano, Rial y Gento.

El resultado (1 a 0 para la visita con gol del Nene Rial, quien aparece anticipando a Malazzo en la imagen) terminó siendo anecdótico ante otro acontecimiento único e irrepetible. ¿La visita de un multicampeón equipo español con grandes figuras a nuestro país? No: ver a River con una camiseta rojinegra.

Trapasso: «Hagan 1 gol» de Ferro

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Probablemente, al momento de confeccionar esta obra de arte, su creador no imaginó que estaba manufacturando uno de los trapos más trascendentales, podríamos afirmar, de toda la historia del fútbol profesional argentino. Si con el simple hecho de decir “Bandera de Ferro”, el 90 % de nosotros sabemos de qué estamos hablando. Es más, la “Bandera de Ferro” es la más acabada prueba de cómo un improvisado lienzo con unas cuantas letras puede dejar de ser un simple objeto para transformarse en una inmortal sensación… como la inseguridad, aunque en este caso de muertez (?).

Sin ánimos de gastar al rival, sin la intención de termear, sin buscar aparecer en la tele o en Olé, aunque, eso si, con el poder propio del hincha como protagonista necesario del fútbol, algún anónimo logró mostrar su descontento hacía su equipo con las dosis justas de simpleza, resignación, desesperanza e ironía; sin agresiones y utilizando apenas un número y dos palabras: “Hagan 1 gol”… y ese trapo a nadie le pasó desapercibido.

Nos ubicamos en el barrio porteño de Caballito, 28 de marzo de 1999, cuarta jornada del Clausura. Ferrocarril Oeste – que se encontraba último sin puntos producto obvio de 3 derrotas- recibía a Belgrano de Córdoba en un encuentro clave en la lucha por no descender. A la necesidad de ganar se le sumaba un pequeño detalle: no habían convertido un solo gol en todo el campeonato que, eso si, recién había arrancado. No parecía taaaan grave…

Y fue ahí, precisamente ahí, cuando la bandera hizo su debut para risas de propios y estupor de ajenos. Es más, hoy, con el diario de dos décadas después, podemos afirmar que la burla fue el pináculo de la contraproducencia, ya que El Verdolaga perdió ese partido por 1 a 0. ¿Eso sólo? Para nada, después sumó cinco empates consecutivos ¿Algo más? Por supuesto, fueron todos sin abrir el marcador ya que, como una maldición, los discípulos de Cacho Saccardi no lograron batir nunca al arco rival. La única alegría, claro, la dio el trapo, que apareció desafiante en todos los encuentros disputados como local.

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Y fue así que, después de 875 minutos, 9 partidos enteros (Boca, Gimnasia, Huracán, Belgrano, Newell´s, Racing, Platense, Colón, Vélez) 137 días, un cambio de almanaque, una estación completa en el medio y de sembrar vergüenza ajena y hasta lástima en todo el país; los hinchas de Ferro pudieron volver a vociferar un tanto cuando Cristian Chaparro venció a Roberto Bonano, de River Plate, a los 63 minutos del empate 2 a 2 por la décima fecha de aquel campeonato. ¡Milagro!

Una gran deformación de Caballito entraba en la historia como el equipo que más tiempo estuvo sin vencer a la valla contraria en toda la historia del profesionalismo y como el más pobre arranque de Torneo de un club en lo que a goles se refiere… ¿Pudo haberse evitado? Seguramente no, tenían en ese equipo al Colorado Mc Allist*r y en el pecho de su camiseta decía Parmal*t.

De momento, solo de momento, un gran trapo de nuestro fútbol perdía su razón de ser y pasaba a la eternidad… ¡HAGAN 1 GOL!

Sosa Marcelo

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Marcelo Fabián Sosa Farías (El Pato)

Fiel exponente de la garra charrúa bien entendida y, a la vez, quintaesencia (?) de la garra charrúa mal aplicada, el uruguayo Marcelo Sosa pasó por el fútbol argentino en una estadía aderezada por la irrelevancia y que se explica en un Daniel Passarella siempre dispuesto a ayudar a Paco Casal ciertos señores de traje, quienes casi imperceptiblemente lo depositaron durante un tiempo en el banco de La Celeste. Así y todo, cuando este volante llegó a nuestro país se pensó que se trataba de un confiable jugador de nivel internacional. Aunque, tristemente, solo se trataba de un “aspirante a” venido a menos. Pero arranquemos desde el comienzo…

Nacido el 2 de junio de 1978 en Montevideo y sexto de siete hermanos, El Pato pasó por las inferiores de Peñarol, Nacional y Sudamérica hasta que finalmente recaló en Danubio, donde debutó en 1996 y se mantuvo hasta fines de 2003 -cuando se marchó al Spartak de Moscú– mostrándose como un jugador de marca, con nula técnica, peleador, pegador, con un carácter a veces traicionero y mañoso. En todo el combo, un típico producto barriobajero como se encuentra en cualquier país del mundo.

Además y como podía esperarse, fue un miembro estable de la Selección Uruguaya que dirigió Jorge Fossati, donde se vio, probablemente, la mejor versión de este jugador en toda su carrera durante la Copa América de Perú 2004, cuando salieron en tercer lugar y El Pato hasta se dio el lujo de marcarle un gol a Brasil en Semifinales (empate 1 a 1, derrota por penales). Esto hizo que el Atlético Madrid (2004/05) le comprase su ficha a los rusos, quienes solo habían utilizado a Sosa en seis ocasiones… y ahí comenzaría la debacle.

Los medios españoles –sobretodo- en principio lo miraron de reojo por ser alguien que “no tiene pinta de futbolista”. Y claro, El Pato tampoco contribuyó, ya que un buen día llegó a Madrid, le dio un apretón de manos a los dirigentes, firmó un jugoso contrato, se vistió de Colchonero, entró a la cancha, saludó a un centenar de hinchas con una sonrisa de oreja a oreja y…

Convertido en el hazmerreír del medio futbolístico ibérico, pero con ánimos de dar vuelta una situación que había arrancado desfavorable desde el vamos, Sosa manifestó: “Podré jugar bien o mal, pero que todos se queden tranquilos que solo me sacarán del campo de juego en camilla”. ¿Algo más? Si: “me llamaron varios compañeros de la Selección y otros compatriotas que juegan en Europa para recriminarme la caída por que había dado una mala imagen para todo el fútbol uruguayo”. Para colmo, en su debut en un amistoso frente al Majadahonda, fue expulsado por pegarle una piña en la cara a un rival. Irremontable.

Pese a todo, El Pato se mantuvo esa temporada en el plantel del Atlético, donde lo más rescatable fue que siempre intentó pudrirla cuando enfrentó al Real Madrid y dejó frases así: “Como futbolista, Beckham nunca existió pero es lindo. Le pagan por cortarse el pelo o por un video durmiendo”; “Apenas tocas a Figo te mira como diciendo ¿qué hacés? El fútbol es para hombres no para nenitas”. Y algo más: “El Vasco Aguirre me dijo que sea yo mismo, que hable con mis compañeros y que no intente hacer lo que hacía Pablo García. Pablo es Pablo y yo soy yo. Solo nos parecemos en que somos uruguayos, nada más”. Ese fue el fin.

Tras una deplorable temporada a préstamo en el Osasuna (2005/06 – 11 partidos), El Pato apareció por River Plate (2006) falto de fútbol y con la pretemporada a punto de terminar, por lo cual hubo que esperarlo un tiempo para que se pusiera en ritmo ¿Cuánto tiempo? Mas o menos hasta hoy (?).

Así y todo, el volante debutó en una victoria por 2 a 0 sobre Arsenal al ingresar a los 72 minutos por Ariel Ortega. Luego tuvo su única aparición como titular en la derrota por 1 a 0 contra Atlético Paranaense en El Monumental, por Copa Sudamericana, donde formó un lamentable tándem de contención junto a Lucas Pusineri que prácticamente acabó con la carrera de ambos en Núñez. El segundo tiempo frente a Belgrano, en el Olímpico (1 a 1), marcó el final de la estadía de Marcelo Sosa en la Argentina.

Nacional de Montevideo (2007), Tecos de Guadalajara (2008/09), Peñarol (2009/10), Racing de Montevideo (2011/12) y Danubio (2012/13) fueron los siguientes destinos del volante, donde se destaca que siempre que abandonó cada institución se fue a los portazos y en medio de polémicas y acusaciones.

Así fue el final de la carrera de Marcelo Sosa, aquel que debe su apelativo a su similitud al caminar con el ave de la familia de las anátidas. Aquel que cuando pudo volver a enfrentar al Real Madrid dijo que solo le interesaba viajar a Europa para “despeinar a Cristiano Ronaldo”. ¿Y lo consiguió? Espero que el gato no se coma al pato…

Barcelona 2 – Boca 3 (1999)

barcelona boca 1999

Pintaba para ser un partido amistoso más, pero terminó siendo inolvidable. Es que tanto Carlos Bianchi como Louis van Gaal se guardaban lo mejor, arrancando el partido con varios de los habituales suplentes. Por ejemplo, el técnico del Barcelona dejó afuera a Rivaldo, Guardiola, Luis Enrique, Figo y Kluivert. Mientras que su par de Boca, si bien mantuvo la base del equipo bicampeón, sentó en el banco a algunas figuras como Serna, Cagna, Riquelme y Palermo.

El primer tiempo se fue con el 1 a 0 para el Xeneize, gracias a un gol fantasma de Barijho. En el segundo tiempo la cosa se puso picante y los técnicos mandaron a la cancha a los grandes jugadores que tenían sentados al lado. Y se armó un partidazo.

El mellizo Guillermo rozó la pelota con la mano y festejó el segundo. Pero enseguida llegó el descuento de Zenden. Aparecería la magia de Riquelme, para dejar sólo a Palermo, que gritó el tercero.

A falta de 12 minutos para el final, Figo le puso cifras definitivas a un encuentro difícil de olvidar. Por las emociones en el marcador. Por las pisadas de Román. Y por las cadenitas apropiadas por el Chipi.

Mal Pase: Pavoni a Argentina (1972)

El Gráfico. Edición Nº 2733. 22 de Febrero de 1972.
Desde el principio, se olía que la “noticia” que tiraba El Gráfico era una bomba periodística que tenía más de operación de prensa que de realidad. Porque la posibilidad de que Ricardo Elvio Pavoni integrara la Selección Argentina nunca pasó más allá de un deseo del propio jugador, que (según la edición número 2733 de la revista deportiva) llegó a declarar que estaba dispuesto a nacionalizarse.

Por supuesto que el Chivo ya tenía partidos en la Selección de Uruguay, con la que había debutado ¡en 1962! Finalmente, el defensor continuó defendiendo la Celeste, con la que jugaría el Mundial de 1974. Todo un alivio para el Panadero Díaz, el Lobo Carrascosa y el Gallego Rosl, entre otros futbolistas que pugnaban por quedarse por la banda izquierda del equipo nacional.