San Martín de Tucumán verde fosforescente (2006/07)

Recién llegado al Nacional B, en medio de un exitoso ciclo que había arrancado en la liga local y que más tarde lo depositaría en la Primera División, San Martín de Tucumán tuvo que sufrir en la temporada 2006/07, peleando por no descender y adaptándose a una nueva categoría. Pero ojo, porque eso no fue lo único que tuvo que padecer El Santo.

Por aquellos días, la empresa Lotto presentó una nueva camiseta alternativa para San Martín, adaptándose al template internacional que vestían equipos como Quilmes, Zaragoza y la Selección de Serbia y Montenegro. Claro que una cosa es el diseño y otra muy distinta el color. A los tucumanos, les tocó la peor parte.

Con un verde fosforescente que despertó la burla de su clásico rival y el llanto de las criaturas propias (?), El Ciruja salió a la cancha en algunos partidos de ese torneo, en el que terminaría salvándose del descenso.

Un año después, ya con una camiseta gris más discreta, subiría a Primera.

Especiales: el hijo del Turco García

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Daniel Omar García (El Turquito)

Ser «Hijo de», ese karma que pocos han sabido llevar adelante con dignidad. Esa pesada mochila que no deja caminar a más de uno. Porque todos somos hijos de alguien, eso es es indiscutible, pero no todos somos hijos de jugadores reconocidos.

La posible salida a ese dilema familiar, para aquel que lo tiene, podría ser sencilla: dedicarse a otra cosa. Pero claro, la tentación de hacer una carrera parecida a la de papá, o incluso superarla, aparece naturalmente. Las comparaciones, también.

Daniel Omar Garcia nació allá por 1984 en Buenos Aires, cuando su padre, el Turco, ya jugaba en Huracán y se proyectaba como un futbolista de Selección. La carrera de Claudio, luego, tuvo varios buenos momentos, pero se ancló definitivamente en el corazón de los hinchas de Racing, donde jugó entre 1991 y 1995. «Huracán es mi mujer, pero Racing es mi amante», repetía el delantero, versionando una frase de Tucho Méndez.

Claro que el amor entre el Turco y el Globo también fue muy fuerte. De hecho, su hijo Daniel (el segundo, de 5 varones) se dedicó al fútbol como delantero y repitió los comienzos de su padre en las inferiores del cuadro de Parque Patricios.

En 2002, mientras jugaba en la Quinta División, integró un Selectivo y sorprendió a propios y extraños, haciendo un par de goles ante la mirada de Carlos Babington. «Trato de hacer todo lo que me piden los técnicos y también escucho los consejos que me da mi viejo. Yo estoy contento con esta posibilidad y mi gran sueño es jugar en la Primera de Huracán. Y ni te imaginás cómo está mi papá. Igual, sé que hay muchos chicos con condiciones y que tendré que pelear bastante, pero estoy ilusionado», declaraba el Turquito.

Mientras tanto, al padre le brillaban los ojos: “Ayer hable con Babington y me comentó que tal vez Daniel debutaba en primera. Eso me pone muy contento”. Sin embargo, el Inglés lo terminaría cagando. Rarísimo (?).

El debut del pibe llegaría recién el 11 de agosto de 2005, cuando otro Turco, Mohamed, lo mandó a la cancha (reemplazando a Daniel Osvaldo) en la victoria 3 a 0 de Huracán ante Juventud Antoniana de Salta. Mucho no pudo hacer en 10 minutos, pero al menos se puso la camiseta que había vestido su viejo.

En la fecha siguiente, frente a Atlético de Rafaela, jugó otros pocos minutos, para despedirse finalmente de la Quema. Tenía 21 años y mucho camino por recorrer. Pero claro, el karma es el karma. Y había que seguir los pasos del viejo.

Fue así como Daniel terminó en Juventud Pueyrredón de Venado Tuerto, el club que rescató a su padre de la droga, para darle trabajo, mantenerlo ocupado y convertirlo en director técnico.

Y ahí, el Turquito, no sólo fue dirigido por el Turco, sino que además pudo jugar con sus hermanos, los mellizos Christian y Alain. Todos en familia, en el momento justo.

Ser «Hijo de» no es para cualquiera, pero algunos pocos, más allá del fútbol, logran llevarlo con dignidad.

López Claudio

Lopez Claudio

Claudio Manuel López

Que hizo historia, no caben dudas. Y para eso no necesitó hacer un gol en el Maracaná ni tirarle centros a los Jumbo. Ni siquiera precisó ser mayor de edad, o dedicarse al fútbol de manera profesional. Exactamente, fue el conflicto de los jugadores de River con los dirigentes en 1983, lo que le permitió quedar en los libros: con sólo 16 años, 4 meses y 24 días, se convirtió en el futbolista más joven en debutar con La Banda.

Dicho acontecimiento se produjo el 10 de julio de aquel año (derrota 3 a 0 frente a Unión), en el primer partido en el que los pibes pusieron la cara. Y así lo recordó años más tarde: “Pensar que con edad de Séptima estuve en Primera… y lo más llamativo es que era mi segunda temporada en el club. La distancia en el juego fue tremenda y en lo físico, aún mayor. Es que no trabajábamos en el gimnasio con complementos de pesas. En una me agarró Pablo de la Mercedes Cárdenas y me pegó un manotazo que me sacó como si nada». Esos chicos eran verdaderos desconocidos. Tal es así, que regresaron a sus hogares por sus propios medios: “Cuando me fui a tomar el 28 para volverme a casa, mucha gente me preguntaba si era el que recién había usado la 7.”

Aquel fue el único partido de López en el Millonario. Tampoco volvería a jugar en la máxima categoría. «Cuando uno es chico y está en un club como River, lo primero que piensa es en estar en la Primera. A mí me tocó enseguida, no sé si fui consciente de lo que significaba”, relató. “Quizás hubiese sido mejor ir subiendo escalón por escalón. Encima, al año siguiente tuve otro golpe anímico: quedé afuera de la Selección que en el 85 iba a viajar al Sudamericano Sub 20 de Paraguay. Estos tropezones me pegaron fuerte.” A esa altura, su ciclo de vida en el club estaba por concluir: «En el 86, cuando estaba por firmar contrato, River tenía casi 40 profesionales, ¿cómo hacíamos los de abajo para llegar?».

Como volante de creación, tuvo una trayectoria más extensa en el ascenso, donde jugó el Nacional B para Nueva Chicago (1992/93, 31 partidos y 6 goles) y Talleres de Remedios de Escalada (1993/94, 24 partidos). También pasó por la Primera B Metropolitana, vistiendo las camisetas de Estudiantes de Buenos Aires (1991/92), Deportivo Armenio (entre 1996 y 1999 y 2001/02) y Almirante Brown (1999/2000). No solo recorrió el conurbano: también sumo millas jugando en Palestino (Chile), Ararat Erevan (Armenia) y Olmedo (Ecuador).

Una vez que colgó los botines, se dedicó a la dirección técnica. Aunque en su CV ya no puede poner que sea dueño de un récord: el 10 de diciembre de 2006 Mateo Mussachio, con 16 años, 3 meses y 14 días, hizo su debut con La Banda y lo destronó. Y así, Claudio López, a pesar de haber sido una leyenda (?) en su momento, pasó a ser un NN más en la historia de River.

¡No te retires nunca, Tweety!

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Sabiendo que íbamos a tener a Silvio Carrario en Arroban, decidimos completar su post en Amor A La Guita, ese que habíamos empezado a hacer en el 2006, imaginando que ya estaba por colgar los botines. ¡Ilusos!

Los últimos años de su carrera fueron tan movidos como en su etapa de esplendor. No sólo se dedicó a la dirección técnica, sino que además tuvo tiempo de seguir jugando, tanto a nivel profesional como en el ámbito amateur. Acá va la actualización que nos debíamos.

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De paso, dejamos el programa de ayer, con el Tweety de invitado. Su carrera, sus goles, sus camisetas y una duda: ¿va a seguir jugando?. Lo ves acá:

Carrario en Arroban.

Especiales: La marca del descenso

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¿Qué es lo peor que le puede pasar a tu equipo? Descender. Aún cuando se acerque ese momento y salga el DT de turno, en general Cappa, a decir que “un descenso no es la muerte de nadie”, para cualquier hincha en parte lo es, desde lo deportivo, claro está.

Pero no sólo para el hincha lo peor es el descenso. Para los responsables de las marcas, que visten a ese club domingo a domingo  sabiendo que el próximo año será sábado a sábado, el descenso es algo que no se olvida más. Porque es tu marca la que seca las lágrimas del jugador emblema que vino a salvar al club y no lo logró. Es tu marca la que aparece en el mutante (?) de turno tirando cuanto objeto pueda a la cancha para expresar su repudio. Es tu marca la que quedará grabada en la mente del hincha que tiene todas las camisetas de su club en un placard.

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En definitiva, las marcas también descienden un poco cuando los clubes que visten conocen el ocaso. Es por eso que decidimos tomar como referencia los últimos 20 años del fútbol argentino (1994-2014), teniendo en cuenta que a partir de los primeros años de los 90 el mercado de las camisetas se abrió y el portfolio de marcas pasó a ser mucho mayor, e hicimos una tabla estadística con la cantidad de descensos de cada sponsor técnico y su club.

En este repaso, nos dimos cuenta de que hay marcas que, no conformes con vestir una vez a un club descendido, repiten, tal es el caso de Lotto con Quilmes, Balonpie con Olimpo y Mitre con San Martín de San Juan.

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En estos 20 años, descendieron dos gigantes del fútbol argentino, equipos que nadie imaginaba que podían descender. Y los que menos lo imaginaban, lógicamente, eran sus sponsors técnicos. Fue así como River se fue a la B con adidas, su compañero de casi toda la vida. Y pasó lo mismo con Independiente, que bajó de categoría con Puma.

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Y si hablamos de la empresa del felino (?), tenemos que decir que ostenta el récord de ser la marca con más descensos en estas dos décadas, con 7 equipos vestidos, entre los que también aparecen grandes del interior, como Talleres y Rosario Central.

Y si mencionamos las luces y las sombras de las marcas, podemos decir que de los equipos que descendieron y volvieron a salir campeones en Primera División en los últimos 20 años, sólo River con adidas repite firma de indumentaria, ya que Estudiantes salió campeón con Topper, Argentinos Juniors con Diadora y Banfield con Mitre.

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La tabla histórica (1994-2014):

Puma: 7 (Español, Platense, Gimnasia de Jujuy, Unión, Talleres, Rosario Central e Independiente).
adidas: 5 (Estudiantes, Mandiyú, Argentinos Juniors, Huracán Corrientes y River).
Mitre: 5 (San Martín SJ x 2, Olimpo, Chacarita y Belgrano).
Lotto: 4 (Quilmes x 2, Banfield y Gimnasia y Tiro).
Penalty: 3 (Gimnasia LP, Nueva Chicago y Talleres).
Kappa: 3 (Banfield, Huracán y San Martín de Tucumán).
Signia: 3 (Belgrano, Huracán y Los Andes).
TBS: 3 (Unión, Chacarita y Nueva Chicago).
Balonpie: 3 (All Boys y Olimpo x 2).
Topper: 2 (Gimnasia y Tiro y Atl. Tucumán).
Umbro: 2 (Colón e Instituto).
Envión: 2 (Argentinos Juniors y Huracán).
Joma: 1 (Argentinos Jrs).
Dunlop: 1 (Gimnasia de Jujuy).
Athix: 1 (Godoy Cruz).
Athletic: 1 (Tiro Federal).
Mebal: 1 (Almagro).
Le Coq Sportif: 1 (Belgrano).
Sport 2000: 1 (Almagro).
Atlantic Sport’s: 1 (Huracán de Tres Arroyos).
Brisa: 1 (Atlético Rafaela).
New Balance: 1 (Ferro).
Diadora: 1 (Instituto).

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Los descensos (1994-2014)

2014: Argentinos (Joma), All Boys (Balonpie) y Colón (Umbro).
2013: Unión (TBS), Independiente (Puma) y San Martín de San Juan (Mitre).
2012: Olimpo (Balonpie), Banfield (Kappa).
2011: Quilmes (Lotto), Huracán (Kappa), River (adidas) y Gimnasia LP (Penalty).
2010: Atlético Tucumán (Topper), Chacarita (TBS) y Rosario Central (Puma).
2009: Gimnasia de Jujuy (Dunlop) y San Martín (Kappa).
2008: Olimpo (Mitre) y San Martín de San Juan (Mitre).
2007: Quilmes (Lotto), Belgrano (Signia), Godoy Cruz (Athix) y Chicago (TBS).
2006: Tiro Federal (Athletic), Instituto (Umbro) y Olimpo (Balonpie).
2005: Huracán de Tres Arroyos (Atlantic Sport’s) y Almagro (Sport 2000).
2004: Chacarita (Mitre), Chicago (Penalty), At. Rafaela (Brisa) y Talleres (Puma).
2003: Unión (Puma) y Huracán (Signia).
2002: AAAJ (Envión) y Belgrano (Mitre).
2001: Almagro (Mebal) y Los Andes (Signia).
2000: Ferro (New Balance) , Gimnasia Jujuy (Puma) e Instituto (Diadora) .
1999: Huracán (Envión) y Platense (Puma).
1998: Español (Puma) y Gimnasia y Tiro (Lotto).
1997: Banfield (Lotto) y Huracán Corrientes (adidas).
1996: Belgrano (Le Coq) y Argentinos (adidas).
1995: Talleres (Penalty) y Mandiyú (adidas).
1994: Estudiantes (adidas) y Gimnasia y Tiro (Topper).

Por @AlfreMontes.

Islas gay friendly (1992)

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Un adelantado en todo sentido: en su puesto, en la moda y en la noble lucha contra la discriminación. Allá por 1992, Luis Islas defendía el arco de Independiente con un polémico y personalizado atuendo celeste con las tres tiras de adidas, que se destacaba por dos cosas: su apellido escrito de forma artesanal y la bandera LGBT (o bandera del arcoíris), símbolo del orgullo gay desde los años 70.

Cada color, por supuesto, tenía un significado. El rojo (vida), el naranja (salud), el amarillo (luz solar), el verde (naturaleza), el azul (serenidad) y el violeta (espíritu), hacían de Luisito el arquero más completo del país. Y aunque parezca mentira, metérsela se hacía difícil.