Godoy Cruz sin marca ni sponsor (2002)

Época complicada para la pilcha del Bodeguero. En 2001, había sido vestido por Mebal, empresa que le diseñó una camiseta suplente bordó. Sobre el final de ese año, también tuvo que suplir la ausencia de su principal auspiciante con un parche. Y la cosa empeoraría a partir del año siguiente.

El Clausura 2002 lo vio vestir, en la primera fecha frente a Defensores de Belgrano, la misma camiseta con la que había terminado el torneo anterior. Sin embargo, la cosa pronto cambiaría: se rompieron relaciones (?) con Mebal y Godoy Cruz se quedó sin un proveedor de indumentaria. ¿Cómo se arregló el tema? Metiendo una casaca de paupérrimo diseño, sin marca ni sponsor (en el pecho llevaba la leyenda “El Expreso”, otro de los apodos del conjunto mendocino). Como la que luce el Pitu Caneda, a la izquierda de la imagen.

A pesar del humilde atuendo, los hinchas del Tomba recuerdan al mismo con gran cariño, ya que fue parte de una gran campaña en la que el equipo pudo mantener la categoría (empate en la última jornada frente a San Martín, en San Juan) e incluso clasificó para un octogonal final, incluyendo un inolvidable clásico frente a Independiente Rivadavia que decretó el descenso su tradicional rival. Con todo esto, sobre el final de la temporada llegaría Lotto, una marca internacional con gran reconocimiento que, en primera instancia, se acopló a lo existente y se limitó a poner su logo sobre la misma camiseta. Unos desvergonzados (?).

Fuera de stock: la cerveza Boca Juniors

El fútbol y la birra, dos grandes pasiones populares en nuestro país. ¿Por qué no juntarlas?, se habrá preguntado algún cráneo del marketing, seguramente impulsado por un mercado que ofrecía buenas expectativas de ganancia.

A principios de los dorados años 90, en la Argentina se vivía el furor del coleccionismo de latas. El 1 a 1 cambiario permitía la importación de cualquier tipo de bebida. Desde la yanqui Dr Pepper, pasando por la francesa Orangina, hasta la cerveza japonesa Sapporo. Esas, por nombrar algunas de las más comunes. También existían otras rarezas, intomables la mayoría, que igualmente tenían fanáticos. Generalmente no importaba la calidad del contenido, lo que se valoraba era el envase.

En las repisas o estantes de cualquier casa de familia, rápidamente volaron los libros o adornos, para darle lugar a las latas importadas, pero vacías. Exhibidas como si fuesen trofeos de guerra. Ni más ni menos que envases que habían costado centavos y cuya única función, con el correr de los días, era juntar polvillo. Mugre, bah.

De ese hobby que rozaba el cirujeo también se desprendió otro hábito despreciable, aunque practicado sólo por los ñiños y adolescentes: juntar las chapitas de las latas en un collar. Hasta a un hippie le daría vergüenza, pero en aquel momento estaba aceptado socialmente. Modas son modas.

No fue extraño, entonces, que en ese contexto apareciera la cerveza Boca Juniors, una bebida alcohólica fabricada en Estados Unidos, pero vendida en la Argentina allá por 1993, cuando todavía duraba la efervescencia por el título local conseguido por el Xeneize un año antes.

La colección constaba de latas auriazules de 473 ml, con imágenes que homenajeaban a los jugadores de aquel plantel, como Navarro Montoya, Soñora, Simón, Giuntini, Mac Allister, Mancuso, Márcico, el Manteca Martínez y el Beto Acosta.

Además, existían otras latas blancas (tenían su versión de 355 ml) con la imagen del equipo titular, en la que extrañamente aparecía el baldosero Fabio Talarico y la infaltable mascota xeneize de esa época. Sí, un niño en una lata de birra, aunque esas no tenían alcohol, vale aclarar. Demasiada tierna para ser «La cerveza de la N° 12».

¿Más curiosidades? La lata de Giuntini decía «Giutini». Y como si fuera poco, una leyenda te invitaba a completar la formación del equipo para participar de una sorpresa. Y eso que en Boca todavía no jugaba Chávez. Aunque sí el Mono (?).

Del sabor de la cerveza poco podemos decir, porque nosótros todavía estábamos con el Nesquik (?) y no conocemos a ningún valiente que la haya probado, pero lo cierto es que no duró mucho en las góndolas y pronto pasó al olvido, quizás perjudicada por esa época de Boca, que no volvió a salir campeón hasta 1998.

Más info en:

Las latas de Miguel.
Imborrable Boca.

Gancedo a Boca y Villarreal a La Coruña (1992)

Una de las secciones habituales de la revista El Gráfico a inicios de los 90’s era “Si lo sabe, hable”. En una o dos páginas, se comentaban chismes, rumores y otras habladurías vinculadas al mundillo futbolístico. Así, con la impunidad del anonimato, muchas veces se arriesgaban transferencias que finalmente quedaban en la nada. Y en este caso de 1992 metieron dos al precio de una: se anunciaba la llegada de Leonel Gancedo a Boca para reemplazar a José Luis Villarreal, que se iba a La Coruña. Obviamente, nada de esto sucedió.

Peralta Yonny

Yonny Michel Peralta Godoy

Uruguayísimo, empezando por el nombre. Limitado, para confirmar su nacionalidad (?). Y raro, por sobre todas las cosas, porque un marcador de punta alto y de pelo largo es una rareza, más allá de su país de origen.

Nacido el 4 de abril de 1988, arrancó en Paysandú FC, pasó por algunas selecciones juveniles y llegó de pibe a España, para probarse en el Sevilla B. Allá dicen que ni jugó, pero de todas formas aparece en su currículum. Ese antecedente ibérico, le permitió asegurarse un futuro en otros equipos de Sudamérica. No sabemos si es bueno, pero conoce Europa, bo.

Desembarcó en Newell’s para el Apertura 2007, en un equipo que tenía jugadores de la talla de Villar, Schiavi, Husaín y Santiago Salcedo. Al charrúa, ni bien cayó le dieron la camiseta número 3, aunque sólo simbólicamente, porque en su lugar solía jugar Ansaldi o hasta el Negro Lucero.

Su único partido en La Lepra fue ante Boca, en la undécima fecha, cuando Caruso Lombardi lo metió por el propio Lucero a los 64 minutos. Fue victoria 1 a 0 del rojinegro en el Parque Independencia y significó la despedida oficial del uruguayo, que antes había ido al banco en un match ante Tigre.

Sin chances, permaneció en la ciudad, pero bajó al Nacional B para vestir los colores de Tiro Federal, a préstamo por 6 meses. Su DT, el Chaucha Bianco, lo quiso elogiar de entrada, pero lo terminó matando: «Peralta es un buen jugador, con proyección, y tendrá sus chances. Llegó en buena forma porque estaba haciendo la pretemporada en Newell’s, aunque tiene un ritmo algo distinto al nuestro, que empezamos antes» (?).

De más está decir que jugó nada en ese semestre, pero al menos conoció a Pillud, Bordicio, Charles Pérez y Armani, entre otros.

En la temporada 2008/09 pasó a San Martín de San Juan, recién descendido al Nacional, a pedido de Pablo Marini, que lo conocía de Newell’s. Y la apuesta pareció salirle bien al DT, porque en su debut Yonny marcó un gol de cabeza que significó el triunfo 1 a 0 ante Atlético Tucumán.

Sin embargo, las sonrisas se terminarían rápidamente, ya que Peralta sufrió una fractura que lo dejó afuera varias semanas y entonces la dirigencia salió a buscar a otro lateral por izquierda. «Si viene un jugador, tiene que ser de jerarquía», dijo Pomelo. Y cayó…Cristian Tavio.

De vuelta en sus pagos, actuó en Durazno FC (2009), Miramar Misiones (2010), Peñarol (2011) y Liverpool (2012), sin destacarse. Es más, en el Manya prácticamente no jugó. Primero, porque estaba por delante el gran Darío Rodríguez. Y segundo, porque preferían inventar a Emiliano Albín en esa posición. Se ve que mucha confianza no lo tenían al Yonny.

Desde hace un par de años, su paradero es una incógnita.

Real Madrid 0 – Independiente 6 (1953)

Luego de terminar en la cuarta posición el Campeonato del Nacional B de Primera División, Independiente comenzó una gira por Europa que le depararía grandes resultados. Sin dudas, el más destacado fue el que consiguió frente al Real Madrid.

El 8 de diciembre, el Rojo entró en los libros al propinarle al Merengue la derrota más dura de su historia como local: ¡6 a 0! Michelli (en tres oportunidades, una de ellas inmortalizadas en la imagen), Bonelli, Cecconato y Grillo convirtieron los goles del equipo de Avellaneda, que iniciaba de la mejor manera su viaje por el Viejo Continente.

Platense con parches blancos (1988)

Así como sucedió en la temporada 1997/98, una década antes Platense también supo tener una camiseta marrón con un parche blanco que simulaba ser su tradicional franja horizontal.

En esta foto de 1988, observamos a Norberto Callipo, Gustavo Jones y Guillermo Rodriguez, con sus casacas parchadas, aunque no todas a la misma altura. Para completarla, el diseño de los números del pantalón también son bien diferentes.

Créditos a Calala.