Racing 3 – Ajax 2 (1979)

Recién coronado como campeón del fútbol holandés de la temporada 1978/79, el Ajax de Ámsterdam salió de gira por Sudamérica y enfrentó a tres equipos argentinos: Talleres de Córdoba, River Plate y Racing Club.

La Academia, dirigida por Enrique Omar Sívori, estaba segunda en su zona del torneo Metropolitano y contaba con jugadores como Cejas, Barbas, Avallay y Roberto El Ropero Díaz.

El amistoso, disputado el 15 de junio de 1979 en el estadio de Vélez Sársfield, terminó 3 a 2 para el cuadro argentino, con goles de Carlos López, Moulia y Barú; mientras que Ling y Kaiser descontaron para el team europeo de Cor Brom.

Fuera de Stock: El 1 de Navarro Montoya

Si uno recuerda a Carlos Fernando Navarro Montoya como futbolista, no puede dejar de pensar en una tragedia su particular estilo, en su pelada con pelo largo, en los jeans Vanquish, en su incansable lucha para ser convocado a la selección argentina y, por supuesto, en su clásico buzo del camión. Sin embargo, hubo otro detalle, quizás menos llamativo, que acompañó al arquero durante toda su trayectoria: el número 1. Pero no cualquier uno. Conozcamos la historia.

Nacido en Colombia, pero formado futbolísticamente en Argentina, el Mono debutó en Vélez Sársfield en 1984 y desde sus comienzos se mostró como un jugador distinto. No sólo ocupar el arco y por aceptar a temprana edad el llamado de la selección cafetera, sino también por otras cuestiones que tenían que ver con la imagen, aspecto poco explotado por aquel entonces.

La indumentaria de Navarro Montoya siempre estuvo signada por un número 1 bastante extraño, gordo, de forma irregular y bien grande. Presente en la espalda, en el pecho y en el short. Único y personal. Cuando uno veía ese 1, sabía que pertenecía al Mono. Algo parecido a lo que sucedía con Fillol, con esa especie de I latina uno en números romanos. Ni más ni menos que una marca registrada.

En Independiente Santa Fe, en Vélez, en Boca. Podía cambiar de club o de buzo, pero el 1 siempre se mantenía. Incluso algunos intentaron cambiárselo, pero él se negó siempre. El empresario y diseñador Oscar Tubío, autor de algunas camisetas célebres del fútbol argentino, recuerda el motivo: «Él vino a hablar conmigo una vez. A mí el camioncito no me gustaba y el 1 no me dejaba tocarlo, porque lo había hecho la mamá. A mí me recordaba al pingüino de vino que le servían a mi papá en el bar».

En 1996, la imagen personal del arquero comenzó a chocar con la institucional del Xeneize. Mientras el club continuaba su relación con Olan, el Mono se mostraba con un buzo de la firma danesa Hummel. Unas semanas más tarde, Olan pasó a ser Topper y entonces el colombiano comenzó a usar un buzo verde, sin marca aparente, pero con el 1 de siempre.

Ya para octubre de ese año, Nike comenzó su relación con Boca, poniéndose firme con la indumentaria del guardavallas. Navarro Montoya, sabiendo de las exigencias comerciales que se venían, mandó a bordarle el logo de Nike a su buzo verde. Los de Nike se le cagaron de risa y fueron contundentes: nada de diseños caseros, ni números raros. Todo debía seguir el patrón de la marca de la pipa, sin contemplaciones.

El Mono finalmente tuvo que rendirse y aceptar el buzo blanco con el impersonal número 1 de fábrica, en el debut de la empresa yanqui, con empate 0 a 0 ante Racing, por la Supercopa.

También le tocaría usar el buzo negro, que mantenía el template de la camiseta: la franja amarilla y las polémicas líneas blancas criticadas por Maradona.

Cansado por estas cuestiones, pero sobre todo por su relación con el técnico Bilardo, el arquero se marchó a España, para vestir los colores del Extremadura. Y si bien el Mono se dio el lujo de volver a usar el buzo del camión, se le complicó a la hora de mostrar el 1, porque de entrada le dieron el 25.

Recuperó el 1 en el Mérida, pero después le dieron el 24 en el Tenerife. Lo que no cambió fue la costumbre de irse al descenso, ya que bajó con todos.

Tras pasar por el fútbol chileno, regresó a la Argentina para jugar en Chacarita, Independiente, Gimnasia, Nueva Chicago y Olimpo, donde siguió alimentando su fama de jugador descendente. Incluso en el medio tuvo tiempo para actuar en el Atlético Paranaense de Brasil, para finalmente retirarse en Tacuarembó FC de Uruguay. Siempre con el 1 parecido a un pinguino de vino.

Hoy, con el Mono abocado a su tarea de Director adjunto (?) de las divisiones inferiores de Boca, se lo extraña en las canchas argentinas. Sobre todo ahora, que no hay descensos.

Caniggia al Compostela (1998)

Venía de ser figura de Boca en el primer semestre de 1998, pero eso no le alcanzó para ser convocado al Mundial de Francia. Ese sinsabor fue clave para que Claudio Caniggia detuviera su marcha una vez más, como lo había hecho durante 1997. Apoyándose en el físico privilegiado que tenía, desafiaba a la inactividad y se dedicaba a esperar una buena oferta.

Sin lugar en el plantel de Carlos Bianchi, pero con parte de su pase todavía en poder del Xeneize, en octubre de 1998 Cani comenzó a ver con buenos ojos la posibilidad de marcharse al fútbol español, más precisamente al Compostela, de la Segunda División.

El acuerdo entre el jugador y la institución gallega no tardó en llegar. Y el Presidente, José María Caneda, se entusiasmó con la llegada del argentino, que se iba a concretar en diciembre de ese año: «Existe un total acuerdo entre nosotros y Claudio Caniggia, sólo falta que él arregle su situación con Boca». Y agregó: «es un grandísimo jugador y yo ya sueño con un ataque formado por él y el holandés Sion. Con esos dos delanteros no se nos puede escapar el ascenso. Sé que hace rato que no juega, pero si llega en noviembre, en un mes creo que se podría poner en forma. Sólo falta que ahora Caniggia se comunique con nosotros y nos diga qué pasó con Boca».

¿Qué era lo que esperaba en realidad el mandamás del Compostela? Que el Pájaro quedase libre, ya que su club no tenía intenciones de poner dinero por un jugador que había pasado los 30 años. ¿Qué quería Boca para largarlo? Dos millones y medio de dólares. El Compostela nunca los puso.

Al año siguiente, Cani se fue al Atalanta de Italia y el Compostela, con el ruso Dmitri Rádchenko en la delantera, no pudo ascender.

Francica Leonardo

Leonardo Ángel Francica

Ignoto delantero que sumó algunos minutos en Primera División con la camiseta de Huracán gracias a la confianza de Héctor Cuper, quien lo hizo debutar el 13 de noviembre de 1994 en un encuentro frente a Ferro.

Con esa camiseta jugó 4 partidos (2 victorias y 2 empates, todos en el Tomás A. Ducó), marcando un solo gol, a Gimnasia y Esgrima La Plata, en un partido postergado por la 10ª fecha del Apertura 1994. Ese 13 de diciembre, el Globo formó con Rómoli; Arrieta, Gabriel Rinaldi, Corbalán, Pineda; Andrade (Hugo Morales), Fantaguzzi, ContiSergio Arias; Francica (Walter Pelleti) y Daniel Jiménez. Una constelación de baldoseros a los que se podría sumar el árbitro del partido, Rubén Padilla.

Sin lugar en Parque Patricios, apareció jugando en la Primera C para Lamadrid (1997/98) e Ituzaingó (1998/99), sin saberse nada más de sus pasos futbolísticos.

Gracias a San Google sabemos que posteriormente estuvo al frente de Industria y Servicios S.A., una empresa dedicada a la comercialización de aberturas en general en chapa, aluminio y madera, ubicada en Lomas del Mirador. Así que si andan por la zona y justo necesitan una puerta (?), pregunten por él. Pero no digan que van de parte nuestra.