Medina Leonardo

Leonardo Medina (El Búfalo)

Fiel representante del jugador golondrina, aquel que vuela de un lugar a otro en busca de un nido pasajero que le de la posibilidad de subsistir durante algunos meses, hasta que se aburre y entonces continúa su tradición migratoria. De Montevideo al Mundo, con escala en Parque Patricios. Con ustedes, Leonardo Medina.

Nacido en 1977, debutó en 1998 con la camiseta de Sud América, la primera de su vasta colección, que incluye varios equipos de su país. A saber: Rentistas (1999/2000), Deportivo Colonia (2002/03), Liverpool (2004/06), Miramar Misiones (2010/11), Cerro (2011/12) y Rampla Juniors (2012/13). Salvo en Deportivo Colonia y en Liverpool, en el resto de los clubes no hizo mucho.

En el exterior, por supuesto, también repitió la fórmula de comer algo y rajar enseguida. Pasó por Real Cartagena (2002) y Deportivo Pereira (2008) de Colombia; Jaguares de Chiapas, México (2006); Audax Italiano de Chile (2007/2008, con goles en copas internacionales), Oriente Petrolero de Bolivia (2009) y Cienciano de Perú (2010). Uffff, ¿algo más? Sí, claro, sino no estaría en este sitio.

A comienzos de 2009 recibió un llamado para sumarse a Huracán. Por aquel entonces se estaban gestando Los Ángeles de Cappa (?) y la mayor preocupación del Globo era la falta de un delantero con gol, deficiencia que mostraría el equipo hasta el final del torneo.

Medina llegó con su bolsito, todavía con las etiquetas y la assist card colgando (?), le tiraron la camiseta número 7 y lo mandaron a la cancha. O mejor dicho, al banco de los suplentes. Jugó muy pocos minutos hasta la fecha 14 de aquel Torneo Clausura, cuando le dieron por fin la titularidad en el duelo ante River. Y el tipo pagó con un gol, el único que hizo en nuestro país. Llevándosela por delante y casi de casualidad, pero en definitiva fue el segundo de la goleada 4 a 0.

Después de aquel partido fue titular en las victorias ante Banfield y Rosario Central, pero regresó al banco para la fecha 17 y nunca más apareció. ¿A qué temible goleador tenía por delante? A Federico Nieto. Todo dicho.

Su momento de fama, sin embargo, no lo logró con el Huracán campeón 2009, sino en el fútbol boliviano, con otro episodio que se viralizó gracias a Youtube y las redes sociales.

Nos situamos en el estadio Ramón Tahuichi Aguilera Santa Cruz de la Sierra, donde Oriente Petrolero, el equipo de Leonardo Medina, se enfrentaba al Blooming en el clásico regional. Todo empezó bien para el uruguayo, que a los 38 minutos puso el 2 a 0 parcial y desató la alegría en las tribunas. Pero todavía faltaba lo mejor…

Llegando al final del primer tiempo, cuando parecía que Oriente estaba sobrando a su rival, el Búfalo se quiso pasar de listo provocando al morrudo defensor Sergio Jáuregui. Sin dudas, una mala decisión. El hombre de Blooming no se contuvo y lo fue a buscar con ira, Medina se quiso defender agarrándolo de la camiseta, pero terminó cayendo al piso y tirándole una patada. ¿Resultado? Ambos jugadores expulsados. Parecía que en el revoleo terminaba ganando Oriente, pero nada que ver…

Jáuregui, caliente como una pipa, esperó que el delantero se fuera tranquilito al túnel y justo antes de que ingresara le aplicó una patada voladora al cuello. Hermosa, por donde se la mire. Y no queremos justificar la violencia, pero a lo mejor estuvo bien merecida (?).

Lo que vino después también fue entretenido. Blooming reaccionó después de eso y el partido terminó 2 a 2. Pero eso no es todo, porque el ex atacante del Globo terminó internado y a Jáuregui, pese a que pidió las disculpas del caso, lo suspendieron por un año. Bue, tampoco era para tanto (?).

Desde mediados de 2013 que no hay más noticias del Búfalo Medina, este uruguayo raro que tiene un solo nombre y un solo apellido. Quizás, a los 36 años, haya encontrado un buen nicho nido para quedarse definitivamente.

Hasta Tinelli y el Maipo no paramos

– Lo único que faltaba, salir en la revista Paparazzi. Eso sí, nunca con minas al lado, para no perder la mísssssstica. La pueden conseguir en los kioscos, es la que tiene a Beto Casella en la tapa (?).

– Los muchachos del Tren Deportivo nos entrevistaron en dos partes (?). Un día salimos al aire con muchos problemas de comunicación y a la semana siguiente por fin pudimos hablar como la gente, sobre el sitio, el libro, jugadores baldoseros y más. Acá lo pueden escuchar:

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Nota a Nicolas Girasol by El Tren Deportivo on Mixcloud

– Por otro lado, en las próximas semanas estaremos presentando El Veraz del Fútbol en distintas partes del país. Estén atentos al próximo boletín (?).

Una Zola vez en la vida… (1994)

Una vez conscientes del rol que el fútbol y la existencia nos asignaron a cada uno de nosotros –ya sea tanto por talento y/o sacrificio como así también por la falta de esos mismos atributos- el obligatorio paso subsiguiente es soñar con participar en alguna Copa del Mundo. Ese deseo global recorrió, al menos por un mísero segundo, la cabeza de todos quienes vagamente sabemos de que se trata todo esto. Y el diga que no, mete bolazo

Es así que, por estos días y en cualquier lugar del planeta, podemos encontrar a muchos simpatizantes ultimando detalles de un sacrificio que se extendió durante cuatro años. También divisamos a otros que, tarjeta de crédito en mano, se relamen imaginado las jornadas de fútbol y descontrol que Brasil y la providencia les ofrecen a su humanidad. Hay, además, mucho periodista con la mandíbula fracturada de tanto chupar medias para que se lo incluya en la lista de su empresa y mucha minita finalizando arduas sesiones de gimnasio para luego ir a atorrantear a la cidade maravilhosa, tener la suerte de promocionar alguna marca y poder comer caliente durante algunos años… En fin, el sueño nos incluye a todos

Ahora bien, dentro del rol más importante y perecedero de esta historia -el de futbolista- vemos como a lo largo y ancho del tiempo muchos protagonistas corrieron con suertes dispares y hasta injustas. Por ejemplo, el crack finlandés Jari Litmanen debió reprimir su deseo al ver los compañeros que le tocaron en suerte, en contraposición del arquero árabe Hussein Al-Sadiq, quien asistió a dos mundiales. Y así podemos enumerar miles de casos.

Dentro de los jugadores a los que el destino les hizo justicia poética y pudieron asistir al menos a una Copa del Mundo, encontramos el caso del astro italiano Gianfranco Zola quien, contrariamente a lo que sugieren sus condiciones, sólo estuvo presente en U.S.A ´94. Y, precisamente, no de la mejor manera…

Marazola, aquel pibe que creció bajo la tutoría de El Diego en Napoli, sufrió desde sus inicios el ser contemporáneo de Roberto Baggio y recién debutó con La Azurra en 1991, cuando ya contaba con 25 años. Poco tenido en cuenta por Arrigo Sacchi -quien hasta junio de 1994 lo había utilizado como relevo en apenas seis ocasiones- sólo la empresa Upper Deck apostó a su presencia en el Mundial Yankee, ya que Panini lo ignoró completamente de plano.

Pero claro, durante los primeros meses de 1994, el diminuto técnico tano tuvo un problema de nombre Roberto y de apellido Mancini; y aquello le abrió un inesperado lugar a Zola en la lista definitiva. Aunque, eso si, en un rol absolutamente complementario.

En aquella accidentada Primera Ronda para Italia -quien finalizó tercera en su grupo por detrás de México e Irlanda- Zola no tuvo ni la más remota posibilidad de ver acción, perjudicado por los avatares de un equipo que andaba a los ponchazos. Cuando pensábamos que nos íbamos a quedar con la leche (?) de ver un cacho de su talento, la chance le llegó en el partido por Octavos de Final contra Nigeria. Y aquello quedaría grabado a fuego en la historia

Las recordadas Súper Águilas llegaron al encuentro siendo la gran revelación del torneo y con la mejor generación de futbolistas de su historia. Ganadores del Grupo D por diferencia de gol, los negros mostraron un alegre juego ofensivo como principal virtud hasta en el partido que perdieron contra la Argentina.

Pero por supuesto, en el haber, esta selección mostraba la tan mentada “ingenuidad defensiva” tan característica de toda selección africana. Eso, además de torpeza, escasa concentración y falta de picardía. Todo este déficit, encarnado en su castigada última línea…

Y fue aquel 5 de julio, en Boston, que la historia amagó con dar un giro inesperado. A los 26 minutos, un rebote digno de un aficionado en Paolo Maldini a la salida de un corner benefició a Emmanuel Amunike, quien con un toque suave sentenció el 1 a 0. A partir de ahí la pelota fue toda de los tanos, quienes se encontraron con una defensa nigeriana atenta, sólida y segura. Hasta parecía que Peter Rufai había llevado las manos (?).

El reino del revés. Italia atacaba anarquícamente y Nigeria usaba un catenaccio fìsico para defenderse. Haciendo abuso de la buena estrella, sobre los 30 minutos del segundo tiempo, el lateral Augustine Eguavoen dio una clase de picardía haciendo expulsar injustamente a un rival ¿su victima? Nuestro venerado Gianfranco Zola, quien había hecho su debut mundialista apenas 11 minutos atrás…

La polémica jugada se dio sobre el costado derecho de la defensa nigeriana cuando, luego de un choque entre ambos jugadores, Zola cargó sobre Eguavoen y le ganó la posición de forma vehemente aunque completamente limpia. Y ahí vino la escena dantesca…

Eguavoen cayendo fulminado. El árbitro mexicano Arturo Brizio Carter con la tarjeta roja en alto. Sunday Oliseh festejando como un gol y corriendo a felicitar con un beso la performance artística del defensor. Eguavoen sonriendo desde el suelo y Gianfranco Zola haciendo pucherito, cruzándose de brazos y arrodillándose en el lugar como un nene que no quiere irse de la plaza, para luego sufrir una crisis de furia y llanto. Apenas unos segundos que se inmortalizaron. Gloriosos y patéticos al mismo tiempo.

Así y todo, los nigerianos se acordaron sobre el final que eran africanos (?) y a los 43 minutos del segundo tiempo dejaron sólo a Roberto Baggio, quien mandó el partido al alargue. A los 10 minutos del primer suplementario, Eguavoen, aquel que por un rato fue el tipo más pija del planeta, se tiró sobre Il Codino como si fuese Superman cazando un chorro y el 10 de Italia, de penal, mandó a Las Súper Águilas a hacer las valijas. La naturaleza había vuelto a equilibrar el Calcio.

Pese a lo injusto de la expulsión y aùn con la imagen de Tab Ramos convulsionando ante las cámaras un día antes, la FIFA le aplicó dos fechas de suspensión a Zola. Sin ser tenido en cuenta en la Final ni en los mundiales siguientes, aquellos 11 minutos fueron su One Hit Wonder en la Copa del Mundo…

Por otro lado, y a pesar que en Francia ’98 también vendió algo de humo, la generación dorada de Nigeria se fue de su primer Mundial con demasiado sabor a decepción. La ilusión de un equipo africano con buen juego, orden defensivo y picardía fue, como la participación de Marazola, un sueño de pocos minutos en esta vida…

River 3 – Yokohama Marinos 2 (1993)

La podía clavar en un ángulo o sacarla de la cancha, el Mencho era así. Quienes vieron jugar a Ramón Ismael Medina Bello lo recuerdan, generalmente, con una sonrisa. Incluso los japoneses del Yokohama Marinos, institución donde estuvo entre 1993 y 1996, cuando decidió volver a River Plate.

El delantero de Gualeguay se había despedido del Millonario, precisamente, con un partido ante su nuevo club, allá en el verano del ’93. Aquel día Medina Bello jugó el primer tiempo para River, pero ya en la segunda parte se puso la casaca del Yokohama para empezar a tirar paredes con otro jugador de la Banda, Ramón Díaz.

Ganó River 3 a 2 y el Mencho hizo un gol para los japoneses, pero no lo gritó.