Una Zola vez en la vida… (1994)

Una vez conscientes del rol que el fútbol y la existencia nos asignaron a cada uno de nosotros –ya sea tanto por talento y/o sacrificio como así también por la falta de esos mismos atributos- el obligatorio paso subsiguiente es soñar con participar en alguna Copa del Mundo. Ese deseo global recorrió, al menos por un mísero segundo, la cabeza de todos quienes vagamente sabemos de que se trata todo esto. Y el diga que no, mete bolazo

Es así que, por estos días y en cualquier lugar del planeta, podemos encontrar a muchos simpatizantes ultimando detalles de un sacrificio que se extendió durante cuatro años. También divisamos a otros que, tarjeta de crédito en mano, se relamen imaginado las jornadas de fútbol y descontrol que Brasil y la providencia les ofrecen a su humanidad. Hay, además, mucho periodista con la mandíbula fracturada de tanto chupar medias para que se lo incluya en la lista de su empresa y mucha minita finalizando arduas sesiones de gimnasio para luego ir a atorrantear a la cidade maravilhosa, tener la suerte de promocionar alguna marca y poder comer caliente durante algunos años… En fin, el sueño nos incluye a todos

Ahora bien, dentro del rol más importante y perecedero de esta historia -el de futbolista- vemos como a lo largo y ancho del tiempo muchos protagonistas corrieron con suertes dispares y hasta injustas. Por ejemplo, el crack finlandés Jari Litmanen debió reprimir su deseo al ver los compañeros que le tocaron en suerte, en contraposición del arquero árabe Hussein Al-Sadiq, quien asistió a dos mundiales. Y así podemos enumerar miles de casos.

Dentro de los jugadores a los que el destino les hizo justicia poética y pudieron asistir al menos a una Copa del Mundo, encontramos el caso del astro italiano Gianfranco Zola quien, contrariamente a lo que sugieren sus condiciones, sólo estuvo presente en U.S.A ´94. Y, precisamente, no de la mejor manera…

Marazola, aquel pibe que creció bajo la tutoría de El Diego en Napoli, sufrió desde sus inicios el ser contemporáneo de Roberto Baggio y recién debutó con La Azurra en 1991, cuando ya contaba con 25 años. Poco tenido en cuenta por Arrigo Sacchi -quien hasta junio de 1994 lo había utilizado como relevo en apenas seis ocasiones- sólo la empresa Upper Deck apostó a su presencia en el Mundial Yankee, ya que Panini lo ignoró completamente de plano.

Pero claro, durante los primeros meses de 1994, el diminuto técnico tano tuvo un problema de nombre Roberto y de apellido Mancini; y aquello le abrió un inesperado lugar a Zola en la lista definitiva. Aunque, eso si, en un rol absolutamente complementario.

En aquella accidentada Primera Ronda para Italia -quien finalizó tercera en su grupo por detrás de México e Irlanda- Zola no tuvo ni la más remota posibilidad de ver acción, perjudicado por los avatares de un equipo que andaba a los ponchazos. Cuando pensábamos que nos íbamos a quedar con la leche (?) de ver un cacho de su talento, la chance le llegó en el partido por Octavos de Final contra Nigeria. Y aquello quedaría grabado a fuego en la historia

Las recordadas Súper Águilas llegaron al encuentro siendo la gran revelación del torneo y con la mejor generación de futbolistas de su historia. Ganadores del Grupo D por diferencia de gol, los negros mostraron un alegre juego ofensivo como principal virtud hasta en el partido que perdieron contra la Argentina.

Pero por supuesto, en el haber, esta selección mostraba la tan mentada “ingenuidad defensiva” tan característica de toda selección africana. Eso, además de torpeza, escasa concentración y falta de picardía. Todo este déficit, encarnado en su castigada última línea…

Y fue aquel 5 de julio, en Boston, que la historia amagó con dar un giro inesperado. A los 26 minutos, un rebote digno de un aficionado en Paolo Maldini a la salida de un corner benefició a Emmanuel Amunike, quien con un toque suave sentenció el 1 a 0. A partir de ahí la pelota fue toda de los tanos, quienes se encontraron con una defensa nigeriana atenta, sólida y segura. Hasta parecía que Peter Rufai había llevado las manos (?).

El reino del revés. Italia atacaba anarquícamente y Nigeria usaba un catenaccio fìsico para defenderse. Haciendo abuso de la buena estrella, sobre los 30 minutos del segundo tiempo, el lateral Augustine Eguavoen dio una clase de picardía haciendo expulsar injustamente a un rival ¿su victima? Nuestro venerado Gianfranco Zola, quien había hecho su debut mundialista apenas 11 minutos atrás…

La polémica jugada se dio sobre el costado derecho de la defensa nigeriana cuando, luego de un choque entre ambos jugadores, Zola cargó sobre Eguavoen y le ganó la posición de forma vehemente aunque completamente limpia. Y ahí vino la escena dantesca…

Eguavoen cayendo fulminado. El árbitro mexicano Arturo Brizio Carter con la tarjeta roja en alto. Sunday Oliseh festejando como un gol y corriendo a felicitar con un beso la performance artística del defensor. Eguavoen sonriendo desde el suelo y Gianfranco Zola haciendo pucherito, cruzándose de brazos y arrodillándose en el lugar como un nene que no quiere irse de la plaza, para luego sufrir una crisis de furia y llanto. Apenas unos segundos que se inmortalizaron. Gloriosos y patéticos al mismo tiempo.

Así y todo, los nigerianos se acordaron sobre el final que eran africanos (?) y a los 43 minutos del segundo tiempo dejaron sólo a Roberto Baggio, quien mandó el partido al alargue. A los 10 minutos del primer suplementario, Eguavoen, aquel que por un rato fue el tipo más pija del planeta, se tiró sobre Il Codino como si fuese Superman cazando un chorro y el 10 de Italia, de penal, mandó a Las Súper Águilas a hacer las valijas. La naturaleza había vuelto a equilibrar el Calcio.

Pese a lo injusto de la expulsión y aùn con la imagen de Tab Ramos convulsionando ante las cámaras un día antes, la FIFA le aplicó dos fechas de suspensión a Zola. Sin ser tenido en cuenta en la Final ni en los mundiales siguientes, aquellos 11 minutos fueron su One Hit Wonder en la Copa del Mundo…

Por otro lado, y a pesar que en Francia ’98 también vendió algo de humo, la generación dorada de Nigeria se fue de su primer Mundial con demasiado sabor a decepción. La ilusión de un equipo africano con buen juego, orden defensivo y picardía fue, como la participación de Marazola, un sueño de pocos minutos en esta vida…

River 3 – Yokohama Marinos 2 (1993)

La podía clavar en un ángulo o sacarla de la cancha, el Mencho era así. Quienes vieron jugar a Ramón Ismael Medina Bello lo recuerdan, generalmente, con una sonrisa. Incluso los japoneses del Yokohama Marinos, institución donde estuvo entre 1993 y 1996, cuando decidió volver a River Plate.

El delantero de Gualeguay se había despedido del Millonario, precisamente, con un partido ante su nuevo club, allá en el verano del ’93. Aquel día Medina Bello jugó el primer tiempo para River, pero ya en la segunda parte se puso la casaca del Yokohama para empezar a tirar paredes con otro jugador de la Banda, Ramón Díaz.

Ganó River 3 a 2 y el Mencho hizo un gol para los japoneses, pero no lo gritó.

Burgos con la leyenda «GERMÁN BURGOS» (1998)

En 1998 Germán Adrián Ramón Burgos no tenía el puesto asegurado en River (lo peleaba con Tito Bonano) ni en la Selección (fue como suplente de Roa), pero cada vez que jugaba trataba de destacarse por algo, ya fuese por alguna acción dentro de la cancha o por su look, siempre tan particular.

En el Clausura de ese año el Mono lució un buzo adidas violeta, similar al del hombreras había usado el año anterior, pero sin el famoso Bulldog de Oscar Tubío en el pecho. Lo curioso es que, en su reemplazo, tampoco aparecía la publicidad de Quilmes, sino un autochivo (?): GERMÁN BURGOS. El marplatense mostró aquella inscripción en algunos encuentros de aquel torneo, como ante San Lorenzo y Gimnasia y Tiro de Salta.

Mal Pase: Romário a Francia 1998

Provocador por naturaleza, autor de frases memorables como “Pelé callado es un poeta, cuando habla solo dice boludeces”, el Chapulín Romário se quedó afuera de Francia 1998 cuando ya tenía un pie y medio en el Mundial.

Tras su participación en Estados Unidos 1994, Mario Lobo Zagallo, el técnico de la selección brasileña, lo marginó del equipo entre 1995 y 1996 porque su intención era probar jugadores más jóvenes, pensando en los Juegos Olímpicos de Atlanta (Estados Unidos).

O Baixinho, ya con 31 años, regresó a la verdeamarelha en 1997, cuando conformó una dupla letal con un tal Ronaldo, diez años menor. Después de conquistar las Copas América y Confederaciones de ese mismo año, todo el país esperaba que Ro-Ro fuera la delantera titular de la Canarinha en Francia.

Un estiramiento en la pantorilla derecha pocas semanas antes del inicio del campeonato encendió la luz de alarma. Si bien el Chapulín juraba que estaría en condiciones de volver a las canchas durante la segunda fase del Mundial –de hecho lo hizo, en un amistoso ante Internacional en el que marcó un gol con la camiseta de su club, Flamengo-, Zagallo –que no tenía mucha onda con el atacante- decidió marginarlo y convocar en su lugar al mediocampista Emerson, del Bayer Leverkusen alemán.

«Mi historia con la selección no acaba aquí. Sé que volveré a jugar en ella», afirmó casi entre lágrimas el goleador en una conferencia de prensa en Lesigny, localidad francesa donde Brasil ultimaba detalles para el Mundial. «Sé que hay mucha gente triste por esta situación, pero también sé quién se ha alegrado al conocer que yo no voy a estar en el Mundial. Esto quizás me sirva para aprender a valorar otras cosas», disparó apuntándole todas las balas a Zico, el coordinador de las selecciones brasileñas, y viejo enemigo personal, quien le había aconsejado a Zagallo que lo excluyera del plantel.

Algunos meses después, Romário dejaría bien en claro su rencor contra Zagallo y Zico. En la puerta de los baños de su flamante bar en Río de Janeiro, Café do Gol, O Baixinho montó un dibujo que ridiculizaba a la dupla. En la caricatura, el entrenador estaba sentado en el trono (?) y pegadito a él aparecía el histórico 10 de Flamengo, papel en mano.

Cuatro años más tarde, ya con Luiz Felipe Scolari como DT de la verdeamarelha, el hombre de los 1000 goles volvió a quedarse afuera de la Copa del Mundo, aunque esa ya es otra historia.