Especiales: Botero Joaquín


Joaquín Botero Vaca (El Chacal)

Tres goles en aquel recordado 6 a 1 de Bolivia a la selección argentina de Diego Maradona en la Paz convirtieron a Joaquín Botero en el enemigo público número uno de 40 millones de personas. No era la primera vez que el delantero se transformaba en el verdugo de los argentinos, ni mucho menos. Tres años atrás había hecho sapo categóricamente con la casaca del Ciclón.

«Es un jugador interesante al que conozco mucho», dijo el cometero técnico Oscar Alfredo Ruggeri cuando todos se preguntaban quién era ese boliviano que venía a reforzar el sector verdulería del Carrefour de avenida La Plata vestir la camiseta de San Lorenzo en el segundo semestre de 2006. Su llegada, a préstamo por un año (y gratis porque venía con el pase en su poder), se sumaba a la del peruano Roberto Malingas Jiménez en ese paquete de contrataciones falopa latinoamericanas que armó el actual panelista estrella de #elprogramadeFantino.

Para ese entonces, y si bien era casi un desconocido por estas tierras, el Chacal, un delantero de raza, nacido en diciembre de 1977, llevaba un buen rato en la selección y acumulaba pasos en su país por el Mariscal Braun (1997), Club Deportivo Municipal de La Paz (1998), Bolívar (1999 a 2003, en 2002 había sido el goleador a nivel mundial) y por México en los Pumas de la UNAM (2003 a 2006), aunque su carrera ya pintaba en declive.

«Soy un delantero con mucha movilidad, que corre muchísimo, que le gusta y vive del gol. Soy un oportunista del gol», se presentó ante los que no lo ubicaban y dejó un par de perlitas como «El técnico, los dirigentes, los jugadores y los jefes de la hinchada (sic) me recibieron muy bien» y «Tengo 10 hermanos: mi papá tenía tan buena puntería como yo». Eso sí, ya adelantaba que lo iban a tener que esperar un ratito: «Todavía no estoy para jugar. Hace un mes que estoy parado. Pero calculo que la adaptación será bien rápida». Y sí, en los entrenamientos se lo veía bastante regordete.

Debutó casi un mes más tarde, todavía visiblemente fuera de forma física, el 18 de agosto, ante Belgrano en Córdoba (empate 2 a 2). Esa noche, el Boli reemplazó al peruano Malingas Jiménez y tuvo una actuación discreta, tirando a floja. Es más, sobre el final del partido, con Germán Montoya -el arquero del Celeste– ya vencido, se perdió lo que hubiera sido el triunfo del Ciclón. Mala suerte.

Reapareció cuatro días más tarde, ahora como titular, ante Banfield por la Copa Sudamericana, conformando la dupla de ataque con Malingas. Ese día, San Lorenzo ganó 2 a 1 y Boterito rindió bien hasta que salió reemplazado por el Pocho Ezequiel Lavezzi. Parecía que se le iban a abrir un par de puertas, pero…

Misteriosamente, Ruggeri lo mandó al freezer. Recién volvió a jugar en la revancha ante el Taladro, el 12 de septiembre. El partido terminó 0 a 0 y Botero se fue reemplazado por Leandro Ulloa (con todo lo que eso significa). En las instancias siguientes de la Sudamericana, ante Santos y Toluca, reemplazó a Adrián González, pero siempre pasó desapercibido.

La despedida quedó para la fecha 13, ante Vélez en Boedo Almagro el Bajo Flores, cuando le tocó ingresar por Ulloa. Más allá de que entró con un 0-2 abajo y se fue con el encuentro empatado 2 a 2, tuvo otra noche olvidable. Y así jamás volvería a vestir la camiseta azulgrana. Ese torneo, el Ciclón tuvo un desempeño discreto y terminó noveno, aunque no le fue tan mal en cuanto a goles convertidos. Pese a contar con Peirone, Botero y Ulloa entre sus delanteros, metió 30 tantos. Apenas cinco menos que el campeón, Boca Juniors Estudiantes de La Plata.

Sin espacio, y decepcionado con el Cabezón, se marchó antes del final del Apertura. «Ruggeri me pidió y después no me dio muchas chances. Habrá que preguntarle a él porque no jugué», argumentó el Chacal, que reconoció que llegó muy fuera de forma y eso le jugó en contra. Solo 6 partidos (nunca la metió, obvio) alcanzaron para conocerlo y pedirle un remís que lo regresara a su casa.

Lejos de Buenos Aires, siguió su derrotero por Deportivo Táchira de Venezuela (2007), Bolívar (2008) y Correcaminos de la UAT de México (2009). Quizás, esa tarde iluminada ante la Argentina le sirvió para viajar por el mundo en 2010. Primero jugó en Al Arabi de Kuwait y luego pasó al Henan Jianye Football Club de China.

En 2011, claro, ya estaba de nuevo en Bolivia, defendiendo los colores del San José, aunque se tuvo que marchar a los pocos meses por las constantes lesiones. A comienzos de 2012 surgió la posibilidad de ir a robar disputar la liga de la India con otras figuras del fútbol boliviano, como Joselito Vaca y Limberg Gutiérrez, pero todo quedó en la nada.

A mediados de 2012, Bolívar, donde es ídolo, lo tentó para volver, pero no hubo acuerdo. En enero de 2013, cuando todo parecía indicar que regresaba al conjunto celeste tras casi un año y medio de inactividad, los dejó de garpe y se fue a Sport Boys de Warnes, en la segunda división del altiplano, donde al cierre de la temporada consiguió el ascenso a la máxima categoría con goles en los partidos importantes.

Castigado por las lesiones, pasó los últimos seis meses relegado el banco de suplentes, viendo cómo su lugar era ocupado por el eterno Bichi Fuertes. Ah, sí, todavía ni piensa en retirarse.

Em Uma Lajota: Leandro Zárate


Leandro Sebastián Zárate (La Chancha)

Después de romperla en la B Nacional con la camiseta de Unión de Santa Fe, Leandro Zárate sintió que era el momento justo para pegar el salto y hacerse conocido en el exterior. El Botafogo (2008/09), uno de los equipos más grandes de Río de Janeiro, aparentaba ser la vidriera perfecta para eso.

Pero su llegada generó desconfianza entre los torcedores del Fogão, que miraban con recelo su currículum plagado de clubes del ascenso (y apenas un puñado de encuentros en Primera en bajísimo nivel con la casaca de Argentinos Juniors), bien lejos de la jerarquía e historia del conjunto carioca que alguna vez honraron figuras como Garrincha, el Pipa Estévez o Alexis Ferrero.

Para colmo, el día de su presentación muchos se sorprendieron con su contextura física. Es que apenas un semestre atrás se habían llevado el chasco del año con la contratación del ex Boca Luis Miguel Escalada, al que los medios locales apodaron rápidamente Gordinho, que estaba a años luz de su condición atlética ideal y resultó ser un fracaso.

Cuando a las sospechas de los hinchas y el exceso de peso del propio Zárate se les sumaron algunas complicaciones contractuales, el combo fue letal. El delantero tuvo que esperar casi dos meses para debutar oficialmente y las dudas se incrementaron todavía más la noche de su estreno, ante Náutico de Recife, por el Brasileirão.

La Chancha jugó solamente 20 minutos, pero tuvo una actuación olvidable y se fue silbado por su propia gente. El técnico, al mejor estilo Bambino Veira, lo marginó del plantel hasta que se pusiera en forma y recién reapareció varios encuentros más tarde.

Ni siquiera el gol en el triunfo ante el Vitória, por la fecha 29 del campeonato local, calmó un poco los ánimos. Tampoco el tanto que marcó en el empate ante Atlético Paranaense, en la penúltima jornada.

La novela siguió durante el resto del torneo y tuvo sus momentos más turbulentos en el arranque de 2009, cuando Zárate viajó a la Argentina sin avisar, alegando problemas familiares y justificándose en el atraso de los sueldos.

Las idas y venidas, los faltazos y las multas continuaron durante todo el primer semestre de 2009. Finalmente, la Chancha regresó a nuestro país, donde, fiel a su estilo, continúa deambulando por el fútbol de los sábados con suerte dispar y kilos de más.

Colombia 1 –Newell’s 0 (1996)

La Lepra aprovechó un receso por las Eliminatorias y se fue a hacer unos pesos a Colombia. La selección de Hernán Darío Gómez debía enfrentar a Ecuador, pero unos días antes recibió a Newell’s en el Campín de Bogotá. Y ninguno se guardó nada. El único ausente de los habituales titulares fue el Pibe Valderrama, quien debió viajar a Santa Marta por el fallecimiento de su abuelo.

Los locales salieron a la cancha con Mondragón; Wilmer Cabrera, López, Bermúdez, Galeano; Serna, Leonel Álvarez, Rincón, John Ramírez; Asprilla y Aristizábal. El conjunto rosarino alineó a Cristante; Ricardo Rocha; Franco, Samuel Luján; París, Berti, Saldaña, Dalla Líbera, Manso; Iotov y Marioni Giménez. El único gol del partido lo anotó Freddy Rincón a los 10 minutos. Y pudieron ser dos, pero el Tino Asprilla desperdició un penal cuando quedaba poco para el pitazo final. Que no fue este.