Belgrano con pantalón alternativo (1999)

A simple vista no hay nada raro en la imagen, pero si nos concentramos en el pantalón negro Le Coq Sportif de Belgrano, nos damos cuenta de que los vivos son rojos y no celestes, como utilizaba en el uniforme habitual.

Para aquel partido amistoso ante Talleres, los Piratas decidieron cambiar el short titular por el alternativo, quizás con la ilusión de que les diera algo de suerte. Y mucho resultado no dio el cambiazo, porque La T se terminó imponiendo por 4 a 1.

Gracias a Jason

Andreuchi y Fortunato a Boca (1979)

Vos, purrete que venis de Twitter (?), no los viste jugar. Luis Antonio Andreuchi y Sergio Elio Angel Fortunato fueron dos delanteros que vivieron su mejor momento a fines de los 70’s, uno en Quilmes y el otro en Estudiantes.

Como era (y es) habitual, los equipos grandes posaron sus ojos en ellos, los jugadores del momento, y quisieron llevárselos. Los futbolistas intentaron meter presión para que eso sucediera: posaron con la camiseta de Boca en una producción para la revista Goles, a principios de 1979. No pasó de un mero deseo, ya que ninguno de los dos llegó a jugar en el Xeneize.

Gunino Adrián


Adrián Javier Gunino Duque

Su llegada pasó casi tan desapercibida como su salida. A decir verdad, toda su estadía en nuestro país fue un fiasco. Llegó para levantar la imagen pobre que había dejado su compatriota Álvaro González, pero estuvo muy lejos de alcanzar siquiera un rendimiento espantoso. Lisa y llanamente, el paso de Adrián Gunino por la Primera de Boca Juniors (2009/10) fue tétrico.

Apareció a mediados de 2009, con el antecedente de un puñado de encuentros con la camiseta de Danubio y cierto rodaje con la selección Sub 20 de su país. Con pocas opciones en el sector derecho de la defensa, y con un Negro Ibarra que estaba más afuera que adentro –y que finalmente se terminó quedando-, Alfio Basile presionó para la llegada de un 4.

Apenas se bajó del buque, al Colorado le pusieron un micrófono y se despachó a gusto: “Soy un lateral-volante con proyección al ataque, con mucha llegada, me gusta ir al fondo y tirar centros. También soy agresivo y tengo marca. Me gusta el huevo, huevo, huevo de Boca. Y estoy contentazo. Llegar a un club así me fascina. Soy un botija de 20 años al que le falta mucha experiencia, pero estoy seguro de que puedo jugar en la primera de Boca”. En algo tenía razón: estaba muy verde. En el resto, bueno… ya decía Tu Sam… puede fallar.

El uruguayo tuvo su estreno extraoficial con la casaca xeneize nada menos que ante el Milan, por la Copa Audi. Esa tarde en Alemania, con la misión de frenar a Ronaldinho Gaúcho, Alexandre Pato, Genaro Gattuso y compañía, le tocó compartir la zaga con Gastón Sauro, Gabriel Paletta y Juan Ángel Krupoviesa. Así y todo, Boca aguantó el empate como pudo y lo ganó por penales. Un par de días después, ante el Lask Linz austríaco, con Julio César Cáceres, Juan Forlin y Claudio Morel Rodríguez como compañeros en la última línea, jugó 45 minutos.

Un viaje con las juveniles de su país le hizo perder las primeras fechas del torneo Apertura, pero a la vuelta lo esperaba el debut por los puntos. Aunque bastante de sorpresa. A los 20 minutos del choque ante Newell’s Old Boys, en La Bombonera, Hugo Ibarra se lesionó y tuvo que ser reemplazado por el yorugua.

Quizás lo traicionaron los nervios, pero durante esos 70 minutos cometió errores propios de un jugador amateur. Perdió una buena cantidad de pelotas fáciles y casi nunca pasó la mitad de la cancha. Ese, según su CV, era uno de sus fuertes. Lo cierto es que su debut fue también su despedida oficial.

Tras el Mundial Sub 20 con Uruguay (eliminados en octavos a manos de Brasil), regresó a Boca, pero ya no era tenido en cuenta por Alfio Basile, que lo mandó al freezer del que solo salió en el verano de 2010 para un amistoso ante San Lorenzo que terminó 3 a 3 y en el que convirtió un gol… en contra. Ah, sí, lo sacaron en el entretiempo.

Producto de la inmensa generosidad del fútbol, luego de seis meses de inactividad pasó al Toulouse (2010/2011) francés, donde tampoco dejó grandes recuerdos. Un semestre en Peñarol (2011) y otro en Fénix (2012) en su tierra natal fueron la escala previa a su vuelta a Europa, donde defendió con cierta regularidad, y en un nivel un poco más digno, la camiseta del Almería español (2012/13).

Actualmente está libre y parece que no la pasa taaaaan mal.

Moreno José

José Alcides Moreno Mora (Pepe, La Perla)

José Alcides Pepe Moreno… José Alcides Pepe Moreno… Vamos de nuevo: José Alcides Pepe Moreno… Vamos más lento: José – Alcides – Pepe – Moreno… Y si, después de repetirlo varias veces no quedan las más mínimas dudas. La sola conjunción de sus nombres sumado a un apodo poco habitual para un delantero colombiano y negro, hacen que el desgano, el desprecio por la vida y una insoportable sensación polar recorra cada una de las fibras de nuestro ser, amén de las temperaturas externas que nos regale el clima o las internas que nos propine la oscilante vida cotidiana.

Es muy difícil explicar en pocas líneas las nefastas emociones que sienten todos y cada uno de los hinchas de Independiente cuando se les recuerda el paso de este atacante cafetero por su institución. No menos curiosa, por sincera y solidaria, es la empatía con la que los simpatizantes de otros clubes consuelan a Los Diablos ante alguna reminiscencia de Moreno. Es que, sin ánimos de caer en usos y costumbres del medioevo, a nadie le gusta que un extranjero tan patético, apático y hasta bardero, llegue a un club grande del Fútbol Argentino. Y tampoco a uno chico. Para entender por que su recuerdo va seguido inexorablemente por una prolongada y deforme mueca de asco, repasemos un poco su historia.

Santander de Quilichao es una apacible y religiosa localidad andina colombiana, reconocida por sus capillas, iglesias y santuarios. Fue precisamente ahí que -para contrarrestar la paz, devoción y fidelidad de sus habitantes- el 10 de agosto de 1981 llegó al mundo José Pepe Moreno, quien de adolescente dejó su casa natal para mudarse a la ciudad de San Juan de Pasto y hacer sus primeras armas en el Deportivo (ídem).

En 1999, a este centrodelantero de buen cabezazo y comprobada viveza para un fútbol de poca fricción pero falto de voluntad y sin personalidad deportiva para sobreponerse a las adversidades, le llegó el ansiado debut y al cabo que ni quería de un año, donde jugó apenas 10 partidos y marcó un gol, fue adquirido por el América de Cali como una apuesta a futuro. Tras cuatro años de esperar una consolidación que no llegó, a mediados de 2004 Los Diablos Rojos lo cedieron una temporada a Millonarios y allí ocurrió lo que nadie intuía: El Pepe Moreno explotó, se convirtió en una de las figuras del torneo y cosechó la nada despreciable suma de 12 goles en 29 encuentros.

Este buen antecedente hizo regresar a Moreno al América de Cali, donde vivió la pésima campaña de Ricardo Gareca y el volver a empezar de Bernardo Redín. Así y todo, El Pepe convirtió 18 goles en 42 partidos de diferentes competiciones y hasta disputó algunos encuentros con la Selección de Colombia. Este espejismo hizo que el Dinamo de Kiev se coma el chamuyo y se lo lleve a préstamo junto al volante Harrison Otálvaro donde, tras su primer entrenamiento, el técnico Leonid Buryak lo llegó a comparar con Samuel Eto´o (?).

Sin embargo, por haber llegado con la liga empezada y por su baja temperatura pectoral aún hasta para Ucrania, El Pepe sólo jugó 29 minutos en la caída 4 a 1 ante Steaua Bucarest por la Champions League y luego algunos encuentros para la reserva. Apenas dos meses después de haber llegado, ambos colombianos fueron prácticamente expulsados de la tierra de Shevchenko. Y fue precisamente ahí cuando aparecieron Independiente y Julio Comparada en la vida de José Alcides Moreno.

En enero de 2007 y después de ver un par de videos, el presidente del Rojo compró su ficha en 900.000 dólares en efectivo, algo que en su momento no dejó de llamar la atención por lo concreto y convincente de la operación, ya que a Moreno en la Argentina no lo conocía ni el loro. Con el tiempo, “la chusma” de Independiente deslizó un rumor que se trasformó en mito: Comparada creyó estar comprando al también delantero Dayro pero le mandaron a José Alcides. Casi lo mismo (?).

Todo esto, claro, a El Pepe le importó cero y ni bien llegó a la pretemporada en Salta se dedicó a vender humo del bueno: “Soy goleador. Tengo mucha potencia. Mucha técnica. Juego a uno o dos toques. Mi fuerte es la pegada, el tiro libre, el cabezazo. Puedo jugar en el área o, si el técnico prefiere, pivotear o jugar por los costados. Vengo a dejar una huella como mis amigos Jairo Castillo y Albeiro Usuriaga. Futbolísticamente siempre ando bien”. La cosa ya arrancaba, cuanto menos, sospechosa…

Lo concreto es que Moreno debutó por la primera jornada del Clausura 2007 en la derrota 3 a 1, como local, contra Colón. Lo suyo fue tan pobre que terminó chiflado por los hinchas y reemplazado en el entretiempo por Ismael Sosa. En la segunda fecha (empate 0 a 0 con Belgrano) ingresó por Rodrigo Díaz a los 71 minutos y cuatro después lesionó de gravedad al defensor del Pirata: Miguel Ángel Martínez, tras pegarle un planchazo a destiempo. El refuerzo colombiano ya emitía olor a decepción. Recién en la sexta fecha el delantero volvió a ser titular y hasta le marcó un gol a Rosario Central (2 a 0). En la siguiente le hizo otro a Lanús pero se fue expulsado a los 44 minutos. A partir de ahí, todo fue de mal en peor. Tal es así que faltó a un par de entrenamientos disconforme por su poca participación en el equipo y obligó a Burruchaga a inventar una falsa lesión, que quedó en evidencia cuando El Pepe se reincorporó sin molestias a las prácticas.

Tras la renuncia del Burru, Moreno explotó ante la prensa y eso marcó su quiebre definitivo con la gente, que igualmente no lo quería nada: “Estoy aburrido de este club. Un día juego al otro no, eso me tiene muy desanimado. Encima la salida del Profe me perjudicó”. Tras estas dulces palabras, el técnico interino, Pepé Santoro, lo recibió muy contento y jamás lo volvió a utilizar. Para el Apertura 2007 llegó Pedro Troglio e ingresó como suplente en apenas 6 partidos (1 gol), tras lo cual le dejó una carta a su apoderado pidiendo sus efectos personales del vestuario y se fue para nunca jamás volver… en apariencias.

El propio Moreno se consiguió un préstamo semestral en Steaua Bucarest y luego otro en América de Cali, equipos que cumplieron buenas campañas pero donde el delantero no pasó de ser más que un relevo. Cuando su presencia era sólo un mal recuerdo para los hinchas, en enero de 2009, El Pepe se vio obligado a regresar a Independiente, que aún era el dueño de su pase y que necesitaba refuerzos con urgencia. De hecho, fue Pepé Santoro quien lo indultó y lo puso en tres partidos del Clausura 2009, donde Moreno mostró más de lo mismo. O sea, la nada misma.

En la octava fecha de ese torneo asumió Américo Gallego y con él se acabaron los nefastos días de Moreno en la Argentina. El Tolo usó el equipo de protones de Los Cazafantasmas y la primera manifestación ectoplasmática que cayó fue El Pepe, quien encima se quejó: “Estoy con mucho malestar, pero me lo esperaba por la manera que tiene de ser. Quiero arreglar todo para irme a casa por que no tengo más motivaciones para venir aquí. Nunca jugué, nunca tuve una chance. Cuando dijo que iba a haber una limpieza sabía que el primero iba a ser yo y, de hecho, fui el primero en la lista. Entramos al vestuario y había un papel pegado. Así me enteré”. Hasta nunca, Pepe

El colombiano jugó el último semestre de 2009 en Juan Aurich de Perú (10 PJ, 1G), donde fue considerado como uno de los peores jugadores de su historia y luego volvió al Steaua Bucarest de Rumania, donde apenas participó de 6 encuentros sin goles. Entre medio, quedó libre de Independiente a cambio de la deuda que el club mantenía con él. Sus números finales en El Rojo son: 22 partidos disputados, 4 goles, la totalidad de la guita invertida en él recuperada con los sucesivos préstamos y su recuerdo permanente como el comienzo de la debacle del otrora Orgullo Nacional.

Lamentablemente, la vida de Moreno continuó (?) y en 2011 se volvió a su país para jugar un semestre en Atlético Huila y otro en Deportivo Pasto, de donde se marchó por las pocas opciones que le daban. Ahí apareció el New England Revolution de la Liga Yankee y se lo llevó para el norte. Sin embargo, El Pepe estuvo muy lejos de encontrar estabilidad, ya que en diez meses jugó solo 7 partidos, convirtió un gol y, fiel a su costumbre, se marchó de ahí despotricando contra medio mundo: Querían aburrirme y lo consiguieron, porque me llevaban a todos los partidos pero no me ponían. Encima perdíamos siempre. Hasta  que un día le dije al técnico: si estuvieras en Colombia, ya te habrían echado y a nosotros nos tocaría salir en la tanqueta de la policía. Por eso empecé a chocar mucho con él» Y siguió: “mis compañeros son pelados que vienen de las universidades y parecía que no les importaba nada. Así ganáramos o perdiéramos, se iban a las discotecas y llegaban tarde al hotel”. Para el final, dejó la afirmación más ridícula que dijo jamás algún futbolista: “jugaba en un equipo sin sangre”. Ja, ¿Y Bosnia (?)?

Tras entrenar seis meses en el gremio de futbolistas colombianos, en marzo de 2013 El Pepe se unió a La Equidad, donde también suele culpar a los campos de juegos, a los técnicos, a los compañeros y a los dirigentes por sus flojas actuaciones. Ya se ve, el delantero es de una raza que no pierde ni el pelo ni las mañas. Y allí se encuentra ahora. Bien lejos de nuestro país. A miles de kilómetros de distancia. Tan sólo una pesadilla, un mal recuerdo. El destino que una gran parte de la Argentina esperaba para el polémico Moreno

Fillol con el buzo Le Coq Sportif (1981)

Hoy sería imposible de ver en el fútbol argentino de Primera División, pero a comienzos de la década del 80 había espacio para estas rarezas. River utilizaba camisetas de la marca Olimpia, pero su arquero y referente, el Pato Fillol, jugaba con un buzo Le Coq Sportif, la misma firma que lo vestía en la selección nacional.

El sponsoreo, además, no era para nada sutil, ya que podía aparecer en grandes dimensiones, como podemos observar en esta foto correspondiente a un partido ante Loma Negra, por el Torneo Nacional. Privilegios que podía tener un ídolo.

Ya para 1983 a Fillol le cortaron el chorro, ya que la dirigencia de River se apoyaba en el contrato que tenía con Adidas. Fue así como El Pato voló a Argentinos Juniors, donde pudo seguir usando la marca que lo bancaba.

CASI 1 – Racing 4 (1977)

No fue un buen el año para Racing el de 1977. Con nueva dirigencia, nuevo entrenador, y habiendo gastado un montón de dinero para la contratación de Julio Ricardo Villa, La Academia creyó tener un equipo para conseguir el título, pero terminó peleando abajo. Una frustración más para una institución que seguiría tambaleando por mucho tiempo más.

En ese contexto fue que el team dirigido por el Coco Basile se enfrentó, en un amistoso, nada más y nada menos que a un equipo…¡de rugby!

El Club Atlético San Isidro, también apodado La Academia, había participado de los torneos amateurs de fútbol a comienzos del siglo XX e incluso había perdido una final con el cuadro de Avellaneda en 1915. Pero ahora la historia era otra y ambos competían en deportes diferentes. Uno practicaba rugby y el otro….bueno, eso que intenta practicar Racing (?).

En octubre de 1977, el CASI hizo de local en su cancha, pero con arcos de fútbol. La Academia albiceleste, por lógica, fue más que su rival aficionado y terminó ganando 4 a 1, con 3 goles del arquero Agustín Cejas y 1 del técnico Basile. Seriedad cero, pero tampoco le vamos a andar exigiendo mucho a los reyes del CASI.

Créditos a @Edu_sport

Andersen Sebastián

Carlos Sebastián Andersen (El Ruso)

Victima principal del reinado de Carlos Chiquito Bossio en el arco de Estudiantes de la Plata, el de Sebastián Andersen fue un nombre que se repitió hasta el hartazgo en las formaciones del Pincha de finales de los noventa. Con apenas 16 partidos disputados durante los diez años que se mantuvo en Primera División, fue toda una garantía para quienes participaron de los primeros Gran DT, ya que valía poco y siempre estaba en el banco.

Nacido el 18 de marzo de 1973 en Tres Arroyos, El Ruso llegó de purrete a las inferiores de El León y formó parte de un grupo que se cansó de ganar títulos desde Novena hasta Cuarta División, junto a jóvenes valores que sí la pegaron como Palermo, Gastón Córdoba y Gastón Sessa, entre tantos otros. Y así, el día menos pensado lo subieron a entrenar con el plantel principal, donde conoció la resignación al estar detrás del primer inmortal que se le cruzó en el camino: Arturo Marcelo Yorno.

Pero claro, con tan sólo 21 años, Andersen fue beneficiado y damnificado por el desconcierto que reinaba en aquellos años por 1 y 57, ya que tras caer ante Gimnasia por 2 a 1, Enzo Trossero dispuso que Yorno no atajase más en los encuentros disputados en La Plata. Por tal razón, El Ruso debutó como titular en la jornada 11 del Clausura ’94, en una derrota por 3 a 1 ante Huracán, donde El Tumba Corbalán fue el primero en mandársela a guardar. Un presagio de lo que sería su fúnebre trayectoria.

Tras un partido como visitante, El Ruso se volvió a poner los guantes en un empate 0 a 0 con River y luego en la última fecha, cuando Estudiantes se despidió de Primera División venciendo a Racing por 4 a 1. Después llegaron Russo y Manera, Chiquito Bossio, Andrés Noguera, la enorme campaña del ascenso, la magia de Capria, la vuelta a Primera, la llegada del Profe Córdoba, la explosión de Palermo, Verón y Calderón, la ida del Profe Córdoba, entre otras emociones, y Andersen ahí andaba, dando fe de todos esos acontecimientos desde el banco de suplentes.

Tras cuatro largos años de espera, Andersen recién pudo volver al primer equipo en el Clausura ’98 (victoria por 2 a 1 sobre Unión) gracias a las lesiones de Germán Burgos y Lechuga Roa que obligaron a Passarella a convocar a Bossio a la Selección para un amistoso contra Bulgaria. “Ojala que Chiquito se vaya al Mundial”, imploró El Ruso. Por supuesto que El Kaiser no le dio el gusto y así el arquero debió esperar otro año más para salir del freezer: la última fecha del Clausura ’99, cuando Estudiantes cayó 2 a 0 ante el descendido Platense, se despidió Patricio Hernández y se confirmó la venta de Bossio al Benfica.

La fortuna, esa que pareció serle esquiva durante toda su vida deportiva, le sonrió con desgano en el Apertura ´99, torneo en el que se había acordado la contratación del guardametas boliviano José Carlo El Gato Fernández, quien se echó para atrás después de firmar su contrato. Luego, Pancho Ferraro pidió al paraguayo Rubén Ruiz Díaz, quien llegó lesionado del hombro y a los meses huyó despavorido del país tras recibir amenazas telefónicas anónimas, que por ahí eran de El Ruso (?). Y así, gracias a esta anemia de refuerzos, Andersen tuvo su único período como titular que duró apenas 10 fechas y que llevó al DT a colgarlo tras una gran cantidad de errores imposibles de enumerar.

Se mantuvo vinculado a Estudiantes hasta mediados de 2001 y peleando contra Pablo Figueredo, Leandro Evangelisti, Diego Ezquerra y Leandro Cortizo, el lugar de suplente de Nicolás Tauber, cosa que jamás logró. Con el pase en su poder, el insistente Andersen se mudó a Huracán para ocupar la codiciada plaza de tercer arquero. Una oportuna lesión de Martín Ríos y el paso errante de Gonzalo Ponzio le dieron la posibilidad de jugar 45 minutos en la victoria por 3 a 0 sobre Argentinos Juniors en el Clausura 2002 y, de esta manera, despedirse de Primera División. Luego se mantuvo otro año debajo de los antes mencionados y también de Sergio Schulmeister, Ignacio Bordad, Pablo Migliore, Mariano Andújar y Elías Gómez.

En 2003 y con ansias de sentirse indiscutido, El Ruso se fue hasta un lugar más acorde a sus condiciones: Acassuso, de la Primera C. Luego marchó al Argentino B, para defender los colores de Libertad de Sunchales (2005) y Chaco For Ever (2006/07), y así ponerle punto final a su carrera y también a este post, que mencionó arqueros como ningún otro en la historia (?).

Bonus Track (?): tras intentar destacarse como arquero en vano, El Ruso Andersen conoció las mieles de la notoriedad cuando, siendo parte del cuerpo técnico de Diego Cagna, se peleó con Arturo Sanhueza en el vestuario de Colo – Colo, precipitando la salida del club del entonces capitán del Cacique. Agonizaba el año 2010. Más vale tarde que nunca (?).