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(GuillermoG)
Esta es la historia de dos súper potencias con marcadas distancias ideológicas y de contenido pero con características muy similares en su búsqueda y esencia. Dos entidades con visibles diferencias étnicas y sociopolíticas pero con la misma convicción al momento de generar beneficios para sus bolsillos o para los de sus allegados. ¿Hablamos de Corea del Sur y de Corea del Norte? Para nada. Hablamos de Joao Havelange y de Joseph Blatter…
Es que estos dos nobles gerontes, quienes durante 39 años en conjunto rigieron los destinos del fútbol mundial (y el contador sigue sumando), manejaron la FIFA a antojo y con infinidad de decisiones de naturaleza cuanto menos discutible. Por caso, uno de sus últimos berretines consumados: la Corea Unificada que participó del Mundial Sub-20 de Portugal ´91. Pero para entender un poco más este disparate y despropósito, hagamos un poco de historia:
Hace aproximadamente 4600 millones de años se formó el planeta Tierra, donde surgió la vida de diferentes especies en un único continente denominado Pangea. Luego las placas tectónicas se fueron separando hacía su ubicación actual. A la vez, una de las razas más evolucionadas que la habitaban, la humana, fue mostrando diversos cambios sociales, psicológicos y religiosos, entre tantos otros, denominados “evolución”. Ante tanta inestabilidad y con el afán de no enloquecer, diferenciarse y ante la imposibilidad de coexistir en paz, el humano creó infinidad de límites, como los políticos y los geográficos. A raíz de esto, entre los años 1000 y 300 A.C. se formaron los cimientos de lo que a futuro se conocería como Corea, quien vivió bajo el gobierno de diferentes dinastías hasta 1948 cuando, tras mucho derramamiento de sangre, se transformó en dos países independientes: Corea del Norte y Corea del Sur.
Fue, tras enterarse de este cuentito, que la dupla de ancianos comenzó a cranear la unificación de ambos países, todo en nombre de la paz y del Fair Play. Es que pese a las sospechas que todos tienen sobre ellos, los jerercas de FIFA no dejaban de ser humanos y tenían algunos cuantos sueños «amateurs», por ejemplo: un partido de Israel contra Palestina, otro de E.E.U.U contra Irán y, por supuesto, el anhelo de unificar las dos Coreas. Al menos, por un rato…
Como conejillo de indias utilizaron el Mundial Sub – 20, torneo que, precisamente, fue el que elevó a Joseph Blatter en la consideración de todo el mundo y llevó a Joao Havelange a ofrecerle el puesto de Secretario General del organismo en 1981.
Es que el suizo trabajó a destajo para lograr el compromiso de todas las confederaciones; para llevar las trasmisiones por televisión abierta a la mayor cantidad de latitudes; para conseguir contactos políticos y, además, creo en ese campeonato juvenil la denominada “Zona FIFA” que consiste en la unificación de Sponsors, el favoritismo hacía las multinacionales y la similitud estética de las televisaciones. La sensación de: “No estás en ningún país, estas en FIFA”. O sea, ayudó a crearle al mundo una nueva necesidad.
Además, ambos contaron con la complicidad del Presidente de la Federación Surcoreana, Kim Woo-Jung, quien se desvivía por sumar porotos de cara a la votación para la sede del Mundial de 2002. Curiosamente, ambos equipos habían logrado su pasaje a Portugal en el Torneo Asiático de 1990, donde los del Sur habían vencido a los del Norte en la final. Entonces, la unificación de ambos equipos le dio el pasaporte a la Copa del Mundo al tercero del campeonato continental: Siria, donde Havelange y Blatter también tenían intereses a futuro. Se sabe, estos tipos no dan puntada sin hilo…
¿Y desde lo deportivo? Juntaron a ambos planteles en el predio que la AFA coreana posee en el Ezeiza coreano, les hicieron cantar “We Are The World” y de las voces más afinadas (?) salió el plantel definitivo: 15 surcoreanos y apenas 3 del norte, todos al mando de ambos técnicos y bajo una nueva bandera inventada para la ocasión.
Una vez en Lisboa, esta ilógica selección nacida en un escritorio se convirtió en la cenicienta del torneo y logró una impensada clasificación a los Cuartos de Final al vencer a la Argentina de Mostaza Merlo en su debut absoluto (video), luego empatar con Irlanda (1-1) y caer contra el local en el tercer partido de la Primera Fase (0-1).
Finalmente, Brasil hizo justicia y en Cuartos de Final acabó por 5 a 1 con el sueño de la Corea Unificada. Sin embargo, sigue siendo una cucarda que Joseph Blatter saca a relucir cada vez que da alguna charla de liderazgo. No hacía falta. Lo que separó la vida, que nunca jamás lo una la FIFA…
En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y en los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín 2006, Corea del Norte y Corea del Sur volvieron a utilizar la bandera de Corea Unificada pero sólo para desfilar.
Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com
Linda tarde vivió Juan José Morales el 11 de marzo de 2012. Ese día su equipo no pudo ganarle como local a San Martín de San Juan, pero de todos modos el delantero pudo destacarse en el plano individual. ¡Y sin hacer goles!
Para comenzar, el Bicho se puso en ventaja con un gol en contra de Grabinski. Sin embargo, a primer golpe de vista parecía que el autor había sido Morales, que enseguida salió a gritarlo como propio.
En el segundo tiempo, los sanjuaninos empataron y un rato más tarde se encontraron ante la gran oportunidad para ganar el partido, gracias a la expulsión del arquero de Argentinos, Nereo Fernández. Con 15 minutos por delante y el marcador abierto, el que eligió ponerse el buzo y los guantes fue…JJ Morales. ¿Quién otro? Y se la bancó muy bien, porque el partido terminó 1 a 1.
En esta oportunidad nos dejamos llevar por una práctica nefasta y muy usual en el mundo del deporte, algo instalado a lo que casi ningún ser mortal se resiste: Las comparaciones boludas.
En el pasado era muy común escuchar que Hugo Porta fue el Maradona del rugby. Actualmente, cuando se habla de Luciana Aymar, se la menciona como la Maradona del hóckey y en el futuro seguramente recordemos al apasionado por la arquitectura, Juan Martin Del Potro, como el Franco Cangele del tenis (?).
En algunos años, cuando Messi ya esté retirado y se haya vuelto a Rosario para administrar sus campos (?), las nuevas generaciones amantes de la Play 4 se encargarán de enterrar el apellido Maradona y hablarán de los Messi del golf, del básquet o del polo, pero lamentablemente no del boxeo, simplemente porque el Messi del boxeo ya existió.
Baby Joe Mesi fue un destacado peso completo blanco de Nueva York, que construyó una historia realmente increíble.
Debutó como profesional en 1997, pero antes tuvo una destacada y sólida carrera amateur que concluyó cuando quedó eliminado en la clasificación para los juegos de Atlanta ’96. Para 2002 Baby Joe era el pesado blanco más promocionado del momento y una de las grandes promesas del boxeo norteamericano.
Mesi era un boxeador técnicamente destacado para la categoría, bailoteaba cómodamente, bajaba los brazos, tiraba el gancho al cuerpo y a la cabeza con potencia, contragolpeaba con precisión y se adaptaba fácilmente a la pelea que le ofrecía el rival de turno. Todo era color de la camiseta suplente de Boca rosa y la chance por el campeonato mundial estaba al alcance de la mano para el invicto neoyorquino.
Hacia fines de 2003, Mesi se enfrentó a Monte Barrett y ganó por puntos de forma muy ajustada, luego de ir al piso en el séptimo capitulo. Fue el aviso previo de lo que vendría. En marzo de 2004 llegó la pelea que a simple vista era la que lo iba a catapultar al combate por el campeonato pesado. ¿Su rival? Un ex campeón mundial crucero oriundo de Kazajistán, llamado Vassilly Jirov.
Hasta el séptimo asalto fue un paseo de Mesi, pero en el octavo Jirov metió un golpe en la nuca que no fue sancionado y Mesi no se recuperó a partir de entonces. Jirov se lo llevó por delante aprovechando el estado del norteamericano y lo puso en la lona tres veces (una en el 9º y dos en el 10º), llevándose La Pulga (?) golpes muy duros en la cabeza.
Mesi ganó la pelea ajustadamente gracias a lo hecho hasta el séptimo round. Los exámenes posteriores a la pelea diagnosticaron que sufrió dos hematomas subdurales (se comprobó que ambos se produjeron durante la pelea), le fue suspendida la licencia y su carrera se terminó.
Después de dos años de un sinnúmero de reconocimientos médicos y de batallas judiciales, Joe aprovechó cada una de las licencias otorgadas y en contra del consejo de la mayoría de sus amigos, volvió en 2006 e hizo 7 peleas más, siempre con rivales que eran una garantía de malos y que no significaron un peligro para su salud.
Mesi se retiró en 2007 con una foja de 36 peleas, 36 victorias, 29 por nocaut. Invicto y con uno de los mejores récords de la categoría pesado de todos los tiempos.

Ganador absoluto sobre el ring, sufrió su primera derrota fuera de los cuadriláteros en 2008, cuando se postuló como candidato a senador del distrito 61° de Nueva York, en manos de Mike Ranzenhofer, pese a ganar las primarias.
Inteligente y de muy buena labia, con 40 años es actualmente gerente en St. Jude Medical, una empresa dedicada a mejorar la calidad de vida de personas con dolor crónico.
El Mesi del boxeo pudo hacer historia en el deporte, aunque indudablemente a su apellido le faltó una s para ser estrella.
La venta de Carlos Gustavo Bossio al Benfica dejó, además de unos cuantos problemas en la tesorería de Estudiantes, un vacío difícil de llenar para Pancho Ferraro, quien no confiaba plenamente en las condiciones de Andersen y Tauber, los sucesores naturales de Chiquito.
Fue así que, enterado de esta necesidad, en agosto de 1999 el ex jugador y por entonces empresario Ricardo Giusti metió en un avión al boliviano José Carlo El Gato Fernández y lo llevó desde Santa Cruz de la Sierra hasta Caballito (?) -donde Estudiantes cayó por 3 a 0 ante Argentinos Juniors por la primera fecha del Apertura- y de ahí a La Plata para hacerse la revisación médica, firmar el contrato que lo ligaba al Pincha y acordar el monto del préstamo: 60.000 dólares para el Blooming. Una verdadera operación relámpago resuelta en menos de medio día. Todo demasiado extraño…
A la salida de la sede social, El Gato se mostró feliz y hasta vendió un poco de necesario humo acorde a su personalidad: “Quería venir a la Argentina. De Estudiantes conozco todo. Y también de todos los rivales, como Boca, Chacarita, Instituto. Estoy muy feliz y espero debutar cuanto antes. Ahora voy a viajar a mi país a hacer unos trámites y a solicitarle a los dirigentes del Blooming que manden el transfer internacional en el acto”.
Pese a que el arquero se había comprometido por un año con opción de compra, fue el mismo Fernández quien le solicitó a los dirigentes Pinchas la destrucción de los documentos rubricados, por teléfono y entre lágrimas ¿Por qué razón? Por que tenía contrato vigente con el Blooming hasta diciembre con una renovación automática por otro año si clasificaban a la Copa Libertadores, cosa que su equipo ya había conseguido. Además, los dirigentes bolivianos consideraban una falta de respeto por parte de El Gato y de Giusti el haber negociado con Estudiantes los montos de su hipotética salida del club sin siquiera estar enterados. De nada.
¿Y esto entonces de qué se trató? Nada más y nada menos que de un típico apure del intermediario, quien no contaba con que los dirigentes del Blooming se pondrían los pantalones largos y no iban a dejarse intimidar con maniobras. ¿Y Estudiantes? Bien, gracias. Terminó contratando al paraguayo Rubén Ruiz Díaz, quien nunca llegó a debutar…