En un deporte donde lo extraño es a veces normal, esto es, quizás, lo más extraño jamás visto.
Las Vegas, 6 de noviembre de 1993, la ciudad totalmente convulsionada. Por la noche, en el mítico Caesars Palace, se disputará la revancha por el título mundial de los pesados entre el actual campeón e invicto, Riddick Big Dady Bowe, 34 peleas, todas ganadas, frente al retador y ex campeón Evander The Real Deal Holyfield, 29 peleas ganadas, solo una perdida, justamente ante Bowe un año antes, cuando resignó los cinturones que le había arrebatado a James Buster Douglas, verdugo de Mike Tyson.
Es bueno recordar que en la década del ochenta y principios de los noventa, las megas veladas boxísticas en Las Vegas se diputaban en su mayoría en el Hilton o en el Caesars Palace y al aire libre, en sus amplios y majestuosos terrenos.
Ya estaban en combate, corría el séptimo asalto de una pelea pareja en una noche fría y despejada, por un lado Bowe queriendo dejar en claro que era el campeón, por el otro Holyfield tratando de demostrar que había perdido los cinturones, producto de una mala noche y estaba dispuesto a recuperarlos.
El tercer hombre sobre el cuadrado era Mills Lane, aquel diminuto pelado que redoblaba el esfuerzo cada vez que debía separar a las dos moles de casi dos metros de altura. Pero al ring le faltaba un protagonista: James Miller.
Mientras ambos púgiles estaban en el lado opuesto del ring, Miller apareció como una ráfaga sobre la esquina de Bowe intentando aterrizar sobre el ring con un paracaídas propulsado por una hélice a motor que colgaba de su espalda.
La mujer de Bowe, que se encontraba en primera fila, al ver la escena se desmayó automáticamente, suponiendo que se trataba de un atentado.
El paracaídas de Miller quedó enredado en las luces del cuadrilátero y él quedó colgado, casi enroscado entre las cuerdas del ring. Los aficionados y parte del sequito que acompañaba a Bowe tardaron un suspiro en bajarlo a golpes hasta dejarlo inconsciente. Mientras lo llevaban al hospital y el público cortaba en pedacitos el paracaídas para llevarse un suvenir, Holyfield y Bowe yacían perplejos sobre el ring, esperando la decisión de seguir o no con la pelea. El combate finalmente continuó casi veinticinco minutos después del fallido aterrizaje de Miller y finalmente Holyfield recuperó el campeonato ganando en fallo mayoritario.
Bowe, a quien seguramente le vamos a dedicar un capítulo especial próximamente, declaró que todo se trató de una conspiración en su contra, alegando que durante el tiempo que estuvo suspendido el combate se enfrió, mientras que Holyfield se cubrió todo el tiempo con una manta. “¿De dónde salió una manta?”.
James Miller una vez que salió del hospital fue llevado detenido y puesto en libertad a las pocas horas luego de pagar una fianza de 200 dólares. La televisión mostró imágenes captadas por cámaras de seguridad donde se veía a Miller saltando desde la terraza de un edificio, luego se supo que estuvo sobrevolando el Caesars alrededor de diez minutos antes de intentar aterrizar sobre el ring.
¿Cómo hizo este hombre para llegar a la terraza de un edificio en una ciudad como Las Vegas sin ser visto por nadie con semejante hélice? En fin.
No fue su última andanza. En enero de 1994 irrumpió en el Coliseum de Los Angeles, durante un partido de futbol americano entre Denver Broncos y Los Ángeles Raiders; y en febrero del mismo año pasó 7 días preso por descender en el campo de juego durante un partido de la Premier League entre Bolton y Arsenal (ese mismo año le surgirían imitadores en un Bolivia-Perú). No obstante, redobló la apuesta y una semana después cayó sobre el techo del palacio de Buckingham. Luego de pagar 1500 dólares de multa, fue expulsado de por vida de Gran Bretaña.
Aquel episodio llamó tanto la atención que fue parodiado en un capítulo de Los Simpson en el que Homero hace de boxeador.
¿Qué fue de Fan Man? Se suicidó, allá por el 2002, en el desierto de Alaska.













