Pizza, el alimento de los campeones (?)

Desde tiempos inmemoriales el fútbol y la pizza han estado unidos por el hincha argentino. Ver un partido por televisión, al ritmo de una muzza y una cerveza, es un rito que se repite día a día en los hogares de nuestro país, sobre todo los domingos, cuando la patrona no tiene ganas de cocinar.

Ahora bien, la cosa no sólo se reduce al ámbito casero, ya que en el mundo del fútbol abundan los ejemplos donde la redonda número 5 y la redonda de 8 porciones jugaron para el mismo equipo.

Ya en 1933, la revista El Gráfico hizo una producción fotográfica que representaba la lucha del campeonato en una pizzería. En ella se podía observar a Francisco Varallo, jugador de Boca Juniors, preocupado porque sus colegas de Gimnasia, San Lorenzo y River le afanaran la fainá. Minella, como era del Lobo, estaba segundo, obvio (?).

En la década del 40 la pizza volvió a tomar protagonismo cuando se popularizó el radioteatro «Gran Pensión El Campeonato». Allí se destacaba el personaje de Pedrín El Fainero, un mítico simpatizante xeneize que llegó a ser ídolo y que incluso traspasó la frontera de los medios para convertirse en un ícono de los estandartes de La Boca. Su imagen se puede seguir viendo en varias banderas y paredes del barrio.

Más acá en el tiempo, la pizza volvió a tomar un papel principal cuando el plantel de River Plate hizo un festejo en una pizzería, provocando una ola de comentarios en todo el pueblo futbolero. El presunto organizador quedó marcado como el héroe de la fugazzeta.

De más está decir que en muchas canchas de nuestro país se sigue vendiendo la tradicional pizza de cancha, también conocida como pizza canchera, que consiste sólo en masa y salsa de tomate. Sin queso, pero con un hambre a favor que la transforma en la mayor delicia del mundo.

Por suerte, para cubrir esa necesidad en la vida cotidiana, donde muchas veces no es tan fácil conseguir una pizza, la gente de Kesbun ha lanzado sus snacks con sabor a Jamón, Napolitana y Fugazzeta. Y un dato más: las porciones no son 4 ni 8. ¡Son 70! Probalas y después contanos.

Riquelme (2013)

En uno de los tantos “entrenamientos diferenciados” que Juan Román Riquelme tuvo a lo largo de su última etapa en Boca Juniors, se probó los guantes y ocupó por un rato la posición de Agustín Orión. Recibió indicaciones de Carlos Bianchi, fue para el área, se puso abajo de los tres palos (ya lo había hecho en el Villarreal) y estuvo allí por algunos minutos. Después, lo de siempre: a matear con los utileros, jugar el domingo (si la condición física y sus propias ganas lo permitían, claro) y concluir la semana con la sana costumbre que fue furor durante 2013: lesionarse.

González Pirez (2012)

La cantera de River Plate se destacó desde siempre por la aparición de muy buenos mediocampistas y delanteros, en general jugadores “de buen pie”. Pero en el Siglo XXI, esa tendencia fue disminuyendo: la calidad de los chicos que provenían de las inferiores iba en baja, y hasta costaba ver algún pibe que la rompiera de mitad de cancha hacia adelante. En cambio, surgieron varios defensores que se terminaron de afianzar, más por necesidad que por condiciones, y dieron la cara en el peor momento de la historia del Millonario: Pezella, Abecasis, Ramiro Funes Mori, Leandro González Pires. Este último hasta se dio el lujo de relajarse en un entrenamiento y ocupar el lugar de Daniel Vega. Por fortuna para los rivales de River, esto sólo pasó en una práctica.

Segurola y Habana: River Vs. Oscar Ahumada

Entre las múltiples sensaciones que acompañan a cada uno de nosotros a medida que pasa el tiempo y vamos envejeciendo, hay una que se compone íntegramente de injusticia, de decadencia y de melancolía: El Temor al Barrio Propio.

¿Cómo es posible que se te ericen los pelos de la espalda en esa misma esquina donde durante años te juntaste a pasar el tiempo con tus amigos? ¿En que momento empezaste a agachar la mirada y a evitar a pibes que viste crecer y que, suponés, optaron por el mal camino? ¿Por qué apurás el paso cuando escuchás una moto rugir a tus espaldas? ¿Acaso no son esas mismas calles las que hasta hace poco tiempo fueron tuyas? El Temor al Barrio Propio está latente, no conoce de nostalgias y saca nuestra parte más cobarde junto a una especie de instinto de supervivencia en pos de no perder, en el momento menos pensado, lo poco o mucho alcanzado.

El Temor al Barrio Propio es aquello que tan bien se explota en las películas de Zombies: tu casa de toda la vida ya no es segura y aquellas caras familiares no son las mismas, aunque en apariencia sean similares. Y, por supuesto, si hablamos de pérdidas irreversibles y de cintas tétricas sobre Muertos Vivos, no podemos obviar esta historia que, linterna en mano, nos reúne hoy alrededor de la fogata: Todo lo que Involucre a River Vs. Oscar Adrián Ahumada…

El protagonista central de este relato, Oscar Ahumada, llegó a Núñez en 1997 proveniente de Zárate y, desde un primer momento, adoptó al barrio como propio. Claro, es que el jugador además de ser un hincha confeso de La Banda se encontró con grandes amigos que hicieron que la adaptación y la identificación sean casi instantáneas.

En sus primeros años, Ahumada fue flaqueado y protegido por compinches mayores como Pablo Aimar, Guillermo Pereyra, Franco Costanzo, Ariel Garcé y Martín Demichelis. Luego por pares como Javier Saviola, Andrés D´ Alessandro, Germán Lux y Damián Álvarez. Y finalmente le tocó ser “celador” e instruir en el «Mundo River» a los jóvenes que venían más abajo como Fernando Cavenaghi, Maxi López, Javier Mascherano, Osmar Ferreyra y Gastón Fernández, entre tantos otros.

¿Te puede pasar algo mejor con 20 años? Estar rodeado de amigos, jugar al futbol, ser el futuro de una de las instituciones más importantes de Ámerica, representar al país en categorías juveniles y enloquecer, remera rosa “Siamo Fuori” sobre el torso, a todas esas lindas pibas que aparecían en el Messenger. Primero en Núñez, luego en Belgrano, después en Barrio Norte, Vicente López, Olivos y así extensivo a todo el país… la juventud soñada. Aunque claro, el volante también conoció la ciclotimia de los hinchas, las miserias de los dirigentes y la prepotencia de los barras bravas. Si algo es seguro, es que Oscar Ahumada conoce íntimamente a River Plate. Tanto en la salud como en la enfermedad…

Y así, el jugador debutó en Primera en 2002, participó en la obtención de los Clausura 2003 y 2004 y luego se fue 6 meses al Wolfsburg de Alemania en una operación que no quedó del todo clara y que, en su momento, hizo poner el grito en el cielo a todo el pueblo Millonario. En su regreso a River, a principios de 2005, Ahumada se convirtió en un referente ineludible en el vestuario, más aún, con la llegada de Daniel Passarella a la dirección técnica del equipo.

Así llegamos al punto de inflexión de esta historia: el jueves 8 de mayo de 2008. Esa noche River recibió en su estadio a San Lorenzo por los Octavos de Final de la Copa Libertadores. Una jornada memorable donde, de antemano, los condimentos de los buenos estaban asegurados: El Ciclón -que había ganado el partido de ida por 2 a 1- llegaba con antiguos próceres Millonarios como Ramón Díaz, D´ Alessandro y Placente, en tanto para el River de Simeone jugaban dos con pasado Azulgrana como Sebastián Abreu y Eduardo Tuzzio.

En medio de un clima bélico, Matías Abelairas abrió el marcador para River a los diez minutos del primer tiempo. Luego vinieron dos historias mínimas que, en su momento, se verán reflejadas en esta página: el abandono del campo del Gallego Méndez tras ser lesionado por Radamel Falcao y el festejo del Loco Abreu con beso al escudo de River incluido, tras marcar de penal el 2 a 0 transitorio. Entremedio, las recordadas expulsiones del Burrito Rivero y de Jonathan Bottinelli. Repasando: River de local 2 – San Lorenzo con nueve jugadores 0 (cero), a falta de media hora para la finalización del encuentro.

Y entonces, cuál puñaladas, llegaron los peores diez minutos de la historia de River Plate hasta ese momento. Aquellos dos goles de Gonzalo Begessio no sólo lo eliminaron de la Copa Libertadores sino que acabaron, súbitamente, con parte de la opulencia que siempre caracterizó a los Millonarios. Y lo peor de todo es que ellos mismos se dieron cuenta. A partir de ahí nada fue lo mismo. Para nadie. Y aunque no tuvo incidencia en la campaña que luego lo depositó en el Nacional B, no es temerario afirmar que aquella noche River perdió la categoría, la identidad, el hándicap, el pedigrí y varios intangibles más que, con el tiempo, fueron sustituidos por otros.

Con la herida en su punto máximo de dolor y tras ser recibidos con hostigamientos, pañales y maíz por sus propios hinchas en el siguiente partido en el Monumental (victoria 4 a 2 sobre Gimnasia), Oscar Ahumada no pudo contener sus palabras y, de esta manera, su destino cambió para siempre:

“A mi me dio bronca ver a un muchacho (de River) en TVR diciendo que Boca sí tiene actitud copera. Es verdad, también tiene jugadores de más experiencia que nosotros. Pero el jueves en la cancha noté que cuando San Lorenzo nos hizo el 2 a 1 el estadio se enmudeció. Y yo jugué en la cancha de Boca ganando 2 a 0 y la gente de ellos se nos caía encima. Eso molesta y duele, por que en los momentos difíciles es cuando más necesitamos de ellos. Y cuando se produjo ese silencio atroz contra San Lorenzo, por que fue un silencio muy grande, también se sintió en la cancha…”

Esos dichos, sumados al hecho de haber declarado ante la justicia en una causa en contra de los barras y de José María Aguilar (“Estoy cansado de callar cosas”) más las interminables novelas por la renovación de su contrato, hicieron que el hincha de River lo mire de reojo y jamás lo pueda volver a sentir como a un hijo de la propia casa. A pesar que Ahumada se cansó de pedir perdón. El recelo, el rencor y el odio estaban instalados y creció exponencialmente cuando la gente de Boca lo tomó como un estandarte para burlarse de sus rivales de toda la vida.

Con cada vez menos participación aunque dando siempre la cara, el jugador se mantuvo en River hasta abril de 2010, cuando se declaró en libertad de acción y se marchó al Veracruz de México. De esa manera, Ahumada acabó con el calvario de los dos años anteriores, en donde se la pasó prácticamente recluido en su casa y conviviendo con el sufrimiento constante de su círculo familiar íntimo.

A partir del momento que Ahumada se desvinculó de la institución la mayor parte de los hinchas de River dieron rienda suelta a su odio y, hoy por hoy, no miden sus palabras a la hora de recordar al jugador. Tal es así que, por caso, La Página Millonaria lo tiene en su Top 10 de Antí Ídolos junto a, entre otros, Jesús Méndez, Julio César Cáceres, Hugo Gatti, Luciano Figueroa, Claudio Caniggia y Gabriel Cédres quienes -a diferencia de Ahumada- si cometieron “la herejía” de jugar en Boca.

Tras aquellas inmortales declaraciones y por múltiples razones, River se fue en picada hacía el descenso, conoció el infierno, renació y hoy parece haber reencontrado el rumbo. Aquel Silencio Atroz al que hizo referencia el volante quedó como una marca de agua en el corazón de los Millonarios y jamás volvió a sentirse en el Monumental. Ni aún en los peores momentos. Por su parte, Oscar Ahumada rehizo su carrera, pasó por México y Rusia, mostró una inédita faceta goleadora en All Boys y hasta fue convocado a la Selección Argentina por Alejandro Sabella. Pero claro, por más que quiera jamás podrá volver a caminar tranquilo por la Avenida Figueroa Alcorta. Es que en el barrio donde pasó los mejores quince años de su vida aún lo siguen esperando los Zombies…

¿Ganador?

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