Ormazábal Víctor


Víctor Manuel Ormazábal

En el primer semestre de 2003, Carlos Bianchi, DT de Boca Juniors, apostó –como de costumbre- todos las fichas a la Copa Libertadores, dejando de lado el torneo Clausura. Y mal no le fue. El Xeneize fue campeón del certamen internacional vapuleando al Santos en la definición y peleó hasta el final en el ámbito local, aunque el vencedor fue su eterno rival, River Plate, que le sacó cuatro puntos de ventaja.

Como para la última fecha del campeonato ya estaba todo definido, y principalmente para celebrar en La Bombonera la obtención de una nueva Libertadores, el Virrey decidió darles un descanso a los titulares y suplentes y mandar a Rosario a un combinado de juveniles (y algún que otro experimentado relegado) para enfrentar a Central. Es más, ni siquiera viajó el propio Bianchi y su lugar lo ocupó Oscar Regenhardt.

Esa tarde, mientras los grandes daban la vuelta olímpica en La Boca, el equipo de la Ribera en el Gigante de Arroyito formó con Gustavo Eberto, Raúl Osella, Joel Barbosa, Federico Carballo, Víctor Magnago, Leonardo Verón, Matías Silvestre, Juan Pablo Caffa, Jonathan Fabbro, Mauro Boselli y Héctor Bracamonte. Salvo honrosas excepciones, una fábrica de baldosas. Luego ingresaron Víctor Ormazábal y el brasileño Edilio Cardoso, mientras que desde el banco lo vieron el arquero suplente Adelquis Ruffini, Pablo Álvarez y Mauro Zanotti.

Pero la fiesta, al menos en Rosario, fue toda de Central. El 7 a 2 (5 goles de Figueroa, uno de Messera y otro del Chelito Delgado. Fabbro y Bracamonte para el Xeneize) fue contundente. Para muchos de los pibes que vistieron la camiseta azul y oro fue el estreno y despedida. Otros se la rebuscaron para jugar algunos partidos más, aunque sin demasiada suerte.

Es el caso de nuestro homenajeado del día, Víctor Manuel Ormazábal. Nacido en La Matanza en abril de 1985, este volante por derecha (posteriormente devenido en doble cinco) se las rebuscó para aparecer como rueda de auxilio cuando alguno de los titulares no podía actuar, pero nunca se pudo afianzar en el puesto.

Si bien debutó bajo el mando de Carlos Bianchi, fueron el padre de Cristian Castro Miguel Ángel Brindisi y el Chino Benítez quienes más lo utilizaron. La llegada de Alfio Basile, poco adepto a darles espacio a los juveniles, lo marginó y no le quedó otra que marcharse.

Desde su debut, y hasta su despedida a mediados de 2005, redondeó 25 partidos con la camiseta de Boca (19 por torneo local y 6 por certámenes internacionales, casi todos como suplente), no convirtió goles y se fue expulsado una vez (ante Instituto, por el Clausura 2005, en la derrota 1-3). Al menos, se dio el gusto de salir campeón de la Copa Sudamericana 2004 (además convirtió su penal en la definición ante Cerro Porteño de Paraguay por los cuartos de final).

En julio de 2005 pasó a préstamo al Maccabi Haifa de Israel, pero una lesión en la espalda lo obligó a rescindir su contrato y regresar a la Argentina para recuperarse. Después de haber entrenado durante el primer semestre de 2006 con la Reserva, en julio se fue cedido al Pontevedra, de la segunda división B, la tercera categoría del fútbol español.

En el ascenso del país de las corridas de toros y la pelotudísima tomatina, logró jugar con cierta continuidad y en buen nivel. En 2008 pasó al Cádiz, donde estuvo hasta 2010, cuando fue transferido al Ceuta, donde fue dirigido, entre otros, por Andoni Goikoetxea, aquel vasco mala leche que sacudió con violencia al Diegote en 1982.

Tras una temporada inactivo, y varias semanas a prueba en San Telmo, a mediados de 2012 regresó definitivamente a la Argentina para sumarse a Temperley, en la Primera B Metropolitana. Luego de un semestre en el que participó poco y nada (era suplente de Emiliano Gianunzio, con lo que eso significa), y con apenas 27 años, decidió colgar los botines por cuestiones personales.

Un bajón.

Breaking news (?): en julio de 2013 (unos días después de la publicación original de este post) firma contrato con Almirante Brown. Confirmado: En Una Baldosa trae suerte (?)

Pizza, el alimento de los campeones (?)

Desde tiempos inmemoriales el fútbol y la pizza han estado unidos por el hincha argentino. Ver un partido por televisión, al ritmo de una muzza y una cerveza, es un rito que se repite día a día en los hogares de nuestro país, sobre todo los domingos, cuando la patrona no tiene ganas de cocinar.

Ahora bien, la cosa no sólo se reduce al ámbito casero, ya que en el mundo del fútbol abundan los ejemplos donde la redonda número 5 y la redonda de 8 porciones jugaron para el mismo equipo.

Ya en 1933, la revista El Gráfico hizo una producción fotográfica que representaba la lucha del campeonato en una pizzería. En ella se podía observar a Francisco Varallo, jugador de Boca Juniors, preocupado porque sus colegas de Gimnasia, San Lorenzo y River le afanaran la fainá. Minella, como era del Lobo, estaba segundo, obvio (?).

En la década del 40 la pizza volvió a tomar protagonismo cuando se popularizó el radioteatro «Gran Pensión El Campeonato». Allí se destacaba el personaje de Pedrín El Fainero, un mítico simpatizante xeneize que llegó a ser ídolo y que incluso traspasó la frontera de los medios para convertirse en un ícono de los estandartes de La Boca. Su imagen se puede seguir viendo en varias banderas y paredes del barrio.

Más acá en el tiempo, la pizza volvió a tomar un papel principal cuando el plantel de River Plate hizo un festejo en una pizzería, provocando una ola de comentarios en todo el pueblo futbolero. El presunto organizador quedó marcado como el héroe de la fugazzeta.

De más está decir que en muchas canchas de nuestro país se sigue vendiendo la tradicional pizza de cancha, también conocida como pizza canchera, que consiste sólo en masa y salsa de tomate. Sin queso, pero con un hambre a favor que la transforma en la mayor delicia del mundo.

Por suerte, para cubrir esa necesidad en la vida cotidiana, donde muchas veces no es tan fácil conseguir una pizza, la gente de Kesbun ha lanzado sus snacks con sabor a Jamón, Napolitana y Fugazzeta. Y un dato más: las porciones no son 4 ni 8. ¡Son 70! Probalas y después contanos.

Riquelme (2013)

En uno de los tantos “entrenamientos diferenciados” que Juan Román Riquelme tuvo a lo largo de su última etapa en Boca Juniors, se probó los guantes y ocupó por un rato la posición de Agustín Orión. Recibió indicaciones de Carlos Bianchi, fue para el área, se puso abajo de los tres palos (ya lo había hecho en el Villarreal) y estuvo allí por algunos minutos. Después, lo de siempre: a matear con los utileros, jugar el domingo (si la condición física y sus propias ganas lo permitían, claro) y concluir la semana con la sana costumbre que fue furor durante 2013: lesionarse.

González Pirez (2012)

La cantera de River Plate se destacó desde siempre por la aparición de muy buenos mediocampistas y delanteros, en general jugadores “de buen pie”. Pero en el Siglo XXI, esa tendencia fue disminuyendo: la calidad de los chicos que provenían de las inferiores iba en baja, y hasta costaba ver algún pibe que la rompiera de mitad de cancha hacia adelante. En cambio, surgieron varios defensores que se terminaron de afianzar, más por necesidad que por condiciones, y dieron la cara en el peor momento de la historia del Millonario: Pezella, Abecasis, Ramiro Funes Mori, Leandro González Pires. Este último hasta se dio el lujo de relajarse en un entrenamiento y ocupar el lugar de Daniel Vega. Por fortuna para los rivales de River, esto sólo pasó en una práctica.