Juntos a la par

Aquel equipo de Marcelo Bielsa era un grupo unido, sin dudas. Adentro y afuera de la cancha. Si algún jugador necesitaba una mano, ahí estaba la presencia solidaria del compañero. Y si uno vestía mal, el resto tenía que acompañar. Con esta premisa de camaradería, Julio Saldaña y Mauricio Pochettino (flanqueados por Guillermo Lambertucci, amigo del entrenador) aprovecharon un 2×1 en camisas rosas y corbatas bordó. Algo que pasó desapercibido al lado del diseño elegido por Alfredo Berti, también acompañado de una corbata rebelde por el viento. Y pensar que el Loco era el director técnico.

Carrera Marcelo

Marcelo Ariel Carrera

Una imagen harto (?) conocida puede llegar a contener alguna característica que todos ignoramos. En el caso de la foto que ilustra este post, sólo hay ojos para el proyectil y para el blanco. Para el cascote volador arrancado de la Doble Visera y para el gesto desolado de Jorge Vigliano. Entre medio, un mar de sensaciones. El hecho en sí, el desenlace, la incertidumbre, el futuro, el pasado. La paranoia que genera ponerse en la piel de quien arrojó la piedra, el dolor que se siente al ponerse en los zapatos del árbitro. Una imagen, dos protagonistas, todos los ojos mirando. Pero claro, casi siempre obviamos algo. En una fotografía inmortal para nuestras retinas, hasta el día de hoy, a Marcelo Ariel Carrera todos lo pasamos por alto…

Marcelo Carrera nació el 1 de Octubre de 1962 en Mar del Plata, pero pasó gran parte de su infancia en los Estados Unidos, ya que sus padres se mudaron a La Tierra del Tío Sam cuando nuestro protagonista contaba con poco menos de un año. Aquellos felices primeros días –ambientados entre fuentes de sodas, Halloween y Hippies– tuvieron un final abrupto cuando se separaron sus progenitores y Marcelo, junto a su madre, debió volverse a su pago. Así y todo, su desarraigo de Norteamérica no fue total ya que, a partir de allí, sus familiares le organizaron viajes anuales de los cuales regresaba con tesoros inalcanzable para nuestro país por aquellos años. A saber: guantes de baseball, remeras de básquetbol o cascos de fútbol americano. En su mente “el Deporte y el Show Business” ya estaban totalmente instalados…

Con mayor énfasis por evitar la soledad que por gusto propio, Marcelo comenzó a jugar al fútbol tal como lo conocía el resto del globo terráqueo. Para su sorpresa, le sobraban condiciones y así se destacó como volante o media punta en Once Unidos de La Ciudad Feliz. Sus buenas actuaciones lo llevaron a una prueba en el destino favorito de los marplatenses en la década del ochenta: el puterío Independiente de Avellaneda, donde finalmente fue aceptado.

Durante 1984 disputó algunos encuentros, en su mayoría como recambio, mientras los titulares jugaron la Copa Libertadores. Pero claro, una vez ganado el trofeo continental por El Rojo, Carrera quedó lógicamente sepultado por Bochini, La Vieja Reinoso, Sergio Merlini y Pedro Massacessi. Por tales razones, en 1985 bajó hasta la Primera B para defender los colores de El Porvenir, donde fue hostigado por su pasado Diablo cuando enfrentó al entonces descendido Racing Club.

En 1986 regresó a Independiente pero, a los 6 meses, entre la escasez de minutos y las luces de La Gran Manzana que lo seguían llamando, un día le comunicó a Pastoriza que abandonaba el fútbol y que se iba a vivir a los Estados Unidos. Encima -dando un cátedra de tacto- lo hizo en el banco de suplentes entre medio de un partido. “El Pato me quería matar” contó después. No era para menos. Tenía 23 años.

Una vez en Nueva York y antes de ponerse a buscar trabajo, un familiar le consiguió una prueba en el New York Express (1986/87) de la Major Indoor Soccer, la liga profesional de un deporte con reglas cambiantes que era una mezcla entre el fútbol tradicional, el Papi y el extinto Fútbol Rápido, pero que crecía a pasos agigantados en la ciudad del Hombre Araña. Emulando a Bin Laden, Carrera hizo estragos. Por tal razón, los directivos aceptaron darle laburo también a otro relegado joven valor de la cantera Roja: Gustavo Crnko, quien vivió junto a Marcelo y, por supuesto, defendió estos colores a su lado.

Tras un año sin actividad, en la búsqueda de nuevos rumbos, Carrera volvió a ponerse los cortos y comenzó a oscilar entre equipos del poco competitivo fútbol tradicional y otros de la Major Indoor Soccer. Pasó por Canton Invaders (1988/89), Fort Lauderdale Strickers (1989), Dallas Sidekicks (1990/91) y Tampa Bay Rowdies (1991). Cambiante al fin, en enero de 1992 regresó a la Argentina para intentar nuevamente con «el fútbol como Díos manda» y, tras una breve readaptación, Talleres de Córdoba le abrió sus puertas. Durante el Clausura ´92 disputó 17 encuentros en un mediocre nivel y no marcó goles. Al finalizar ese torneo -disconforme con las diferentes realidades del país- se volvió a su hogar por adopción, Yankeelandia, a mezclar otra vez equipos de aquellas ligas casi recreativas: Chicago Power (1992/93) y Fort Lauderdale Strickers (1993/96).

Como siempre que hay una invención se divisa una gran oportunidad, en 1996 la creación de la Major League Soccer y la falta de jugadores de nivel para nutrir la misma, le permitió a un Marcelo Carrera de 33 años ser elegido en décimo lugar del Draft (91° en la general) por el Columbus Crew, donde participó del partido inaugural de la liga y permaneció tres temporadas en un equipo que casi siempre terminó de mitad de conferencia para abajo. Luego se volvió al Indoor Soccer para ponerle punto final a su trayectoria jugando en Cleveland Crunch (1998/99) y Saint Luis Ambush (1999/2000).

Al mirar para atrás, Marcelo Carrera infla el pecho y no se arrepiente de no haber intentado jugar más y mejor en la elite: “futbolísticamente me fue muy bien allá. Salí campeón 4 veces del Indoor, jugué los All – Stars y en Columbus fui compañero de mundialistas como Brian Mc Bride, Brad Friedel y Thomas Dooley”. Tras dejar la actividad y totalmente radicado, entrenó varios equipos de Indoor Soccer y hasta se dio el lujo de dirigir a la Selección Sub 21 de la Academia IMG de fútbol femenino. El verdadero y real Sueño Americano. You Can Do It…

Jubilo Iwata 2 – Racing 1 (1996)

A cambio de 200 mil dólares y sumergido en una crisis futbolística, en julio de 1996 el Racing de Miguel Brindisi viajó a Japón para enfrentar a dos equipos locales: el Jubilo Iwata y el Verdy Kawasaki. ¿Los beneficios de la gira? Sólo económicos, ya que en la cancha el equipo siguió siendo la misma murga que en Argentina.

En el primer partido, disputado en el Tokyo Dome, La Academia cayó por 2 a 1 (gol de Capria de derecha) ante el Jubilo Iwata, que sólo tenía al brasileño Dunga como figura, ya que el resto de los japoneses destacados estaban con su selección en los Juegos Olímpicos de Atlanta.

Mal estreno para la camiseta que decía «No a las drogas» en japonés.

San Lorenzo con pantalones de Vélez (1993)

La imagen es bastante pobre, es cierto, pero nos muestra un hecho curioso que hasta hoy había pasado desapercibido en el mundo de la indumentaria deportiva: San Lorenzo jugando con los pantalones de Vélez Sársfield.

La rareza tuvo lugar en 1993, cuando el Ciclón enfrentó a Argentinos Juniors en la primera instancia de la rueda de ganadores de la Copa Centenario. El partido, disputado en el Estadio José Amalfitani, lo terminaría ganando el Bicho 1 a 0 con un gol de Cristian Zermatten, pero es lo que menos nos importa.

El dato está en el pantaloncito adidas que usó el Cuervo, de un azul muy distinto al de su camiseta Topper. No era ni más ni menos que el short que había utilizado El Fortín un año antes, previo a la llegada de Umbro.

Lo que todavía no sabemos es si el hecho tendría que avergonzar a San Lorenzo o a Vélez. Tal vez a los dos (?). Por lo pronto, acá está la prueba del delito.

Fuera de stock: Maradona en el Fútbol Rápido (1994-1995)

Mucho antes de que el Showbol le diera la oportunidad de seguir siendo idolatrado dentro de un rectángulo de juego, Diego Armando Maradona fue partícipe de otro espectáculo en espacios reducidos: el Fútbol Rápido. Su experiencia fue corta, pero no menos interesante. Repasemos el paso del Dié por esa especialidad.

Había terminado el Mundial de USA ’94 y el futuro de Maradona, como muchas otras veces, era bastante incierto. Además de las piernas, le habían cortado la posibilidad de jugar profesionalmente al fútbol durante 15 meses. Demasiado tiempo para un tipo que venía de demostrar que aún le quedaba algo más de cuerda.

A pocas semanas de haber sido sancionado, el Diego reapareció en el programa Ritmo de la Noche, actuando para Argentina en los típicos partidos de 4 contra 4. ¿El rival? Nada menos que el Brasil de Taffarel, Branco, Dunga y Bebeto, que venían de levantar la Copa del Mundo.

Ese partido le hizo ver a Diegote que podía seguir en actividad, aunque sólo fuese jugando partidos amistosos y en otro formato. Por supuesto que la exigencia era otra. ¿Pero qué mejor para un jugador que a esa altura buscaba más privilegios y menos obligaciones?

Durante el segundo semestre de ese año, Maradona hizo de todo. Además de disputar partiditos en varias partes del mapa, también se hizo tiempo para debutar como director técnico en Mandiyú de Corrientes. Y al mismo tiempo, casi, le surgió la posibilidad de participar de otro Mundial ’94.

La FIFRA (Federación Internacional de Futbol Rápido) se había fundado un par de años antes por la negativa de la FIFA a la hora de incorporar un fútbol sobre césped sintético y sin laterales ni córners. Fue así como se planeó, para 1994, el primer Mundial de la especialidad en Pachuca, México. ¿Había algo mejor que tener a Maradona para promocionarlo? Sí, dos Maradona.

Tanto Diego como su hermano Lalo formaron parte del elenco nacional, que utilizaba la misma camiseta adidas pero con el escudo de la Federación Argentina de Fútbol Rápido. Además, el plantel contaba con otras viejas glorias, como Carlos Randazzo y Juan Amador Sánchez. Equipazo (?).

Pese a las lucidas victorias ante Suiza (6 a 3) e Irán (6 a 4), el conjunto albiceleste cayó 4 a 3 ante Brasil en el último partido y el Diego vio cómo otro Mundial se le escapó de las manos. Para calmar tanto dolor (?), terminó poniéndose el buzo de director técnico de Racing.

En abril de 1995, el novedoso deporte volvió a aparecer en la vida del Diez, cuando la selección argentina participó de la Copa de las Américas en Coconor, con transmisión de Canal 9. Tras haber apabullado a Uruguay (9 a 2) y haber derrotado a Estados Unidos (9 a 3), el equipo nacional cayó ante México por 4 a 3 y sumó otro fiasco, el último de Maradona en la especialidad.

Al fútbol rápido, ni hay que aclararlo, se le escapó la tortuga.