
Herbert Hein. Defensor alemán. Jugó entre 1971 y 1984.

Herbert Hein. Defensor alemán. Jugó entre 1971 y 1984.
A contramano de lo que se cree, mandar fruta, tirar información sin chequear y repartir pescado podrido no son usos y costumbres exclusivos del periodismo argentino.
A mediados de 1995, el diario español El Mundo Deportivo informó a todos sus lectores que el Mallorca de España estaba a punto de fichar al experimentado volante argentino Julio César Torrizelli, quién, según se afirmaba, no era tenido en cuenta en River Plate, tu grato nombre.
En esa misma edición, el matutino se animó a más y hasta publicó unas declaraciones del enigmático Torrizelli: “poseo dos opciones: fichar por el Mallorca o por el Rosario Central. La verdad es que particularmente me encantaría jugar en España”.
Días después, el club balear envió unos emisarios a cerrar la negociación a la Argentina, aunque claro, jamás dieron con el paradero de Torrizelli. Entonces, valija en mano, los confundidos empresarios rastrillaron los 100 barrios porteños, en un desesperado raid que les llevó horas, días, semanas y hasta unos cuantos meses.
Primero se tomaron el 60, después viajaron en los viejos vagones de la línea A de subte y hasta caminaron Rivadavia, de punta a punta, preguntando a cada transeúnte si alguno había visto a Torrizelli. Pero claro, siempre encontraron negativas.
Hartos de la Capital Federal y en su último día de búsqueda, los españoles finalmente llegaron hasta Villa Devoto, más precisamente a la intersección de las calles Segurola y Habana, donde se cruzaron con el volante de Colón de Santa Fe, Julio César Toresani quién, muy apurado aunque de manera amable, les contestó: “No la verdad que no lo conozco. Ahora discúlpenme, pero tengo que resolver un asunto con un gordito que vive por acá”.
¿Y Torrizelli? Bien, gracias. De su paradero, hasta el día de hoy, no hay ninguna noticia…
En esta nueva sección recordaremos calzados del mundo del fútbol que dejaron una huella en nuestros corazones. Botines lindos, feos, baratos, caros, conocidos y no tanto. Bienvenidos, arrancamos con un clásico noventoso.
Lanzamiento: 1993 en ocasión del comienzo de las Eliminatorias europeas para USA ´94.
Retiro del Mercado: Se dejaron de fabricar en 1995, aunque siguieron haciéndose versiones posteriores con el mismo nombre pero con notables diferencias. Además, ningún Assist 10 volvió a estar destinado a un jugador, que es lo que distinguía a esta línea.
Modelos oficiales: Roberto Baggio, Giuseppe Signori, Marco Van Basten y Josep Guardiola.
Calce, Estabilidad, Sensibilidad y Durabilidadad: No sé, nunca me los puse (Que van a mandar, que van a mandar…)
La de Cal: Esta línea popularizó en todo el planeta a la empresa italiana que, si bien se fundó en 1948, no contaba con mucha fama dentro del mundo del fútbol.
Con Il Codino como vedette principal, se lanzó una sub línea con el apellido de cada uno de sus cracks, diferenciable por la firma del jugador y el color de los motivos: los amarillos fueron para Baggio, los verdes para Signori, los orange para Van Basten y los rojos para Guardiola.
Si bien hubo antecedentes en otras marcas, tras los Assist 10 Roberto Baggio fue más frecuente que las empresas larguen una línea de botines dedicada a un jugador, sin la necesidad de que este sea una leyenda incuestionable del fútbol. A futuro, Diadora lanzó otras líneas basadas en George Weah, Francesco Totti y a Roberto Baggio, claro está.
La de Sand: No se conseguían en la Argentina. Si bien la sede local plagió hasta una campaña de Baggio (con las actuaciones estelares de Chamot y El Negro Cáceres luciendo unos básicos Diadora Supergoal SC Double Action) en las casas de deportes sólo era posible comprar los legendarios Diadora Brasil. Encima en 1994 no teníamos muchas ganas de bailar samba que digamos.
Además, los Diadora Assist 10 Roberto Baggio desaparecieron del mapa tras ganar mala fama al ser sindicados como los responsables de haber mandado a la estratosfera el penal que definió el Mundial de USA ´94. ¿Será para tanto, che?
Si ya de por sí Racing es una aventura constante sin salir de Avellaneda, imagínense el cúmulo de situaciones por las que puede llegar a pasar un club de esas características girando por África. Bueno, mejor no se lo imaginen. Recuérdenlo.
Hacia finales de los años 80, La Academia era un cuadro que estaba acostumbrado a estar de gira, y no sólo por la presencia de su técnico, Alfio Basile. Después de realizar un recorrido por Asia y Europa en 1988, un par de años más tarde la dirigencia planeó un viaje de 17 días por el continente negro, sin tener en cuenta los riesgos que eso podría acarrear.
No simplemente se ponía en juego el prestigio enfrentando a equipos africanos, eso era lo de menos. También estaba en peligro la salud de la delegación, cosa que después se terminaría comprobando.
Racing empezó aquel periplo el 1º de agosto de 1990, con una victoria 3 a 0 sobre la selección de Benín, en la ciudad de Porto Novo, su capital. Cuatro días más tarde empataría 1 a 1 en Togo, ante el combinado de ese país. Y no sería el único empate de la gira, porque también igualaría 1 a 1 con Costa de Marfil y 0 a 0 con Burkina Faso.
En el medio, hubo tiempo para una derrota 3 a 0 ante el Asek de Costa de Marfil. Aunque algunas versiones indican que en realidad la caída fue 3 a 1 y que el árbitro bombeó a los argentinos, de tal manera, que convalidó los 3 goles africanos en posición adelantada. Cosas que se dicen. 
Al margen de los resultados, Racing cosechó muchas anécdotas en el viaje. Por empezar, uno de sus jugadores, Osvaldo Escudero, fue recibido casi como un héroe en Costa de Marfil, ya que 9 años antes había visitado esas tierras siendo jugador del Boca de Maradona. Tanta buena impresión había causado el Pichi, que dos futbolistas locales habían pedido permiso a la federación para cambiarse el nombre y pasar a llamarse «Escudero». Increíble.
Como si fuera poco, La Acadé se trajo un futbolista marfileño para evaluarlo en Avellaneda. Sékou Bamba de Karamoto, así era su nombre, se probó unos días pero no convenció. Indignado, caminó un par de cuadras para jugar en Independiente, pero también lo rebotaron.
La situación más llamativa, sin embargo, no fue nada simpática. Al regreso de la gira por África, el arquero de La Academia, Carlos Ángel Roa, debió ser internado por padecer paludismo, una enfermedad que se contagia por la picadura de insectos. Según lo comentado en su entorno por aquellos días, toda la delegación de Racing había ingerido los medicamentos para evitar ese tipo de enfermedades. Todos menos Roa, que por pertenecer a la religión adventista se habría negado a tomar la medicación. Meses después de aquel episodio que lo tuvo al borde de la muerte, el arquero volvió al fútbol y negó que la religión hubiese tenido que ver, contradiciendo al Presidente Juan De Stéfano… ¡e incluso a su propia madre! Una gira bien a lo Racing.
Gracias a Museo Racing Club por las fotos.

Luis César Arrieta
Por estos días, el espectro del jugador de fútbol post retiro es bastante amplio. Hay quienes deciden ser directores técnicos, entrenadores de arqueros, ayudantes de campo, relatores del Fútbol Para Todos, conductores de televisión, mediáticos, comentaristas en TV, radio o gráfica, entre otras tantas opciones. Si el personaje en cuestión es un poco más entrador chanta, puede ser manager de algún club, representante o intermediario. Mal que mal, todo dentro de la ley.
El caso de Luis Arrieta, nacido en agosto de 1973, es atípico por donde se lo mire, poco frecuente en el mundo de la pelota. Como futbolista en la máxima categoría, apenas disputó 11 partidos (10 por torneo local y 1 por la Copa Conmebol) como defensor con la camiseta de Huracán entre 1994 y 1995.
Lejos de las grandes actuaciones, tampoco es rememorado por haberse mandado cagadas importantes. Es más, muy pocos hinchas quemeros lo recuerdan. Simplemente estuvo ahí en el momento indicado, jugó y se fue sin que nadie se diera cuenta.
En la temporada 1996/97 sumó otros nueve encuentros a su currículum con la casaca de Estudiantes de Buenos Aires en el ascenso y se retiró joven, a los 24 años.
Lo curioso es que Arrieta cambió la número 5 por una 38. Pasó del verde césped al paravalanchas para formar parte de la barrabrava del conjunto de Caseros. Desde entonces, cada tanto, se dedicó a aparecer en los diarios, ya no en deportes, sino en policiales, gracias a su accionar.
Como en 2008, cuando irrumpió en el vestuario para pedirle plata al plantel y se encontró con la resistencia del técnico de aquel entonces, Julio César Gaona, que se llevó una paliza. Dentro del club, y como muestra de su impunidad, también manejaba un puesto de choripanes. Parece que en el inframundo de los forajidos el Loco Luis (así le dicen en la barra) pudo hacer la carrera que se le negó como jugador: hoy es uno de los principales laderos de Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro, líderes de los violentos de Boca, y maneja el grupo de Caseros, uno de los más numerosos de La 12.
Arrieta fue noticia hace algunos meses, cuando en la víspera del partido entre el Xeneize y Unión por el Inicial 2012 ligó un balazo en la mano. Su nombre volvió a aparecer en los medios en los últimos días, cuando la dirigencia de Boca le solicitó al Ministerio del Interior que sacara sus huellas digitales del sistema Sabed, aquel que controla el derecho de admisión en las canchas del fútbol argentino, para permitir su ingreso a los estadios donde juegue el equipo de camiseta violeta azul y amarilla.
Porque hay una cosa que los dirigentes tienen bien clara: a los violentos se los combate desde adentro. Insólito.
La noche de San Valentín de 1981 cobijó un encuentro cargado con todos los ingredientes que engalanan a una relación de pareja que se precie de tal: pasión, diversión, embole, histeria y, finalmente, la confirmación que tu amorcito prefiere los brazos de otro con mucha más guita (?).
En el marco de un pentagonal de verano que también incluía a Independiente, River y Talleres de Córdoba, aquel 14 de Febrero, Argentinos Juniors enfrentó a la Selección de Hungría en el estadio José María Minella de Mar del Plata.
El encuentro comenzó a pura pasión con todos los asistentes, en su mayoría neutrales, vivando por la figura de Diego Armando Maradona, obviamente el 10 del Bicho. Continuó a plena diversión, ya que el electrizante primer tiempo finalizó 1 a 1 con tantos de Nylasi para los magiares y Morel para el cuadro de La Paternal.
En el segundo tiempo el embole azotó el Partido de General Pueyrredón, ya que los jugadores se prestaron la pelota en el mediocampo y estuvieron bien lejos de pisar el área rival.
Cerca del final y con el 1 a 1 clavado, sobrevoló un halo de histeria cuando la gente comenzó a cantar el clásico: “No se va / y Diego no se va / Y Diego no se va / Y Diego no se va…” y sin embargo, El Pelusa no levantó la vista del suelo.
Cuando el árbitro pitó el final, se supo el mal que mortificaba a Maradona (?): había sido cedido a Boca y ese era su último partido completo con la camiseta de Argentinos Juniors.
Mientras El Diez contaba sus sensaciones al despedirse del Bicho, el recordado Pichuqui Mendizábal le otorgaba un premio a la figura del encuentro: el húngaro Laszlo Kiss, con lo cual se cierra perfectamente el círculo.
Pasión, diversión, embole, histeria, engaño, Argentinos Juniors, Maradona, Boca, Día de los enamorados, Kiss. Y si, Diego, fui hecho para amarte.