Juan Antonio Pizzi al Chelsea 1998

Compleja era la situación que vivía Juan Antonio Pizzi a finales de 1998. Sin haber cumplido con las expectativas generadas en sus primeros seis meses en River, era ampliamente resistido por la hinchada Millonaria pero, curiosamente, pretendido por el poderoso Chelsea de Inglaterra.

Los británicos, que buscaban un reemplazo para el lesionado Pier Luigi Casiraghi, ofrecieron 3 millones de dólares y en Núñez agarraron con las dos manos, pese a las amenazas públicas que lanzó Ramón Díaz, quién consideraba clave al santafesino en su estructura.

Lo que se vislumbró como una salida decorosa para el ex delantero de la Selección Española, se vino abajo por una cláusula que River había firmado con el Barcelona cuando adquirió sus derechos federativos. La famosa letra chica…

Aquel inciso -impuesto por Louis Van Gaal- establecía que, en caso de venderlo a otra institución europea antes de 2001, River debía solicitar la aprobación de los Culés además de pagarles 2 palos verdes, claro.

Mientras los dos equipos de habla hispana gitaneaban el precio de la cláusula, los ingleses se hicieron a un costado con la promesa de repetir la oferta cuando estos tengan la resolución.

Finalmente, cuando El Barça y River se pusieron de acuerdo, el diario inglés The Sun mostró la sonriente foto del joven finés Mikael Forssell como flamante refuerzo del Chelsea. La llamada de Londres jamás llegó…

Real Madrid 3 – Boca 1 (1994)

La entrañable década del 90, esa que se destacó por muchas cosas pero principalmente por su impunidad en todo sentido, fue una época ideal para la realización de torneos fugaces que, como mucho, desaparecían en el lapso de 2 ó 3 años.

En ese grupo de trofeos cualunques podríamos incluir a la Copa Iberia, una competición que tuvo apenas una sola edición y que, de alguna forma, trató de revivir la vieja Copa Iberoamericana que se había disputado en 1964.

De aquel primer experimento de la década del 60 habían participado 4 equipos y 3 de ellos (Boca, River y Botafogo) habían terminado empatados en el primer lugar, declarándose desierto el título.  Si así fue la versión original del torneo ibérico, imagínense la seriedad que podría tener su secuela.

En 1994 la empresa de vuelos Iberia tomó la posta y puso el dinero para organizar un choque hispano-sudamericano entre el ganador de la Copa Nicolás Leoz y el ganador de la Copa del Rey. Un mamarracho atroz del que salieron beneficiados Boca Juniors y el Real Madrid, los campeones vigentes.

Fue así como el 19 de mayo de 1994, en el estadio Santiago Bernabeu, los merengues se impusieron 3 a 1, con 1 gol de Hierro y 2 de Morales. Mac Allister, cerca del final, descontó para los xeneizes.

Una semana más tarde, en La Bombonera, Boca se impondría por 2 a 1, con goles del Polillita Da Silva y ¡Naveda! Sí, el Beto Naveda le hizo un gol al Real Madrid. ¡Y Pogany fue figura! Suficiente para darle el trofeo a los españoles y hacer desaparecer, definitivamente, esa mentira llamada Copa Iberia.

Cornejo Roberto

Roberto Oscar Cornejo (El Totó)

Tenía todo para ser leyenda. Abandonó La Pampa con 14 años para vivir en la pensión de San Lorenzo, fue la gran figura de La Cicloneta de Gabriel Rodríguez, su espejo en el fútbol era Ervitti y mostraba una gran similitud con Leandro Romagnoli. Además, el día que Pellegrini lo hizo debutar, por la fecha 16 del Apertura 01, El Cuervo le ganó 1 a 0 a Rosario Central con un gol suyo.

Zurdo, encarador, volante, enganche o mediapunta, su carrera parecía destinada a las grandes marquesinas de Broadway aunque, en los hechos, se asimiló mucho más a un show berreta al costado del Casino Central de Mar del Plata. Hoy, con mucho desagrado (?), En Una Baldosa repasa la historia de Roberto El Totó Cornejo.

Tras el debut, salió desde el arranque en las 3 fechas siguientes ya que los titulares estaban abocados a la Copa Mercosur 2001. Cuando se esperaba su explosión, El Ingeniero lo mandó al limbo y Rubén Insúa lo escondió en el inframundo ¿Qué le pasó? “Engordé mucho. Llegué a pesar siete kilos arriba de mi peso. Estaba re gordo, mal, mal. Se me veía el salvavidas, ja. Además me mareé un poco, tenía a todo el mundo alrededor. Se me acercaron muchos por interés. Me sirvió para entender que de un plumazo puedo estar arriba o abajo». Y si, Los amigos del campeón (?).

A fines de 2003, Gorosito lo rescató del olvido y El Totó fue la figura del Pentagonal de Verano 2004. En busca del enganche prometido, el técnico se animó a más y Cornejo fue titular en la victoria 2 a 0 sobre Chacarita por la 1° fecha del Clausura 04. Pero claro, las risas falsas se acabaron en la segunda jornada cuando cayeron derrotados 4 a 0 ante Racing en el Nuevo Gasómetro. El Totó jugó otros 50 minutos divididos en 2 partidos y así se terminó la aventura del valor azulgrana más prometedor de la categoría 83. Números finales en Boedo Almagro Bajo Flores: 11 partidos y 1 gol.

Luego de un año fantasmal en Dorados de Sinaloa, en junio de 2005 llegó a Universitario de Perú, donde aún hoy lo recuerdan: a un pésimo nivel le sumó un festejo controversial con Luis Tonelotto que fue tema nacional en Perú y llevó a un debate en el que se prendieron sociólogos, psicólogos y periodistas. Recordemos que la sociedad incaica no es tan liberal como la nuestra, donde los hombres solemos usar tacos y nos gusta casarnos entre nosotros (?).

El siguiente episodio de este pulp a lo Tarantino, mostró al presidente de Universitario rescindiendo el contrato y al Totó despotricando ante la prensa: «Me quisieron echar a los tres días. Pisé Lima, jugué bien un partido y era el chato de oro (?). A los tres días entré 15 minutos con el Cristal y el martes me querían rescindir. Les dije que me paguen todo y no había problema, pero se iban a quedar con las ganas de verme. ¡Mirá si no voy a rendir en Perú!». Y siguió: «Te pagan de a puchitos, como a un albañil. Perdí plata. No vuelvo más» para el final remató: «Jugando al fútbol parecen los pibes del barrio» (leer carta de lector de esta nota).

Por capricho de la maquiavélica psiquis de Juan José Múnoz, en enero de 2006 se sumó a Gimnasia de La Plata para reemplazar a Lucas Lobos y hasta le ofrendaron la camiseta número 10 ¿Qué se recuerda de este paso? Sólo festejos ridículos en los goles de Santiago Silva, una visita a la fiscalía después del partido suspendido ante Boca y piñas con un hincha tras el 0 a 7 que les obsequió El Pincha. En base a minutos basura, en 18 meses disputó 35 partidos y convirtió 4 goles.

En julio de 2007 se le abrió la posibilidad de jugar en Deportivo Cali, donde con el correr de los días se dio cuenta que su rol era el de relevo de Paolo Frangipane. Perdido por perdido, cuando vio el primer micrófono, El Totó explotó: “Estoy incómodo, porque soy extranjero y no juego. Que me den 6 o 7 partidos seguidos y listo. Soy un argentino con hambre que necesita confianza. Si estoy mal, bajo la cabeza y me voy”. Y si, agachó la capocha y se las tomó con rumbo a Chile para pastorear un año en Cobreloa y seis meses en Everton, donde lo echaron tras entrar abruptamente al despacho del presidente para exigirle las razones de su suplencia.

A los 25 años regresó al país para jugar en la Primera B para Nueva Chicago (2009/2010) y demostrar que seguía siendo el mismo. Y de hecho, lo era. De entrada se peleó con el técnico, Leo Ramos, quién lo borró automáticamente. Con la llegada de la dupla Traverso-Vega, Cornejo volvió a ser tenido en cuenta, pero lo separaron del plantel tras pegarle una piña al juvenil Darío Chucki Arias. La solución la aportó un trasnochado empresario quién, al verlo como un Jonah Lomu en miniatura, lo llevó al Wellington Phoenix de Nueva Zelanda, único equipo Maorí que juega en la poderosa Liga de Australia. Y allí la rompió, marcó goles, fue ídolo y lo intentaron nacionalizar. Bueno no, en realidad no, en un año apenas jugó 87 minutos en 5 partidos.

De regreso en el país, cumplió el sueño personal de jugar algunos encuentros de la Liga Cultural para Atlético Santa Rosa y hasta debutó con un gol en el clásico ante Deportivo Che Guevara. Al abrirse el libro de pases se sumó a Alvarado de Mar del Plata por dadiva de Walter Ervitti: «Para los que no lo saben es uno de mis mejores amigos. Hasta me dijo que si no corría, él iba a venir a insultarme». Con las puteadas de su compadre encima, Cornejo formó parte de la degeneración dorada que consiguió el ascenso al Argentino A, junto a Leo Tambussi, Christovao, Junior Ischia y Celso Esquivel, entre otros.

En el último semestre de 2012 jugó el Argentino B para San Martín de Formosa y en enero de 2013 se unió al Club Estudiantil de la localidad de Eduardo Castex, La Pampa. Desde En Una Baldosa les deseamos lo mejor en la resolución del díficil Torneo del Interior. Aunque allí se juega fuerte, un equipo que en su camiseta lleva la mejor publicidad de la historia del mundo no merece, bajo ningún punto de vista, que le rompan El Totó.

Em Uma Lajota: Keirrison

Keirrison de Souza Carneiro (Keirrison)

A esta altura del partido, ya hay un par de certezas sobre los brasileños: son todos una manga de putos son fanáticos de los nombres excéntricos. Al mismo nivel del ya homenajeado Creedence Clearwater Couto y Allan Dellon, Keirrison de Souza Carneiro, también atacante de profesión, forma parte de ese selecto club de futbolistas con denominaciones estrambóticas.

Nacido en diciembre de 1988 en Dourados, una localidad de Mato Grosso do Sul, estado ubicado en el Centro-Oeste de Brasil, y bautizado con un mix entre Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones, y Jim Morrison, cantante de The Doors, Keirrison dio sus primeros pasos como delantero en el Clube Esportivo Nova Esperança (CENE), equipo que pertenece a la Iglesia de la Unificación del polémico Guillermo Moreno reverendo Moon, fallecido hace algunos meses.

Se ve que ahí estaba cómodo, porque salió de su tierra natal recién a los 17, cuando se incorporó al Coritiba (2005 a 2008), un club acostumbrado a pelear en la mitad de tabla, pero que en esa época estaba en segunda división. A comienzos de 2006, después de haber disputado la Copa São Paulo de juveniles y algunas fechas del campeonato paranaense, una grave lesión en los ligamentos de la rodilla derecha, por la que tuvo que ser operado dos veces, lo marginó de la temporada.

Ya recuperado, en 2007 comenzó a demostrar que la cosa iba en serio. Fue el goleador del Coxa en el estadual y una de las piezas fundamentales del plantel que logró el ascenso a Primera división, gracias a los 12 tantos que marcó en la Serie B.

Es más, en diciembre Dunga lo convocó para disputar un amistoso de la selección brasileña que se preparaba para los Juegos Olímpicos de 2008. Ese duelo ante un combinado de estrellas de la Serie A fue la primera y última vez que vistió la verdeamarelha.

Envalentonado por el buen rendimiento que había mostrado los años anteriores, encaró 2008 para romperla. Y así fue. En el primer semestre, Coritiba se quedó con el campeonato paranaense y Keirrison fue el máximo anotador (perforó las redes (?) 18 veces) y figura del torneo.

Durante la segunda parte mantuvo el nivel y terminó la temporada como uno de los artilleros del Brasileirão con 21 goles, al igual que Kleber Pereira y Washington. En el certamen nacional la rompió en los partidos contra Santos (al que le hizo siete en dos choques). Para esa altura, al mejor estilo CR7, RFM9 o MR7, ya le decían K9 y había convertido en 65 ocasiones en poco más de 120 encuentros.

Con ese promedio envidiable, no faltaba mucho tiempo para que terminara jugando en unos de los equipos grandes de Brasil. Era cuestión de días. Fue Palmeiras, justamente el club que lo había buscado en 2008, el destino que la empresa Traffic, dueña de sus derechos federativos, eligió para foguear a K9. El arranque fue demoledor. En su debut ante Mogi Mirim, por ejemplo, convirtió por duplicado. En el Paulistão de 2009 marcó 13 veces y tenía condiciones para ser ídolo del Verdão, pero todo se desvaneció pronto…

Sus buenas actuaciones tanto en el torneo local como en la Copa Libertadores, donde Palmeiras fue eliminado en cuartos de final por Nacional de Montevideo, lo pusieron en boca de todos. Los hinchas lo pedían de nuevo para la selección y los clubes más importantes del exterior apuntaron los ojos a aquel pibe de apenas 20 años, que estaba viviendo en un cuento de hadas (?)

Apenas cinco meses después de su llegada, Barcelona (2009) puso sobre la mesa 15 millones de euros (más de 40 millones de reales brasileños) y se lo llevó junto al defensor Henrique. Vanderlei Luxemburgo, por aquel entonces técnico del Verdão, se quejó públicamente y lo rajaron al día siguiente. En pocas horas, Palmeiras se quedó sin entrenador (luego pasaría sin pena ni gloria Muricy Ramalho, que venía de ganar todo con el São Paulo) y su máxima figura, que llevaba nada menos que 24 goles en solo 35 partidos (a los 13 tantos del estadual le sumó 6 por Copa Libertadores y 5 en las primeras fechas del torneo nacional).

Como el Barcelona lo compró como una apuesta a futuro (lo presentaron como el nuevo Romário), y sin lugar en el plantel profesional blaugrana por el cupo de extranjeros, lo mandaron a préstamo, con opción, al Benfica portugués (2009). Pero claro, adelante tenía a atacantes de primer nivel como Javier Saviola, el paraguayo Tacuara Cardozo, Nuno Gomes, entre otros, y se le hizo muy difícil jugar. En un semestre entró a la cancha apenas siete veces y tuvo que partir a otras tierras para encontrar oportunidades.

La Fiorentina italiana le abrió las puertas en enero de 2010 para ocupar el lugar del rumano Adrian Mutu, suspendido provisoriamente por gediento doping positivo. En 12 partidos marcó dos goles, uno a Lazio en su debut y otro al Inter. Sin embargo, su rendimiento no alcanzó las expectativas del equipo violeta, que en junio rompió el contrato que lo vinculaba por dos años.

En declive, y solo doce meses después de haber abandonado Palmeiras por la puerta de atrás, volvió a São Paulo para vestir la camiseta de otro grande brasileño: Santos (2010). Llegó en silencio y fue suplente durante casi toda la temporada. Al menos, formó parte del plantel que ganó la Copa Libertadores, de la mano de Neymar y Paulo Henrique Ganso.

A mediados de 2011 retornó a Barcelona, que le puso un moño en la cabeza y lo devolvió a Brasil con la misma velocidad que lo habían contratado. Cruzeiro se interesó en el jugador, pero como el período de transferencias internacionales ya estaba cerrado le pidió a Santos que renovara el préstamo para después poder transferirlo entre clubes brasileños. El amor se terminó súbitamente cuando después de 8 juegos con la camiseta azul, Keirrison convirtió apenas una vez.

Cuando ya se vislumbraba que no formaría parte de los planes del Raposa para 2012 (ni siquiera era convocado para los últimos enfrentamientos del Brasileirão 2011), en un entrenamiento sufrió una grave lesión en los meniscos y otra en el ligamento cruzado de la rodilla derecha, por lo que se tuvo que quedar en el conjunto de Belo Horizonte mientras se recuperaba.

En marzo del año pasado dejó Cruzeiro y regresó a préstamo por dos temporadas al club que lo vio triunfar, Coritiba (2012). En agosto, sin haber debutado todavía y mientras terminaba de ponerse a punto físicamente, se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha por tercera vez en su carrera, por lo que tuvo que pasar otra vez por el quirófano.

Hoy, mientras intenta salir de la cama sin partirse al medio, sueña con jugar la Copa del Mundo en 2014. Total, no cuesta nada.

Publicado en simultáneo con UnMundialParaEnUnaBaldosa.com

Lanús rayada 2009

Las terceras equipaciones para las competencias internacionales suelen ser un mal trago para los hinchas tradicionalistas, que tienen que ver como sus equipos mutan radicalemente gracias al capricho o a la (falta de) inventiva de los diseñadores.

Algo de eso experimentó la gente de Lanús en el segundo semestre de 2009, cuando la firma Olympikus le confeccionó un modelo alternativo para la Copa Sudamericana. La casaca, con bastones granates y blancos, fue utilizada en dos partidos, ante River y Liga de Quito. Y como si fuera poco, con un sponsor bastante llamativo que no era el mismo que utilizaban en el torneo local.

Ya afuera de la competencia, Lanús volvió a mostrar la casaca en el torneo local, en un partido ante San Lorenzo correspondiente al Apertura 2009.

Un par de años más tarde, los bastones granates regresarían a la camiseta, aunque con otro diseño.

Romero Adrián

Adrián Roberto Romero (El Negro)

Correntino, delantero y estrella de las inferiores, seguía los pasos de Pepe Sand como artillero del mañana. Hasta se puede afirmar que, con la remera de River, Adrián Roberto Romero emuló la leyenda de su coterráneo. Llegó a la pensión del Millonario en 1997 y quemó rápidamente etapas hasta su debut en la septima fecha del Clausura 2001, cuando ingresó en el entretiempo de la victoria 2 a 0 sobre Los Andes.

Jugó pocos minutos en otros 4 encuentros y luego fue titular en la derrota 2 a 1 ante Lanús por la última fecha; jornada en la que perdieron el campeonato a manos de San Lorenzo y Hernán Díaz se fue expulsado del fútbol profesional. A esa altura ya era el proyecto favorito de Gallego por sobre Cavenaghi, Maxi López y Gastón Fernández. Pero claro, al Tolo lo habían rajado una semana atrás.

Con la llegada de Ramón Díaz, Romero sólo dejó el freezer en la derrota 1 a 0 ante el Gremio por la Mercosur 2001. Sin lugar en River y so pretexto de ir a ganar experiencia, a mediados de 2002 pasó a préstamo al debutante Arsenal de Sarandí, aunque antes se dio el lujo de ser sparring de la Selección Nacional en el Mundial de Japón junto a Colombano, Charras y Gorostegui, entre otros.

En su primer torneo en el Viaducto, El Negro recién se destapó en la última fecha cuando le empató el partido a Gimnasia con tantos a los 84 y 93 minutos. Al siguiente campeonato fue protagonista en un encuentro histórico: el 15 de julio de 2003 Arsenal visitó por primera vez La Bombonera y Romero marcó a los 38, luego a los 68 y salió reemplazado a los 81 minutos para locura de los miles cuatro gatos locos que habían acompañado al equipo. Lamentablemente, Los Xeneizes igualaron en los últimos 5 minutos y la hazaña del ex River no pudo ser completa, aunque tras esa actuación Arsenal prorrogó su préstamo un año más.

En la siguiente temporada se confirmó que las ráfagas de buen fútbol que había insinuado eran un espejismo y sólo disputó 16 cotejos en los que marcó un gol. En dos años en El Arse sumó 34 encuentros, 7 tantos y el curioso record de jamás haber disputado un partido completo (en 15 ocasiones ingresó en los últimos 10 minutos y sólo fue titular en 13 partidos).

De vuelta en River fue cedido un año al Deportivo Cali, pero los colombianos hicieron uso de la garantía y lo devolvieron a los seis meses. En enero de 2005, Cerro Porteño arregló con José Sand para que sea su gran incorporación de cara a la Libertadores, pero la venta de Maxi López el Barcelona le abrió una impensada posibilidad al Correntino 1 en el plantel Millonario y El Correntino 2 viajó a Asunción para saciar la necesidad de refuerzos de Gustavo Costas. El Ciclón llegó hasta octavos de final y Romero aportó lo de siempre: pocos minutos y reemplazos. Volvió a  River, pero sólo para recibir la libertad de acción.

Jugó 9 partidos del Apertura 2005 para Tiro Federal y entre la escasez de minutos y la sequía de goles se despidió de la Primera División. Pasó un semestre desempleado y en julio de 2006 se sumó a Almirante Brown, donde una grave lesión lo dejó afuera del equipo que ascendió al Nacional B. Tras un año en rehablilitación, en enero de 2008 firmó con Defensores de Belgrano, también de Primera B, donde jugó 16 partidos y marcó un gol.

Tras un fallido paso por el Real Potosí de Bolivia en 2008,  El Negro pudo vivir una aventura de seis meses en San Miguel, de la Primera C.

En enero de 2010 firmó para Huracán de la liga de Chivilcoy y un año después pasó a Atlético Pilar de la Liga Escobarense tras lo cual, y con tan sólo 29 años, abrazó la clandestinidad, completando de esta manera el estereotipo del buen baldosero: ídolo juvenil, pocos partidos en primera, sparring en un Mundial y prematura desaparición. Una aterradora película de Romero…