En esta nueva sección recordaremos calzados del mundo del fútbol que dejaron una huella en nuestros corazones. Botines lindos, feos, baratos, caros, conocidos y no tanto. Bienvenidos, arrancamos con un clásico noventoso.
Lanzamiento: 1993 en ocasión del comienzo de las Eliminatorias europeas para USA ´94.
Retiro del Mercado: Se dejaron de fabricar en 1995, aunque siguieron haciéndose versiones posteriores con el mismo nombre pero con notables diferencias. Además, ningún Assist 10 volvió a estar destinado a un jugador, que es lo que distinguía a esta línea.
Modelos oficiales: Roberto Baggio, Giuseppe Signori, Marco Van Basten y Josep Guardiola.
Calce, Estabilidad, Sensibilidad y Durabilidadad: No sé, nunca me los puse (Que van a mandar, que van a mandar…)
La de Cal: Esta línea popularizó en todo el planeta a la empresa italiana que, si bien se fundó en 1948, no contaba con mucha fama dentro del mundo del fútbol.
Con Il Codino como vedette principal, se lanzó una sub línea con el apellido de cada uno de sus cracks, diferenciable por la firma del jugador y el color de los motivos: los amarillos fueron para Baggio, los verdes para Signori, los orange para Van Basten y los rojos para Guardiola.
Si bien hubo antecedentes en otras marcas, tras los Assist 10 Roberto Baggio fue más frecuente que las empresas larguen una línea de botines dedicada a un jugador, sin la necesidad de que este sea una leyenda incuestionable del fútbol. A futuro, Diadora lanzó otras líneas basadas en George Weah, Francesco Totti y a Roberto Baggio, claro está.
La de Sand: No se conseguían en la Argentina. Si bien la sede local plagió hasta una campaña de Baggio (con las actuaciones estelares de Chamot y El Negro Cáceres luciendo unos básicos Diadora Supergoal SC Double Action) en las casas de deportes sólo era posible comprar los legendarios Diadora Brasil. Encima en 1994 no teníamos muchas ganas de bailar samba que digamos.
Además, los Diadora Assist 10 Roberto Baggio desaparecieron del mapa tras ganar mala fama al ser sindicados como los responsables de haber mandado a la estratosfera el penal que definió el Mundial de USA ´94. ¿Será para tanto, che?
Si ya de por sí Racing es una aventura constante sin salir de Avellaneda, imagínense el cúmulo de situaciones por las que puede llegar a pasar un club de esas características girando por África. Bueno, mejor no se lo imaginen. Recuérdenlo.
Hacia finales de los años 80, La Academia era un cuadro que estaba acostumbrado a estar de gira, y no sólo por la presencia de su técnico, Alfio Basile. Después de realizar un recorrido por Asia y Europa en 1988, un par de años más tarde la dirigencia planeó un viaje de 17 días por el continente negro, sin tener en cuenta los riesgos que eso podría acarrear.
No simplemente se ponía en juego el prestigio enfrentando a equipos africanos, eso era lo de menos. También estaba en peligro la salud de la delegación, cosa que después se terminaría comprobando.
Racing empezó aquel periplo el 1º de agosto de 1990, con una victoria 3 a 0 sobre la selección de Benín, en la ciudad de Porto Novo, su capital. Cuatro días más tarde empataría 1 a 1 en Togo, ante el combinado de ese país. Y no sería el único empate de la gira, porque también igualaría 1 a 1 con Costa de Marfil y 0 a 0 con Burkina Faso.
En el medio, hubo tiempo para una derrota 3 a 0 ante el Asek de Costa de Marfil. Aunque algunas versiones indican que en realidad la caída fue 3 a 1 y que el árbitro bombeó a los argentinos, de tal manera, que convalidó los 3 goles africanos en posición adelantada. Cosas que se dicen.
Al margen de los resultados, Racing cosechó muchas anécdotas en el viaje. Por empezar, uno de sus jugadores, Osvaldo Escudero, fue recibido casi como un héroe en Costa de Marfil, ya que 9 años antes había visitado esas tierras siendo jugador del Boca de Maradona. Tanta buena impresión había causado el Pichi, que dos futbolistas locales habían pedido permiso a la federación para cambiarse el nombre y pasar a llamarse «Escudero». Increíble.
Como si fuera poco, La Acadé se trajo un futbolista marfileño para evaluarlo en Avellaneda. Sékou Bamba de Karamoto, así era su nombre, se probó unos días pero no convenció. Indignado, caminó un par de cuadras para jugar en Independiente, pero también lo rebotaron.
La situación más llamativa, sin embargo, no fue nada simpática. Al regreso de la gira por África, el arquero de La Academia, Carlos Ángel Roa, debió ser internado por padecer paludismo, una enfermedad que se contagia por la picadura de insectos. Según lo comentado en su entorno por aquellos días, toda la delegación de Racing había ingerido los medicamentos para evitar ese tipo de enfermedades. Todos menos Roa, que por pertenecer a la religión adventista se habría negado a tomar la medicación. Meses después de aquel episodio que lo tuvo al borde de la muerte, el arquero volvió al fútbol y negó que la religión hubiese tenido que ver, contradiciendo al Presidente Juan De Stéfano… ¡e incluso a su propia madre! Una gira bien a lo Racing.
El caso de Luis Arrieta, nacido en agosto de 1973, es atípico por donde se lo mire, poco frecuente en el mundo de la pelota. Como futbolista en la máxima categoría, apenas disputó 11 partidos (10 por torneo local y 1 por la Copa Conmebol) como defensor con la camiseta de Huracán entre 1994 y 1995.
Lejos de las grandes actuaciones, tampoco es rememorado por haberse mandado cagadas importantes. Es más, muy pocos hinchas quemeros lo recuerdan. Simplemente estuvo ahí en el momento indicado, jugó y se fue sin que nadie se diera cuenta.
En la temporada 1996/97 sumó otros nueve encuentros a su currículum con la casaca de Estudiantes de Buenos Aires en el ascenso y se retiró joven, a los 24 años.
Lo curioso es que Arrieta cambió la número 5 por una 38. Pasó del verde césped al paravalanchas para formar parte de la barrabrava del conjunto de Caseros. Desde entonces, cada tanto, se dedicó a aparecer en los diarios, ya no en deportes, sino en policiales, gracias a su accionar.
Como en 2008, cuando irrumpió en el vestuario para pedirle plata al plantel y se encontró con la resistencia del técnico de aquel entonces, Julio César Gaona, que se llevó una paliza. Dentro del club, y como muestra de su impunidad, también manejaba un puesto de choripanes. Parece que en el inframundo de los forajidos el Loco Luis (así le dicen en la barra) pudo hacer la carrera que se le negó como jugador: hoy es uno de los principales laderos de Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro, líderes de los violentos de Boca, y maneja el grupo de Caseros, uno de los más numerosos de La 12.
La noche de San Valentín de 1981 cobijó un encuentro cargado con todos los ingredientes que engalanan a una relación de pareja que se precie de tal: pasión, diversión, embole, histeria y, finalmente, la confirmación que tu amorcito prefiere los brazos de otro con mucha más guita (?).
En el marco de un pentagonal de verano que también incluía a Independiente, River y Talleres de Córdoba, aquel 14 de Febrero, Argentinos Juniors enfrentó a la Selección de Hungría en el estadio José María Minella de Mar del Plata.
El encuentro comenzó a pura pasión con todos los asistentes, en su mayoría neutrales, vivando por la figura de Diego Armando Maradona, obviamente el 10 del Bicho. Continuó a plena diversión, ya que el electrizante primer tiempo finalizó 1 a 1 con tantos de Nylasi para los magiares y Morel para el cuadro de La Paternal.
En el segundo tiempo el embole azotó el Partido de General Pueyrredón, ya que los jugadores se prestaron la pelota en el mediocampo y estuvieron bien lejos de pisar el área rival.
Cerca del final y con el 1 a 1 clavado, sobrevoló un halo de histeria cuando la gente comenzó a cantar el clásico: “No se va / y Diego no se va / Y Diego no se va / Y Diego no se va…” y sin embargo, El Pelusa no levantó la vista del suelo.
Cuando el árbitro pitó el final, se supo el mal que mortificaba a Maradona (?): había sido cedido a Boca y ese era su último partido completo con la camiseta de Argentinos Juniors.
Mientras El Diez contaba sus sensaciones al despedirse del Bicho, el recordado Pichuqui Mendizábal le otorgaba un premio a la figura del encuentro: el húngaro Laszlo Kiss, con lo cual se cierra perfectamente el círculo.
Pasión, diversión, embole, histeria, engaño, Argentinos Juniors, Maradona, Boca, Día de los enamorados, Kiss. Y si, Diego, fui hecho para amarte.
La televisión de los años noventa nos regaló varias perlitas que influyeron, para bien o para mal, en nuestra metamorfosis hacia estas cosas que decimos ser ahora (?). La proliferación de productoras de ficción nos ayudó a conocer la fraternidad junto a Carlín y al Pendex; a soñar con escaparnos con la novia de otro en un Golden Rockett y a desear que nuestra primera vez sea con FloJose Angie, entre muchas otras sensaciones.
El fútbol, por esos años, ganó espacios que antes le eran esquivos. Así aparecieron los partidos en Ritmo de la Noche, los informes de Korol y hasta los picados en series como Amigos son los Amigos, Son de Diez y El Gordo y el Flaco.
De más está decir que esos momentos “deportivos” estaban ampliamente avalados por el rating. En ese contexto, no extrañó cuando a alguien se le ocurrió hacer un Frankestein con estas dos pasiones. Y así nacieron Los Cebollitas.
Encasillada como telecomedia infantil y con guión de Enrique Torres, la serie contaba la historia de un grupo de chicos que jugaban en el equipo de fútbol del Club 25 de Mayo (Tu club / 25 de Mayo / Nuestro Club). Obviamente, este equipo eran Los Cebollitas, llamados así en homenaje al primer equipo que integró Diego Maradona durante su niñez.
Desde enero de 1997 hasta noviembre de 1998, por la pantalla de Telefe y durante 458 capítulos, acompañamos a Los Cebollitas tanto en victorias como en derrotas, como así también en sus míticos partidos (?) ante sus archirivales: Los Powers.
Pero además, la serie tenía otros ejes fundamentales como: la amistad, la lealtad por la barra y el miedo al primer beso (?). En la segunda temporada, cuando el rating había bajado, añadieron un ingrediente inesperado: La muerte.
Esto ocurrió cuando los guionistas mataron a balazos a Don Lucero, el gurú espiritual (?) y entrenador del equipo, lo cual generó controversia y dejó perplejos a todos los niños frente al televisor. Se cree que ese hecho fue la génesis de la ira y el encono que desembocó en la crisis de diciembre de 2001.
Los Protagonistas
El elenco se componía de varios mayores que hacían las veces de padres, tutores u encargados, entre los que se encontraban: Carmen Barbieri, Alfonso Pícaro, Beatriz Spelzini, Andrés Vicente y Carlos Moreno como el mencionado Don Lucero.
El elenco de niños actores estaba integrado por más de una veintena de nenes y nenas. He aquí los más recordados:
Macaulay Culkin Gamuza (Brian Caruso): Pícaro, entrador y carismático, es el más recordado de todos. Se trataba de un chico de la calle que finalmente era adoptado por el presidente del 25 de Mayo. Además era el encargado de todos los remates en los pasos de comedia, como su inolvidable: “Alfonso, cara de zonzo”.
En 1998 APTRA lo distinguió con el Martín Fierro al Mejor Actor Infantil. Su fama trascendió la serie ya que después se unió a Muñeca Brava interpretando al mismo personaje, momento desde el cual no hay más información sobre su paradero.
Coqui (Juan Gabriel Yacuzzi): El mejor jugador del equipo quien, después que Los Cebollitas salieron campeones del mundo en Ecuador (?), debió retirarse por ser mayor de edad (?).
Luego de la tira actuó en Muñeca Brava, Cachorra y Rebelde Way, entre otras, y fue compañero de Clive Owen, Julianne Moore y Michael Caine en Los Niños del Hombre (2006) de Alfonso Cuarón.
En 2012 se quedó con el horario que disponía Ricardo Fort en el Canal América y condujó «Noche Inolvidable», un programa que… bueno, veanlo ustedes mismos. Una actitud muy baldosera.
El Colo (Daniel Vicos): Era el alma del grupo además del encargado de tirar chistes malos. Aparte brillaba con su propia canción: Que Bolú. Después de la tira actuó en diversas series, siempre del grupo Telefe.
El Bocha (Dante Rodríguez): Como reza el saber popular, el gordo va al arco. Siempre con hambre, recibía un pancho antes de cada partido. La rompía ante Los Powers.
Sofía (Dalma Maradona): Elegida sin necesidad de casting, su personaje reducía todo a “casarse y tener hijitos”. Shirley Temple un poroto.
Hipólito (Leonardo Centeno): Un autentico psicópata. Encima de ser traga, altanero y mala onda, tenía un sombrío alter ego (Tadeo) que la rompía jugando al fútbol, el cual era aun más insoportable. Sórdido.
Por supuesto, había más protagonistas como “El Rata”, “Fede”, “Axel”, “Tomas”, “El Fantasmita del Club” y “El Colorado Malo de los Powers”, entre otros, los cuales vamos a obviar, pero solo por cuestiones de espacio.
Los Cebollitas en la cultura popular (?)
Con el éxito de la novela se sucedieron infinidad de productos vinculados al equipo. Era común ver en las plazas a muchos chicos con la remera de Los Cebollitas. También tuvieron su revista mensual y hasta un álbum de figuritas.
La obra de teatro fue presentada en las vacaciones de invierno de 1997 y giró por varios países de Sudamérica además de Israel. De hecho, el ficticio mundial se grabó en Ecuador, donde se vivieron escenas de histeria colectiva. La tarde que la obra bajó de cartel tuvo al mismísimo Diegote haciendo jueguitos arriba del escenario.
Mención aparte merece el soundtrack de la serie, el cual se ubicó en los primeros lugares de las listas de ventas y contenía éxitos tales como: “Ole-Ola”, “Que Bolú”, “25 de Mayo”, “Transar”, “Amigos” y el siempre recordado “Salir Segundos” (Cebollitas Sub campeón), que se instaló para siempre en el inconsciente colectivo al momento de referirse a Cuper Cappa Holanda un equipo o jugador que perdió muchas finales.
A continuación, los dejamos con un video con las inolvidables canciones de Los Cebollitas el cual, automáticamente, va a dibujar una sonrisa en el rostro y va a dar un dejo de vergüenza ajena. Así y todo, mírenlo hasta el final, pedazos de putos (?).