Ilusión. Eso es lo que genera estar enamorado de alguien sin que lo sepa. Estamos en secundaria. Hace 10 grados, tenes una clase de Física en 5 minutos y no hiciste la tarea. La señora profesora te va a comer crudo. Pero no te importa. Tenés tus ojos en un ángel. Un ángel de pelo lacio, ojos profundos y sonrisa mística. La piba más linda del curso. «Estoy enamorado de ella boludo» le decís a tu compañero de banco. «Gordo, no te va a dar bola ni a palos. Dejate de joder y ponete a rezar que nos van a bochar al carajo» responde él. No te importa. Estás en tu mundo. Llegas a tu casa, te ponés a escuchar «Hello» de Lionel Richie a oscuras, te volvés más sensible y te llevas muebles por delante todo el tiempo. ¿Te va a dar bola algún día? Ni a palos (ni a las doce botellas de whisky) pero vivis en una nube de pedo que te hace temporalmente feliz.
El amigo (?) Sulaiman Al-Fahim seguramente fue una de esas personas victimas de ilusiones desmedidas a causa de una mujer. Este emiratí adquirió a mediados del 2009 al Portsmouth de Inglaterra. Y mientras el Huracán de Ángel Cappa peleaba el torneo y la gripe porcina azotaba al continente, tiró una bomba: Quería a Diego Armando Maradona, entrenador por ese entonces de la Selección, como director deportivo, asesor de mercado y embajador global (?) del conjunto.
Pero eso no es todo, si llama en los próximos cinco minutos triplicará su compra y se llevara este útil pisapapeles para su escritorio. No lo dude. Llame ahora dentro del cargo ideado por Al-Fahim de «asesor de mercado», se encontraba la idea de llevar al conjunto azul, de la mano del Diego, a jugadores de la talla de Sergio Aguero, Samuel Eto’o, David Villa y David Silva. El hombre proveniente del Medio Oriente, en el climax de su delirio, llegó a decir que las charlas con el abogado de DAM, Ángel Oscar Moyano, estaban avanzadas: Maradona estaba listo para dejar el cargo de director técnico de Argentina para sumarse al proyecto, comenzar a ver jugadores y armar el primer equipo, listo para romper el mercado de pases contratando a las cuatro superestrellas ya nombradas.
En fin, esta locura nunca se dio. Normalmente estas cosas suceden cuando alguien con mucha plata pero poca idea del fútbol asume en un equipo. Un mamarracho con todas las letras, pero uno de esos mamarrachos que generan ternura y que son dignos de decir presente cuando agarramos el PES y empezamos a editar todo a nuestro placer.
A todo esto, ¿la mina mordió el anzuelo? Pero por supuesto que no. Los momentos de ilusión quedaron atrás. Lo único que sacaste de esa experiencia fue haberte memorizado «Hello» de Lionel Richie de taquito. Creciste, estudiaste, te compraste tu autito y tu televisor para ver el fútbol. Eso no quita que, en las pausas del laburo o mientras que esperas las empanadas, te encerres en el baño, te fijes si tenés más o menos panza y, en un lapso oscuro y silencioso, recordés esos momentos de joven y ciega ilusión. Pero no todo esta perdido. Regresará, siempre vuelve. Por suerte.









