La idea de triunfar en la Primera de un equipo grande seduce a cualquier jugador. Más cuando se trata de Boca Juniors, uno de los clubes más importantes del mundo. Para un chico que viene del interior, la alegría o la decepción, en caso de no lograr el objetivo, es doble. No es fácil armar el bolso, dejar atrás a la familia y pasar a vivir en una pensión con centenares de jóvenes que se tienen que pisar la cabeza para quedarse con ese lugar de privilegio al que pocos llegan. Para Manuel Baigorria, un pibe nacido en Las Tordillas (Córdoba) en 1985, las cosas nunca fueron fáciles. Desde el vamos, tuvo que cargar con el apodo clásico, fastidioso e inevitable: Granadero. A partir de ahí, a este mediocampista/delantero, todo se le hizo cuesta arriba. Con los años, pasó de ser una promesa de las inferiores xeneizes a desaparecido en acción.
En 2002, con apenas 16 diciembres en el lomo, y en tiempos del Maestro Tabarez, ya solía formar parte del grupo de juveniles que entrenaban con los grandes, a la par de otras estrellas del cosmos baldosero como Raúl Osella, Victor Magnago, Leonardo Verón, el Pollo Herrera y el primo de La Sole, José Pastorutti. Dos años más tarde, ya con Carlos Bianchi en el banco de suplentes, formó parte del selectivo que estuvo a punto de viajar a la pretemporada, pero una fractura en el pie derecho le robó la ilusión. Aquella vez, estuvo acompañado por Ariel Colzera, Leandro Díaz, los baldoserísimos Mario Sosa, Adelquis Ruffini y el excéntrico belga Mikael Yourassowsky.
Sin embargo, la oportunidad de debutar oficialmente le llegaría recién en 2005, de la mano del Chino Benítez. El rey del escupitajo facial Velasco denunciame (María Eugenia Zorzenón dixit) lo bancó luego de que sufriera un grave esguince en el tobillo derecho que lo marginó de la pretemporada y lo mandó a la cancha ante Independiente, el 20 de marzo. Esa tarde, el pibe reemplazó a Fabián Vargas sobre la hora y pese a que ni bien ingresó el Rojo logró el descuento, Boca se quedó con los tres puntos. «Entré y justo vino el gol de Independiente. Me quería morir. Allí sí sentí nervios, quería agarrar rápido la pelota para serenarme. La verdad, casi ni la toqué», se sinceró apenas terminó el encuentro.
Volvió a jugar dos meses más tarde, esta vez ante Estudiantes en La Plata y como titular, formando la dupla de ataque con Edgar Fabián Espíndola. El Xeneize y el Pincha no pudieron salir del cero y Baigorria le dejó su lugar a Andrés Franzoia, como un presagio de lo que sería su trunca carrera, cuando faltaba poco para el final del partido.
Estuvo entre los once iniciales otra vez ante Newell’s, ya con Abel Alves en el banco tras la bochornosa salida del Chino Benítez. Esa tarde, con mayoría de suplentes y juveniles, Boca cayó ante la Lepra por 1 a 0 y el Granadero intentó durante 75 minutos, sin éxito, asistir a Rodrigo Palacio y Espíndola. Salió para el ingreso de Mauro Boselli y nunca jamás volvió a vestir la camiseta azul y oro en un partido oficial.
La caída libre comenzó en 2006 cuando pasó a Juventud Antoniana de Salta en la B Nacional, donde no pudo evitar el descenso al Argentino A, aunque en lo personal no anduvo mal. Disputó 17 encuentros y marcó 4 goles al lado de Wally Martínez Gullotta, Sergio Tahuichi Albornoz, Yamil Garnier y uno de los convocados por Alejandro Sabella a la selección en los últimos meses, el defensor Matías Rodríguez.
Al menos, le alcanzó para quedarse en la categoría y para la temporada temporada 2006/07 pasó a Huracán. El Globo quería volver a Primera y para eso contrató a Baigorria. 19 partidos y dos goles más tarde, le dijo adiós al equipo de Parque Patricios, que finalmente lograría el ascenso.
En Ecuador, con el manto sagrado del Olmedo (2007) conoció las mieles de disputar la Copa Sudamericana, pero el llamado de Juventud Antoniana lo hizo pegar la vuelta a comienzos de 2008. Seis meses más tarde metió otro roadtrip (?) sudamericano para jugar Deportes Quindío. de Colombia. Demoró mucho en debutar en el equipo cafetero y cuando le tocó entrar en acción no colmó las expectativas y lo dejaron libre.
Ya en declive, en 2009 firmó contrato con Estudiantes de Buenos Aires, en la tercera categoría, donde no dejó mayores recuerdos. La última noticia que tuvimos de él fue que a mediados de 2010 se entrenaba en General Paz Juniors, el club que lo vio nacer, a la espera de alguna oferta de la B Metropolitana que nunca llegó.











