José Alfredo Castillo Parada (El Pícaro, El Negro, Cuasimodo)
Todos compramos porquerías. Victimas del consumismo, nos dejamos amedrantar por la invasión publicitaria y adquirimos bienes y servicios que no necesitamos. Algunas veces como signo de status, poder o prestigio; otras como un simple e inconsciente engranaje inmerso en la tormentosa maquinaria capitalista. Dicen los antropólogos que dentro del amplio universo de los “Fashion Victim” se destacan los irreversibles. Son aquellos que, catálogo en mano, no dudan en dar por teléfono los últimos tres números de su tarjeta de crédito para comprar el primer engaño disponible, en el afán de llenar su alicaída autoestima. Artículos descartables sobran. Pueden ser pastillas para adelgazar, suplementos viriles o hasta un centrodelantero boliviano.
El VHS con el titulo “El Negro Castillo” que en 2005 Ronald Raldes le pasó a Cuffaro Russo y que esté le acerco al Viejo Zof, mostraba goles de todos los colores y también exhibía los siguientes datos: debutó en Oriente Petrolero con 17 años, en el 2000 salió campeón y goleador con 42 tantos, debutó en la selección mayor y la IFFHS le otorgó el premio al goleador más efectivo del calendario. En 2003 llevó sus goles a Tecos de México, le marcó un Hat – Trick a Boca jugando para Bolívar en 2004 y le convirtió el gol del empate a Brasil en La Paz por las Eliminatorias a Alemania 2006. Completo…
Claro, el video no mencionaba que de Los Refineros se fue por una mañana con resaca trasmitida por televisión a todo el altiplano. Ni que su técnico, Néstor Clausen, hizo la vista gorda (“Lo que me compete es que cuando entre a la cancha responda. Después vamos a tener jugadores que les gusta hacer el amor, que fuman y beben de vez en cuando”). Ni que de los Tecos lo fueron por conducir en estado de ebriedad. Ni mucho menos que luego de los tres goles a Boca le dio positivo el control antidoping por cocaína y se perdió la Copa América de Perú y que, al momento que Zof mostró su interés, llevaba un año de licencia y con ayuda psicológica por sus adicciones varias. Obviamente, esto no es nada comparado con sus declaraciones: “El doping fue lo más injusto, apareció cuando estaba por pasar a un grande como Boca Juniors” (?) “Nunca se me pasó por la cabeza tomar droga; iba a fiestas, tomaba un poco de alcohol, estuve con hasta 4 mujeres al mismo tiempo (?), pero gracias a Dios nunca tocó a mi puerta la droga”.
Por el embelesamiento del cuerpo técnico, Scarabino arregló la llegada del delantero a mediados de 2005; pero una mañana, mientras un chofer lo esperaba en Fisherton, Castillo aterrizaba en el Colonia de Alemania: “Estaba preparado para irme a Rosario, pero surgió esta posibilidad y claro, entre la liga Argentina y la Alemana, me quedo con está opción”. Cuando llegó a Westfalia le vieron la figura y desistieron contratarlo: ostentaba 92 kilos cuando su ideal era de 79. Al Negro, poco le importó y se colgó la cucarda de doble mal pase en simultáneo.
En enero de 2006, Don Ángel seguía con ganas de contar con eso de “el mayor goleador de la historia del universo” e inició él mismo las gestiones. Una perpicaz telefonista le dijo: “Por 10 pesos más se lleva al también boliviano Ronald Arana” y El Viejo aceptó convencido de estar haciendo un negoción. Castillo debutó en Rosario Central en la caída 2 a 1 ante Boca por la 2° fecha del Apertura ’06, ingresando a los 64´ por Marco Rubén. También jugó en las derrotas ante Nacional de Medellín (0-1) Lanús (0-2) y Gimnasia (0-3), para no dejarle dudas a nadie: Piedra. A pedido del plantel, del recién asumido Leonardo Astrada y de la memoria del Negro Olmedo, el 11 de marzo se le incineró el contrato.
El resto de aquel 2006, Castillo deambuló por Los Tecos B. En 2007 regresó a Oriente Petrolero pero lo echaron por “aletearle” a los hinchas del Bolívar y recaló en O´ Higgins, donde jugó pocos minutos sin goles. En 2008 volvió a Bolívar, pero tras dos partidos y un gol huyó a Atlético Mineiro. A los 4 meses tuvo su tercera etapa en Oriente Petrolero, la cual duro 60 días ya que se marchó un semestre al South China de Hong Kong, donde ni siquiera debutó. Tras una leve mejoría en Blooming, volvió a los ahora Estudiantes Tecos en 2010, donde jugó 6 partidos, no convirtió, tuvo problemas con el alcohol, descendió y quedó libre. A mediados de 2011 rubricó su tercer paso por Bolívar, donde lo último que se supo es que tuvo rotura de peroné.
Ahí termina el VHS con la historia de José Alfredo Castillo, el Paul Gascoigne del Altiplano. El testimonio activo de cómo la inmadurez y el mareo por la fama pueden desplomar como un castillo de naipes a los jóvenes que tan bien se supieron moldear. O como diría un mítico bajista londinense “Live Young, Die Fast”. Punk is not Dead…









