Trípodi Mariano

Mariano Sebastián Trípodi (El León)

Rubio, fachero, putito, delantero y goleador. La carta de presentación de Mariano Trípodi, nacido en julio de 1987, compró a todos de antemano. Desde pendejo, cargó con el karma de que lo catalogaran como el próximo Batistuta. Su parecido con el ex delantero de la selección y su desempeño en las divisiones inferiores de Boca Juniors hacían presagiar que se trataría de la próxima estrella del fútbol argentino. Pero como dijo Tu Sam: puede fallar. Y esta vez, como tantas otras, falló.

Desde el vamos, le tocó debutar en la Primera del Xeneize en un momento complicado, luego de la eliminación bochornosa de la Copa Libertadores ante las Chivas de Guadalajara la noche que los periodistas photoshopearon el supuesto garzo del Chino Benítez al Bofo Bautista. Para colmo, en la lucha por un lugar en la delantera tenía adelante nada más y nada menos que a Martín Palermo, Rodrigo Palacio y Guillermo Barros Schelotto.

Mientras sus competidores en el puesto gozaban de sus vacaciones adelantadas, Trípodi jugó su único partido con la camiseta de Boca en la despedida del Clausura 2005, esa tarde en la que Almagro, ya descendido, sorprendió al equipo de la Ribera, dirigido interinamente por Abel Alves, y le ganaba por 3 a 2 cuando pintó la tángana en las tribunas y el partido se suspendió.

Sin lugar en el equipo de Alfio Basile, reacio a darle minutos a los juveniles, a mediados de 2006 pasó a préstamo por un año al Köln alemán, que al tiempito lo mandó a su equipo filial, el Köln II, donde tuvo algo más de rodaje con la camiseta número 12. En 2007 regresó a Argentina para sumarse a San Martín de San Juan, que estaba de paseo en la Primera División. Disputó 4 encuentros, no convirtió goles y así como llegó volvió a emigrar.

En febrero de 2008, luego de que una empresa comprara su pase, firmó sorpresivamente un contrato de 3 años con el Santos brasileño. En el Peixe, el León no estuvo a la altura de las circunstancias y con la salida del polémico técnico Emerson Leão perdió mucho terreno. Eso sí, siempre será recordado por el gol agónico al Cúcuta colombiano que le dio la clasificación al equipo brasileño a los octavos de final de la Copa Libertadores.

Sin espacio en el conjunto paulista, y después de que se hablara de una transferencia al Betis español, en agostó pasó a préstamo al modesto Vitória, donde casi ni jugó. En 2009 volvió al Santos, pero Vagner Mancini no lo tenía en cuenta y lo mandó a entrenar con los juveniles. En marzo, Emerson Leão lo pidió otra vez para Atlético Mineiro. Pero de nuevo la misma historia, en mayo, con la llegada de Celso Roth a la dirección técnica del equipo de Minas Gerais, Trípodi tuvo que irse por la puerta de atrás.

Con el pase en su poder, luego de que Santos le rescindiera el contrato y tras una prueba en el Leeds United de Inglaterra, volvió a Brasil para fichar con el desconocido Clube Atlético Metropolitano de Blumenau (2010), de Santa Catarina. Ahí anduvo bien y fue uno de los puntos altos del equipo que llegó a las semifinales del primer turno del campeonato catarinense.

A mediados de 2010 se sumó por un año a Arsenal de Sarandí, pero no jugó nunca y poco después se marchó al Tochigi japonés (2011), donde sufrió de cerca el sismo que mantuvo en vilo al mundo. Desde mediados de 2011 forma parte del plantel del Vaduz de Liechtenstein, que disputa la liga suiza, al lado de otras figuras del fútbol mundial, como Mariano Hassell.

Hordas de fanáticos esperan su vuelta al fútbol argentino para cantarle “ese león, ese león, es un gatito comilón”.

Especiales: el argentino que jugó con Mario Baracus

En la década del ’80 un argentino llegó a compartir una cancha con Mr. T, también conocido como Mario Baracus. Descubrí la poco difundida historia de Pato Margetic, el hombre que unió dos pasiones (?): el fútbol y Brigada A.

Patricio German Margetic nació el 17 de mayo de 1960 en Avellaneda. Se formó como delantero en las inferiores de Racing y a los 17 años se fue con el pase en su poder para probar suerte en San Telmo, donde tendría un breve paso en el que alcanzó a dejar la huella de su larga cabellera rubia y 6 goles en 18 partidos.

Su tarde de gloria, según detalla el sitio La Voz de San Telmo, la tuvo el 16 de septiembre de 1978, en la Isla Maciel, cuando le convirtió dos goles a Lanús en el triunfo por 3 a 2.

Tras el descenso del Candombero a la C, marchó a Temperley, para seguir actuando en la vieja Primera B. El gran éxito en su carrera, sin embargo, lo tendría bien lejos del ascenso: en el fútbol norteamericano.

En Estados Unidos jugó durante 20 años y se convirtió en ídolo de un deporte que no gozaba (ni goza) de demasiada popularidad. Margetic vistió las camisetas de Detroit Express, Chicago Sting, Kansas City Comets, Cleveland Cruch, Tacoma Stars y Detroit Rockers; a veces en cancha de 11 y muchas otras en la liga de Indoor Soccer.

Su talento le valió apodos como «Magic Man» y una transferencia al fútbol alemán, donde baldoseó con los colores del Borussia Dortmund en la temporada 1988/1989.

Pero el dato de color, ese que le hará sacar chapa por siempre, no tiene que ver tanto con lo futbolístico y sí con lo artístico. El ex San Telmo ya era una reconocida figura del fútbol yanqui cuando, en 1984, la serie de televisión Brigada A se convertía en un fenómeno de masividad que llegaba, incluso, a invadir los hogares argentinos.

Ese mismo año se produjo el encuentro más inesperado, aunque bien craneado por los norteamericanos, que no sabrán mucho de fútbol pero sí de shows. Para convocar más gente al estadio donde hacían de local, los dueños del Chicago Sting contrataron a Mario Baracus, que en un partido llegó a entrar al verde césped sintético vestido como un jugador más, aunque marcando la diferencia con sus clásicas cadenas de oro.

Como no podía ser de otra manera, Mr. T posó junto al número 10, Pato Margetic, generando la ovación de los presentes que, quizás, ese día le encontraron algo más de sentido a ese extraño deporte en el que incluso los partidos pueden terminar 0 a 0.

Hoy que ya pasaron casi tres décadas de aquel momento, soñamos con el reencuentro de estos viejos ídolos. Lo interesante será saber quién se va asustar primero. Esa es la gracia.