
Diego Ariel Castelló
Defensor que apareció en el lugar y momento menos indicado para tener una vida futbolística decente: Racing, principio de los 80’s. Como marcador central, le tocó sufrir la peor época de la Academia en materia de resultados. Fue uno de los pibes que puso la cara en aquel equipo que se fue a la B. Incluso le marcó un golazo desde mitad de cancha a Boca el día de la muerte de Roberto Basile, un hincha del equipo visitante que fue herido de muerte por una bengala marina lanzada desde la popular comandada por El Abuelo. Otro de sus goles también tuvo un condimento dramático, salvando las distancias: fue ante Racing de Córdoba, el día que se confirmó el descenso de los de Avellaneda.
Se quedó dos años en la vieja Primera B, hasta que pudo volver a la máxima categoría del fútbol argentino. Claro que en la campaña del ascenso ya había perdido el lugar que supo tener en los peores días. Ahora, esa defensa contaba con nombres como Gustavo Costas, Washington González, Víctor Longo, Héctor Fernández, Marcelo Asteggiano, Néstor Sicher, entre otros. Hasta acá, Castelló venía mas o menos rumbeado para zafar de este post. Pero a partir de la vuelta de Racing a Primera División, la baldoseridad diría presente.
Sin lugar en la Academia, se fue a Gimnasia y Esgrima La Plata para disputar la temporada 1986/87. En la ciudad de las diagonales tampoco tuvo oportunidades: sólo disputó un partido, y decidió irse del país, probando suerte más al norte. ¿Bolivia? No. ¿Colombia? Tampoco. ¿México? Casi. ¿Alaska? No tanto (?).
El Edmonton Brickmen de Canadá lo contrató para que juegue en 1987 la Canadian Soccer League, competencia donde se destacaban (?) algunas figuras de la selección local que había participado en México ’86. Con semejantes colegas, a Castelló no le resultó muy difícil resaltar y fue convocado para el Juego de las Estrellas, logro que repitió en 1988, esta vez mientras vestía la camiseta del Toronto Blizzard. Eso si, de títulos ni hablar.
Después de triunfar (?) en el fútbol canadiense dio el salto y llegó a Europa, para vestir las camisetas de los humildes Trilleur, Hemptinne y Roeselare, de Bélgica. Ahí no terminó la cosa, ya que para alcanzar un grado de extravagancia mayor terminó jugando en Luxemburgo, con los colores del CS Grevenmacher.
Una vez colgado los botines comienza una historia diferente, alejada del fútbol. Comenzó un emprendimiento familiar con el que llegó a ser presidente de su propia empresa, Latina Wines S.A. Obviamente que este asunto se desarrolla en su Luxemburgo adoptivo (?), país con el mayor PBI por cápita del mundo de acuerdo al Banco Mundial. Ningún boludo este Castelló (?). Con el asunto de los vinos volvió al país para dar seminarios y participar en otros eventos. Para finalizar, como si a esta historia no le faltaran condimentos, no se debe dejar de mencionar a su hijo, Godié. Claro que ese no es su nombre real, sino su seudónimo artístico. El pibe hace rap y parece que también le gustan las cámaras, ya que participó en un par de cortos y en programas de TV. Más ladrón argentino que el padre.