Under Ladrón: Roller Cambindo

Roller Cambindo

El negro que no era Sekagya ni el primo de Sekagya, así lo siguen distinguiendo en los tablones de madera de la cancha de Ferro. No toda la hinchada, claro. Apenas pueden hacerlo aquellos pocos enfermos que lo vieron jugar en alguno de los 3 partidos en los que Cambindo hizo historia. De la mala, pero historia al fin.

Llegó a Caballito en 2005, esa mágica época donde cualquier vuelto internacional de Gustavo Mascardi terminaba poniéndose la camiseta verde. A su arribo, le preguntaron el nombre. Y él contestó, sin dudas: «Roller». ¿Roger? «Sí, sí, Roller». Entonces en todos los diarios apareció como Roger, sin que nadie sospechara que en 1978 el registro civil de Colombia era la joda misma.

Desde allá había venido tras vestir los colores de Millonarios (1996 a 1999 y 2003/04), Deportes Tolima (1999 a 2002) y Once Caldas (2004). Y ahí tuvo que volver luego de su triste paso por el fútbol argentino.

Tras la lesión del marcador central Gabriel Oyola, el Chulo Héctor Rivoira lo hizo debutar como titular en un partido ante Tiro Federal, en Rosario. Y por cosas como esas el DT hoy es mala palabra en Oeste.

Cuando el partido se encaminaba a una victoria de Ferro por 1 a 0, Cambindo regaló una pelota inexplicable que derivó en el gol de Tito Ramírez que puso el empate definitivo.

Después llegarían un par de pobres actuaciones más, como para certificar que era malo de verdad. Un mes más tarde de aquel fallido estreno, le comunicó a la dirigencia que quería rescindir el contrato. Y mucho puchero no le hicieron (?).

De regreso a su tierra, jugó para Deportes Tolima (2007) y Junior (2008 a 2010), donde lo apodaron «Bomba de tiempo» por las cagadas que se mandaba en los momentos decisivos, y hasta propusieron organizarle un partido despedida y donarle la recaudación. Para que no volviese, obvio.

Lejos de su ingrato público, enamoró fieles en Perú, gracias a la cara de sufrido que puso en Universidad San Martín de Porres (2005/06) y León de Huánuco (2011/12). Y se llama Roller, sí. Se llama Roller.

Sánchez Martín

Martín Norberto Sánchez (El Pacha)

Si a un nombre común se le suma un apellido normal, las chances de perdurar en la memoria colectiva no son muy buenas. Si a ésto se le agregan sólo 3 partidos en Primera División, la cosa se complica aún más. Y ni hablar cuando no se encuentra algún hecho fuera de lo habitual que lo destaque. Ni nosotros nos acordamos cómo jugaba este tal Sánchez.

Comenzó su carrera en Unión, donde debutó el 14 de abril de 1998, en un empate frente a Rosario Central. En ese Torneo Clausura jugó un par de veces más y desapareció por un tiempo. Mejor dicho, siguió en el plantel pero sin chances de mostrarse nuevamente. De golpe bajó un par de escalones y cruzó el Paraná, para ponerse la camiseta de Patronato (2001/02), jugando el Torneo Argentino A. Volvió esfumarse y en 2004 apareció una categoría más abajo, primero en La Perla del Oeste y luego en Libertad de Sunchales. En 2007 retornó al Argentino A, esta vez en Mendoza, con los colores de Gimnasia y Esgrima. La siguiente temporada la disputó en el Deportivo Morón, y luego se fue a Gimnasia de Concepción del Uruguay.

Imaginamos la expectativa que habrá creado este cristiano en cada uno de los clubes donde jugó: un tipo que pasó por Primera siempre genera ilusiones en los clubes de ascenso, así haya sido un suplente con pocos minutos.

Pero, como en los diferentes órdenes de la vida, la verdad no tarda en aparecer. Martín Sánchez, en todos lados, fue uno del montón. Como este post.

Banfield 0 – Eslovaquia 1

No sabemos si el técnico Ricardo Rezza habrá encontrado, con el tiempo, lo que quería de su equipo, según manifestaba en la revista «Aquí Banfield», pero estamos seguros de que en la noche del 13 de febrero de 1995, ante Eslovaquia, no debe haber sacado muchas cosas positivas.

Con un gol de Ujkovick a los 39 minutos del segundo tiempo, el Taladro, con todos los titulares y en su cancha, cayó 1 a 0 ante los europeos. Y eso que jugó Radaelli (?).

Gracias a Clau05

En el placard: Brasil con publicidad (1987)

La crisis futbolística que sufrió Brasil tras el retiro de Pelé fue mucho más grave de lo que, a la distancia, podemos imaginar. No sólo tardó 24 años en volver a levantar una Copa del Mundo, sino que además vivió situaciones insólitas, propias de un equipo sin historia, no de una potencia internacional.

En diciembre de 1987, la cuestionada selección dirigida por Carlos Alberto Silva enfrentó a su par de Chile, en un amistoso disputado en Uberlandia. Tras ir perdiendo 1 a 0 en medio del murmullo de su gente, los brasileños terminaron dándolo vuelta en el segundo tiempo, con goles de Valdo y Renato. Pero eso no fue lo importante.

Ese día el Scratch sorprendió al salir a la cancha con su clásica camiseta verdeamarelha arruinada por un gran anuncio de Coca Cola, con fondo rojo y letras blancas. Sí, a cambio de escasos 40 mil dólares y sometiéndose a una posible sanción de la FIFA, la Confederación Brasileña de Fútbol vendió los colores.

El repudio popular fue tal que la empresa de gaseosas decidió retirar el auspicio para el partido de unos días más tarde, ante Alemania. Y sí, por esos días, aunque hoy parezca extraño, nadie quería quemarse con Brasil.

Post publicado en simultáneo con Un Mundial para En Una Baldosa.