Banfield 0 – Eslovaquia 1

No sabemos si el técnico Ricardo Rezza habrá encontrado, con el tiempo, lo que quería de su equipo, según manifestaba en la revista «Aquí Banfield», pero estamos seguros de que en la noche del 13 de febrero de 1995, ante Eslovaquia, no debe haber sacado muchas cosas positivas.

Con un gol de Ujkovick a los 39 minutos del segundo tiempo, el Taladro, con todos los titulares y en su cancha, cayó 1 a 0 ante los europeos. Y eso que jugó Radaelli (?).

Gracias a Clau05

En el placard: Brasil con publicidad (1987)

La crisis futbolística que sufrió Brasil tras el retiro de Pelé fue mucho más grave de lo que, a la distancia, podemos imaginar. No sólo tardó 24 años en volver a levantar una Copa del Mundo, sino que además vivió situaciones insólitas, propias de un equipo sin historia, no de una potencia internacional.

En diciembre de 1987, la cuestionada selección dirigida por Carlos Alberto Silva enfrentó a su par de Chile, en un amistoso disputado en Uberlandia. Tras ir perdiendo 1 a 0 en medio del murmullo de su gente, los brasileños terminaron dándolo vuelta en el segundo tiempo, con goles de Valdo y Renato. Pero eso no fue lo importante.

Ese día el Scratch sorprendió al salir a la cancha con su clásica camiseta verdeamarelha arruinada por un gran anuncio de Coca Cola, con fondo rojo y letras blancas. Sí, a cambio de escasos 40 mil dólares y sometiéndose a una posible sanción de la FIFA, la Confederación Brasileña de Fútbol vendió los colores.

El repudio popular fue tal que la empresa de gaseosas decidió retirar el auspicio para el partido de unos días más tarde, ante Alemania. Y sí, por esos días, aunque hoy parezca extraño, nadie quería quemarse con Brasil.

Post publicado en simultáneo con Un Mundial para En Una Baldosa.

Munutti con números diferentes 1982

En la 27º fecha del Metropolitano 1982, Boca recibió en su estadio a Instituto de Córdoba, con la esperanza de seguir prendido en la punta del campeonato. Sin embargo, un gol del joven Dertycia le daría la victoria 1 a 0 a La Gloria.

Al margen de las estadísticas, esa tarde será recordada como el día que Brindisi erró dos penales. O, mejor dicho, el día que Munutti se los atajó. Y podrían haber sido un calco: ambos fueron sobre la izquierda del arquero, a media altura, uno en cada tiempo. La pequeña diferencia es que en el primero, Munutti tenía el número dibujado en negro sobre una cinta adhesiva. En el segundo, ese dígito había desaparecido y el 1 estaba conformado solamente por la cinta. Para los que no creen en las cábalas.

Biagioni Cristian

Cristian Ariel Biagioni

El camino de todo futbolista profesional comienza en una aspiración, un anhelo, un deseo. El de mirar para el cielo y llegar lo más lejos posible. Así es como empieza a subir las escaleras, peldaño a peldaño, siempre sujetándose firmemente, sabiendo que cualquier resbalón lo puede mandar de vuelta abajo, al inicio de todo. Y un día, el sacrificio invertido da sus frutos. Es cuando el joven en cuestión mira a todos desde arriba, con el orgullo del deber cumplido. Muchos se quedan un largo tiempo en lo más alto. Otros, sin embargo, quieren sostenerse y sólo encuentran una pendiente, una caída que los manda otra vez abajo y los aleja del sitio en el que se encontraban sus sueños.

Ese es el caso de Cristian Biagioni, surgido de las inferiores de Unión. Debutó en el equipo santafesino el 27 de septiembre de 1998, en un empate frente a Vélez. Durante ese Torneo Apertura se hizo un lugarcito en una defensa que contaba con nombres como los de Roberto Trotta, Ariel Donnet, Fernando Moner, Felix Pereyra y Oscar Vera, entre otros. Como segundo marcador central jugó 8 partidos en ese campeonato. Y sin saberlo, serían también los últimos en la máxima categoría. En el Clausura ‘99 siguió en el Tatengue, pero no ingresó ni un minuto, y entonces decidió irse. Había llegado el momento de soltarse y dejarse llevar por lo que venía. De ahí en adelante, la gravedad haría su trabajo.

La temporada 1999/2000 lo encontró en Entre Ríos, vistiendo los colores de Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay, que disputaba el Nacional B. No pudo completar la campaña en el Lobo, ya que en 2000 sufrió una lesión en los ligamentos que le impidió jugar el resto del año y, para colmo, tuvo un accidente con el auto aunque sin consecuencias graves.

Reapareció en Juventud Antoniana en 2002. En el equipo salteño estuvo casi dos años, repartiendo algunas buenas, varias malas y un susto como el traumatismo de cráneo con principios de amnesia que sufrió en 2004. A esta altura, el camino en declive era irremediable: volvió a Gimnasia de Concepción del Uruguay para jugar en el Argentino A, y en 2005 pasó a Sportivo Belgrano de San Francisco, una categoría mas abajo. ¿Se podía bajar más? Sí, un año después apareció en La Perla del Oeste, club ubicado en al localidad santafesina de Recreo Sur, para jugar el Torneo del Interior. Se desconoce su paradero actual, pero después de semejante tobogán, lo más probable es que esté enterrado en el arenero.