
Ignacio Pablo Vercellone
Cierre los ojos por un momento, amigo lector, y ponga en funcionamiento la máquina virtual del tiempo para recordar qué estaba haciendo usted a los 17 años. La paja Un trabajo práctico para la secundaria es lo más probable. Aunque también es posible que a esa edad haya estado tocando la guitarra para llamar la atención de minitas y hacerse la paja o pasando toda una tarde delante del televisor buscando un buen programa para hacerse la paja entretenerse.
Bueno, ahora abra los ojos. Habrá comprobado que se los hicimos cerrar al pedo (?), pero también tendrá para leer, a continuación, la historia de Pablo Vercellone, un muchacho que a la edad en la que muchos de nosotros estábamos usando las manos para conocernos, él las utilizaba para sostener la valla de Estudiantes de La Plata en plena Bombonera.
El destino quiso que en marzo de 1986, el entrenador Eduardo Luján Manera se encontrara ante una difícil situación. El arquero titular del Pincha, Luis Islas, arrastraba una lesión y para colmo estaba afectado a la Selección que se preparaba para participar del Mundial de México. Su suplente, Carlos Bertero, cumplía al mismo tiempo una sanción disciplinaria de 4 fechas. Entonces al DT no le quedó otra que decidirse entre los otros dos arqueros del plantel: Sergio Díaz y Pablo Vercellone. Y ganó este último.
El rival era nada más y nada menos que Boca y en su cancha, el día que Hugo Gatti cumplía 10 años defendiendo el arco xeneize. Al pibe le comunicaron la titularidad recién el día anterior al partido, así que no tuvo demasiado tiempo para tener miedo, aunque lo tuvo. «Ese momento fue increíble, de los nervios no podía ni discar el número de mi casa, el teléfono del Country era a disco. Te imaginás el revuelo que se armó en mi familia, incluso en el barrio. Tal fue la alegría que fueron todos a la cancha de Boca para ver mi debut en primera división», contó años después.
Si bien Pablito (?) terminó teniendo una actuación aceptable en esa jornada, no pudo impedir la derrota a 3 a 1. Los goles los sufrió todos, pero especialmente el último: «Me tire y alcance a tocar la pelota pero no pude sacarla, la espina me quedó clavada y es el día de hoy que miro la foto que tengo guardada y pienso que hubiese sido una atajada bárbara».
Lo peor, igualmente, estaba por ocurrir. Esa semana la revista El Gráf*co publicó la reseña del match ilustrándola con una foto del pibe junto al Loco Gatti. La mufa hizo el resto: Vercellone siguió atajando en Quinta y eventualmente en Reserva. Islas marchó a Independiente pero contrataron a Jorge Battaglia para reemplazarlo, quedando Bertero como suplente. El uruguayo Luis Barbat le peleó el puesto de tercer arquero mano a mano hasta que ambos, con 20 años, quedaron libres sin firmar su primer contrato.
Después rodó por el ascenso. Cambaceres (1987 a 1989), Defensa y Justicia (1989 a 1993), Los Andes (1993 a 1995) y All Boys (1996/97) lo tuvieron en sus filas, aunque sin demasiado protagonismo. Ya retirado, laburó como entrenador de arqueros en Estudiantes, River y San Lorenzo.
Estando a la par de Simeone en el Millonario la pasó mal y no deportivamente hablando. En abril de 2008 se enteró del encarcelamiento de su padre, Carlos Vercellone, por delitos de lesa humanidad. Y para agosto de ese mismo año, lo perdió en el penal de Marcos Paz antes de que fuese condenado.
Ahora sí, amigo lector, cierre los ojos nuevamente e intente hacer lo mismo que hacía a los 17 años. Si con esto que le contamos no se le fueron las ganas, lo de usted evidentemente es crónico (?).