
Allá por fines de agosto de 1985 y justo antes del cierre del libro de pases, el mercado local se vio sacudido (?) por la noticia: Jorge Indecieto Solari, el hijo de Jorge Raúl Solari pasaba a préstamo y sin opción desde el club donde su papá era uno de los dueños al club donde su papá era el director técnico. Obviamente como todo quedó bien en familia, el acuerdo entre Renato Cesarini y Newell’s fue lo de menos.
Para ser sinceros, la noticia no conmovía tanto por lo futbolístico, pero sí llamaba la atención la continuidad del legado del Indio, que parecía quedar en buenas manos. Pero no, nada que ver. Y el mismo padre fue quien, tal vez inconscientemente, se encargó de hundirlo de movida no presentarlo de la mejor manera: «…es un volante tipo Solari, con gran despliegue físico y llegada al área. Pero no es hábil. Toca bien y es simple…». Avisar, avisó.
Si encima vemos que el pibe, con 20 años, paralelamente empezaba a estudiar la carrera de educación física, tal vez soñando emular a su tío Eduardo, el preparador físico de ese Ñuls, está claro que no había muchas fichas puestas en su futuro. Ni de parte de él ni de su familia. Familia en la cual sí pudieron pegar fama su cuñado y sus primos Santiago, Esteban y David en el mundo del fútbol; y hasta su prima Liz en el mundo del modelaje. Pero de Jorgito, ni noticias.