
Jafet Junior Perea Peña
Podría decirse que en Centroamerica Sudamérica el dalobucaramismo (?) es un estilo de vida. El hijo de Abdalá Bucaram hizo escuela y otros «hijos de» puta lo siguieron en eso de sacar chapa con su apellido sin tener mucho talento. Es el caso de Jafet Junior Perea Peña, un ignoto colombiano que llegó a Quilmes en octubre de 2003, por la lesión de Damián Domínguez (que no era el Chori).
Hijo de Édgar José Perea Arias, conocido relator, ex senador y actual embajador del país cafetero en Sudáfrica, el morocho (desconocido hasta en su tierra natal) traía consigo un dudoso prontuario que, aparentemente, incluía un pasado por la Sub 20 y el Deportivo La Paillia.
En el Cervecero no jugó ni un segundo, pero conoció a una parva de baldoseros como Leandro Evangelisti, Gabriel L*b*s, Gastón Beraldi, Arturo Norambuena y Pablo Bastianini, entre otros. Desde su salida de la zona sur, tan desapercibida como su llegada, costó seguirle el rastro. Pasó por Llaneros de Venezuela (2004/2005) y volvió al sur del continente en el primer semestre de 2006, para vestir los colores de Villa Española de Uruguay. Un brevísimo paso por el Córdoba del ascenso de su tierra natal en la otra mitad de ese año fue suficiente para que se diera cuenta que su carrera en el fútbol, al menos dentro del campo de juego, estaba terminada.
Ahora, ya fuera del verde césped, mientras actualiza su estado de Facebook y se une a grupos a favor de su viejo, se las rebusca como representante de Perea Sport International.








