
¿Puede un barra convertirse en mascota? Sí, puede, de hecho hay gente que piensa que adentro del Oso de La Nueva Seguros entraría Bebote con plasma y todo para ver el Mundial. Pero no es el caso que hoy nos ocupa.
Roberto Ramírez Rodrigo, alias Pecoso, fue un popular hincha peruano que hizo carrera en esa modalidad bastante yanqui de animar al público. Según el recomendable sitio Arkiv, Ramírez fue «un figuretti que por una misteriosa razón era contratado para dirigir con sus ridículos coros las barras en el Estadio Nacional: ‘¡Dame una P!, ¡Dame una E!, ¡Dame una R!, ¡Dame una U! ¿Qué diceee…???’. La gente le tiraba de todo…«
Lo curioso es que antes de ser el payaso más conocido de las canchas, había sido futbolista de Universitario, donde jugó algunos pocos partidos en Primera. Después se casó con Solinka, una cantante tropical de Panamá, país que cobijó al Pecoso durante varios años. Pero no sólo vivió allí. También estuvo en Colombia organizando (?) a los simpatizantes del Junior de Barranquilla, dato que hoy Los Tiburones deben querer enterrar.
Uno de sus momentos de gloria lo tuvo en el Mundial de Argentina 1978, cuando se hizo ver en cada uno de los partidos de Perú, vistiéndose de blanco y agitando por aquel buen equipo de Oblitas y Cubillas que se terminó desdibujando por los 6 goles sufridos en Rosario.
Su rol de mascota, sin disfraz y fuera de los límites del campo de juego, llamó la atención en su momento, al punto que la revista El Gráfico le dedicó un comentario. Luego, con los peruanos eliminados y el cargamento de trigo bien entregado (?), el Pecoso Ramírez siguió con su labor e incluso volvió al país para hacer una maldad, según contó en una nota para el diario El Comercio:
– ¿Y sentía que influía en la gente, en los resultados?
– Claro que sí. La barra más importante fue la que hice en 1985, cuando le ganamos a Argentina 1-0 en Lima. Esa tarde, justo cuando iba a salir el equipo argentino, con Passarella al frente, dispuse que salieran 500 chicas de la Guardia Civil y cuatro bandas de música. Hice cantar el himno nacional sin autorización. Tuve al equipo argentino enfriándose en el túnel por dieciséis minutos. ¿Tú sabes lo que eso? Al final surtió efecto: ganamos 1-0. Passarella se enojó muchísimo.
– ¿Cómo sabe? ¿Qué le dijo?
– Me dijo: “Sabés, Pecoso, andate a la puta que te parió”.
– ¿Esa fue la última vez que fue al estadio a animar?
– En el 2000 me llamó Nicolás Delfino y me invitó a animar el partido de Perú con el Paraguay de Chilavert. Ese día ganamos 2 a 0 y yo impuse una barra contra el arquero paraguayo: “Chilavert, Chilavert, hoy no la vas a ver”.
Hoy, con 75 años, está alejado de la actividad. Y ya entendimos por qué no lo llamaron nunca más.