¿Un tipo que juega un Mundial puede ser baldosero?, es la pregunta que nos hicimos siempre. La respuesta, a decir verdad, da para largas horas de debate, pero preferimos rendirnos ante las evidencias: Arístides Fabián Rojas baldoseó en todos lados e incluso en una Copa del Mundo.
Recordado en Avellaneda como uno de los peores delanteros que vistió la camiseta de Independiente en los últimos 20 años (16 partidos y 4 goles), se las rebuscó para pasar a otro equipo argentino y llegar con ritmo a Francia ’98. Después de un semestre en Unión de Santa Fe (13 encuentros y 1 tanto), fue convocado por Paulo César Carpeggiani para la cita mundialista e integró el plantel de Paraguay que tenía otros atacantes como Hugo Brizuela, José Saturnino Cardozo, César Ramírez y Jorge Luis Campos . Y no sólo eso, sino que además se dio el lujo de actuar en 3 partidos.
Su participación, por supuesto, alcanzó el grado de insignificante. No entró en el debut ante Bulgaria y quizás el 0 a 0 final provocó que el entrenador lo pusiera como titular en el duelo frente a España…que también terminó sin goles. El 24 de junio de 1998, en el último partido del Grupo D, contra Nigeria, arrancó desde el banco pero ingresó por Brizuela a los 77 minutos y vio como Cardozo selló el 3 a 1 que les dio la clasificación a octavos de final. Faltaba más.
En una sufrida actuación de los guaraníes ante Francia, a Rojas lo mandaron a la cancha en el minuto 91 para que intentase la heroica o al menos para sostener el empate, pero lo único que logró fue una amonestación. Encima, el suplementario terminó favoreciendo merecidamente a los locales, que pasaron de fase con un histórico gol de oro a los 113′.
Después del llanto paraguayo y el consuelo de los franchutes, Arístides Rojas continuó con su costumbre, la de baldosear, esa que no distingue país, categoría ni Mundial.









