
Albino Risso. Arquero argentino. Jugó en los 30’s y 40’s.

Albino Risso. Arquero argentino. Jugó en los 30’s y 40’s.

Juan Andrés Sarulyte (El Mago)
Guste o no, la manipulación genética ya es una realidad. Se habla que en un futuro se podrá elegir el color de ojos y hasta el sexo de un ser humano, pero a la fecha de hoy es usada básicamente para la creación de nuevas especies y la corrección de defectos genéticos. En el medio de tanta metida de mano, en 1997 hasta se clonó por primera vez a un mamífero: la oveja Dolly. En resumen, poder tocar (?) la carga genética que transfiere un padre a un hijo no es un dato menor. Y ya veremos qué tiene que ver todo esto con Juan Andrés Sarulyte.
El Mago fue un volante ofensivo o delantero, tipo mastodonte, que surgió de las inferiores de Racing y con 20 años tuvo un debut casi soñado la noche del sábado 30 de enero de 1982 en Mar del Plata. El Pato Pastoriza lo puso en el entretiempo en reemplazo de Alarcón y rapidito, al minuto del segundo tiempo gambeteó a varios rivales y cruzó un derechazo que pegó en el palo y fue gol de La Academia. Lo de casi soñado es porque Racing en definitiva cayó 4-1 con Boca por el Torneo de Verano. Pese a la goleada se colgó el cartelito de promesa tras dejar una buena impresión. Sobre todo comparado con la labor que tuvieron esa noche Vivalda, Veloso, Van Tuyne, Leroyer, Osvaldo Pérez, Villarruel, Berta, Caldeiro, Leiva, Alarcón y Scalise.
En el transcurso de 1982 pegaría fama a niveles insospechados. No tanto por sus dos goles a Racing de Córdoba sino por la tarde del partido frente a Unión haciendo de local en la Bombonera por la primera rueda del Metro. Tras ganarle en un cabezazo a Pablo Cárdenas y al arquero Ferrari, la pelota viajaba al gol cuando fue atajada por un defensor tatengue. Clarito penal pero con una carga tremenda. Hacía 715 minutos que La Academia no la metía en el arco contrario. Y el momento fue dramático. Bah, por lo menos para él: “…cuando acomodé la pelota no sabía a dónde patear. Por mi cabeza pasaba la chance de fallar. Había tipos grosos, pero le pegué yo, un pibe de 20 años. Encima, cuando tomé carrera, vi a toda esa gente de Racing que se venía abajo. Igual, fui a la pelota e hice el gol. Eso sí, no pateé bien; le di al medio. Me salvé solamente porque el arquero se tiró para un costado. No me temblaron las piernas pero…”.
Tras la jornada de gloria, kilos de intrascendencia a la par de un equipo que viajó en tobogán domingo tras domingo. Aparentemente se ganó el pan yéndose a préstamo un par de veces, pero siempre volviendo a Avellaneda para lo mismo: no afianzarse y sobre todo, no terminar de explotar (?) nunca. ¿Por dónde anduvo? Se comenta y bastante que en el fútbol colonense.
Ya en 1987 y tras 25 partidos, 4 goles y una rotura de ligamentos, colgó los botines. Pero nada de bajonearse. La vida continuó y años después se dedicó de lleno a un negocio de ropa frente a la estación de Luis Guillón, y en especial, a sus cuatro hijos. De los cuales a uno, no le hubiera venido nada mal algún retoque genético, más que nada para no seguir la herencia futbolística familiar y yirar dirigiendo en Centroamérica, último destino conocido del Mago. Y ojo que si esto de la manipulación genética hubiera existido antes, tal vez alguno más se enganchaba.

Durante el verano de 1969 se jugó en Mar del Plata un torneo amistoso llamado «Copa Libertad», que combinaba la presentación de equipos nacionales e internacionales. Uno de los conjuntos locales que animó el certamen fue Boca, mientras que entre los invitados europeos se encontraba el MTK de Hungría, que llegaba como campeón de la Copa de su país. Se vieron las caras el 16 de enero, y los Xeneizes salieron a la cancha con Roma; Magdalena, Ovide, Suñé, Rogel; Novello, Rattín, Madurga (Nicolau); Ángel Rojas, Cabrera (Romero) y Pianetti. Este último convirtió el gol de la victoria, para que delire la multitud que se había dado cita en el estadio General San Martín.
(Gracias Merolla)
Es demasiado para empezar el año. Soñábamos con salir alguna vez en uno de los tantos medios paraguayos (en el foro tienen tópic propio) y finalmente se nos dio. La revista El Pelota no dedicó un espacio en la guía del Clausura y ya que nos enteramos, queríamos compartirlo con ustedes. Ahora pretendemos salir en la tapa del Diario Popular. ¿O será mucho pedir?

Las fechas finales del Metro 84 seguramente no fueron el mejor escenario para que Atlanta ande fijándose en pequeñeces como que sus diez jugadores de campo salgan con la misma camiseta Topper al campo de juego.
Bastante jodida la tenían con eso de ganar, sumar y usar (?) la calculadora para ver qué pasaba con el promedio.
Por eso, la foto del Ferro 1 Atlanta 0 del 18 de noviembre de 1984, no debe ser tomada como algo grave pero sí como una prueba contundente de que mientras Millicay le metía tackle a Oscar Acosta, Coccimano mostraba el escudo en la camiseta del Bohemio y Pereira no.

La melena a lo «Rey León» no la puede disimular. La prolija camisa y los zapatos lustrados, tampoco. No vengan con que era la moda de la época, lo del Tano Pernía no tiene perdón. Aunque en los 70’s no era el único que quería impresionar con pantalones extraños, sino miren a Reinaldo Merlo. Muchachos, reconózcanlo: a la hora de elegir ropa son dos caballos. Y no digan que peón es nada, porque había muchas opciones antes de llegar al ridículo. Lamentablemente, la moda del mal vestir no sería algo pasajero. Años más tarde, otros futbolistas, como Latorre, continuarían con esa desagradable costumbre. Alfil y al cabo, son todos iguales.

Omar Alberto Alegre
A principios de los 80’s, River tenía un plantel lleno de estrellas. Pero casi de un día para el otro, el equipo se desarmó, los resultados dejaron de ser buenos y aparecieron un montón de pibes para ocupar los lugares que habían dejado vacantes jugadores como Passarella, J. J. López, Alonso, Houseman y Luque. Algunos de estos juveniles prometían sacar al Millonario del momento nefasto en el que se encontraba. Y uno de ellos era Alegre, que jugaba un fútbol feliz. Por eso se lo notaba contento, aunque no sonreía ante las cámaras.
Debutó ante Talleres en 1981, cuando las figuras todavía jugaban en el equipo de Nuñez. Pero a fin de año se fueron varios, y esto fue un arma de doble filo: por un lado, nuestro homenajeado se quedó sin el lujo de jugar en un equipo poderoso. Pero, viendo el lado positivo, las chances de hacerse un lugar aumentaban. Aunque a nadie le debe gustar perder con Boca como local por 5-1, y para colmo (?) compartir equipo con Eduardo Montes, Savarese, Carlos Russo, Coccimano, Messina, Tévez. Una murga. En total jugó 26 partidos y marcó 2 goles en River, habiendo jugado tanto de delantero como de volante por izquierda.
Al año siguiente fue parte de un combo que lo depositó en Estudiantes de Río Cuarto. Disputó 5 partidos en el Nacional 1983, dejando un grato recuerdo. Claro, es que jugó poco. El resto del año lo disfrutó en Santa Fe, formando parte del plantel de Colón. En 1984 volvió a jugar en Primera División, vistiendo los colores de Platense. Convirtió 6 goles en 24 partidos, lo que parecía darle crédito para otra temporada en la máxima categoría de nuestro fútbol. Pero no se dio: volvió a Colón (1985) y luego pasó a Central Norte (1986/87). Recién retornaría a los primeros planos en 1993, jugando el Apertura para Gimnasia y Tiro. Dijo presente en 9 partidos, sin convertir goles y recibiendo una tarjeta roja. Antes de eso, se había dado el lujo de conseguir el ascenso rodeado de compañeros salidos del tren fantasma.
Esto no fue todo, ya que en algún momento oscuro de su carrera se dio el gusto de conocer Sudamérica: pasó por The Strongest (Bolivia), Independiente Santa Fe (Colombia) y Deportivo Cuenca (Ecuador). Una carrera que tuvo de todo, pero se quedó en promesas incumplidas. Esperemos que algún día explote y demuestre lo que es capaz de hacer. Aunque ya haya pasado los 47 años.