
Eugenio Tomás La Rosa
Podríamos discutir horas sobre si el peruano La Rosa era bueno o malo, sobre si tuvo el tiempo suficiente para adaptarse al fútbol argentino o incluso si 5 partidos son muchos o pocos para sacar conclusiones. Lo que hay que dejar en claro, antes que nada, es que el tipo no dejó plantado a nadie y para ser sinceros, hay un tema bastante espinoso de por medio, con aroma a milagro y que flor de susto le debe haber pegado. Sin exagerar, Argentinos Juniors, casualmente el Semillero del Mundo, le salvó la vida. Así de contundente.
Nacido el 20 de diciembre de 1962 en Lima, a mediados de 1987 y tras 8 temporadas en Alianza Lima y una participación con su selección nacional en la Copa América de Argentina, La Rosa fue tentado para probar suerte como delantero en el fútbol argentino. Más precisamente en Argentinos Juniors. Y se vino nomás.
Su arribo al Bicho para la temporada 1987/88 lo transformó en el primer peruano en ponerse la camiseta de los de La Paternal. Debutó por la segunda fecha en el empate 1-1 frente al River de Griguol en el Monumental. Siguió de titular las tres fechas siguientes en partidos frente a Deportivo Español, Ferro y Deportivo Armenio. Ya en la sexta fecha comió banco ante Rosario Central, hasta que el técnico Armando Mareque lo mandó a la cancha para que reemplace a Fernando Redondo. Sin que nadie lo sospechara, ese rato contra el Canalla fue el partido despedida de La Rosa en el fútbol argentino. Entre fines de octubre y el mes de noviembre pasó sin escalas de ser suplente a jugar en la Reserva y en diciembre rescindió contrato y se fue del país para siempre. ¿Qué pasó?
El 8 de diciembre, el avión Fokker de la Marina de Guerra de Perú con matrícula AE-560 que llevaba a todo el plantel de su ex equipo Alianza Lima (más cuerpo técnico, dirigentes y hasta algunos hinchas), se cayó al mar a pocos kilómetros del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Más allá de si fue por una falla humana del piloto o por la escalofriante teoría de un fusilamiento en masa de todos los pasajeros vinculado a un tema de drogas la cruda realidad le arrebató a La Rosa compañeros y amigos de toda la vida e hizo que volviera inmediatamente a Perú. En 1988 jugó un año en Alianza Lima y luego lo hizo en Ecuador y nuevamente en Perú pero en otros equipos.
En definitiva, sus 5 partidos en el Bicho más tres meses y pico de vestuario compartido con Infantino, Irala Sarabia, Néstor Cataldo o Renato Corsi, lo salvaron de la tragedia. ¿Fue el destino? ¿Fue la suerte? No sabemos. Lo que sí sabemos es que de la que se salvó, no tiene nombre. Pero sí precio.