Gustavo Néstor Piñero
Prolijo desde el vamos, nació el 1º de enero de 1963 en La Plata. Y quizás convencido de que esos fuegos artificiales de la hora cero celebraban su arribo a este mundo año tras año, creyó ser un elegido y trató de demostrarlo en el ambiente del fútbol. Bah, seguro que no fue así pero garpaba escribirlo (?).
Surgido en las inferiores de Gimnasia y Esgrima, llegó a integrar el plantel de Primera División de la temporada 1988/89, detrás de Moriconi y peleando un lugar junto a Enzo Noce y Robert Siboldi. Incluso viajó a Corea Del Sur para participar (desde al banco, claro) de una especie de Mundialito que sirvió como prueba para la televisación de los Juegos Olímpicos de Seúl. En esa copa denominada «Presidente de Corea», el Lobo salió tercero en el grupo que también conformaban la selección local B, Hungría e Irak.
Su trayectoria como futbolista, muy lejos del reconocimiento popular y de los grandes acontecimientos, tuvo pasos por Arsenal de Sarandí, Paraguay y Perú, antes de decir adiós. Pero contrariamente a lo que le sucedió con el número 1 en la espalda (o con el 12, mejor dicho), encontró la aprobación general una vez retirado y trabajando como preparador de arqueros.
En ese rol, que tan bien explotó el Flaco Saccone, Piñero supo construir una repetable carrera que arrancó en Gimnasia y que tuvo pasos por Rosario Central y Racing, al lado de técnicos como Timoteo Griguol, el Pato Fillol, Diego Simeone y Juan Manuel Llop. Hace poco se lo mencionó como candidato al puesto de entrenador de arqueros en la Selección Nacional. Algo que, creemos, merece ampliamente. Sobre todo después de haber soportado un año a Hilario Navarro, Martínez Gullota y Bernardo Leyenda. Hay experiencias que marcan (?).









