
Jesús Roberto Campos Aquino
Tanto civilizaciones antiguas como modernas creen firmemente en la existencia de poltergeists. Según Wikipedia, estos poltergeists son fenómenos parapsicológicos atribuidos a espíritus u otras causas no científicas. Básicamente son sombras, sonidos, latidos, pasos y hasta sacudidas de cama, sin un punto discernible de origen y que se manifiestan entre los seres vivos. Muchas historias detallan objetos que son lanzados sobre los cuartos, muebles que son movidos, y hasta levitación de personas. Incluso se comenta sobre algunos poltergeists que hablan. La mayoría de las historias clásicas del poltergeist se originaron en Inglaterra, aunque la palabra en sí misma es alemana.
A todo esto que detalla Wikipedia le falta sin dudas un poquito de actualización. Porque estos fenómenos fantasmales tuvieron su cuarto de hora en la primera mitad de la década del ochenta asolando a los clubes de fútbol más grandes de la Argentina a excepción de Independiente. Al Diablo Rojo se le animarían recién varios años después.
Uno de los casos más espeluznantes es el que se conoció bajo el nombre de Campos Aquino. ¿Qué sabemos concretamente? Muy poco. Y tal vez mejor que así sea. Con estas cosas no se jode.
Defensor bautizado con el nombre del hijo de Dios y nacido en las entrañas de La Academia, que emergió al fútbol de élite en circunstancias bastante traumáticas. Su primera y única aparición fue a tres días de la Navidad de 1983 cuando un Racing ya descendido fue a la Doble Visera a poner la cabeza en la guillotina y ver en vivo una vuelta olímpica de Independiente. El tema es que esa jornada, más allá de hacer de las suyas junto a seres vivos (?) como la Pantera Rodríguez, Solari, Castello, Veloso, Caldeiro, Urán, el Gaby De Andrade, Matuszyckz, Lozano y Larrachado, nuestro homenajeado fue expulsado a los once del segundo tiempo a manos del árbitro Espósito. El estadio a esa altura era un verdadero infierno y hay quienes aseguran que desapareció camino al túnel visitante susurrando que iba a ser necesario mucho más que una tarjeta roja para ser echado definitivamente.
Hasta donde sabemos, esos 56 minutos fueron toda su trayectoria vinculada al fútbol. Para confirmar si llegó a manifestarse con alguna otra camiseta, habría que ver si el adsense permite gastarse unos mangos en tratar de contactarlo personalmente.







