Almagro celeste, blanco y rojo 1997

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Torneo del Nacional B, temporada 1997-1998: Quilmes juega con… con… ¿de quién será esa camiseta? Resulta ser (?) que el equipo que luce ese modelo es Almagro. Celeste metalizado (?), mangas blancas y vivos rojos componen el adefesio de Reusch. Por lo menos respetaron lo de «tricolor».

(Gracias elgonzatricolor)

Independiente 2 – Roma 1

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Si alguien se pregunta por qué Independiente de Avellaneda ganó sólo dos títulos locales en los últimos quince años, su estadio fue demolido para levantar uno nuevo que viene bastante frenado en su estreno y sufrió a Ducatenzeiler como presidente, Ruggeri como técnico y al colombiano Moreno como jugador (?), tal vez encontremos la respuesta para tanta malaria mirando un poco qué pasó en mayo de 1994: la Copa Doctor Carlos Saúl M*n*m. Ni más ni menos.

Y la Copa se jugó en la Argentina. Así fue como tras ganarle al Nápoli 3-2 en cancha de Vélez, el Rojo se enfrentó a la Roma en Mar del Plata. El partido terminó 2-1 a favor de los de Avellaneda pero el resultado no fue tan festejado como sí lo fue el regreso de Gustavo López a las canchas tras ocho meses de parate. En la foto vemos el momento previo a su segundo gol.

No faltará quien salga a espadear con que el Rojo ganó ese año torneo local y Supercopa. Y es verdad. Pero siendo un poco rigurosos, ¿cuántas Copas Carlos M*n*n tendría que haber jugado para que los campeones hubieran sido el Huracán de Cúper o el Boca de Menotti?

Gargantita Latorre

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El tipo, hay que reconocer, siempre fue un estratega. Y no importaba si jugaba de enganche o bien de punta. Daba lo mismo. Diego Latorre siempre tuvo esa capacidad de pensar bien qué hacer…y qué decir. Podía anticiparse un segundo a la jugada y definir de manera brillante, y también podía elaborar un concepto bien egoista para finalmente declarar «el equipo jugó mal, pero por suerte yo anduve bien«.

No es extraño, entonces, que a comienzos de la década del ’90 ya se hubiese estado cuidando la garganta para, 15 años después, poner su voz al servicio de las transmisiones televisivas. Un profesional con todas las letras. Y vistiéndose casi que también: U-N-H-I-J-O-D-E-M-I-L-P-U-T-A.

Rouillet Marcelo

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Marcelo Alejandro Rouillet

Tan baldosero como el taxi de Allegue o el sexto dedo del Nachi Medina, el apellido Rouillet está emparentado emocionalmente con ese grupo de pibes que apareció en la Primera de River Plate a comienzos de la década pasada de la mano de Daniel Passarella.

Lateral izquierdo y dueño de una frondosa melena de rulos, tuvo su debut y despedida en la octava fecha del Apertura ’90, cuando ingresó por el Pipa Higuaín en la victoria 4 a 0 sobre el San Lorenzo de Saporiti, con goles de Ramiro Castillo, el Polillita da Silva y el Mencho Medina Bello en dos oportunidades.

En algún momento, su nombre sonó en un paquete de futbolistas que iban a pasar a Gimnasia La Plata a cambio de Rolando Mannarino, pero la transferencia quedó en la nada. Después, como Matías Díaz de Borbón, Gabriel Del Valle Medina y Sebastián Ablín, desapareció de los primeros planos.

Volvió a asomar la cabeza en la temporada 1992/93, cuando jugó con el Deportivo Armenio en la Primera B. Un año más tarde, bajó a la Primera C para actuar en Tristán Suárez. Y allí formaría parte, en la temporada 1994/95, de una defensa que ayudaría al arquero Alejandro Otamendi a permanecer 1115 minutos con la valla invicta y romper de esa manera el récord que estaba en poder de Daniel Tremonti, de Barracas Central.

En la final del octogonal de la misma temporada, marcó un gol ante Berazategui que significó un importante empate como visitante que luego, con victoria en la cancha del Lechero, se transformaría en el ascenso a la Primera B. Como premio, en la 1996/97 dio sus últimas señales en esa categoría y, a juzgar por la foto y la información que manejamos, decidió ponerle coto a su carrera.

(Gracias Manute)