Adrián Gustavo Fernández (Carucha)
Sinónimo de baldosero acá, en Chile, y en la mayoría de los países que ha pisado. Su capacidad para mentir con la pelota en los pies y emocionar a la gente al mismo tiempo, le ha valido un sinfín de homenajes en foros, blogs y hasta fotologs que cuentan una por una sus más grandes anécdotas.
Surgió en Nueva Chicago, donde jugó desde 1998 a 2001 en la B Nacional y tuvo la fortuna de obtener el ascenso a Primera División, categoría en la que estuvo algunos años (2001 a 2003) haciendo de las suyas: disputó 8 partidos y no convirtió.
Delantero aunque también volante ofensivo (una manera de decir, en realidad no es muy agresivo), bajó de división para reinventarse…y vaya si lo lograría con el tiempo. En El Porvenir (2003/04) casi pasó desapercibido pero increíblemente se alinearon los planetas (y representantes, dirigentes, billetes…) y terminó en el Colo Colo (2004), uno de los equipos más importantes de Chile.
Si lo que había hecho en Argentina ya era delicioso para este sitio, definitivamente lo que hizo tras la Cordillera de Los Andes fue para ponerle una limousine manejada por Orestes Katorosz que lo dejara directamente en la alfombra roja que conduce al home de la baldosa.
Arribó a la institución junto a Darío Cajaravilla, Germán Real y Marcelo Verón, todos de la mano del entrenador argentino Ricardo Dabrowski. En su debut, el ex Chicago tuvo que enfrentar nada más y nada menos que a la Universidad de Chile. ¿Y cómo le fue? ¿Bien? No, todo lo contrario. Fernández erró dos goles imposibles de errar e inmediatamente sus jugadas comenzaron a ser conocidas como «caruchazos«.
Las críticas despiadadas no tardaron en llegar tras su primer partido y hasta su padre tuvo que salir a defenderlo. Él, por su parte, también dijo unas palabras y hasta se hizo el chileno por un rato: «Yo vine a aportar lo mío, a trabajar, a sacarme la chucha, como dicen ustedes, a meter el pecho y sé que tengo que mejorar muchas cosas todavía«.
En su segundo partido, ante el Audax Italiano, alimentaría su figura de ídolo desgraciado cuando tiró un centro muy malo que se convirtió en gol. O mejor dicho, golazo. La Garra Blanca lo ovacionó y el bueno de Carucha se largó a llorar como un niño, mostrándose totalmente vulnerable. ¿Algo más? Sí.
Ese mismo día, escupió a un jugador rival y lo expulsaron. No solo eso, sino que además le dieron 5 fechas de suspensión. De poco sirvió que le pidiera disculpas a su colega.
Para ese entonces y con sólo dos partidos con la camiseta del Colo Colo, Adrián Fernández no era un futbolista, mas bien era un chiste. Motivo de gastadas de propios y extraños, entró de cabeza en la mitología futbolera de Chile. Con muchos días para pensar y reflexionar, Carucha se alejó temporalmente de los terrenos de juego y aprovechó el tiempo para conocer Viña del Mar, todo eso bajo el seguimiento de los periodistas. Fernández, muy a su pesar, ya era una celebridad.
A su regreso, hizo todo para revertir la historia pero sus esfuerzos fueron en vano. Los colocolinos ya no esperaban buenas actuaciones de él, querían más capítulos de su antihéroe preferido.
Apenas un segundo antes de transformarse en un dibujo animado, le dieron vía libre y se fue al fútbol boliviano, más acorde a su nivel. «Tenía posibilidades de ir a otros clubes, en el mismo Chile y Colombia, pero mi representante me comentó la idea de venir aquí. Además, jugar la Copa Libertadores será importante… no prometo muchas cosas, puedo decir que vengo a trabajar«, dijo antes de ponerse la casaca de The Strongest (2005), donde tuvo momentos libres para elaborar un plan maestro: juntar petrodólares.
Así fue como un nuevo movimiento de su apoderado lo colocó en la liga de Arabia Saudita. ¿El club? Lo de menos, pero era el Al-Shabab Riyadh. Allí estuvo un semestre de 2006 y juntó unos billetitos para mitigar tantos palos en la rueda.
En la temporada 2006/07 caería en el Schaffhouse (?) de Suiza, donde sólo anotaría 3 goles en 26 encuentros, y después defendería la divisa del Saint Gallen (2007/08), equipo que le permitió mejorar su promedio, ya que anotó 3 en 25 partidos. Un capo.
De volver a la Argentina ni noticias. Y a Chile ni hablar. Desde el año pasado juega en Bulgaria: primero en el Cherno More Varna (2008) y ahora en el Chernomorets Burgas (2009). Y desde ahí trata de enganchar buena señal de wi-fi para editar su errónea ficha en wikipedia.







