
Hong Kong, China, 1982. Seiko.
(Gracias Archivo 10)

César Fabián Zabala
Delantero sunchalense nacido en 1970, que insinuó con Racing de Córdoba en la máxima categoría, allá por fines de los 80’s. Con aquel conjunto de Nueva Italia, que contaba con nombres como Jorge Cruz Cruz, Luis Amuchástegui, Marcelino Galoppo y Lucio Del Mul, el pibe santafesino marcó 2 goles en 19 partidos y descendió en aquel histórico partido ante Chaco For Ever, en la Bombonera, con goleada 5 a 0 del club de Resistencia.
El siguiente paso de su trayectoria lo dio en la B Metropolitana, donde defendió los colores de All Boys (1990/91) junto a Leonardo «satétile de goles» Ricatti, Leonel Liberman y el hermano de Silvia, Marcelo Hugo Süller, entre otros.
Cuando parecía que su historia en Primera División ya no no tenía más capítulos por entregar, lo rescató Independiente de Avellaneda, que por aquel entonces venía de bajón por el retiro de Bochini. En el Rojo sólo agregó 5 partidos (todos ingresando en la segunda etapa) en los que no pudo convertir y sólo cosechó 2 empates y 3 derrotas. Pobre.
Cualquier otro dato sobre su paradero será agradecido. Como se habrán dado cuenta, la información no sobra y tampoco es que nos quite el sueño saber qué fue de la vida de Zabala.


(Gracias Merolla)

¿Cuál es el rol de un dirigente dentro del vestuario?
(Gracias Brianeloy)

Durante los años 80’s y hasta bien entrados los 90’s, la mayoría de los equipos argentinos obviaron algo fundamental en su indumentaria: el escudo. Gimnasia y Esgrima de Jujuy no fue la excepción, y recién comenzó a mostrar su insignia en el Nacional B de la temporada 1993/94.
Lo curioso es que los responsables de la firma Ulhsport, lejos del ceñirse a la historia del lobo jujeño, pasaron por alto los colores del escudo original (blanco con una franja celeste) y estamparon uno blanco y negro. ¿Innovadores? No. ¿Vagos y ladris? Sí.
Aunque suene muy extraño, los diseñadores calcaron el escudo que por esos días había salido en la revista Solo Fútbol y se lo agregaron a la camiseta. De no creer.
(Gracias Foro de Gimnasia)

Juan Carlos Minotto (el Gringo)
A lo largo de la historia de este blog descubrimos muchos casos de futbolistas resistidos que fueron víctimas de innumerable cantidad de repudios en distintos formatos: puteadas, cánticos, banderas y hasta blogs. Sin embargo, nunca imaginamos que podríamos llegar a cruzarnos con la historia de un jugador al que le dedicaron una manera más directa de demostrar rechazo: lo mandaron a matar. Heavy.
Minotto fue un puntero izquierdo que trazó una digna trayectoria en el fútbol mendocino. Jugó a mediados de los 80’s en Gutiérrez Sport Club, luego fue ídolo en Independiente Rivadavia y también vistió la camiseta de Godoy Cruz.
Se hizo medianamente conocido cuando apareció en la Primera de Vélez Sársfield bajo la tutela de Roberto Rogel. Debutó en 1990, ingresando por Sergio Zárate en un match ante el Pincha, y se despidió al año siguiente, en un empate 2 a 2 frente a Unión de Santa Fe. En total, disputó 13 partidos y marcó 1 gol (ante Mandiyú, en el Amalfitani).
Luego bajó al Nacional B para integrar el plantel de San Martín de Tucumán. Y la apuesta le salió bien, porque el Santo ascendió a la máxima categoría al finalizar la temporada 1991/92.
De nuevo en Mendoza, obtuvo el campeonato local en la Lepra junto a Alberto Naves, pero lejos de encontrar tranquilidad, unos años más tarde fue protagonista de un hecho que, con sólo leerlo, da miedo:
Tragedia con antecedentes
La primera víctima de un hecho de violencia en el fútbol mendocino fue en 1997, en un partido entre Andes Talleres y Gutiérrez. El partido terminó empatado y nada serio ocurrió durante su desarrollo, salvo que un grupo de hinchas de Talleres hostigó al equipo, especialmente al volante derecho José Rodríguez. Contra este jugador llegó todo el peso de la presión y continuó al terminar el partido.
Al retirarse los jugadores de la cancha, hubo un enfrentamiento de los hinchas con los jugadores y el tío del futbolista Cristian Cotella increpó a los violentos. Como consecuencia de ello llegaron dos barrabravas y uno sacó un revólver y lo asesinó.
Por la investigación policial posterior, se supo que el criminal cometió el delito por encargo. En la cantina de Talleres se encontró con un hincha de Independiente y éste le pidió que asesinara a Cotella. A cambio le prometió que él haría lo mismo con el jugador Juan Carlos Minotto, de Independiente Rivadavia. El asesino quedó preso y actualmente espera la condena.
Sí, aunque cuestre creerlo y desconozcamos las verdaderas causas, Minotto estuvo alguna vez en los planes de un asesinato. Pero zafó. Y hace unos años lo encontramos dirigiendo a Gutiérrez. Esperamos seguir recibiendo noticias. Y buenas, en lo posible (?).

En mayo de 1990, la selección argentina llegó a Italia e instaló su campamento en un monasterio en Trigoria, en las afueras de Roma. Allí ajustó piezas de cara al mundial que se venía encima.
En la última semana de trabajo y antes de jugar con Israel y el Valencia, la UEFA no quiso perderse la oportunidad y organizó rápidamente un amistoso contra el equipo más cercano geográficamente. Y el favorecido fue el Civitavecchia, participante de la categoría interregional (una especie de quinta división italiana).
Con entradas a 25 dólares, 2000 espectadores fueron testigos de varios hechos trascendentes por aquellos agitados días: Argentina ganó 2-0, Ruggeri se torció un tobillo en uno de los tantos pozos que había en el campo de juego, Balbo jugó de enganche y Diego y Dezotti fueron los delanteros de punta.