Campagna Darío

Darío José Campagna

No está de más recalcar que los homenajes en este sitio se hacen con respeto. Partiendo de esa base pudimos dedicarle un espacio al Pampa Bihurriet, Rubén Bernuncio y tantos otros que perdieron la vida de forma temprana. El humor, en estos casos, queda para otro momento, independientemente de su necesidad. Sin caer en golpes bajos y conscientes de que estas historias pueden despertar voces en contra, recordamos a Darío Campagna porque creemos que vale la pena.

Nacido en Rosario el 2 de febrero de 1962, hizo inferiores en Central y debutó en Primera el 22 de diciembre de 1982, contra Quilmes, ingresando por su viejo compinche, Claudio Scalise. Una semana después, tuvo su tarde consagratoria cuando jugó por primera vez desde el arranque y marcó dos tantos ante Unión de Santa Fe.

En un par de años logró calzarse la pilcha canalla en 60 oportunidades (11 goles), pero no logró enamorar a la hinchada, que quizás defraudada por las malas campañas que derivaron en el descenso de 1984, terminó canalizando parte de su furia en la humanidad de este volante con llegada al gol.

Campagna, que paradójicamente era apodado “el muerto“, se fue a Colombia, donde triunfó con la divisa del Deportes Quindío, formando un mítico equipo con sus compatriotas Carlos Prono, Maximiliano Cincunegui y Luis Erramuspe. En 1989 probó durante un tiempo la camiseta azul de Millonarios pero después de no tener muchos minutos en cancha prefirió volver a Quindío para despedirse del fútbol cafetero.

Tratando de devolverle a su país lo mucho que había hecho en el exterior, retornó a la Argentina y se sumó al plantel de Talleres de Córdoba en la temporada 1990/91. Disputó 28 encuentros y marcó en 3 ocasiones. Su mejor partido, tal vez, lo tuvo ante el Racing de Goycochea, Néstor Fabbri, Cosme Zaccanti y Hugo Lamadrid. Ese 28 de octubre de 1990 hizo dos goles en el Cilindro y los cordobeses ganaron 3 a 1.

Tras un paso por Aldosivi de Mar del Plata, sufrió un terrible rodillazo que le perforó un pulmón y que lo tuvo en terapia intensiva. Ese fue el factor desencadenante del retiro de Campagna con casi 37 años. Hizo el curso de entrenador junto a Scalise y tenía la posibilidad de sumarse al cuerpo técnico de Edgardo Bauza en Central cuando le salió la chance de viajar a Colombia. La idea era aprovechar el buen recuerdo que había dejado como persona y acercarle dos jugadores al Deportes Quindío. Hacia allí fue junto a Diego Montenegro y Rubén Bihurriet, en el fatídico verano de 1999.

Tras dos semanas de evaluaciones y entrenamientos en plena pretemporada, el 25 de enero los tres se encontraban en el hotel Armenia Plaza, dispuestos a firmar contrato, cuando un brutal terremoto convirtió la ciudad en ruinas. Los argentinos recien llegados perdieron la vida y Néstor Lo Tártaro, que ya integraba el plantel del Quindío, fue sobreviviente y testigo de la tragedia. No hubo mucho por hacer. El dolor se había apropiado de todo.

La máxima de García

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No va a pasar nunca. Es muy difícil. A lo mejor ocurre en algún momento, pero sería un milagro. Se tendrían que dar muchas cosas al mismo tiempo. Sería una casualidad. Nunca va a suceder, pero si algún día una persona te para por la calle y te pide que le resumas la década del ’90 con una imagen, sacá esta foto de tu bolsillo y salí corriendo. Say no more.

(Gracias Negropani)

Lembo a River 2002

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Su pase a River era casi un hecho. El defensor Alejandro Lembo iba a dejar de vestir la camiseta de Nacional de Montevideo para sumarse a préstamo a un grande de la Argentina. La operación, que estaba bastante encaminada, se cayó cuando Paco Casal (dueño de su pase) quiso incluir a Sebastián Abreu y Fabián O’Neil en el paquete, quizás para cobrarse una deuda por la venta de Matías Lequi y la frustrante contratación de Fonseca. Los dirigentes millonarios no aceptaron esos manejos y Lembo, que estaba de vacaciones en una playa uruguaya, se enteró por Olé que no iba a jugar en River.

Camaño Martín

Martín Camaño (Tortón)

¿Qué puede hacer un gallego recién llegado a Bahía Blanca? Pedir prestado un Tarjebus, tomarse la 14 o la 17 y bajarse en el centro. Bueno, no sabemos si exactamente fue lo que sucedió con Martín Camaño, pero tampoco debemos estar tan lejos de la realidad. Seguramente se aburrió de caminar por O’ Higgins, Donado, Chiclana y Sarmiento, hasta dar con la sede de Olimpo. Y ahí empezó la historia.

Venía de jugar poco en el Elche (2002/03) y no traía demasiados antecedentes, salvo la recomendación de Oscar Mena, que ofició de compañero y anfitrión durante su estadía. En enero de 2004 el español hizo la pretemporada con el conjunto aurinegro en Puerto Madryn, junto a Jorge Vivaldo, Mauro Laspada, Gustavo Bordicio, el Loco Duré, Javier Mazzoni, Mauricio Hanuch y el pibe al que todos saludaban en francés, Martín Bonjour.

Con sólo 18 años, Camaño trató de adaptarse al fútbol sudamericano pero no le fue sencillo. En julio de ese año regresó a su país y fichó para el Albacete (2004 a 2006), donde no le dieron demasiada cabida y terminó actuando para el Albacete B. Incluso en un foro del club un hincha recordó que el pibe sólo jugaba para pagarle favores al padre. Preferimos no seguir investigando.

Con un mal pase a Dunfermline de Escocia y muchas otras frustraciones en su mochila, pasó al FC Cartagena (2006/07), donde creímos que se retiraría de la actividad. Pero no.

En julio de este año reapareció en la Argentina y aprovechando que alguien inventó que era marcador central del Real Madrid B, se sumó a los entrenamientos de Huracán de Parque Patricios, bajo la dirección técnica de Claudio Úbeda.
A juzgar por cómo juega la defensa del Globo, estuvieron muy mal en no aprobar su contratación.

San Lorenzo marca “San Lorenzo” 1999-2000

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Al finalizar el contrato con New Balance y no encontrar ninguna propuesta interesante, los dirigentes del Cuervo decidieron fabricar su propia ropa. El primer modelo marca “San Lorenzo” (1), estrenado en la copa de verano 1999, conservaba detalles en las mangas que recordaban al diseño anterior. La diferencia radicaba en el cuello blanco y un listón del mismo color que nacía a la altura de las axilas.

Ya para marzo de ese año salió a luz la camiseta alternativa, totalmente blanca y con unos bordes azulgranas sobre los hombros (2). La camiseta titular, para ese entonces, había mutado de una forma particular: escudo a la derecha, listón central rojo, delgadas líneas blancas entre los bastones y cuello tricolor en forma de una V cortada, sin solapa (3). Todo eso acompañado por una fea combinación de triángulos azulgranas en las mangas.

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El cuarto modelo de fabricación tercerizada (la ropa la hacía Mebal) fue utilizado en un match ante Argentinos Juniors y era definitivamente horroroso (4). El arribo de la extranjera Luanvi en abril de 1999 suponía la desaparición de la firma “made in casa”. Pero la frustrante incursión de la empresa española en la Argentina provocó el regreso de la pilcha “San Lorenzo” en septiembre de ese mismo año. Con un cuello renovado (azul y con solapa), escudo en el medio y una extraña insignia del CASLA encerrada en un triángulo blanco (5), el conjunto de Boedo sorprendió otra vez. Pero sería recién el comienzo. A los pocos días presentó el mismo modelo pero con el logo aggiornado: el nombre del club sobre dos tiras con los colores tradicionales (6).

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El Ciclón mantendría, por unos cuantos partidos, los vivos en hombros y mangas para la casaca alternativa (7). Luego adoptó el cuello de la camiseta suplente para la titular (8), generando un cambio prácticamente imperceptible para cualquier hincha. Hubo que esperar hasta febrero de 2000 para conocer el novedoso diseño blanco con rayitas azules y rojas (9) que San Lorenzo usó frente a Newell’s.

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El último invento de la marca propia fue una camiseta con el cuello en V y el viejo escudo en el medio del pecho (10), que salió al campo de juego en un puñado de partidos. Después la institución firmaría un convenio con Signia y obtendría el título al año siguiente.

Boca 0 – Espanyol 0 (1981)

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El resultado ayudó a que el partido sea poco recordado. El Espanyol de Barcelona visitó la Argentina en mayo de 1981 y enfrentó amistosamente a Boca en la Bombonera. El equipo de Marzolini venía de caer ante Talleres de Córdoba por el torneo local y buscaba levantar el ánimo. No pudo contra los españoles (empataron 0 a 0) y tampoco 4 días más tarde ante Instituto de Córdoba (otra igualdad sin goles), aunque luego se sacaría la mufa y se adjudicaría el torneo Metropolitano.