San Martín de San Juan Mitre 2008

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A simple vista no hay nada extraño pues son fotos de San Martín de San Juan con sus tradicionales colores. Lo extravagante es que durante todo el torneo Clausura ’08 el equipo dirigido por Quiroz alternó su nuevo modelo Mitre (el que estrenó a principios de año) con el anterior, que arrastraba desde el Nacional B.
En algunas fechas salió a la cancha con la casaca de bastones difusos y parche negro para publicidad, y en otras jornadas recurrió al obsoleto diseño del babero y parche blanco.
Para agregarle más desprolijidad al tema, llegó a usar ambas camisetas en un mismo partido, como ocurrió ante San Lorenzo y Vélez Sársfield.

N'Kono a Atlanta 1985

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Cualquier futbolero que se precie de tal debe saber que Thomas N’Kono fue el arquero de Camerún en los mundiales de España 1982 y 1990. También fue el 3° portero de su selección en USA ’94 y se retiró recién en 1997, jugando para el Bolívar de Bolivia.

Lo que pocos recuerdan es que el africano de pantalones largos estuvo cerca de jugar para un club argentino. Eso ocurrió en marzo de 1985, cuando Atlanta lo inscribió telegráficamente. N’Kono, que pertenecía al Espanyol de Barcelona, debía terminar su participación en la liga española (restaban 5 jornadas) para finalmente pasar a préstamo al Bohemio a cambio de 25 mil dólares. Durante el año de contrato, el camerunés iba a recibir 100 mil dólares que iban a ser abonados por el Banco Provencoop y Caloi Producciones, la empresa del dibujante Carlos Loiseau, que se iba a hacer cargo de la explotación comercial del arquero.

No nos drogamos con nada. Esa información salió en le revista El Gráfico y seguramente haya tenido algún asidero, pues Caloi por aquel momento disfrutaba de la popularidad de su personaje, el Hincha de Camerún. Lo cierto es que la plata no apareció y N’Kono siguió en el Espanyol por varias temporadas más.

Game Esteban

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Esteban Raúl Ramón Game

Si tenemos en cuenta su antigüedad podríamos considerarlo un caso para el amigo Console, aunque si miramos bien su apellido no caben dudas de que estamos en presencia de un típico jugador de consola.

Apareció en Rosario Central en 1986, año en el que disputó su único match oficial en la máxima categoría. En la temporada 1986/87, además, salió campeón junto al Pichi Escudero, Omar Palma, Edgardo Bauza y otros próceres. Seguramente habrá utilizado el premio del título para ayudar a su family, o al menos a su mame.

Con esa breve pero linda experiencia tuvo el crédito abierto para hacer gran turismo pero eligió quedarse en su civilization para defender el imperio de Argentino de Rosario. En el Salaíto estuvo desde 1987 y formó una mafia con Arrabal, Piva, Soria, Reyna y otros tantos superhéroes que se fueron forzadamente a la C y luego consiguieron el ascenso a la Primera B.

De haber prolongado su carrera en Primera División tal vez hubiese jugado en River Play, junto al Robocop Medina Bello, el Monkey Claut y los Pac-man del mediocampo, Zapata y Astrada. Pero no, ni siquiera actuó en el Unión de Super Mario Trullet.

Hasta aquí la vida de una persona honesta, sin vueltas ni trucos. Un tipo que nunca fue botón y que jamás necesitó que le hagan palanca para cumplir sus metas. Hizo lo que pudo y fue consciente de sus limitaciones. Cuando se puso grande le fueron cayendo las fichas y al llegar al final de la cascada el fútbol le dijo game over.

Acosta Horacio

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Horacio Antonio Acosta (Beto)

Integrante de la joven guardia, denominación utilizada por la revista El Gráfico para identificar al grupo de pibes que hacían, en el verano de 1991, sus primeras armas plantel de Boca Juniors.
A la par de Daniel Tilger, el flogger Ariel Are, Jorge Lépez y el Loco Duré, nuestro homenajeado asomaba al mundo xeneize con la intención de permanecer.

Nacido el 30 de julio de 1971 en Avellaneda, se formó en Berazategui y en 1990 pegó el salto grande cuando pasó al club de la Ribera. En su primitiva posición, la de volante central, se vio tapado por Giunta y hasta por el Negro José Luis Villarreal, que por ese entonces prefería laburar de doble del Pastor Giménez antes que jugar de ocho o de diez.

El estreno en la máxima categoría lo encontró, vaya coincidencia, frente a un equipo de su ciudad natal. El 16 de mayo de 1993 ingresó por el Betito Carranza ante Independiente, para intentar congelar el clásico que ganaba el equipo de Osvaldo Potente por 1 a 0. El plan no resultó porque algunos minutos más tarde Hermes Desio puso el definitivo empate en un tanto.

La carrera de Acosta, apodado Beto en clara evidencia de una escasa originalidad, comenzó a descender niveles más rápido de lo deseado. Entre 1994 y 1996 defendió los colores de All Boys y una temporada más tarde tuvo que lucharla en Salta con la camiseta de Juventud Antoniana (1996/97). Ya afianzado en su puesto de marcador central, ganó en continuidad cuando firmó para San Miguel. En el Trueno Verde actuó desde mediados de 1997 hasta 2001.

Con 30 años y todavía algo por entregar, le hizo caso a Cachín Blanco y sufrió bastante en Independiente Rivadavia de Mendoza, que lejos de convocar a figuras como Ariel Ortega o el Lobo Cordone, se tuvo que conformar con los que tenía y terminó penando. El ex Boca arrancó como suplente de Diego Alarcón y finalmente se apoderó del puesto, pero colectivamente el equipo no encontró nunca su rumbo y acabó descendiendo al Torneo Argentino A.

Tras un parate, renovó su vínculo a pesar del mal trago y ya en la tercera división vivió la grata experiencia de ser dirigido por Claudio García. Se ve que mucho no le entendió al Turco y ante tanta confusión partió espantado al fútbol paraguayo. Algo le faltaba a su trayectoria y eso era un paso por el fútbol internacional. No sabemos si le fue bien o mal en Sportivo Luqueño (2003), pero al menos interpretamos que cumplió con un precepto del baldosero tipo: robar en el exterior.

Furlanetto Nicolás

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Nicolás Raúl Furlanetto

Dentro del catálogo de frases hechas se acostumbra a decir, entre otras tantas mentiras, que lo bueno dura poco. Claro que como decía Tu Sam (todo un visionario), puede fallar, y eso en el fútbol pasa muy a menudo.

Nicolás Furlanetto nació el 24 de enero de 1985 en Santa Fe y varios años después entendió que lo suyo sería el fútbol. Así, previo paso por la Escuela Ernesto Duchini, este delantero armó el bolsito, se despidió de sus afectos y se tomó el micro a Capital Federal, para sumarse a las divisiones inferiores de Boca Juniors. Después de ver poca acción en la novena xeneize, agarró sus cosas y se fue a la ciudad de las diagonales.

Gimnasia y Esgrima La Plata lo cobijó entre sus filas y en el verano de 2003, Carlos Ramacciotti le cumplió el sueño de participar de una pretemporada con el plantel profesional, junto a otros pibes que pintaban bien como Marcos Cuculicchio, el Mariscal Juan Di Bartolo, Juan Gabriel Figueroa, Derlis Florentín, José Manuel Hollender, Maximiliano Kondratiuk y Agustín Rando, entre otros.

En el torneo Clausura de aquel año debutó oficialmente entre los grandes. Fue el 21 de febrero en la segunda fecha, ante Independiente, en la goleada a favor del Tripero por 3 a 0. Unos pocos minutos (13) diseminados en 3 partidos (a la semana de su debut dijo presente en el 0-4 ante Central, y en la última jornada se despidió en un 0-0 ante Arsenal) durante una irregular campaña del Lobo fueron el premio al esfuerzo y la perseverancia, pero no le permitieron demostrar nada de su presunto potencial (si es que tenía).

Durante las siguientes tres temporadas tuvo que conformarse con actuar cada muerte de obispo en Reserva (su tarde de gloria fue cuando le marcó 2 tantos a Racing) y Cuarta, hasta que a mediados de 2006 quedó libre. A comienzos de 2007 se incorporó a Cruz del Sur de Bariloche, para disputar el Torneo Argentino B. Pero la suerte no acompañó, jugó poco, mal y rápidamente le rescindieron el contrato.

Se desconoce a qué se dedica por estos días.

Avedikian Manuel

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Manuel Alejandro Avedikian

La elaboración de un post en este sitio tiene ciertas variables que no necesariamente son palpables para el lector. No hay un post igual a otro. Algunos requieren meses de investigación, otros salen fácilmente en un par de horas. Están aquellos que generan nostalgia, alegría o bronca, y están también los que pasan desapercibidos, en sintonía con la carrera del homenajeado. Al margen de esas diferencias, todos cuestan. La mayoría consume horas de laburo/ocio y algunos, aunque parezca mentira, cuestan guita.

Manuel Avedikián fue un delantero que tuvo San Lorenzo de Almagro en la temporada 1995/96. Su máximo logro en el fútbol profesional, más allá de sus 2 partidos oficiales, fue haber integrado el plantel cuervo que se quedó con el título del Clausura ’95. Un poco más abajo en la escala de valores, figura el haber aparecido en la foto grupal junto a Oscar Ruggeri.

También supimos, mediante el archivo digital de Clarín, que en noviembre de 1996 no era tenido en cuenta por el técnico Carlos Aimar, pero figuraba una lista de posibles convocados para la selección de Armenia. La información, difundida por la revista inglesa World Soccer, daba cuenta de que el jugador de origen armenio tenía la posibilidad de nacionalizarse y actuar para su segunda patria, junto a hombres en su misma situación como Marcelo Kirimitdjian, Michael Derzakarian, Alain Boghossian y un ignoto de apellido Avetissian que aparentemente también jugaba en el Ciclón.

El club de Boedo no quiso pagar un mango por un atacante que no necesitaba y entonces lo dejó libre a fines de ese año. En la temporada 1997/98 apareció un tipo con su mismo nombre en el Dukla Praha de República Checa y es ese el último dato más o menos convincente que ubicamos sobre su trayectoria.

Desde la creación de este blog, allá por el 2004, encontrar su foto había sido casi una quimera. Golpeamos puertas, mandamos mails, hojeamos diarios, publicamos avisos. El resultado siempre era el mismo…negativo.

Ayer a la tarde, en una casa de venta/canje de revistas de Liniers, un miembro del staff pispeó, casi sin esperanzas de toparse con algo interesante, el anuario de El Gráfico versión 1995. Y allí, en las páginas dedicadas al San Lorenzo campeón, aparecía la imagen que ilustra este artículo. El valor del ejemplar, excesivo por cierto, estaba fijado en 5 pesos. No hubo tiempo ni ganas de dudarlo. ¿Cuantas veces en la vida uno puede volver a estar cara a cara con una fotografía de Avedikian?

No fue la primera vez que lo hicimos y tampoco será la última, por otros hemos abonado mucho más. Pero sigue siendo sorprendente que San Lorenzo no haya pagado nada por retenerlo y nosotros 12 años después garpamos 5 mangos para tener la imagen y armar en dos horas un post que esperamos 4 años. Eso es En Una Baldosa.