
Maximiliano Fabián Ortiguera (El Facha)
Quizás alguna vez lo confundieron con Ortigoza, porque también jugó en Nueva Chicago y tiene un apellido parecido. Pero no, nuestro homenajeado es distinto al volante de Argentinos Juniors. Por empezar, no tiene joroba y jamás coqueteó con dos selecciones al mismo tiempo.
Además se diferencian por cuestiones puramente futbolísticas. Ortiguera es lateral izquierdo y, comprobaremos en este post, tuvo menos fortuna que Ortigoza.
Subió al plantel profesional del Torito en 2001 y debutó en Primera División en la jornada inicial del Clausura 2002, cuando el equipo dirigido por la dupla Brown-Enrique trataba de mantener el equilibrio en la elite del fútbol argentino. En su estreno, Maxi ingresó por Ezequiel Amaya para aguantar (?) los últimos minutos de la derrota 4 a 2 ante San Lorenzo de Almagro.
Una semana más tarde fue titular en la victoria 1 a 0 frente a Colón de Santa Fe y tres días después volvió a integrar el once inicial que perdió con Gimnasia y Esgrima La Plata.
Con el regreso de Barbona a la titularidad, se le redujeron las chances y comenzó a mirar con buenos ojos la posibilidad de emigrar a Europa. De hecho estuvo a punto de pasar al Racing de Ferrol (luego se dijo que lo buscaba el Athletic de Bilbao) pero la operación se cayó por tema de papeles y tuvo que quedarse a pelearla. En el Apertura de ese año volvió a jugar 2 partidos, que serían los últimos de su corta vida en la A.
A fines de 2002, Pipo Gorosito hizo depuración y anotó a 5 jugadores en una lista de prescindibles: Ariel Jesús, Nahuel Fioretto, Damián Castellanos, César Carranza y, por supuesto, Maxi Ortiguera. Un verdadera injusticia para un pibe del club que unos días antes había sido invitado por Olé a ver la final del Abierto Argentino de Polo de la que participaba La Dolfina, el equipo de Adolfito Cambiaso, también simpatizante de Chicago. El tema es que ese día Ortiguera fue al Campo de Palermo acompañado por Facundo Argüello y…D*n*el T*lg*r. Ahí comenzó su declive.
Esperó un par de semanas para ser transferido pero nadie preguntó por él. Resignado, siguió entrenando en el club pero con tanta mala leche que en marzo de 2003 sufrió una luxación de hombro. Su situación no cambió con el correr de los meses, pero al menos se dio el lujo de decir que iba a votar a López Murphy en las elecciones de ese año. Ah, aparentemente el Bulldog no fue elegido Presidente.
La malaria ya era evidente cuando se decidió a dejar Chicago y se fue a Junín para vestir los colores de Sarmiento (2004/05), con el que llegó a enfrentar a su ex club en el Nacional B.
Pero no volveríamos a tener noticias de su poca dicha hasta la temporada 2007/08, cuando firmó para Ben Hur de Rafaela…¡y no lo pusieron en todo el campeonato!
Ortiguera, el que no llegó a debutar
No debe haber muchos casos de un jugador que llega como refuerzo a comienzos de una temporada, pasan dos cuerpos técnicos y con ninguno tiene la chance de jugar, aunque sea un minuto, en un partido oficial.
Pero se dio en Ben Hur con Maximiliano Ortiguera, que fue al banco de suplentes en casi una decena de oportunidades, pero no llegó a debutar a pesar de que Ricardo Zielinski le dio cabida a casi todos los jugadores en su proceso y justamente en el sector izquierdo de la defensa hubo muchos inconvenientes en el campeonato. De más está decir que este ejemplo es uno de los errores que se citan en cuanto a la conformación del plantel, y que potenciado con cuatro o cinco jugadores más que se incorporaron y no rindieron en la medida esperada, terminaron contribuyendo a la pérdida de la categoría.
A mediados de 2008 se incorporó al plantel de Almagro. ¿Y qué esperaban? ¿Que meta 20 partidos seguidos? No. Lo suyo es otra cosa. Fue titular (luego reemplazado) en el debut del Tricolor ante la CAI de Comodoro Rivadavia y después, como siempre, comió banco a morir y sólo alcanzó a disputar 25 minutos en un match ante Platense. En los primeros días de 2009 fue dejado libre. Y ahora, con mucho tiempo para reflexionar, se debe estar preguntando si 16 partidos en 8 años de carrera profesional no representan una recompensa escasa para tanto esfuerzo y dedicación.










