Batalla Juan Darío

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Juan Darío Batalla
Pintaba para crack. Pero su rebeldía, directamente proporcional a su talento, dentro, y sobre todo fuera del campo de juego le terminaron jugando en contra, llevándolo a convertirse en un nómade del fútbol que nunca se pudo afianzar en ningún equipo. Claro que todo esto pudo haber sido como consecuencia de su cruda infancia, repleta de tentaciones, malas compañías y el suicidio de sus dos hermanos. Con esa cruz cargaba Juan Darío Batalla, y él trataba de olvidarse a su manera, tirando caños en las prácticas, que le costaron golpes físicos por parte de sus humillados compañeros y duras reprimendas por parte de los entrenadores.

Debutó en la Primera de Vélez Sarsfield el 3 de noviembre de 1996, de la mano de Osvaldo Piazza, en un empate 4 a 4 ante Platense en Vicente López. En ese mismo torneo actuó en otra ocasión pero logró cierta continuidad en el Apertura de 1997, ya con Marcelo Bielsa en el banco. En ese torneo disputó 7 encuentros. “Marcelo me decía que yo era de Selección, que sólo debía esmerarme”, recordó años más tarde. En el Clausura de 1998, el Fortín fue campeón con el Loco como DT, pero Batalla tuvo escasa participación, apenas jugó un partido.
La salida del actual entrenador de la selección chilena, y la posterior llegada de Eduardo Solari, marcaron el comienzo de la debacle futbolística y personal de Juan Darío Batalla. Con un sólo cotejo en el Apertura de 1998 decidió mostrarse en las prácticas, y qué mejor manera que tirándole un caño a Christian Bassedas. Sin embargo, el ex Newcastle no reaccionó de la mejor manera e inmediatamente comenzaron a intercambiar golpes de puño. Acto seguido, Solari echó de la práctica al pibe y días después lo mandó a entrenar con la Reserva, marginándolo del plantel principal.

Sin lugar en Liniers, a comienzos de 1999 lo mandaron a préstamo al Universitario de Lima. En tierras peruanas, lo encontraron muy fuera de forma, y luego de un entredicho con la dirigencia lo devolvieron con moño a la Argentina.
“En Vélez a la vuelta me dejaron libre porque en Perú no cumplí y la dirigencia no aguantó más mis problemas. Estaba jodido, me puse mal. Pensé en largar. Salía todas las noches, engordé muchísimo. Pasé cuatro meses sin jugar, de terror. Me replanteé la vida y me di cuenta de que no sirvo para otra cosa. Este es mi laburo y no puedo perderlo. Charlé con mi representante (José Amoroso) y empecé de nuevo.”, confesó al Diario Olé en abril de 2000.
En aquella entrevista siguió recordando duras épocas: “Una de esas noches de locura, me emborraché en un boliche y cuando volvía choqué mi auto en la subida del puente de Boulogne. Fui a parar a un hospital y, apenas me desperté, me escapé. Me ayudó ser Juan Batalla, de lo contrario hubiera ido en cana. Después me dije: ¿nene, qué hacés?. Tuve un Dios aparte, pude haberme muerto. Debía elegir: volver a jugar o seguir así. Y acá estoy. Creo que jugando al fútbol y con buena conducta puedo enterrar mi pasado. Mi pasado me condena. Cuando se habla de mí siempre hay un pero. Que la joda, los conflictos, la infancia. Aprendí que en este ambiente la imagen es muy importante. Quiero cambiar. Igual, jodí tanto que ya no me quedan ganas ni de ir al cine.”.

Después de dilapidar chances en el fútbol grande se convirtió en un subibaja de las categorías de ascenso. Arrancó en la Primera B Metropolitana defendiendo los colores de Sarmiento de Junín (1999/2000), más tarde subió a la B Nacional para jugar en Atlético de Rafaela (2000/2001), en lo que habría haber sido el inicio de una remontada, pero lo bajaron de un hondazo. En la Primera C no pudo afirmarse en Excursionistas (2001/2002) y armó las valijas. Cruzó la Cordillera y se unió el modesto Deportes Arica chileno, donde duró poco y nada. Volvió para sumarse a Deportivo Merlo (2003), pero tampoco logró hacer pie. Seis meses en Talleres de Escalada (2004), le bastaron para volver a probar suerte en un club de Capital. En Defensores de Belgrano (2004/2005) fue partícipe de una auténtica deformación que terminó descendiendo. A mediados de 2005 recaló en Huracán de Tres Arroyos que venía de descender y buscaba retornar rápido a la Primera División. Batalla jamás pudo demostrar sus condiciones y al año quedó libre. En julio de 2006 estuvo a prueba en Villa Mitre de Bahía Blanca, sin embargo no conformó a nadie, y así como llegó, se fue.

A fines de 2006, Horacio Montes se lo llevó a Indonesia junto a Gastón Castaño para jugar en el PSS Sleman, pero luego de unos pocos meses pegó la vuelta. En el invierno de 2007 estuvo cerca de firmar para 9 de Julio de Rafaela, incluso llegó a participar de un entrenamiento, pero se borró. Apareció, días más tarde, en el Compostela de España. Tres meses le duró la experencia europea, hasta que los dirigentes le rescindieron el contrato.
Después de un tiempo largo de incógnita y búsqueda, su nombre se escribió nuevamente en abril de este año, cuando formó parte del plantel del Instituto Buenos Aires de Futbol (IBAF), un conjunto de futbolistas libres que disputó, con suerte dispar, un torneo en la India.

Fuera de stock: el partido de los lunes

Estaba Fútbol de Primera, sí. También estaba el asado, la revista Viva de Clarín y la depresión por tener que levantarse temprano al otro día. Los domingos, a mediados de los 90’s, eran casi como ahora. Pero faltaba algo y no nos referimos a Silvio Soldán saltando frente al cofre de la felicidad. Al terminar el fin de semana uno actualizaba la tabla de posiciones de la A y se daba cuenta de que dos equipos debían un partido. Pero no cualquiera: faltaba “el partido final“.

A partir de la llegada de la señal de TyC Sports en 1994, todos los lunes desde las 21.10 (o eventualmente 20.10) se podía disfrutar del encuentro que cerraba la fecha. Generalmente animado por equipos chicos, ese cotejo rezagado extendía la semana futbolera para aquellos amantes del balompié que no se conformaban lo acontecido el viernes, el sábado y el domingo.

Platense y Ferro, por lejos, fueron los equipos que más veces disputaron el match final. También fueron protagonistas Banfield, Deportivo Español, Argentinos Juniors, Estudiantes, Lanús, Colón, Unión y Gimnasia de Jujuy, entre otros. Por cuestiones excepcionales, hasta grandes como Racing o Independiente llegaron a jugar en el cierre de la jornada.

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La tradición de los lunes, esa que en algún momento se nos hizo familiar al punto que la reconocíamos con sólo escuchar las voces de Mariano Closs, Alejandro Fabbri, Cristian Garófalo, el Ruso Ramenzoni e incluso Cecilia Pirolo, dijo adiós el 11 de junio de 2001 con el choque entre Los Andes y Gimnasia y Esgrima La Plata. Esa noche ganó el Milrayitas 3 a 2. Los de Lomas festejaron, los del Lobo sufrieron. Pero nadie se percató de la abrupta muerte de una era en la historia del fútbol televisado.

Instituto 2006 gris y negra

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Como los diseñadores de Athletic sabían que llegaban tarde a la moda de camisetas grises, quisieron innovar y le agregaron una buena parte de negro al modelo de Instituto de Córdoba. ¿Y el rojo y blanco? Bien, gracias.
Por suerte sólo se vio ese experimento en el 2006. En la foto, La Gloria forma antes de un partido frente a Platense.

Velázquez Diego

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Diego Osvaldo Velázquez (Pelado)

En marzo de 1999 la Selección Argentina viajó a Holanda para enfrentar al combinado local en Amsterdam (recordado 1 a 1 con gol de Batistuta y cameo de Guly), en los comienzos de Marcelo Bielsa como técnico de la albiceleste. En esa oportunidad, el Loco aprovechó para mostrar una característica que se convertiría en costumbre: llevar juveniles para que se fueran fogueando con los mayores. Trece muchachos de la categoría ’80 y ’81 fueron elegidos para formar un equipo sparring, entre los que se encontraban grandes valores como José Belforti, Livio Prieto, Franco Bellegia, Walter Zunino, Diego Cepeda, Javier Muñoz Mustafá, Javier Becerra y Diego Velázquez, el protagonista de esta historia.

Delantero formoseño misionero y con buenos antecedentes en inferiores, asomó su cogote ese mismo año en la Primera de Ferro Carril Oeste, aunque recién tendría la real chance de mostrarse en el primer semestre de 2000, cuando la situación del verdolaga era verdaderamente crítica y el descenso era un hecho imposible de evitar. En ese último torneo del conjunto de Caballito en la máxima división, Velázquez disputó 4 encuentros que sumaron más depresión al panorama (perdió 3, empató 1 y su equipo no hizo goles).

Tras bancarse el tobogán hasta la Primera B sin comerla ni beberla, rajó raudamente a Argentino de Rosario, donde no estuvo mucho tiempo. En 2003 subió en el mapa para defender consecutivamente los colores de Defensores de Formosa, Sportivo Patria y Chacra 8.

En julio de 2005 y habiendo tenido un mal pase a Candelaria de Misiones por estar mal físicamente, se incorporó a Crucero del Norte de Garupá, donde vendió un poco de humo; “decidí venir acá por la intención del club por llegar alto y no participar por participar nomás. Acá el objetivo claro es lograr el ascenso, no importa si sos campeón o no. Pero tenemos que subir de categoría“. Y agregó “soy un delantero que juega indistintamente por afuera o por adentro, que tiene velocidad y buen cabezazo. Además llego bastante seguido al gol, así que esperemos responderle al club y a la gente“.

No sabemos si rindió a la altura de lo declarado, pero al menos nos enteramos que en 2006 retornó a Chacra 8. Ese mismo año -siempre en terreno formoseño- firmó para Sol de América, conjunto del Torneo Argentino B que le dio la chance de conocer a una mascota poco respetable.

Podriamos seguir escribiendo sobre la trayectoria del homenajeado, sobre todo teniendo en cuenta que suena como refuerzo de Textil Mandiyú para la próxima temporada. Pero preferimos quedarnos con la descripción que hace el sitio Formosa Fútbol en su sección “Jugadores destacados”:

Diego Velazquez “Pelado”
Su nombre es sinónimo de gol, gracias a su gran olfato. Rápido y con movilidad por todo el frente de ataque. Pelota que toca es casi gol, peligrosísimo para las defensas rivales y capaz de resolver la jugada mas difícil con la pelota adentro del arco rival.

Cárdenas 1971

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Quien pensaba que Juan Carlos Cárdenas sólo hizo un gol en su vida, se equivoca. Porque además de ser el autor de ese zapatazo, el Chango también se dio el lujo de atajar un penal. Eso sucedió el 22 de agosto de 1971, cuando Racing visitó a Rosario Central. Llegando al minuto 25 del segundo tiempo, con el partido 2 a 1 para los de Avellaneda, el árbitro Nitti cobró penal para los rosarinos. Pateó Landucci y atajó Guibaudo, pero Nitti cobró adelantamiento y se ejecutó de nuevo. Volvió a tapar Guibaudo, pero otra vez adelantándose y ganándose la expulsión.

Entonces al arco fue Cárdenas. Para asegurar el gol, en Central tomó la responsabilidad Gramajo, que remató violentamente, a media altura, sobre el lado izquierdo del improvisado arquero, que con una importante dosis de suerte logró desviar el disparo. Como si fuera poco, el Chango mantuvo invicto el arco en los 19 minutos que faltaban por jugarse. Y así Racing ganó un partido histórico.

Nano

El miedo Salta a la vista

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Muchachos, saquen del placard la mejor pilcha que tengan porque nos vamos a pedirle una ayudita al prócer de la provincia“, anunció Pedro Guiberguis en las horas previas a la final entre Gimnasia y Tiro de Salta y Central Córdoba de Rosario. Con una camisa arremangada y por encima de una remera de cuello redondo, el volante esperó a que sus compañeros salieran de la habitación del hotel.

Primero apareció Alfredo González, que instantánamente fue felicitado por su pantalón blanco, la campera negra de corderoy y la camisa abierta hasta la altura del pecho. Después fue el turno de Popeye Herrera, que rezongó porque había planeado afeitarse ese día y con el repentino paseo no lo iba poder hacer. Por último, Miguel Amaya apareció en el lobby con su sweater, su jean azul, sus zapatillas con lengüeta hacia arriba, y exclamó: “¡Ya estoy, vámonos!“.

Al llegar al pie del cerro San Bernardo, Amaya le dijo a Guiberguis: “¿Estás seguro de que rezarle a San Martín nos va a traer suerte?“. Enfurecido, Pedrito contestó “¡Animal! Es el monumento a Güemes“. “Y bueno…no puedo ser carilindo e inteligente al mismo tiempo“, remató el Tigre.

(Gracias Nano)