Inveraldi Gabriel

inveraldigabriel.jpg

Gabriel Inveraldi

Uno no sólo aprendía qué es un diptongo y los vericuetos de la germinación del poroto en el colegio primario. También en ese período escolar uno comenzaba a darse cuenta de dónde estaba parado en el plano futbolístico, ya sea hablando con los compañeros o directamente jugando un picado en el recreo o en la hora de gimnasia.

Para los más reacios a separar el sujeto del predicado o hacer cuentas de por, el fulbito, improvisado o no, era quizás la única oportunidad de sentirse bueno en algo. Pegarle un chicle en el pelo a un compañero tal vez era la forma más rápida de llamar la atención en el aula, pero jamás esa acción se pudo comparar con hacer un gol de chilena en el patio de la escuela justo antes del timbre que obligaba a secarse la transpiración de la frente para volver a pensar en la Revolución de Mayo.

Afortunados aquellos que, de más grandes, pudieron esquivar deportes como el handball o el sóftbol en la secundaria, para entrarle legalmente a la pelota número 5 sin preocuparse por preceptoras buchonas, directoras malcogidas y eventuales amonestaciones por romper un vidrio. Tener fútbol en el horario de educación física, era casi milagroso en muchos casos.

Quien ésto escribe, en un acto de ombliguismo puro, quiere homenajear al profesor que tuvo en sus últimos cuatro años de estudiante secundario. La idea del tipo era simple. Llegaba a la plaza que quedaba frente al colegio, tomaba lista, tiraba la pelota y se iba a dormir la siesta a su camioneta para despertarse una hora después, con el riesgo de ser descubierto por las autoridades. El chabón tenía un pacto con los alumnos que jamás se quebró. Él no jodía con el test de Cooper y nosotros no le rompíamos las bolas con nada. Esa historia hizo loop durante años y nadie se quejó.

¿Qué tiene que ver todo esto con el baldosero en cuestión? Casi nada, pero Gabriel Inveraldi también enseña fútbol en un instituto privado. Seguramente muchos de sus alumnos ni siquiera saben que su profe jugó de volante central en la Primera de Chacarita Juniors. Las estadísticas dicen que disputó 3 encuentros en la máxima categoría (1985/86) y que luego añadió otros 17 partidos en el Nacional B (1986/87). Poco para contar, se habrán dado cuenta.

García con buzo de Paraguay 1989

garciabuzoparaguay.jpg

«¿Y qué querés? ¡Si es arquero!«, frase que inmortalizó Maradona para referirse al Papa Juan Pablo II, podría adaptarse prefectamente a todos los que eligen esa posición en la cancha. Son tipos raros, con gustos diferentes y generalmente llaman la atención. A Sergio García no le alcanzaba con vestirse con otro color, también probaba con indumentaria que nada tenía que ver con la institución que defendía. En este caso, podemos observar cómo lucía el buzo de la selección paraguaya, pero jugando para Atlanta.

(Gracias King_Mostaza)

Ellos son muy necios (?)

Interrumpimos esta transmisión (?) para notificar lo más importante del mundo baldosero en las últimas semanas:

Sandro Guzmán reapareció en la televisión mostrando su reconocida faceta artística. El estudio del canal 26 fue testigo de una performance brillante, donde el ex arquero de Boca también tuvo tiempo para hablar de su vida. Por suerte alguien grabó de manera casera las imágenes y tenemos nuevo material de Jah Sandro para cantar todo el verano.

Si tenés más información que creas merecedora de este espacio, dejala en los comentarios, comunicate por e-mail o a través de nuestro formulario de contacto.

Godoy Víctor

godoyvictornazareno.jpg

Víctor Nazareno Godoy

Delantero con tendencia a engordar, como Leonel Nuñez, Alejandro Kenig o el Turco Asad-o (?). Paseó su figura boteriana por infinidad de canchas del interior de nuestro país y le agregó a su historia algunos momentos en la liga boliviana, que terminaron de redondear una trayectoria bien baldosera que tuvo como pico de gula un partido en la máxima categoría de AFA.

Surgió en el comienzo de la década pasada con la camiseta de Chaco For Ever (1991 a 1993 y 1994) en el Nacional B, donde disputó 23 partidos y señaló 3 goles, ganándose misteriosamente la posibilidad de probar suerte en un equipo de Buenos Aires.

Así llegó a Quilmes (segunda parte de la temporada 1993/94), cuando todavía no se hablaba demasiado de su panza ni de sus goles. De hecho en el Cervecero disputó sólo 6 encuentros y no convirtió. Su estreno fue como titular en un victoria 1 a 0 ante Atlético Rafaela y se despidió con una derrota 3 a 0 ante Instituto por el reducido. Actuar en ese equipo no le fue fácil, ya que tenía por delante a Dante Fernández, el Mudo López, Lalo Colombo, Fito González y Latrechina, entre otros.

Retornó a Chaco For Ever y tras haber perdido la categoría jugó el Torneo del Interior en la 1995/96. Ya parecía que su carrera se iba a limitar al cuadro albinegro, pero no. Tuvo un envión importante en la temporada 1996/97, marcando 6 tantos en 36 partidos y logrando el ascenso a Primera División con Gimnasia y Tiro de Salta, conjunto que le daría la gran oportunidad de su vida deportiva.

Permaneció en el plantel después del receso y tuvo su recompensa el 24 de agosto de 1997. Ese día lo mandaron a la cancha en el triunfo 2 a 0 del Albo sobre Newell’s, correspondiente a la primera fecha del torneo Apertura. Entró a los 19 minutos del segundo tiempo por Carlos Castilla y esa fue su última y única experiencia en la A.

Atlético Rafaela (1997/98) le vio cara de buen pibe y lo contrató inmediatamente para que rompiera redes, pero sus estadísticas otra vez le jugaron en contra. En 24 presentaciones apenas pudo mojar 4 veces. Para completarla, cerró sus números en la segunda categoría con un paso por Cipolletti de Río Negro (2000, 16 cotejos, 4 goles), dejando su ficha con la triste cifra de 17 tantos en 105 partidos.

Seguir leyendo