Félix García
Hay jugadores que pasan por los clubes y dejan una marca imborrable en la memoria de los hinchas, otros que cumplen su labor dignamente y se marchan en busca de nuevas experiencias detrás de la número 5, algunos cosechan puteadas domingo tras domingo y otros pocos fluyen de manera silenciosa, casi imperceptible, como si nunca hubiesen estado allí, quedando sólo para el recuerdo del futbolero de alma que siempre se pregunta «¿qué fue de la vida de…?«. Es el caso del colombiano Félix García, un futbolista de primer nivel ladrón de guante blanco, dueño de una carrera extramadamente baldosera que trataremos de hilvanar a continuación.
Marcador central por elección descarte, nacido en Buenaventura el 5 de diciembre de 1983 y formado en las canteras del Implacables de Buenaventura y el glorioso Coopebombas de Medellín, de la liga de Antioquia. Su historia en el fútbol profesional arrancó en 2002, cuando por intermedio de Lucho Malvárez (personaje fundamental a lo largo y a lo ancho de toda esta historia) apareció en Uruguay, donde formó parte del plantel de Montevideo Wanderers, sin llegar a disputar un solo segundo de manera oficial.
Al año siguiente, pasó al Cruz Azul mexicano (2003), junto a su compatriota John Jairo Culma (jugó en las inferiores de Independiente de Avellaneda con Jimmy (r)Obando). Lamentablemente, se ve que en la tierra del Chavo del Ocho no había más lugar para chantas (la última vacante la había tomado Pablito Ruiz) y lo mandaron de nuevo para el Sur.
Recaló en Boedo, de la mano de Malvárez, quién también acercó a su hijo Luis Adrián a una prueba en San Lorenzo de Almagro. Después de un rato bajo la atenta mirada de Néstor Gorosito le bajaron el pulgar a ambos. Gracias, un gusto, pero adiós.
Cabizbajos, los pibes volvieron a Uruguay, donde estuvieron entrenando en Nacional de Montevideo. Luis Jr. (?) finalmente se quedó en el Tricolor y Félix, que al parecer tenía un poco más de talento con el balón, armó las valijas para jugar en el Iraklis de Grecia (2004), dirigido por Sergio Markarián. De su paso por tierras helénicas se llevó la foto de recuerdo porque no hay mayores registros sobre presencias oficiales.
En 2005 pegó la vuelta al paisito, para incorporarse a un equipo más modesto, el Plaza Colonia acompañando -otra vez- al hijo de su representante. Se ve que anduvo bien, porque una vez finalizado el campeonato viajó nuevamente a Europa, para probar suerte en Hungría. Pero Malvárez tenía un as bajo la manga, y el negro apareció nuevamente en Uruguay, para sumarse a Peñarol, necesitado de zagueros debido al alejamiento del gigante Joe Emerson Bizera y el baldosero Jean Jacques Pierre.
En el Manya formó parte de un container de estrellas como Claudio Flores, Gabriel Cedrés, Pablo Russo, el falso Beto Acosta, Fabián Césaro, Marcelo Tejera y dirigidos por alguien que también supo baldosear por estas tierras, como Fernando Morena. Tan lamentable fue su participación en el aurinegro que los hinchas lo recuerdan por sus expulsiones tontas y por el golazo en contra que convirtió ante Paysandú. Además de aquella ocasión en que la parcialidad del mirasol intentó ejercer justicia por mano propia con el morocho en pleno Estadio Centenario. En marzo de 2006, con la llegada de Luis Garisto, García salió como por un tubo.
Estuvo perdido en la nebulosa hasta mediados de 2007 cuando apareció a prueba en… Gimnasia de Jujuy. No convenció a nadie (en realidad no era digno de jugar con Desvaux) y se volvió a su país a los pocos días. Se sumó al Independiente Santa Fe de Bogotá, donde recién pudo hacer su estreno en las últimas jornadas, porque para alegría de los hinchas, su transfer demoró una eternidad en llegar.
A comienzos de 2008 estuvo a prueba en Atlético Juventud Soacha y Real Cartegena en su tierra natal, donde cosechó sendos fracasos. La última vez que se lo vio en una cancha fue en Costa Rica, defendiendo los colores del siempre candidato Liberia Mía. Allí mostró más de lo mismo, flojas actuaciones y goles en contra para el delirio de las hinchadas contrarias. Después de 7 partidos le rescindieron el contrato.
Se desconoce por qué sigue insistiendo con el fútbol si siempre fue un muerto nunca fue lo suyo.