
Horacio Antonio Acosta (Beto)
Integrante de la joven guardia, denominación utilizada por la revista El Gráfico para identificar al grupo de pibes que hacían, en el verano de 1991, sus primeras armas plantel de Boca Juniors.
A la par de Daniel Tilger, el flogger Ariel Are, Jorge Lépez y el Loco Duré, nuestro homenajeado asomaba al mundo xeneize con la intención de permanecer.
Nacido el 30 de julio de 1971 en Avellaneda, se formó en Berazategui y en 1990 pegó el salto grande cuando pasó al club de la Ribera. En su primitiva posición, la de volante central, se vio tapado por Giunta y hasta por el Negro José Luis Villarreal, que por ese entonces prefería laburar de doble del Pastor Giménez antes que jugar de ocho o de diez.
El estreno en la máxima categoría lo encontró, vaya coincidencia, frente a un equipo de su ciudad natal. El 16 de mayo de 1993 ingresó por el Betito Carranza ante Independiente, para intentar congelar el clásico que ganaba el equipo de Osvaldo Potente por 1 a 0. El plan no resultó porque algunos minutos más tarde Hermes Desio puso el definitivo empate en un tanto.
La carrera de Acosta, apodado Beto en clara evidencia de una escasa originalidad, comenzó a descender niveles más rápido de lo deseado. Entre 1994 y 1996 defendió los colores de All Boys y una temporada más tarde tuvo que lucharla en Salta con la camiseta de Juventud Antoniana (1996/97). Ya afianzado en su puesto de marcador central, ganó en continuidad cuando firmó para San Miguel. En el Trueno Verde actuó desde mediados de 1997 hasta 2001.
Con 30 años y todavía algo por entregar, le hizo caso a Cachín Blanco y sufrió bastante en Independiente Rivadavia de Mendoza, que lejos de convocar a figuras como Ariel Ortega o el Lobo Cordone, se tuvo que conformar con los que tenía y terminó penando. El ex Boca arrancó como suplente de Diego Alarcón y finalmente se apoderó del puesto, pero colectivamente el equipo no encontró nunca su rumbo y acabó descendiendo al Torneo Argentino A.
Tras un parate, renovó su vínculo a pesar del mal trago y ya en la tercera división vivió la grata experiencia de ser dirigido por Claudio García. Se ve que mucho no le entendió al Turco y ante tanta confusión partió espantado al fútbol paraguayo. Algo le faltaba a su trayectoria y eso era un paso por el fútbol internacional. No sabemos si le fue bien o mal en Sportivo Luqueño (2003), pero al menos interpretamos que cumplió con un precepto del baldosero tipo: robar en el exterior.