
Rubén Emilio Alfredo Bihurriet (Pampita)
No es el tipo de historias que nos gusta contar, pero el caso de Rubén Bihurriet necesitaba un recuerdo que necesariamente implica el relato de su trágico final.
Nacido en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen, llegó a las competitivas divisiones inferiores de Newell’s Old Boys de Rosario y con esmero logró mostrarse como un puntero derecho con llegada al gol.
Al margen de contar en el plantel con delanteros de peso como Julio Zamora y prometedores como Gabriel Batistuta, el Piojo José Yudica lo hizo debutar en Primera en el Clausura 1990.
Si bien alcanzó a disputar algunos encuentros (por ejemplo el famoso clásico con los pibes con gol de Domizzi), vio complicada su situación y después de 5 partidos y una conquista, pasó a préstamo a otro equipo de la ciudad, Central Córdoba. En el Charrúa (23 cotejos y un tanto) formó parte de un buen equipo que perdió la chance de ascender a Primera en un partido ante Gimnasia y Tiro de Salta, en 1993.
Su carrera continuó luego por Ferro de Concordia y la liga rosarina, cuando le salió la oportunidad que marcaría fatalmente su destino: viajar a Colombia para probarse en el Deportes Quindío.
La posibilidad de tener una experiencia internacional, con la lógica diferencia económica que eso suponía, terminó inclinando la balanza en la cabeza del ex Newell’s, que llegó a la ciudad de Armenia junto al atacante canalla Diego Montenegro y al empresario Darío Campagna, que un año antes se había retirado del fútbol después de haber estado internado en terapia intensiva después de recibir un duro rodillazo que le perforó un pulmón.
El domingo 24 de enero de 1999 los dos muchachos argentinos jugaron para los titulares en un partido amistoso ante el Once Caldas. A pesar de la derrota frente al subcampeón colombiano, el técnico se quedó conforme y aprobó la contratación de ambos. Al día siguiente, los jugadores entrenaron por la mañana, almorzaron junto a Campagna en el Hotel Armenia Plaza y se fueron a sus habitaciones para esperar a César Pinzón, el presidente del Quindío. A las 2 y media de la tarde de ese fatídico lunes debían firmar sus contratos.
Sin embargo, casi una hora antes del momento en el que empezarían a cambiar sus vidas encontrarían el final, y de la manera menos imaginada.
De repente, un fuerte y prolongado temblor se apoderó de todo. De las casas, de los automóviles, de la gente. El edificio de siete pisos donde se hallaban se derrumbó a raíz de un sismo que dejó miles de muertos y toda la región destruída. Los tres argentinos fallecieron. “Yo estaba entrevistando a Bihurriet cuando empezó el temblor y la comunicación se cortó”, dijo Ciro Díaz, periodista de Radio Caracol. Todo lo que vino después fue silencio. Eterno, profundo y doloroso.
Juan Pordiosero