Gustavo Ernesto Tempone
Dueño de una pegada formidable pero inconstante para demostrar sus cualidades, Gustavo Tempone no tuvo tiempo para consolidarse en nuestro país y la peleó afuera, donde incluso llegó a representar a otro seleccionado y pudo jugar contra la Argentina.
Oriundo de la ciudad de Mar del Plata y moldeado en el club local Quilmes, recaló en las inferiores de San Lorenzo de Almagro y llegó a la elite en 1988. Poco tiempo después, más precisamente el 10 de diciembre de 1989, convirtió su único gol en Primera División ante Racing, en lo que sería la despedida del Bambino Veira, el DT que le había dado confianza.
Sus días en el Ciclón duraron hasta mediados de 1991, cuando abandonó la institución con 37 partidos en el lomo y una chapa respetable para ganarse el mango en el exterior. Y así lo hizo.
Jugó más de 8 años en Perú y al mejor estilo Twetty Carrario no dejó camiseta sin vestir. Anduvo por Universitario (1993), Deportivo Sipesa (1994), Alianza Lima (1995), Deportivo Municipal (1997), Sporting Cristal (1998), Melgar (1999), Sport Boys (2002/02), Cienciano (2002) y César Vallejo Trujillo (2004).
Su rendimiento parejo le permitió formar parte de ese no tan selecto grupo de futbolistas extranjeros que en algún momento formaron parte de la Selección de Perú. Si bien el caso de Tempone no es tan conocido como el de Ramón Chupete Quiroga, el arquero del Mundial ’78 que se comió 6 goles con el conjunto de Menotti, el volante también integra la lista de argentinos nacionalizados peruanos que enfrentaron a la albiceleste.
En 2000, el técnico Francisco Maturana, necesitado de un recambio en la mitad de la cancha, lo convocó de urgencia para un partido ante el combinado de Bielsa, por las eliminatorias mundialistas. «Fue una linda sorpresa, no por lo que uno venía haciendo, sino porque siempre se me ha catalogado como ‘el argentino’, como ‘el che’. Ahora daré todo por Perú, ténganlo por seguro. Si se me presentara la posibilidad de jugar y si se me diera la posibilidad de anotar un gol lo celebraría con la misma intensidad con la que celebro cualquier gol«, afirmó.
El 3 de septiembre de 2000 reemplazó al Chemo del Solar a los 46 minutos, en el Estadio Nacional de Lima, y pudo ver de cerca, dentro de una cancha, a aquél gran equipo que tenía a Juan Sebastián Verón, Diego Simeone y Hernán Crespo. En pocos minutos, el ex San Lorenzo se destacó e incluso provocó, con un tiro libre, un gol en contra de Walter Samuel.
Esa particularidad, la de sembrar terror con sus lanzamientos de media y larga distancia, lo llevó a ser el jugador que fue. Podía poner un centro para un gol importante (en 2001 apuntó a la cabeza a Juan Pajuelo para que Perú igualara 1 a 1 con Brasil, en San Pablo), como también podía entrar unos minutos para patear córners en el Torneo Argentino A, como finalmente le sucedió. En pocos años pasó de jugar con el Ñol Solano a tener de compañero a Cachabacha Paratore (¡Ojo con el cuco!).
Además de su paso por el Deportivo Pereira de Colombia (1996) y el Bnei Yehuda de Israel, fuera de las tierras incas se las arregló para volver su país de origen. En el Nacional B se puso las camisetas de San Martín de Tucumán (1998/99) y Godoy Cruz de Mendoza (1999/2000), mientras que una categoría más abajo, siempre en el interior, defendió los colores de Aldosivi de Mar del Plata (2003/04). En el Tiburón, ya en el ocaso de su carrera, aún evidenciaba la vigencia de su pegada cuando lo ponían, 15 o 20 minutos por encuentro, para que tirara centros al área o tuviera la pelota, según el resultado. Los tiros libres, su especialidad, tampoco estuvieron ausentes.
Su trayectoria, como se presumía, la culminó en Perú, donde conoció a su mujer y se hizo un nombre relativamente importante en el ambiente del fútbol, aunque por sus constantes traspasos y algunos problemas con los técnicos (alguna vez lo insultó en vivo, por radio, al entrenador Sergio Markarián), no llegó a ser ídolo ni mucho menos. Desde acá, el recuerdo para un tipo que en San Lorenzo conoció a Manuel Santos Aguilar cuando tenía sólo 2 ojos (recordemos que el Sopa se tatuó un tercero) y que, pese a que muchos no le auguraban buen futuro, pudo jugar en la Selección y ponerse la camiseta de River ¡Y todo al mismo tiempo!
Juan Pordiosero