Las vueltas de la vida pueden colocar a un futbolista en un lugar inesperado. Y una prueba de eso es la carrera de Osvaldo Nartallo, un humilde centrodelantero de
San Lorenzo de Almagro, que hizo poco y nada durante los 10 partidos en los que le tocó actuar entre 1990 y 1992.
Sin goles en su haber, partió hacia el exterior con ansias de triunfar. Y a su modo lo logró. Primero, jugó en el Orlando Pirates de Sudáfrica, donde no se sabe a ciencia cierta como le fue. Pero después, pudo darse a conocer en el Besiktas de Turquía, donde dejó un grato recuerdo gracias a varios goles, en especial uno que le convirtió al Milan de Italia en una Copa europea. También actuó en el Petrol Ofisine de ese país.
En 1998 recaló en España y se probó en el Granada FC, junto a otros compatriotas, Gastón Lotito y Sebastián Hernán Cattáneo. Pero ninguno quedó y la trayectoria de Nartallo tomó un rumbo americano.
Se afianzó en el ascenso de México y vistió 3 casacas: la de los Ángeles de Puebla (1999-2000), la del Toros Neza (2000) y la del Querétaro (2001). Sin ser una barbaridad, se las arregló para convertir tantos en la Primera División «A», la segunda categoría.
A mediados de 2001 quiso buscar nuevos horizontes pero la apuesta le salió mal. A punto estuvo de firmar para un club chileno pero a último momento se fustró la operación y se quedó en la Argentina para actuar en
San Lorenzo de Mar del Plata, en los torneos regionales y en la liga local. En el Santo marplatense tuvo de compañeros al «Tanque» Cristian Daguerre, a Gastón Ervitti (hermano de Walter) y a Darío Cajaravilla, tres exponentes del fútbol costero. Dicen que en algún momento también pasó por
Nueva Chicago y el fútbol colombiano, aunque ni siquiera la gente del
Bestiario lo pudo asegurar.
Hasta hace un tiempo seguía jugando en La Feliz. Hasta hace un tiempo, también, seguía contando su inolvidable gol al Milan.
Juan Pordiosero