Libertas Brera y Fiorenzuola Argento

Libertas Brera y Fiorenzuola Argento
Es probado que no existe nada más peligroso que un empresario argentino metido en el fútbol. Casos conocidos fueron el de Marcelo Tinelli con su proyecto bizarro en Badajoz y Daniel Grinbank con el baldosero Leganés del Cai Aimar y José Pekerman.
Ambas historias son conocidas y tienen un final común, sin embargo, no son las únicas. También en Italia se llevaron a cabo planes similares y para ello hay que concentrarse en dos: Libertas Brera y Fiorenzuola Argento.

Libertas Brera (2003/2004)


¿Qué decir de un equipo donde se destacan nuestros viejos conocidos y futuros homenajeados Juan María y Martín Belforti? Libertas Brera, el «verde e nero», confió inocentemente en dos visionarios argentinos que prometieron refuerzos y armaron un equipo netamente criollo con Walter Boldorini, la «Oveja» Ferreti y los mencionados mellizos ex Argentinos Juniors.
En alguna oportunidad, contaron que «éramos locales en un coliseo viejísimo, donde antiguamente jugaban el Milan y el Inter. Ahora el club sigue, pero con todos tanos».
La idea de un grupo empresario de armar un equipo con 20 jugadores argentinos con pasaporte italiano y un italiano para jugar la Serie D del Calcio, se fue al tacho seis fechas antes de la finalización del campeonato 2003/2004.
Lo más destacable fue que el debut de dicho combinado se dio contra el FreeOpera Brera, un equipo de presos que consiguió permiso para competir en la categoría haciendo de local precisamente en una cárcel. Y justamente la idea de fundar ese club fue del presidente del equipo «sudaka».
¿Hace falta aclarar que el Libretas descendió al finalizar la temporada?

Fiorenzuola Argento (2001)


Este caso pareció en principio más serio, ya que de movida contrataron los servicios de una gloria como Mario Alberto Kempes para hacerse cargo de la dirección técnica de un equipo con 13 argentinos: Gagliardi, Morfú, Romancikas, Gutiérrez, Traba, Quiñonez, Sosa, Padula, Zeblich, Suárez, Jerez, Beutler y Jazgeviucis. Pero eso no fue todo, sino que también se acercaron 10 uruguayos como Colombo, Rotundo, Pantancieri, Soto, Rivara, López, Pérez, Nikitiu, Bisogno e Ivaldi.
La empresa Global estuvo ligada al club durante 3 años donde el objetivo fue ascender a la C1 lo más rápido posible.
En su momento, el «Matador» confesó sobre su equipo que pretendía «jugar con tres defensores, cuatro mediocampistas, un enganche y dos delanteros en la punta. Estoy entusiasmado con el proyecto que ahora empiezo».
Aunque con mayor expectativa estaban los jugadores al ser dirigidos por una leyenda, pero lamentablemente el proyecto no llegó ni siquiera a los 4 meses por lo que en diciembre, Kempes ya estaba en tratativas con el Casarano de la Serie C2 y no se supo nada más de esto.

Así se escribe un nuevo capítulo de la historia de estos acaudalados entusiastas que pretendieron hacer un negocio que no dio réditos por ningún lado, quedando en offside ante la sociedad europea y sembrando un nuevo fracaso de los «chantas» argentinos.

Pastor

Stachiotti Sergio

Sergio Oscar Stachiotti
Marcador central surgido en Newell’s a fines de los 80, que no pudo hacer pie en primera división y terminó desperdigando su talento por equipos del ascenso.
En la Lepra le tocó actuar irregularmente en un triunfal período (desde 1988 a 1992). Jugó 25 partidos y no dejó grandes recuerdos, salvo una expulsión en el famoso clásico en el que «Ñuls» se impuso 1 a 0 con juveniles con gol de Domizzi. Aquella tarde de 1992, el equipo de Bielsa presentó a otras promesas como Luis Romero, Miguel Angel Fullana y Miguel D’Agostino.
En aquel torneo Clausura, que terminaría ganando el conjunto rojinegro, Stachiotti alcanzó a disputar seis encuentros. Después, viajó hasta La Plata y se incorporó a Gimnasia.
En el Lobo tuvo una participación acotada. Sólo 3 encuentros en 1993. El resto de sus días los dividió entre Sarmiento de Junín (1998-99) y las canchas rosarinas. Jugó un poquito para todos. Pasó por Central Córdoba, donde en la temporada 1996-1997 compartió equipo con Ciattaglia y Cella Ruggeri y también por Argentino. En 1999, además, se sumó a Tiro Federal, para afrontar el Torneo Argentino A. Allí tuvo el honor de jugar al lado de Damián Teres, Diego Chitzoff y Erie Banduine.
Aparentemente ya ha dejado la actividad para unirse al Club de los Correcaminos, donde se destaca en distintas pruebas ciclísticas de hasta 207,5 kilómetros.

Juan Pordiosero

Villamayor Oscar

Oscar Alberto Villamayor (Osky)
Nacido en 1980, inició su camino en el fútbol en el humilde Talleres de Remedios de Escalada y jamás imaginó que en tan poco tiempo tendría la gran chance de su vida.
A partir de una relación contractual que existió con Vélez, pasó al Fortín para la temporada 2002-2003 y como volante ofensivo, logró jugar algunos partidos, como por ejemplo frente a Chacarita y Argentinos Juniors.
A pesar de ser, según un sitio web, «un jugador buena técnica, interesante trato del balon, muy buen despliegue y gran pegada», las cosas no le salieron muy bien, además de estar tapado por Sergio Sena y Jonás Gutiérrez.
Su sueño se truncó, pero nadie le podrá quitar el recuerdo de haber vivido grandes momentos con Emiliano Dudar, Marcelo De Souza, Martín Agostena, Sebastián Blázquez, Mayer Candelo, Daniel Verón, Maximliano Flotta, Mariano Chirumbolo y Abel Oroná.
Cabizbajo, retornó a su club de origen para encontrarse con Adrián Czornomaz y Damián Yáñez, donde tuvo su tarde de gloria al marcarle tres goles a Platense.
Hoy permanece en la tercera división del fútbol argentino – firmó con Brown de Adrogué (2006) – y volver a la A, parece una misión imposible. Por ello, su paso por Liniers, ¿habrá sido un regalo divino?

Cucu

Tengo la camisa fea

El mundial se acerca y que mejor que homenajear al máximo referente de la selección Argentina.
Cuando se observan fotos de Ayala, pareciera que antes era un treinton, y en la actualidad, con corte moderno y pelo más largo y planchado, vemos a un joven futbolista.
Así al menos lo refleja esta fotografía, con una camisa que no merece comentarios.

Cucu

Calandria Pablo

Pablo Ignacio Calandria
Eterna esperanza del fútbol argentino que ganó cierto prestigio durante su etapa en las selecciones juveniles de Pekerman. Después, encadenó varios chascos que lo colocan en la categoría de «promesa incumplida». Forjó una trayectoria similar a la de Leo Biagini, pero con menos prensa. Surgió de la cantera de Huracán, donde debutó en Primera (jugó 6 partidos en la temporada 1998-99) y luego partió hacia Europa, donde tuvo suerte dispar. Paralelamente, continuó con su carrera de «jugador de Pekerman», que había iniciado en el Sub 17 que ganó el Mundialito de Salerno, en 1998, y que tenía a Germán Lux, Fabricio Coloccini, Carlos Marinelli, Nico Medina y Lisandro Sacripanti como figuras. Después, ese mismo equipo jugó el Sudamericano de Uruguay, en 1999, pero se tuvo que conformar con el cuarto puesto.
Le tocó actuar en el proceso previo al Mundial Sub 20 de 2001, y jugó algunos partidos junto a Andrés D’Alessandro, Matías Lequi, Julio Arca y Maxi Rodríguez. Se le recuerda un fenomenal partido amistoso ante Bolivia (victoria argentina 7 a 0), con 5 goles en su cuenta personal.
Del Globito de Parque Patricios pasó al Olympique de Marsella (1999-2001), donde tuvo inconvenientes, de los deportivos y de los otros. Además de comerse el garrón de estar involucrado en una causa por irregularidades de la dirigencia francesa en la compra de su pase y el de otros 13 futbolístas, en poco más de una temporada sólo alcanzó a disputar un par de encuentros.
No fue muy distinto lo que le sucedió en el Málaga (2001-2002), donde fue a préstamo y tuvo que comer banco por la presencia del panameño Dely Valdés y el uruguayo Darío Silva. Imposible actuar como titular. Salió a la cancha 3 veces y completó 53 minutos de juego. Para la temporada 2002/03 buscó nuevos horizontes. Pero eligió mal. Se fue al Leganés, donde también le costó agarrar la titularidad (recién lo pudo hacer en la fecha 35). Sin embargo, en sus pocos partidos en el once inicial le tocó anotar en cantidad y eso le permitió sobrevivir con la suficiente dignidad futbolística como para mantener su lugar.
En la 2003/04 recibió a sus compatriotas, en el famoso proyecto de Daniel Grinbank (el accionista mayoritario), José Pekerman (Director Deportivo) y Carlos Aimar (entrenador), desembarcaron otros argentinos como Muñoz Mustafá, Bernardo Leyenda, Lucas Alessandria, Fede Domínguez, Mauro Navas, Martín Vitali, Juan Pietravallo, Mario Turdó, José Chamot, Pablo Rodríguez, Enría, Claudio Marini, Nico Medina y Santiago Khul. El fracaso fue gigante y la experiencia terminó antes de tiempo.
A mediados de 2004, lo fichó el Sporting de Gijón (juega junto a su espejo, Leo Biagini) y allí continúa, en buen nivel, pese a algunas lesiones que han frenado su poder de gol.

Juan Pordiosero

Widmann Rodney

Rodney Widmann
Aunque su nombre no lo demuestre, este blondo mediapunta es argentino de pura cepa. Nació en noviembre de 1977 en Concepción de la Sierra, provincia de Misiones y cuando tenía 5 años se mudó con su familia a Jardín de América. Allí se inició en el club El Timbo, equipo que le dio la oportunidad de irse a probar a Argentinos Juniors con 15 años. No logró quedarse y volvió al barrio. Sin embargo, dos años más tarde tuvo una prueba en Boca Juniors, donde encontró finalmente su lugar.
Previo al Mundial ’94 participó con el Xeneize en un torneo Sub 19, donde salió campeón y se convirtió en la figura.
Pero rápidamente, el sueño de triunfar en el fútbol grande se desvaneció, al ser dejado libre. Retornó a su provincia natal para jugar en Guaraní Antonio Franco de Posadas y luego en Atlético Oberá.
Tiempo después volvió a tierras bonaerenses y fue contratado por San Miguel junto a Horacio Acosta y Andrés Knuttsen, viejos compañeros de La Ribera. En ese club logró el ascenso al Nacional B en la temporada 1996/97, donde compartió entrenamientos con Sergio Schulmeister, Daniel «El Tanque» Giménez, Oreskovic y Cirrincione, entre otros tantos «grandes» de la categoría. Durante su estadía pudo conocer como técnico a Blas Armando Giunta, que comenzaba con esa nueva profesión.
Rodney, no conforme el ascenso argentino, consiguió fichar con el Aucas de Ecuador, donde no pudo demostrar su calidad ya que lo utilizaron muy poco y su juego no convenció al entrenador, quien decidió junto a la dirigencia, ponerlo en libertad de acción.
Sin club, regularizó su pasaporte ya que una oferta de Europa estaba al caer. Y la recibió, ya que firmó con el Casarano (2001), del ascenso italiano, que era dirigido ni más ni menos que por Mario Alberto Kempes, en una de sus tantas aventuras exóticas.
Esta institución contrató un container de argentinos y uruguayos, entre ellos, Gastón Romancikas, ex Deportivo Español. En aquella oportunidad, el matrimonio Widmann sostenía que su hijo no estaba haciendo goles, «pero da muchas asistencias».
Obviamente al equipo no le fue bien y todos debieron pegar la vuelta. Ante semejante fracaso, pisó Misiones para jugar en Huracán de Montecarlo, junto a su hermano Renzo. Ahí si, se convirtió en ídolo. Pero el idilio finalizó rápido debido a la propuesta del Macará (2002) junto a Martín «el Laucha» Ríos.
Los problemas de dinero, apretadas y otras cuestiones que «alegran al futbol», provocaron su desvinculación y el desembarco en Sportivo Eldorado.
Su rendimiento resultó por demás interesante, lo que hizo que Boca Unidos de Corrientes, pose sus ojos en él y le acerque su invitación. Por primera vez cambió de provincia y los nuevos aires le vinieron bien, porque se destapó en su primer Argentino B, marcando una buena cantidad de goles.
Hoy el Cowboy Americano continúa en este equipo, con las ilusiones de ascender en la próxima temporada al competitivo Argentino A. Come on Rodney!

Cazador

Castro Fernando

Fernando Eduardo Castro (El Pucho)
Puntero derecho que pasó por varios equipos de la primera división sin demasiada fortuna. Hizo inferiores en Ferro pero luego fue dejado en libertad de acción antes del debut y se dio a conocer imprevistamente con la camiseta de River Plate, en la temporada 1990-91, donde jugó 9 partidos y convirtió 1 gol. Cuando se abrió el libro de pases fue transferido sin su consentimiento a Gimnasia y Esgrima de La Plata. Y bajo esas condiciones, le resultó difícil triunfar.
Él no se sentía motivado y además, el técnico Gregorio Pérez, tampoco lo ponía porque no lo había pedido. El resultado fue el esperado: 6 partidos en la 1991-92 y ninguna conquista.
Allí fue cuando lo rescató Racing, que le dio la chance de destacarse en la Supercopa, donde convirtió sus únicos tantos oficiales con esa camiseta. En el torneo local, sólo disputó 6 encuentros y no anotó (1993-94).
Después, peregrinó por la B Nacional, con distintas colores. Jugó en Quilmes, Chacarita, Instituto de Córdoba, Banfield y El Porvenir (2001-02).
Con La Gloria, incluso, jugó la temporada 1999-2000 en primera, con 20 partidos disputados y dos goles (uno a Ferro y otro a Colón). Su paso por el club de la Docta estuvo manchado por cierto sector del periodismo, que lo acusó de haber cobrado, junto a su compañero Roberto Cabrera, un premio de la gente de River por haber sacado un valioso empate ante Boca Juniors, en el Clausura 2000.
A la hora de defenderse y explicar un curioso viaje a Capital Federal, los dos jugadores hablaron con los medios.
«Viajé por problemas personales que no tengo por qué ventilarlos, esta gente (por el diario Olé) no tenía nada que hacer y se imaginaron una película que no tiene nada que ver», dijo El Pucho.
A su vez, el arquero Cabrera, en tanto, manifestó «Viajamos a Buenos Aires, pero no fue un viaje relámpago. Fuimos por cuestiones personales. Yo tengo familia allá y Castro vive allá».
El episodio había surgido por unas supuestas declaraciones del médico del plantel, Enrique Ambrossini, quién habría asegurado que los futbolistas «fueron a cobrar la plata de River a Buenos Aires».
Con ese incidente se despidió de la máxima división. En el exterior también mostró su gambeta con desborde, en el Iamina y en el Olympiakos Bolos, ambos de Grecia.

Juan Pordiosero

Belleza americana

Si algo no lograron estos tres ganadores (?) de nuestra selección, es pasar desapercibidos. En pleno Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, salieron de paseo por el downtown y decidieron adoptar la moda del lugar, trantando de parecer nativos. No tanto Pablo Cavallero, pero si el «Piojo» López y «La Bruja» Verón, con sus gorras de baseball para atrás y camperita universitaria, hicieron facha por alguna peatonal.
Si! en pleno auge menemista.

Cucu