Matías Héctor Urbano
Nació en 1981 en Cipolletti, un lugar pequeño no tan urbanizado. Su carrera comenzó en el Club San Pablopero por 25 pelotas número 5 fue adquirido por el equipo Frutas Boschide la torneo comercial. Buenas actuaciones allí lo llevaron al Atlético, el club importante de la la Provincia. Arrancó en Cipo en la Liga Confluencia y ya soñaba con una carrera al menos similar a la de su conciudadano Guillermo Rivarola.
Se convirtió en la sensación del equipo y en el 2000 jugando la B Nacional un colaborador de Gustavo Mascardi le firmó un pre contrato. Un 50% fue empresarios ligados a Almirante Brown de Arrecifes por lo que entrenó en el verdinegro pero recaló en Talleres de Córdoba. Mientras tanto por ese entonces estaba en la preselección Argentinaque ganaría el mundial jugando en nuestro país y permaneció hasta el último corte. Igualmente cuando se lesionó el Chori Alejandro Domínguez el cuerpo técnico lo postergó confiando en Sebastián Bueno.
Si bien hizo algunos goles en la T, se lamentaría del contrato firmado que lo retornó a la ciudad tuerca.
Partió a Colombia para desempeñarse en el Real Cartagenadel ascenso donde convirtió 6 goles en 14 partidos. Decidió continuar por la zona y se unió al Macará de Ambato (Ecuador) conviertiéndose en el goleador de la Serie B. Eso hizo que la dirigencia del Deportivo Quitono espere a la finalización del campeonato y se lo llevó para jugar lo que restaba del torneo. Según los amigos de Tierra Generosa el pase casi se frustra porque lo habían expulsado por cuatro fechas. Sin embargo el empecinamiento de Jorge Burbano, el presidente de la Comisión de Fútbol del Quito y subsecretario de Petróleos en la dictadura , para llevarlo. Supuestamente fue el goleador del equipo y elegido por la prensa como el mejor jugador, algo que sorprende, pues de lo contrario no le hubiesen adeudado tanto dinero y pretendido otro punta.
Dejó el club y cansado de esperar el pasaporte para irse a España, retornó al país.
Cayó en el San Lorenzo (2004) de Pipo Gorosito con la idea de ser uno de los tantos delanteros que pretendían hacer olvidar al Beto Acosta, pero cuando llegó, el entrenador admitió no conocerlo. En ese semestre jugó apenas un sólo partido en la derrota 1 a 0 frente a Newell?s. «Los meses en San Lorenzo fueron malos, porque a pesar de que no había delanteros, Gorosito no me ponía. Se había encaprichado. Pero algo saqué de ese trance: nunca más voy a un club llevado por los dirigentes sin que el técnico esté de acuerdo» señaló.
Apesadumbrado, entendió que en el mercado latinoamericano encontraría su lugar en el mundo. Llegó al León de México e hizo buenas migas con Federico Astudillo. Hizo ocho goles en trece fechas y al Chaparrito, como allí lo apodaban, le llovieron ofertas.
Finalmente firmó con el Cruz Azul y a su llegada expresó que su sueño sería jugar con el «Chelito» Delgado. Sin embargo fue derivado a la filial Oaxaca donde se cansa de hacer goles el bahiense Rubén Darío Gigena.
Su sueño de hizo pedazos y terminó siendo hoy en día, suplente de Forestello en El Porvenir luego de una prueba en el fútbol inglés.
La extensa trayectoria tan pocos años de un delantero que tiene cosas de Maradona…un tatuaje en el pecho.
Cucu


