Echazú Ricardo

Ricardo Echazú

Una idea que se generó en los 80’s y se popularizó en los 90’s, fue la de contratar planteles completos para afrontar un campeonato. Eso hizo Osvaldo Otero en 1995, cuando presidía Racing. Con la ayuda de Daniel Lalín, revolucionó el mercado de pases incorporando a más de una docena de futbolístas. Entre ellos, estaban Gustavo Chacoma, Rubén Capria, Silvio Carrario y muchos más. Sin embargo, quién más se destacó según nuestro punto de vista fue un humilde mediocampista que había llegado de Almirante Brown sin muchos pergaminos. Lo más curioso es que logró irse de Avellaneda con menos pergaminos de los que tenía a su llegada.
Ricado Luis Echazú fue incorporado a ese lote a modo de relleno. Sin embargo, no tuvo temor en hacer una producción fotográfica en la revista El Gráfico junto a sus compañeros y declarar «soy un volante derecho con llegada. Dependo mucho del estado físico porque sobresalgo por mi despliegue. Nací hace 22 años en la Capital Federal. Uno siempre soñó con llegar a jugar en un equipo grande, pero no tan rápido…». Con esas palabras dejaba claro que no era un hombre dúctil con la pelota. Y también reconocía que era una especie de milagro su pase a Racing.
Como si fueran necesarias más evidencias de que Echazú era un sapo de otro pozo en esa producción, la revista relata que el capitalino llegó cuarenta minutos antes de lo acordado (como si tuviera miedo a quedar afuera y no poder mostrarle la foto a sus hijos años más tarde).
Por supuesto que la mentira no dio para tanto. Jamás jugó un partido oficial para La Academia.
Estuvo también en Atlanta, Deportivo Morón (2002-03) y Douglas Haig de Pergamino (2003).
Alguna vez, Sebastián Peratta (que jugó con él en El Gallito) lo definió como el compañero más feo que había tenido.

Juan Pordiosero

Brown Juan Ignacio

Juan Ignacio Brown
Nacido en 1977 vivió de cerca el Campeonato Mundial de 1986 por la consagración de su padre. Por portación de apellido tuvo la suerte de jugar algunos partidos en primera a pesar de sus condiciones. Su idea de ser alguien más que «el hijo de» le fue imposible, sobre todo porque de entrada su sobrenombre fue «El Tatita». En 1999 debutó en la máxima categoría, en Estudiantes de La Plata donde permaneció hasta el 2001. Se hacía el caudillo, y con el entrenador Pancho Ferraro tuvo mucha continuidad, es más, le dio la responsabilidad de patear los penales. Sin embargo con Solari tuvo menos chances y con Craviotto, nulas. Quedó libre y partió extrañamente al ignoto Barreirense (2001-2002) de alguna división del fútbol portugués.
Ya para la temporada 2002-2003 Juani volvió al país y se instaló definitivamente en categorías más acordes con su nivel. En Los Andes debutó en reemplazo de Maximiliano Flotta. Integró un equipo plagado de baldoseros con Daniel Islas, Matías Marchesini, Cristian Ayala, Gustavo Dueña, Gustavo Ruiz Díaz y Paolo Frangipane. Se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha y debió quedarse seis meses afuera. Su entrenador del momento era el José María Bianco quien se lo llevó a Unión de Santa Fé (2003-2004). El Chaucha duró alrededor de cinco fechas por las magras actuaciones y a Brown en un encuentro lo silbaron cada vez que tocaba la pelota, pagando los platos rotos y por ser traído por el DT saliente.
Salió nuevamente del país, pero esta vez a la elite del fútbol boliviano. El The Strongest (2004) lo recibió junto a Christian Zermattén y ya contaba en sus filas con Gabriel Caiafa. En un clásico frente a Bolívar saltó a cabecear una pelota pero no controló su hombro y menos el brazo e impactó en la humanidad de un rival.
La víctima terminó de jugar el primer tiempo, pero ya no volvió en el segundo. Sufrió un desmayo que obligó a su atención en una clínica donde se le comprobó una conmoción cerebral. Las cosas en lo deportivo marchaban bien, sin embargo no pasó una linda navidad. El incumplimiento económico y cheques sin fondos originaron su salida del club. Abandonó La Paz porque no estaba en condiciones de soportar una humillación más de parte de los dirigentes. Intentó volver cuando el conjunto atigrado estaba por campeonar, pero no pudo. Hoy juega en Almagro, donde fue dirigido por papá Tata, hasta que éste renunció.

Cucu

Actualización fundamental

No tiene nada que ver con el resto de los homenajeados del blog. Pero a su vez tiene mucho de baldosero. Decidimos agregar las últimas noticias de Orestes al viejo post que necesitaba unos retoques. Allí podrán encontrar su currículum íntegro, redactado por él mismo. Click acá o en la foto para ver semejante trayectoria.

Juan Pordiosero

Rocco Leonel

Leonel Rocco

Generalmente el arquero es el puesto con mayor vida dentro de un mismo club. Algunos suelen realizar campañas completas en una misma institución. Sin embargo, no siempre se cumple esa costumbre. Algunos deben peregrinar en busca de un sueldo que los mantenga vivos y no tienen tiempo para encariñarse con una camiseta (o mejor dicho, con un buzo). Es el caso de Leonel Rocco, un guardametas de condiciones dudosas pero con un currilum bastante importante. Debutó en su país, en el arco de Progreso (1990-91). De ahí pasó a Mandiyú de Corrientes, que contrataba todo lo que anduviese más o menos bien en tierras limítrofes. Estuvo un año en la Argentina (1991-92) y jugó 14 partidos. Suficiente para un pibe que había llegado como uno más. Volvió a Uruguay y se sumó a un grande, Nacional de Montevideo. Pero estuvo poco tiempo. La temporada 1994-95 la jugó para Rampla Juniors. Allí provocó el gran salto profesional de su trayectoria, ya que al año siguiente se lo llevó el Tampico de México. Muchos creyeron que no volvería. Y por varios años Rocco les dió la razón. Jugó en distintos países (con un regreso en el ’99, en Bella Vista). En 2000 se fue a Colombia, y pasó por Independiente Santa Fe, Bucaramanga e Independiente de Medellín. De éste último elenco colombiano fue dejado en libertad por bajo rendimiento. La 2003-04 la jugó en el Melgar de Perú, en lo que sería (hasta el momento) su último paso por el extranjero. Actualmente es el portero de Rentistas de Uruguay. Atajó varios penales en su carrera y eso le da un plus que lo distingue.

Juan Pordiosero

Calcaterra Fernando

Fernando Daniel Calcaterra
Es uno de los valores surgidos en Newell’s (1991-1994) durante la era Bielsa, aunque este delantero no tuvo muchas chances. Apareció en la lepra y tuvo la gracia divina de jugar en 1993 junto a Diego Maradona unos pocos partidos. En ese entonces intentó formar una dupla letal con Cristian Ruffini en las que alternaban Claudio Enría e Iván Gabrich. Su jornada inolvidable fue en un clásico frente a Central en el que ganaron 2 a 0 con un gol suyo y otro de Diego Garay. En aquella oportunidad Fernando declaró que «Cuando anoté me sentí como si fuera el dueño de la ciudad, fue una sensación increíble».
Sabida la cantidad de jugadores que surgen de la lepra, salió a probar suerte a la liga chilena que por ese entonces estaba en franco ascenso. Firmó para el O’Higgins de Chile y según su propio parecer tuvo su mejor rendimiento futbolístico. Volvió al país hecho un goleador y apareció luego en Platense (1995-1996). Bien de punta con Adrián Coria o Esteban Fuertes, tuvo su noche de gloria cuando hizo un par de goles frente a la Selección de Rusia que anduvo de gira por el país. Sin embargo en el Clausura solo marcó dos goles a Argentinos Juniors y a Belgrano de Córdoba. Poco se supo de el durante un tiempo, y no queda muy claro si efectivamente pasó por Deportivo Morón, pero lo cierto es que para 1998 llegó al fútbol peruano. En el Deportivo Municipal donde estuvo un año no la pasó bien. Jugó con otro Maradona, esta vez con Lalo y alguna vez señaló: «Lalo es un gran tipo, pero no se le puede comparar con su hermano». Durante la temporada y en un momento anímico pésimo, pidió a la dirigencia que regresaran los jugadores que habían sido removidos del plantel porque los suplentes eran juveniles a los que iban a quemar. Salieron últimos, marcó muy pocos goles y debieron jugar una promoción contra Hijos de Yurimaguas en la que se salvaron en el alargue. Pero hay otra historia muy particular aparecida en un medio peruano. El argentino habría invitado a un compañero a cenar y cuando bajó a comprar pizza, el huésped con mucha mala leche le habría encarado a la novia enseñándole sus tarjetas de crédito y diciéndole: «Qué hacés con ese muerto de hambre». Calcaterra lo quiso matar cuando su prometida se lo contó y hasta dirigentes del club se enteraron del tema. Tratando de olvidar ese mal trago fue adquirido por el Sport Boys (1999-2000) donde hizo buenas migas con Gustavo Tempone aunque alguna vez tentado por Osvaldo Piazza para ir a Universitario y sonó en Atlético Rafaela. Si bien fue inscripto por el Caracas FC de Venezuela nunca más se supo de él. Tampoco queda en claro la totalidad de clubes en los cuales jugó sin embargo este delantero que soñaba con llegar al Real Madrid siempre tuvo la idea de que una vez finalizada la carrera abandonar todo y ponerse a estudiar Ciencias Económicas. Vale destacar que se confesó simpatizante de River Plate, rompiendo un poco ese mito barato de las hinchadas rosarinas sobre que los jugadores de inferiores son fanáticos de la institución que representan.

Cucu

Marinilli Julio

Julio César Marinilli
Eterno defensor que arrancó en Mandiyú de Corrientes en 1992. Soportó el descenso en 1995 con la posterior desafiliación por lo que pasó con la mayoría de los jugadores a Huracán de esa misma provincia. Jugaron el año en la B y ascendieron con una goleada en el Olímpico de Córdoba. No obstante al tiempo volvieron al Nacional e inclusive bajaron hasta el Argentino A. Su destino parecía estar signado en Corrientes por toda la eternidad. Sin embargo en 1999 pensó haber dejado el calvario de campañas duras y complicadas. Llegó como figura a Atlético Tucumán por la temporada 1999-2000 junto a Daniel Peinado, Cosme Ubaldo Julián Zaccanti y Cristian Favre pero la falta de pago implicó que quede libre. Quilmes lo tentó pero optó por seguir por el interior del país. Recaló en Independiente Rivadavia de Mendoza (2000-2002) y hasta le fue ofrecido jugar también en la liga local durante el receso. Pero se cruzó de vereda y firmó en Godoy Cruz (2002-2003). No estuvo mucho tiempo y se arrepintió. Retornó a Independiente Rivadavia (2003), entre otros, con el ex Boca Andrés Bogado.
Siempre deambuló por el interior y casi no conoce Capital Federal, sin dudas una gran decisión. Marinilli, juegue donde juegue es, al igual que Umpiérrez, sinónimo del fútbol correntino, y eso no lo consigue cualquiera.

Cucu

Marcelo Mario

Mario Marcelo

Defensor de poca técnica y gordo, que de alguna forma pudo mantenerse durante mucho tiempo. Pese a todas sus limitaciones, logró ser ídolo de Chicago, donde todo comenzó, en los principios de la década ´90.
Después de mucho tiempo y en reconocimiento a su trayectoria, fue dejado libre.
Fue contratado por Ferro, en el 95, donde de alguna forma fue reconocido. Pero lo increíble es que llegó a jugar junto con Claut, un gran baldosero.
Otra vez libre, se transformó en otro jugador que peregrinó por el ascenso. Talleres (Cba.), Chicago, Gimnasia y Tiro, Aldosivi (con el cual descendió al Argentino A), Ferro, en 1era «B», Barracas Central y hoy es ídolo absoluto de Independencia de Gonzalez Cháves, que perdió las finales por el ascenso al Argentino A.
Ignorante total de lo que pasaba en la TV, hace 8 años (ya que vivía en Mardel y sin cable), yo escuchaba «Mario Marcelo» y creía que hablaban de este jugador. No era así (menos mal), sino que se referían a «Todo x $2».

Oreiro Hernán

Hernán Oreiro

Le pesó el mote de «el nuevo Redondo». Su estilo de juego fino y atildado provocó el interés de aquellos que suelen descubir cracks antes de que se consoliden. Y Oreiro cumplía con todos los requisitos. Jugaba de volante central, era hábil y tenía un gran futuro por delante. Pero fracasó a lo grande. Había surgido de Chacarita, en el Ascenso. Allí dicen que la descosía. Pero le costó mucho el salto de categoría. En 1992 lo compró Racing, dónde debutó en Primera División. Ese primer partido también fue la despedida. Jamás volvió a ponerse la albiceleste. Volvió al under. Se sumó a All Boys, dónde logró destacarse. Eso provocó la reacción de River, que lo incorporó en 1995 con la ilusión de que explotara con la camiseta de la banda roja. Pero los Millonarios obtuvieron el mismo resultado. Oreiro jugó un solo partido oficial y nunca más pisó Nuñez. Ramón Díaz lo hizo jugar un amistoso en Uruguay ante la selección local (que venció 3 a 0), en Maldonado. Oreiro jugó de titular pero fue reemplazado por el hijo del Beto Alonso en la segunda parte (algo bastante jodido).
En el único lugar dónde se destacó es All Boys (dónde regresó en 2002 tras cinco años). Se desconoce que hizo en gran parte de su carrera, dónde figuran baches en los que parece no haber jugado al fútbol.

Juan Pordiosero