Carlos Augusto Quiñonez
Este pibe nacido en Rafael Castillo era señalado como el enganche promesa de Boca. Con Riquelme y La Paglia arriba soñaba con llegar, sobre todo por su habilidad y por las semejanzas al juego de Román. Notas, entrevistas, perfiles y flashes lo subían a un pedestal al que lamentablemente nunca llegó
Llegó a La Ribera desde Ferro junto a Facundo Bonvín y otros jugadores más a cambio de un millón de dólares. Con toda la chapa fue figura en el Sudamericano Sub 17 que se jugó en Paraguay, donde fue titular en todos los partidos menos en la final contra Brasil. Ese día, el 16 de marzo del 97, entró en el segundo tiempo. Pintaba para crack y su carrera fue eso…un crack porque vivió roto. En ese partido definitivo se rompió los meniscos de la rodilla izquierda que lo dejó afuera de las canchas. Reapareció en la reserva bajo la lupa de Griffa, García Cambón y Hugo Alves pero la primer pelota que tocó se lastimó los meniscos pero de la otra rótula en 1998. Y casi un año después otra vez jugando un preliminar, se volvió a lesionar. Se le quebró un cartílago muy chiquito y desde 1999, el tobillo derecho se le mueve de su posición habitual. Se le descoloca y se lo acomoda el mismo.
Pero a su poca fortuna también lo acompañó una fuerte realidad. Era tildado de poco sacrificado por lo que se perdió un Mundial Juvenil. «Sé que no me llevaron porque no hacía lo que el técnico me pedía, no me sacrificaba».
En el año 2000 lo subieron a practicar con el plantel profesional para que jugara frente a Belgrano en Reserva. Con Riquelme padeciendo una lumbalgia y La Paglia contracturado, ésa era una buena chance para Bianchi de observar a este chico, pero otra vez no pudo ser. Llovía a loco y el encuentro se suspendió. La revancha la tendría poco tiempo después en un postergado preliminar frente a San Lorenzo pero esta vez lo que caía del cielo eran baldazos, que trajo como consecuencia una cancha imposible para jugar y para colmo a falta de fechas para completar todos los encuentros que estaban sin jugar, la AFA decide declarar desierto el campeonato y terminarlo una jornada antes de lo previsto.
En el 2002 se fue a México donde jugó en Cuautitlán y en los Tigrillos (2003-2004). Al finalizar el contrato volvió al país para jugar la el Nacional B para Chacarita. No tuvo mucha suerte y su última dato es que jugaba en un equipo de Kuala Lumpur, capital de Malasya.
Alguna vez quemando sus últimos cartuchos en Boca declaró que «si no es ahora, no va a ser nunca. Así que me tengo que matar para que esa oportunidad aparezca». Y así le fue.
Carlos Quiñónez, que supo vestir la celeste y blanca junto a Costanzo, Grabinski, Milito, Chaparro, Marchant, Pereyra, Farías, Galetti y Prieto entre otros es un talento olvidado al que la mala suerte se le hizo piel…si señor, tóquese el izquierdo.
Cucu


