Ledzianiou Vitali

Vitali Ledzianiou

El regalo más fantástico que nos dejó la temporada de Huracán de Tres Arroyos en Primera. Una historia plagada de particularidades y cosas fuera de lo común. En primer lugar, un Ruso en el fútbol argentino es bastante llamativo. Pero más curioso aún es si se tiene en cuenta que su llegada al país tuvo ribetes cómicos. A mediados de 2004, el Globo buscaba refuerzos para afrontar el Torneo Apertura. A contramano de todos los clubes y fuera de término, desaprovechó la chance de incorporar jugadores de nivel dentro del plazo que otorgaba la AFA. Sin embargo, el representante Flavio Rein acercó a dos jugadores a la institución. Uno fue el Pipa Leonel Gancedo, que tuvo que bancarse medio año sin jugar para recalar definitivamente en Tres Arroyos. Y el otro fue Vitali Ledzianiou, un ignoto centrodelantero ruso que tenía como antecedente varias convocatorias para la seleción sub 17 y sub 20 de su país. Además, con su club – El Dínamo de Minks – había participado de la Copa Intertoto. El hombre, que por aquel entonces tenía 24 años, aceptó la propuesta y voló hacia la Argentina. Pero con tanta mala suerte que a su llegada a Ezeiza tuvo unos problemas que le impidieron bajar del avión. Sin pisar suelo argentino, volvió a España. Recién después de solucionar sus inconvenientes pudo regresar a Buenos Aires. Ni tuvo tiempo de entrenar. Llegó al club y a las pocas horas viajó a Capital para jugar ante Almagro, en un partido amistoso de reserva (ya que Huracán no participaba del torneo oficial). La idea del técnico Chavo Anzarda era probarlo en el partido para ver si podían incorporarlo para el Clausura 2005. Y el ruso no desepcionó. Entró en el segundo tiempo y marcó dos goles para la victoria 4 a 3 del Globo. Después de semejante actuación, muchos imaginaron que se quedaría o que algún equipo del ascenso lo tentaría para jugar. Sin embargo, a los pocos días Ledzianiou desapareció del mapa.
Hace unos meses, el Indio Gustavo Guevara (ex HTA, hoy en Platense) me confirmó que «el rusito jugaba bien, pero no entendía nada«.

Juan Pordiosero

Sergio Manoel

Sergio Manoel Junior

Cuando la noticia se hizo oficial, desde éste blog aventuramos que no había otra opción: Si o si, el brasileño Sergio Manoel integraría la larga lista de futbolistas chorros que pasaron por la Argentina con mucha más pena que gloria. Todo el mundo lo presumía. Todos sabían que no cabía otra posibilidad que el rotundo fracaso. Sin embargo, algunos dirigentes de Independiente antepusieron sus negociados y lo trajeron para el Apertura 2004. Ni siquiera el Pato Pastoriza (en sus últimos días, DT de ese equipo) dio el visto bueno. Pretendía un enganche de nivel, no un mamarracho traído de Brasil.
Sergio Manoel llegó con 32 años a Avellaneda. Antes había realizado un culto a «amor a la guita» en su país y en Oriente. Debutó en el Santos (1989 a 1993) y pasó Fluminense (1993), Botafogo (1994-95 y 1998-2000), Cerezo Osaka de Japón (1996-97), Gremio (1997), Cruzeiro (2000-02), Coritiba (2002), Portuguesa (2003), América de Río de Janeiro (2003) y Figueirense (2004). También había disputado 5 partidos para su selección. En su paso por Cruzeiro había tenido la oportunidad de convertirle un gol al Rojo (de penal) , por la Copa Mercosur.
Cuando aterrizó en Independiente, dejó en claro que no sabía dónde estaba. El Diario Olé le mostró una foto de Bochini y él se atrevió a decir «lo vi en una página del club como un gran referente, pero no sé el nombre«. Ignoraba quién era el Bocha. Eso presagiaba un futuro oscuro.
Jugó varios amistosos antes del estreno en el campeonato. En algunos tuvo un nivel aceptable que esperanzó a los hinchas. Pero sólo quedó en eso. Días antes de debutar oficialmente (ante Quilmes), fallecío Pastoriza. Llegó Daniel Bertoni, que tuvo un poco más cordura, y le demostró que no tenía nivel para jugar con la Nº 10. Apénas disputó 4 partidos incompletos en ese torneo (dónde el Pocho Insúa fue titular).
Antes de fin de año rescindió su contrato y volvió a Brasil. Pasó por el Marilía y ahora está de nuevo en el Figueirense.
Juan Pordiosero

Calvo Luis

Luis Calvo

Un rebelde sin el talento necesario para acompañar esa rebeldía. Le faltó temperamento en la cancha y le sobró fuera del campo. Especialista en pelearse con los entrenadores, no arrugó a la hora de plantearle su disconformidad a Carlos Bilardo, uno de sus técnicos en su paso por Boca. Había debutado en la primera de los Xeneizes en 1995 (bajo el mando de Marzolini). El Narigón llegó al año siguiente y no le dio demasiadas chances al volante. Ésto provocó ira en el jugador, que se tuvo que conformar con entrenar con la cuarta. Tras la ida del ex DT de la selección, Calvo volvió a integrar el plantel (primero con Pancho Sá y despues con el Bambino Veira) y no perdió la oportunidad para dedicarle su regreso a la elite. Luego de un partido veraniego ante Independiente, encaró a las cámaras de televisión y le ofrendó su «pase-gol» a Carlos Salvador, con un par de palabras que demostraban rencor. Aquellas declaraciones irritaron a un paladín de la linea bilardista, como Fernando Niembro, que aprovechó cada una de sus apariciones en los medios para tildar de inmaduro e irrespetuoso al fútbolista.
Calvo había logrado su cometido. Conmovió al establishment del fútbol argentino y pretendió crear, a partir de eso, una carrera plagada de éxitos. El resultado es evidente: Luis Calvo no triunfó. En Boca totalizó 17 encuentros oficiales y ningún gol. Cansado de esperar oportunidades, voló a Rosario para jugar en Central. Sólo disputó 7 encuentros y marcó una vez.
Con el antecedente de haber ganado el Sudamericano Sub 20 de Chile 1997, bajó de categoría para empezar de cero. En Banfield estuvo un año (1999-2000). Se fue a Grecia y pasó por dos equipos (AEK Athenas y Kalamata). En la 2001-02 volvió al país para sumarse a Independiente Rivadavia de Mendoza. Lo último que se supo es que se estuvo haciendo el loquito en el Jorge Wilsterman de Bolivia.
Juan Pordiosero

Castellón Roberto

Roberto Castellón (El Chivo)

Un símbolo de Flandria que tuvo sus minutos de gloria en Primera División. Se puso la casaca de San Lorenzo de Almagro en 9 oportunidades (1993-94 y 1996). En su última etapa llegó a alternar el puesto con el Perro Arbarello. En esos 9 cotejos no convirtió. Y no marcar para un delantero suele ser decisivo. En la temporada 1996-97 se fue a Argentinos Juniors e integró el plantel que ganó el ascenso a la máxima división. Un año más tarde bajó a la Primera B para jugar en Leandro N. Alem. Pero duró poco. Una sola temporada le bastó para darse cuenta de que necesitaba volver a su primer amor, Flandria, dónde había jugado a comienzos de la década del ’90. En 1998 volvió al Canario y pasó por varias jodidas, especialmente por su mala leche con las lesiones. La más grave la sufrió hace más de dos años, cuando se fracturó la tibia. Los médicos tuvieron que colocarle una varilla de aleación de titanio en la pierna para que pudiese seguir jugando. La solución fue temporaria. Ya que con el tiempo comenzó a sentir molestias originadas por la varilla, que rozaba con un tendón y no le permitía jugar o entrenar con facilidad. Lo operaron y apuraron su retorno. Éste año volvió a las canchas (en su cuarto regreso) para la felicidad de la hinchada de Flandria.
También intentó triunfar afuera, ya que jugó en Wanderers de Montevideo (Uruguay).
Juan Pordiosero

Baiano

Dermival Almeida de Lima, Baiano.

Bombón. Futbolista brasileño que llegó a Boca Juniors en la época del Xentenario y terminó siendo uno de los chascos del siglo. Su incorporación, a comienzos 2005, estuvo viciada de desconcierto. Antes de que se concretara el pase, un dirigente xeneize había aventurado que Boca incorporaría un lateral de Brasil que estaba en Milan. Muchos creyeron que se trataba de Cafú. Pero no, la plata sólo alcanzó para Baiano, que nunca jugó en Italia.

Su paso por la Argentina fue pintoresco en un principio, y desesperante luego. Después de presentarse en el torneo de verano, disputó 8 partidos locales en los que Boca apenas pudo ganar una vez. Era flojo en la marca, sus proyecciones eran tan desordenadas como estériles y su fama de buen ejecutante de tiros libres apenas si sacó lustre con un remate al palo en un partido ante el Deportivo Cuenca. Por la Copa Libertadores, es cierto, le fue un poco mejor, ya que convirtió dos goles que le sirvieron para que sus compañeros le dieran algo de bola.

Según contó el mismo Baiano cuando se fue del país, en Boca la pasó bastante mal por el vacío que le generaban los más experimentados del plantel. Es más, yendo a los archivos encontramos una declaración del Pablo Jerez que confirma: «creo que por una cuestión de respeto, el Chino Benítez me tendría que haber llevado a la pretemporada. Quiero demostrar que se equivocó. Baiano no es más que Calvo, Álvarez o yo. Con la incorporación de este muchacho, sabía que ya no iba a tener lugar«. Pero eso no fue todo. También el brasileño confesó: «Los rivales me decían hermano de Grafite e incluso en un partido ante Instituto me preguntaban si tenía el coraje para hacer lo que hizo Grafite en San Pablo«, en alusión al escándalo que derivó en la detención de Leandro Desábato, jugador de Quilmes, por presuntos dichos racistas.

En su país vistió las camisetas de Santos, Matonense, Vitória, Atlético Mineiro, Palmeiras, Náutico y Vasco Da Gama, mientras que afuera jugó Las Palmas de España, Rubin Kazan de Rusia y Atlético Nacional de Colombia.

Méndez Alejandro

Alejandro Julián Méndez (El Cabezón)
Delantero histórico de Deportivo Morón, que tuvo su momento de gloria una noche en Brasil jugando para Estudiantes de la Plata, cuando marcó un gol ante el Flamengo, en el mismísimo Maracaná, por la Supercopa.
Siendo ese el momento de mayor gloria personal del Cabezón, también habría que decir que casi queda en la historia del futbol Argentino, no por su rendimiento en el campo de juego, sino porque estuvo a punto de desatar una huelga cuando en Estudiantes le andaban debiendo 30 mil pesos y no querían dejarlo libre por falta de pago.
Finalmente consiguió la libertad y paso por Almagro, Chacarita, Estudiantes de Bs. As. y hasta paseo sus goles por Bucaramanga y Santa Marta de Colombia (aunque «la biblia» baldosera no hable de su excursión por la tierra del pibe Valderrama) .
Alejandro termino su carrera prematuramente en el Gallo del Oeste con 28 años, cansado de la rutina diaria. Igual, a la semana ya era parte del cuerpo técnico de la primera.
Durante mucho tiempo compartió plantel en El Gallo con su primo Martín, quien dejó el equipo del municipio de Rousellot en la mala, para pasar a Nueva Chicago.

Hoy tiene una fabrica de compostura de calzado, donde anhela las épocas donde sus goles eran trasmitidos a toda América.

Pastor

Ayuso Estanislao

Estanislao Agustín Ayuso

Éste tipo baldoseó desde que nació. Su nombre completo remite a un guerrero de la era medieval. Pero él correspondió gentilmente a su época. Como nació en siglo XX, eligió ser jugador de fútbol, la profesión más cercana que encontró. Se hizo arquero y se largó al mundo, para triunfar. Debutó en Rosario Central, en 1996. Jugó 7 partidos en la Primera de Los Canallas. Suficiente como para dejar de recuerdo una foto que lo pinta de cuerpo entero (aunque no se le vean las piernas). La imágen lo muestra dando declaraciones al canal 26 TV, enfundado en el buzo más feo del planeta, luego de un partido ante Huracán que lo tuvo como figura, en el bizarrísimo torneo de Necochea de 1997.
En el ’99 se fue de Central. Pasó por San Martín de Mendoza (1999-2000), Instituto (2000-01), Argentino de Rosario (2001-02), Tiro Federal (2002-03), . Ahora está en el Teodolina FBC de Venado Tuerto, en el Torneo Argentino C.
Su mayor logro en la vida es haber tenido como invitado a su casamiento (en enero de éste año) a Rubén «Polillita» Da Silva.

Juan Pordiosero

Islas Pablo

Pablo Eduardo Islas
Esta es una de las novelas más ricas que se pueden contar. Es el menor de la trilogía Islas y el único jugador de campo. Delantero tosco, hermano de Luis y Daniel nació en 1979 y comenzó las inferiores en Argentinos Juniors. Por algún negociado de Mauricio Macri apareció en Boca (1997-1998) y como tantos otros puntas de las inferiores xeneizes debió emigrar. Claro, previamente jugó algunos encuentros como aquel frente al Ajax por la Copa ABN Amro Bank donde marcó el gol de la victoria. Ese día el xeneize formó con Abbondanzieri, Matellán, Traverso, Fabbri, Arruabarrena, Toresani, Berti, Pompei, Cedrés, Islas, Pedro González. DT: Veira. Enfrente el equipo holandés con Grim, Melchiot, Blind, Bogarde, Schotten, Mariano Juan, Witschge, Overmars, Reuser, Ivan Gabrich, Hoekstra. DT: Louis Van Gaal.

Sin embargo tapado (14 partidos, 2 goles), con una agresión física a un hincha, algunos desplantes que no cayeron bien entre los dirigentes y el cuerpo técnico, y que el Bambino no lo tenía en cuenta fue cedido a préstamo. Pasó por Chacarita (1998-199) antes del ascenso sin pena ni gloria. A partir de ahí comenzó a desfilar por una gran cantidad de clubes con actuaciones diferentes. Por ejemplo en Racing de Montevideo (2000) donde compartió plantel con el Pepe José Herrera, Juan Carlos Kopriva y Jorge Reinoso hizo muchos goles (14 en 18 partidos) cosa que generó el interés de los clubes más importantes como Nacional y Peñarol. Lo curioso es que en el aeropuerto había dirigentes de ambas instituciones y se armó una gresca para ver quien se quedaba con el jugador. «Yo no sabía para donde íba a jugar cuando llegué a Montevideo, se me acercó un dirigente de Peñarol y me dijo que me vaya con él». Pero a su vez también lo esperaba un dirigente del Bolso, que aseguraba que Nacional había consumado la negociación con el Grupo Casal. Fue tanto el lío que se armó que los mencionados dirigentes se pusieron a discutir al aire en un programa radial argumentando cada uno sus versiones. «Fue una experiencia muy fea que pase porque estaba muy nervioso y en esos momentos no tenía idea adonde iba a ir a jugar. Por suerte luego se me acercó Adrián Troche (el representante de Lalín) y me aclaró el panorama» , señaló Islas.

Finalmente acordó con Nacional (2000-2001). Arrancó jugando pero terminó relegado y ni siquiera convocado entre los concentrados. Alguna vez fue suspendido por hacer gestos obscenos a la parcialidad visitante y además tuvo un inconveniente en un incidente casero con su hermano Daniel en el que terminaron con quemaduras importantes. Aparentemente, mientras se encontraban en el departamento se rompió el termo con el cual tomaban mate y el agua les produjo quemaduras a ambos. Fue afectado en la pierna izquierda, mientras que Daniel fue quien sufrió las consecuencias más graves y quedó internado en el Centro Nacional del Quemado con más de un 25% de su pierna con quemaduras. Se volvió al país y se incorporó a Tigre (2001-2002) en el Nacional B. Fue precisamente en ese campeonato que el equipo el Matador descendió de categoría. Con el mismo corte de pelo que levanta sospechas al igual que su hermano mayor recaló en Unión de Santa Fé (2002-2003) a pesar del interés de Rosario Central y Racing. Para su llegada al Tatengue le ganó la pulseada a Fernando Pierucci, Jorge Quinteros y Perico Ojeda. Arrancó como goleador en el Clausura 2003 marcándole goles a Boca, San Lorenzo y Racing. El diario El Litoral armó una encuesta acerca de si Bielsa debía darle una chance en la selección nacional. Ese terrible mamarracho fue tomado muy poco en serio por los lectores y en los foros nadie lo podía creer. La buena época duró poco y Pablito sumó otro descenso.

Mucho no le importó, pues había conseguido una oferta muy tentadora del Venezia de Italia (2003) para afrontar la Serie B. Armó las valijas y partió. Claro, el entrenador Angelo Gregucci no lo tuvo muy en cuenta y en el 2004 ya estaba de vuelta. Apareció por Parque Patricios donde Huracán se hizo de su pase a pesar de que en Emelec ya lo habían anunciado como incorporación para ocupar el lugar de Rubén Ferrer. La temporada del globo fue para el olvido e Islas dejó la institución. Viajó nada menos que a Costa Rica y firmó para el Sport Cartaginés (2004) donde tuvo problemas de lesión. El cuerpo médico del plantel aclaró que «someteremos a Pablo a un trabajo especial que lo convertirá el mejor delantero en su posición. Solamente debemos esperar, será cuestión de poco tiempo y tendrán al Pablo que todos queremos».

Tiempo después fue separado por aspectos técnicos, en realidad por no encajar plenamente en el engranaje del equipo, razón por la cual, se decantó por dejarlo fuera para lo que restaba del torneo. Solamente había anotado un gol en siete partidos. Es extraño que a los 24 años ya ha pasado por una decena de clubes y lo curioso es que no termina su historia. Se fue a España y jugó con Mauricio Levato en el Cartagena de la Segunda B. Pero por un problema muscular pasó mucho tiempo sin tener el rendimiento. Una molestia en el bíceps femoral, soportar el cambio de horario e inconvenientes surgidos acerca de su documentación fueron las excusas por las cuales fracasó en su nueva incursión por Europa.

Y para completar el cuento, su nombre junto al de Diego Capria, Matute Morales, Gastón Sessa, Diego Latorre, Pablo Bezombe y Rubén Capria apareció en una maniobra de triangulación de plata en bancos de ex funcionarios del menemismo vinculados supuestamente al narcotráfico. Hasta el mismísimo Daniel Lalín resultó implicado. Se pagaron millones de dólares por estos jugadores a través de un club de segunda división uruguaya que solo habría recibido un monto ínfimo. Según un informe del Senado de los Estados Unidos, todo estuvo vinculado al Cártel de Juárez (México), poderoso grupo de la droga que lavaba dinero en Argentina, Chile y Uruguay. Se agregó además que desde 1997, el empresario ex presidente de Racing de Argentina y dueño del pase de Pablo Islas, utilizó la plataforma de la institución charrúa para eludir las inhibiciones de la justicia argentina que amenazaba con la quiebra del popular club y así salvar sus intereses económicos.

UPDATE: En el 2005, siendo jugador de San Martín de Mendoza, le saltó un antidóping positivo de cocaína y estuvo suspendido 6 meses. A mitad del 2006 recaló en Huracán de Tres Arroyos para jugar con su hermano Daniel. Pero un virus fulminante lo tuvo postrado durante cuatro meses y temió no volver a jugar. Sus familiares se escondían para llorar pero se recuperó antes de lo esperado. Debió trabajar duramente en el gimnasio y en un centro de rehabilitación de Futbolistas Argentinos Agremiados.
«Sentí un miedo terrible. De un día para otro quedé inmóvil y estuve 18 días inconsciente. Cuando estaba en el sanatorio y ya había reaccionado pero aún no podía levantarme sin ayuda, cada vez que veía a alguien de guardapolvo blanco le preguntaba si iba a volver a caminar. Todos me decían que si. Un día apareció una doctora y le pregunté: ‘¿Sabe si voy a volver a caminar?’. ‘No sé’, me respondió. ‘No entre nunca más a esta pieza’, le dije. Sí, me puse loco y la eché porque no me banqué ese palazo en la cabeza que me había dado».

Cucu