Especiales: un argentino en Gales


Nicolas Mazzina
Surgido de las inferiores de Boca, con pasado en alguna selección juvenil y Kimberley de Mar del Plata (29 partidos, 8 goles) Nicolás Mazzina se fue, pasaporte italiano en mano, al viejo continente en búsqueda de oportunidades que no supo tener en el fútbol local.
En julio de 2001 apareció en el Swansea City de Gales (que juega en la tercera división inglesa) junto a Matías Lencina. El equipo galés era noticia en ese momento porque había fuertes rumores de la venta por parte de su dueño, debido a millonarias perdidas. Al parecer, ambos argentinos habían llegado en el mismo «paquete» después de haberse probado en el Hibernian escocés sin demasiada suerte.
Firmó por una temporada con el conjunto de Gales pero no llegó a cumplir su contrato, ya que en en febrero de 2002, después de haber jugado tres partidos de Liga y uno de Copa, se alejó debido a problemas económicos del club.
La experiencia británica no terminó y en agosto del mismo año se unió a las filas del York FC (de la tercera división) junto a Matías Veron y dejó imágenes diversas: por un lado se dijo que era alguien rápido y hábil mientras que por otro lado, había gente que sostenía que era un truco publicitario del dueño del club en ese momento. Lo cierto es que jugó solamente tres partidos (de suplente) en un poco mas de dos meses y su contrato no fue renovado.
Luego llegó un gran hueco en su carrera deportiva , que duró hasta 2004, cuando se lo vio en un equipo llamado Agrupación Deportiva Parador en la liga regional preferente de Almería, en España, donde todavía esta jugando.

Pastor

«Un sitio delicioso»

x4

Así definió Sebastián Wainraich a enunabaldosa.com, durante la nota que nos realizó hoy en su programa, Wanna-Be, que se emite de lunes a viernes de 10 a 13, por la radio X4 (Fm 104.3).
Fanático de Atlanta, confesó que como muchos simpatizantes del Bohemio llegó a creer que Sergio Diduch era bueno por su cabellera rubia. Tampoco faltó tiempo para hablar de los laterales al segundo palo de Alcami y de las planchas al pecho de Genovese, un recio marcador central del club de Villa Crespo que marcó el sendero que luego completaría el Ninja Vallejos.
También dimos las razones de por qué aún no está homenajeado Bennetti (un símbolo de los 15 minutos de fama). Obvio, se hizo referencia a Solbes.
La entrevista abarcó terrenos de otras secciones como ÁREA CHICAS, y se tocaron los temas «Maradona-Lucía Galán» y «Orestes Katorosz-Cindy Crawford». Como buen seguidor de la página y para rematar la charla, Sebastián nos pidió un homenaje para el volante Marcelo Aldape.
Desde aquí, saludamos a Julieta, Ignacio y al resto del Staff y agradecemos por el espacio que nos dedicaron.
En Una Baldosa

Grandi Alejandro

Alejandro Sergio Grandi Mathon
Portero uruguayo que jugó poco en nuestro país, pero que dejó un grato recuerdo a raíz de su singular look y su inolvidable apellido. Desde un principio dio la impresión de que le faltaba algo para ser un grande, pero él trató de desmentir esa sensación en cada uno de los clubes donde estuvo.
Nació en Montevideo en 1968 y saltó a la consideración del pueblo charrúa en la temporada 1991-92, defendiendo la divisa de Bella Vista (había salido campeón en el ’90 pero con una participación mínima). Al año siguiente cruzó el charco y llegó a Huracán de Parque Patricios, que estaba necesitando un arquero confiable. En los 14 partidos que jugó en el Globo (1993), dejó a los simpatizantes quemeros con ganas de más. Algo que repetiría a lo largo de su carrera. Su corte de pelo con colita rutera flasheó a más de uno.
En 1994 volvió a Montevideo y se sumó a Nacional. Pero tampoco duró mucho en el Bolso, ya que en 1996 apareció en Huracán Buceo , equipo que posee una de las casacas más originales del mundo. Para 1997 se propuso un objetivo bien claro: meter tres equipos en un año. Y lo logró. Los primeros seis meses los jugó para Wanderers, y desde julio hasta los primeros días de diciembre atajó en el arco de Olimpia de Paraguay.
Cuando todo hacía preveer que pasaría fin de año en Montevideo, le salió la oportunidad de probarse en un fútbol más competitivo. El Cádiz de España buscaba un portero para reemplazar al titular lesionado (no confiaban mucho en el suplente) y aprovecharon el acercamiento del representante de Grandi. Firmó y jugó dos temporadas. No dejó una buena imágen (el equipo ibérico estuvo ocho años sin volver a contratar un portero extranjero) pero algunos lo recuerdan por su curiosa habilidad para atajar penales, virtud que mostró en varios clubes a los largo de su trayectoria. En la primera temporada (1997/98) sólo atajó 360 minutos y en la segunda (1998/99) sacó provecho de una nueva lesión del arquero titular y atajó en el Trofeo Carranza, siendo héroe en la jornada en la que le detuvo 3 penales a los jugadores del Betis. El diario local comentó «La noche más ‘Grandi’: Sin lugar a dudas, Grandi no olvidará la noche de ayer. Tras unos 90 minutos plenos de aciertos, remató la faena con 3 paradas en la tanda de penaltis, lo que provocó su salida a hombros como si de un torero se tratase«. Luego atajó 6 partidos más en la liga, pero nunca bajo la confianza del técnico.
Fiel a su costumbre «golondrina», al año siguiente volvió a Uruguay y se incorporó a Wanderers. Ya todos imaginaban que no duraría mucho en la institución que vio nacer a Enzo Francéscoli. Por eso nadie se asombró cuando se fue al River Plate uruguayo en 2000.
Un año más tarde regresó a Wanderers y allí estuvo hasta fines de 2002, cuando decidió cambiar de aire y pasó al Liverpool de Montevideo (tampoco iba a cambiar tanto). En 2004 se fue a vivir a España y comenzó a entrenar con compatriotas amateurs y ex jugadores profesionales, con los que conformó la selección uruguaya que participó, en Madrid, del Mundialito contra la discriminación y la solidaridad. Recién cuando el pueblo charrúa se enteró de eso, aceptó el retiro de uno de los arqueros con más onda de los 90’s.

Juan Pordiosero

Ávila Leandro

Leandro Ignacio Ávila (Picho)
Talento pulido en las inferiores de Independiente con perspectivas de que se convirtiera en el número cinco del Rojo durante muchos años (hasta jugó en selecciones juveniles). Sin embargo, en la etapa final el plan falló. Le pusieron a un histórico como Cascini por delante y tuvo que comer banco como loco. En 1999 sólo jugó 4 partidos y en 2000 le costó bastante jugar como titular, aunque llegó a hacerlo.
Con el tiempo los dirigentes confesaron que todo había sido producto de un malentendido. El chico no poseía excelentes condiciones futbolisticas. Pero entusiasmados por una cuestión dialéctica creyeron que sería «el dueño de la pelota» por el apellido que portaba.
Está claro que nada de eso ocurrió. Cansado de esperar oportunidades, en 2002 comenzó a replantearse su futuro, y optó por irse a otra institución. Pero eligió mal y se fue a Chacarita, donde volvió a ver nubladas sus chances con la presencia de Rosada. El ex Boca le tapaba el lugar (obvio, es volante tapón) y sólo pudo ingresar en cuatro partidos, de las diez veces que fue al banco.
No contento con eso, se quedó para completar el préstamo sin chistar pero también le tocó ser suplente en el Clausura 2003. Al finalizar su estadía funebrera pasó a la CAI de Comodoro Rivadavia, donde mostró algo de su depurado trato de pelota, pero también fue utilizado como recambio. Finalizó la temporada en buen nivel y a mediados de 2004 cayó en Olimpo de Bahia Blanca, para volver a probar las mieles de la Primera División. Pero apenas si le sintió el gustito de lejos. El Goyo Pérez no lo tuvo en cuenta y a principios de 2005 tuvo que marchar junto a Facundo Imboden, Alexis Cabrera, Luis Rueda y Sebastián García.
Ese mismo año se sumó al Éspoli de Ecuador, pero días antes de su debut se lesionó y los dirigentes se vieron obligados a rescindirle el contrato. Con la mala leche a cuestas armó las valijas y se volvió a Argentina para incorporarse a San Martín de Tucumán, en el Torneo Argentino A. Aún permanece allí, rezando para que no incorporen a otro volante central.

UPDATE

Sigue jugando en el Santo tucumano, donde comparte plantel con Javier Lavallen, Luís Rueda, Matías Saad, Esteban Gil; estaba siendo habitualmente titular pero se lesiono en un pie frente a Chacarita.

Juan Pordiosero

Cáceres Silva Ricardo

Ricardo Daniel Cáceres Silva (Gusano)
«El Heredero de Gorosito». Asi lo presentó el Diario Olé en una nota publicada en abril de 1999. Con 17 años casi cumplidos, este paraguayo la rompía semana a semana en las inferiores de San Lorenzo e incluso llegaron a tantearlo para que se nacionalice argentino (entrenó y todo con el Sub 17 albiceleste).
En aquél entonces, el público del Cuervo no entendía por qué no le daban más chances en reserva luego de las buenas actuaciones que tenía jugando en la Sexta división (Boca le había echado el ojo y los dirigentes azulgranas tuvieron que pagarle viáticos y premios para que no se fuera).

-¿Vos estuviste alternando banco y titularidad en la Reserva. ¿Por qué volviste a la Sexta?
Es que estuve lesionado. Los técnicos me habían mandado a la Sexta para retomar el rítmo futbolístico, porque me había salido un sobrehueso en el pie derecho, muy doloroso. No pude caminar durante casi todo febrero. Por suerte ya me curé totalmente. Ojalá me sirva para volver a la Reserva.

– Sos enganche y hacés varios goles (NdR: venía de hacerle 3 a Colón, en Santa Fe). ¿Por qué no jugás de punta?
-Porque me gusta más la posición de enganche, o de volante por izquierda o derecha. Soy un jugador habilidoso. Mi ídolo y espejo es Enzo Francéscoli, aprendió mucho de él, incluso la forma de pegarle a la pelota en los tiros libres. Yo soy derecho, como él.

-A pesar de que naciste en Asunción, entrenaste un tiempo con Pekerman.
-Si, fue el año pasado (1998). Estuve en la Sub 17 durante seis meses y me preguntaron si podía nacionalizarme. Después no me llamaron más porque hasta los 18 años no puedo hacer el trámite. ¿Si me llaman de Paraguay? No se que haría….

En esa misma nota para el diario deportivo, Cáceres Silva dio detalles de sus llamativos dibujos en la piel:
-Tengo tatuados varios animales, un león, un duende (en el caso de que sea un animal), un dragón y un escorpión. Me los hice por gusto, no tienen ningún significado especial. También tenía cuatro aritos, dos en cada oreja…Pero el Profe Marcelo Rosenblatt me dijo el primer día de la pretemporada que me los sacara, que Ruggeri ya había retado a unos cuantos pibes.

Sin embargo, los retos no hicieron mella en el espíritu curioso del volante ofensivo y años más tarde quiso probar si podía ver más «duendes» sin tener que tatuarselos. El tiempo le hizo realidad ese deseo, pero antes peregrinó por el ascenso gracias a los sucesivos préstamos que San Lorenzo le ofrecía para saciarle sus ganas de jugar.
En julio de 2001 pasó a Almagro, en la B Nacional, que estaba bajo la conducción de Ginarte. Poco duró poco ya que al año siguiente volvió al Ciclón y jugó el torneo de Reserva (le hizo un gol a Boca, en 2002)
En julio de 2003, sin chances de debutar en Primera, se fue al Deportivo Morón en busca de continuidad, pero allí encontraría un bajón más. Arrancó siendo titular en el Apertura, e incluso tuvo buenas actuaciones, pero luego su nivel cayó bastante y quedó relegado. Para el Clausura 2004 de la Primera B, las oportunidades se le achicaron (el DT sólo lo puso un ratito en los tres primeros partidos del año, aunque hizo un gol ante Argentino de Quilmes). Pero él se terminó de enterrar. El 21 de febrero se jugó el clásico entre Morón y Almirante Brown. El Gallito perdió ese día 2 a 1, como local, y el paraguayo ingresó a los 16 minutos del segundo tiempo por su compañero Mercier. Hasta ese momento fue un partido como cualquier otro, aunque con la tristeza elocuente que supone la derrota en un clásico. Pero todavía había más.
Luego del partido, a Cáceres le tocó realizar el control andidoping. Y días más tarde recibió la noticia menos deseada: le había dado positivo.
En marzo de ese año se dio a conocer la información (esa misma semana también ocurrió algo similar con Cordone y Esteban González) y en abril se supo la sustancia y la pena: por haber encontrado en su muestra un derivado de la marihuana, recibió una sanción de tres meses (El Gusano ni se tomó la molestia de ir a declarar). El club, además, tuvo que pagar el equivalente a 75 entradas generales en concepto de multa.
Cumplió la condena y ese mismo año se incorporó a Laferrere. Con el tiempo pudo jugar con Cecilio Galeano, Cubito Cáceres, el Mono Claut, el Pampa Biaggio y Garrafa Sánchez, de quien llegó a ser el suplente natural.
Hoy, con menos competencia en el puesto pero con un dolor que lo debe seguir acompañando en cada rincón del estadio de Lafe, trata de reconstruir una carrera que comenzó plagada de buenos augurios y con más de un duende dando vueltas por el aire.

Juan Pordiosero

Chávez Rubén

Rubén Ariel Chávez (El Bombero)
Lateral surgido de Rosario Central que intentó llegar bien alto como varios compañeros de su camada pero que sin embargo nunca logró afianzarse en Primera División y terminó siendo postergado por otros jugadores. Tal es así que vio desde el banco como se desempeñaban por ejemplo Rodolfo Arruabarrena y Germán Rivarola. Vale aclarar que «El Bombero» (porque según un periodista apagaba todos los incendios) no tenía un carril definido, no por su variedad de perfiles sino porque sólo jugaba cuando había que tapar huecos.
En 1996 el Canalla volvió a jugar la Copa Conmebol, torneo en el que debía defender el título del año anterior, no obstante fueron eliminados (Chávez participó) por Lanús, a la postre campeón.
Sin más que hacer por Arroyito, no logró atraer a ninguna otra institución, por lo que aceptó una oferta del flojo fútbol venezolano.
Fichó en el Unión Atlético Táchira (1998-1999) donde tuvo como compañeros nada más y nada menos que al defensor Alfredo Turdo y el pelilargo Fabián Alegre. En aquel país, jamás pensó que haría carrera, sino que lo creía como una transición.
Años después fue transferido al Italchacao para recalar finalmente en el Monagas SC (2001-2002), club en el que fué considerado por el periodismo deportivo como el mejor defensor extranjero que haya jugado allí en los últimos años ya sea por su rendimiento futbolístico y su carisma con la gente.
Sus días en esta institución era los mejores, sobre todo porque se tomaba unos ricos mates en el vestuario con Juan José Cardinal. Pero claro, la incipiente crisis política lo haría retornar al país.
«Decidí irme de Monagas por los problemas que había en el país, tenía miedo de que pase algo grave, y además mi esposa estaba embarazada de 7 meses y queríamos tener el bebe en argentina, creo que esos son lo dos motivos del porque me fui, porque si no me habría quedado», afirmó al ser consultado por un sitio de fanáticos.
Instalado en Rosario nuevamente, no le quedó otra, y repitió la misma historia que todos los que no logran hacer carrera en los grandes de la ciudad. Se unió a los intereses de Tiro Federal (2003-2004) en el Argentino A y fue partícipe del ascenso al Nacional.
Dirigido por Jorge Solari, conoció a Del Vecchio, Chitzoff, Misetich, Walter Paz, Alejandro Peralta, Terés, Gustavo Dueña y Diego Erroz.
Ya en la segunda división argentina, el «Chavo» volvió a desaparecer de los medios y abandonó el club. Se desconoce su paradero.

Cucu

Cotera Alfredo

Alfredo Nicolás Cotera
Marcador central que se destacó más por su pelada y por su apellido que por sus condiciones futbolísticas. Debutó en la primera de Huracán de Parque Patricios en 1997 y completó 16 encuentros hasta 1998. No convirtió ningún gol ya que ese no era su fuerte (todavía los hinchas quemeros están tratando de descifrar cuál era su virtud). Compartió el plantel con experimentados como Carlos Bustos, Chacoma y Giuntini, y otros pibes como Orsi, Mhamed, Toedtli y Gastón Casas.
La crisis institucional lo obligó a dejar el club y comenzó una carrera internacional de alto vuelo. Primero estuvo en Millonarios de Colombia (1999-2000), luego en el Monza de Italia (2001) y la 2002-03 la jugó para la Universidad de Concepción, donde había llegado para hacer unas pruebas y convenció por su nivel pero por sobre todo por su baja cotización que se adaptaba al escaso presupuesto del club chileno.
Desde 2004 está en el Haladas de Hungría, y según parece, no tiene intenciones de regresar.

Juan Pordiosero

Latorre Hernán

Hernán Pablo Latorre (Fulbito)
Para mayo de 1991 la ilusión de Racing estaba centrada en la obtención del campeonato pero también en una incipiente promesa que asomaba con el peso del apellido. En ese momento, el presente de su hermano Diego, era similar a la aparición del Kun Agüero en Independiente.
El joven en cuestión era Hernán Pablo Latorre, hermano de «Gambetita» y que practicaba con la reserva dirigida por Humberto Grondona.
Con 19 años recién cumplidos, llegó a la Academia con el pase en su poder gracias a la rápida intervención de Settimio Aloisio, quien convenció a la dirigencia para que al menos lo dejen entrenar.
Previo a ello, había quedado libre del Deportivo Español en cuarta división y atravesado una breve y desafortunada prueba en Huracán.
«Por ahora trabajo con los suplentes y me prendo en los entrenamientos con la primera, me están observando para ver si me compran o no, tengo que esperan hasta junio».
Finalmente no pasó el filtro y futbolísticamente no se supo más nada de él. Participó en algunos partidos de tercera sin ninguna trascendencia, pero aprovechó sus quince minutos de fama y el apellido de su hermano (que también es de él) para poder mostrarle a sus nietos que el también salió en El Gráfico.
Por esos meses y aún esperando saber si quedaba o no, Boca le ganó a Racing 6 a 1 en la Bombonera con dos goles de su hermano Diego. El partido se jugó a la mañana por razones de «seguridad», aunque también se especuló que fue debido a que algunas empresas de interior pagaron un «plus» por emitir el evento en directo.
Resultó un baladazo a la ilusión blanquiceleste, porque Boca llegaba puntero con 22 unidades y Racing segundo con 20.


Fue posible imaginar a Perfumo, Fabbri o Borelli no pudiendo salir ni a pasear el perro ese domingo por la tarde, y ni hablar del plantel, abatido por la derrota y con el ánimo por el piso.
Todos, salvo Hernán que nos dejó una enseñanza: en el fútbol, no es cuestión de andar dramatizando. Si bien el formaba parte del plantel, la tarde de aquel día la pasó en la Costanera almorzando y festejando junto a su exitoso hermano Diego, amigos y familia.
Pero eso no es todo, porque colgado de la fama de «Gambetita», se fue a vivir a Tenerife junto a él, quizás, tratando de comenzar de nuevo en el fútbol.

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