«El Heredero de Gorosito». Asi lo presentó el Diario Olé en una nota publicada en abril de 1999. Con 17 años casi cumplidos, este paraguayo la rompía semana a semana en las inferiores de
San Lorenzo e incluso llegaron a tantearlo para que se nacionalice argentino (entrenó y todo con el Sub 17 albiceleste).
En aquél entonces, el público del Cuervo no entendía por qué no le daban más chances en reserva luego de las buenas actuaciones que tenía jugando en la Sexta división (Boca le había echado el ojo y los dirigentes azulgranas tuvieron que pagarle viáticos y premios para que no se fuera).
-¿Vos estuviste alternando banco y titularidad en la Reserva. ¿Por qué volviste a la Sexta?
–Es que estuve lesionado. Los técnicos me habían mandado a la Sexta para retomar el rítmo futbolístico, porque me había salido un sobrehueso en el pie derecho, muy doloroso. No pude caminar durante casi todo febrero. Por suerte ya me curé totalmente. Ojalá me sirva para volver a la Reserva.
– Sos enganche y hacés varios goles (NdR: venía de hacerle 3 a Colón, en Santa Fe). ¿Por qué no jugás de punta?
-Porque me gusta más la posición de enganche, o de volante por izquierda o derecha. Soy un jugador habilidoso. Mi ídolo y espejo es Enzo Francéscoli, aprendió mucho de él, incluso la forma de pegarle a la pelota en los tiros libres. Yo soy derecho, como él.
-A pesar de que naciste en Asunción, entrenaste un tiempo con Pekerman.
-Si, fue el año pasado (1998). Estuve en la Sub 17 durante seis meses y me preguntaron si podía nacionalizarme. Después no me llamaron más porque hasta los 18 años no puedo hacer el trámite. ¿Si me llaman de Paraguay? No se que haría….
En esa misma nota para el diario deportivo, Cáceres Silva dio detalles de sus llamativos dibujos en la piel:
-Tengo tatuados varios animales, un león, un duende (en el caso de que sea un animal), un dragón y un escorpión. Me los hice por gusto, no tienen ningún significado especial. También tenía cuatro aritos, dos en cada oreja…Pero el Profe Marcelo Rosenblatt me dijo el primer día de la pretemporada que me los sacara, que Ruggeri ya había retado a unos cuantos pibes.
Sin embargo, los retos no hicieron mella en el espíritu curioso del volante ofensivo y años más tarde quiso probar si podía ver más «duendes» sin tener que tatuarselos. El tiempo le hizo realidad ese deseo, pero antes peregrinó por el ascenso gracias a los sucesivos préstamos que San Lorenzo le ofrecía para saciarle sus ganas de jugar.
En julio de 2001 pasó a Almagro, en la B Nacional, que estaba bajo la conducción de Ginarte. Poco duró poco ya que al año siguiente volvió al Ciclón y jugó el torneo de Reserva (le hizo un gol a Boca, en 2002)
En julio de 2003, sin chances de debutar en Primera, se fue al Deportivo Morón en busca de continuidad, pero allí encontraría un bajón más. Arrancó siendo titular en el Apertura, e incluso tuvo buenas actuaciones, pero luego su nivel cayó bastante y quedó relegado. Para el Clausura 2004 de la Primera B, las oportunidades se le achicaron (el DT sólo lo puso un ratito en los tres primeros partidos del año, aunque hizo un gol ante Argentino de Quilmes). Pero él se terminó de enterrar. El 21 de febrero se jugó el clásico entre Morón y Almirante Brown. El Gallito perdió ese día 2 a 1, como local, y el paraguayo ingresó a los 16 minutos del segundo tiempo por su compañero Mercier. Hasta ese momento fue un partido como cualquier otro, aunque con la tristeza elocuente que supone la derrota en un clásico. Pero todavía había más.
Luego del partido, a Cáceres le tocó realizar el control andidoping. Y días más tarde recibió la noticia menos deseada: le había dado positivo.
En marzo de ese año se dio a conocer la información (esa misma semana también ocurrió algo similar con Cordone y Esteban González) y en abril se supo la sustancia y la pena: por haber encontrado en su muestra un derivado de la marihuana, recibió una sanción de tres meses (El Gusano ni se tomó la molestia de ir a declarar). El club, además, tuvo que pagar el equivalente a 75 entradas generales en concepto de multa.
Cumplió la condena y ese mismo año se incorporó a Laferrere. Con el tiempo pudo jugar con Cecilio Galeano, Cubito Cáceres, el Mono Claut, el Pampa Biaggio y Garrafa Sánchez, de quien llegó a ser el suplente natural.
Hoy, con menos competencia en el puesto pero con un dolor que lo debe seguir acompañando en cada rincón del estadio de Lafe, trata de reconstruir una carrera que comenzó plagada de buenos augurios y con más de un duende dando vueltas por el aire.
Juan Pordiosero