Boca fate chiquito

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A finales de la década del 80 Adidas lanzó al mercado mundial un diseño totalmente innovador que , sin dudas, inmortalizó la selección alemana campeona del mundo en Italia ’90. Aquí en nuestro país, además de otras empresas de indumentaria deportiva que imitaron el modelo «colgándose» del éxito alemán, la mismísima empresa de las tres tiras lo impuso en Boca Juniors. Usada en contadas ocasiones, la alternativa xeneize lucía en un principio el logo del sponsor (Fate) en un tamaño que hacía muy difícil su visualización (foto 1). Imaginamos que esto no habrá sido del agrado de los directivos de la empresa de neumáticos ya que esta camiseta nunca vió la luz oficialmente. En consecuencia, Boca utilizó una con el logo mucho más grande que abarcaba gran parte del pecho (foto 2).

Chelo

Borjas Alejandro

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Alejandro Borjas

Entendámoslo. El simple hecho de que durante mucho tiempo lo hayan llamado (y anotado) como Borja (el mismo apellido que el jugador mexicano que se hiciera conocido en latinoamérica por ser el ídolo del Chavo del 8), quizás lo llevó a elegir la carrera de futbolista, aún sabiendo que no tenía las condiciones necesarias para triunfar en Primera División.

Nacido en Lanús el 22 de marzo de 1982, no se tuvo que tomar ningún tren para integrar las filas del Granate. En el 2000 fue elevado al plantel superior y ese mismo año fue protagonista de un hecho que hizo preocupar al técnico, el Bambino Veira. El pibe Borjas, con toda su frescura e inocencia, la rompió en un partido de práctica e hizo un gol en la victoria de los suplentes 3 a 1 sobre los titulares (los otros dos fueron de Cristian Alvarez y Sebastián Clotet). Ese día parecía que empezaba a ganarse la consideración del entrenador. Pero no.

El volante encontró su techo en el banco de suplentes y después de haber sido cedido a Arsenal en 2002, regresó a Lanús y permaneció hasta junio de 2003, cuando quedó en libertad de acción junto a Matías Larrechart, Ignacio Risso y Emiliano Giannunzio. Lejos de enamorar con su juego a algún chavo (Desábato, Anzarda, Pinto), pasó desapercibido y tuvo menos protagonismo que Godinez.

Juan Pordiosero

Fuera de stock: Cecilia Pirolo

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Sola en la cancha
Perteneciente a la generación dorada de chicas en el fútbol, como Greta Rodríguez, Viviana Semienchuk y Angela Lerena, se hizo conocida por la morbosa tarea de moverse en un ámbito machista, haciendo campo de juego en las transmisiones de Torneos y Competencias a mediados de los 90’s.
Criada en Barrio Norte, en el seno de una familia de profesionales, no quiso ser menos y mientras se formaba periodísticamente en la escuela de Fernando Niembro y Marcelo Araujo, estudió Medicina.
Antes de convertirse en la Tití Fernández con cintura, Cecilia Pirolo deambuló por varios medios no tan conocidos. Pasó por una FM de Sarandí, formó parte de un programa partidario de Racing, siguió la campaña de San Lorenzo (el club de sus amores) y hasta laburó con Moria Casán en Soufflé a la tarde, un olvidable ciclo que se emitía por ATC.
Bajo el ala protectora de Niembro, llegó a las grandes ligas cuando la convocaron para realizar el típico trabajo de los cronistas en el terreno de juego. Su primer partido fue un Independiente-Ferro, con Julián Rico en los relatos y Elio Rossi en los comentarios. Después de su debut, quedó fija en los televisados de los sábados (generalmente en el interior del país), con Mariano Clos y su gran mentor.
Su presencia generó más de una opinión a favor y en contra (en junio de 1997 fue amenazada). La simple idea de ver a una chica en los vestuarios daba lugar a un montón de especulaciones que fueron perdiendo peso con el tiempo. «Eso es una pavada. Yo los espero a la salida o, de última, les pregunto desde afuera si están todos vestidos y puedo pasar. Los jugadores son muy respetuosos. Jamás me subestimaron por ser mujer ni me dieron notas por eso«, le dijo alguna vez al diario La Nación.
Cuando la novedad se convirtió en algo común y corriente, la carrera de Cecilia (que también laburó en Fox Sports) dejó de ser un tema recurrente entre los futboleros y sin que nadie lo advirtiera desapareció de los medios de comunicación.
Según pudimos averiguar, terminó su carrera universitaria y ejerció (al menos hasta hace un tiempo) en el Hospital Municipal de Vicente Lopez «Prof. B. Houssay«. Por suerte nos dejó el recuerdo su voz, su blanca sonrisa y esos pilotos para la lluvia que causaban sensación cuando Marcelo Benedetto todavía no era una estrella y tenía sobre el lomo 15 mil forreadas menos por parte de sus compañeros.

Juan Pordiosero

Racing Costas sin Nashua 1988

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Nunca sabremos si fue producto de un olvido del utilero o si se trató de un verdadero acto de discriminación. Lo cierto es que Gustavo Costas, símbolo de La Academia, salió a la cancha con su camiseta sin publicidad, en un partido de 1988. Como se observa en la imagen, sus compañeros (entre ellos, Medina Bello, Fabbri, Lamadrid y Rubén Paz) sí lucían la estampa de Nashua sobre el manto celeste de adidas. Cosas que pasan en Racing.

Juan Pordiosero (Gracias King_Mostaza)

Rojas Walter

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Walter Gabriel Rojas
Joya de San Lorenzo de Almagro que estuvo 4 años deambulando entre Reserva y Primera para luego ser transferido a otras instituciones de disímil status.
Desde 1988 a 1992, este prometedor puntero derecho que llegó a compartir plantel con el Lute Oste, Fernando Regules y Gabriel Rodríguez, entró a la cancha solamente en 4 partidos oficiales.
Sin lugar en el Cuervo, pasó al Dundee United de Escocia pero se ve que no dejó bien parada a la Argentina. En el sitio oficial del club que vio brillar al Trapito Carranza, se lo menciona a Rojas como componente de una estafa futbolística (presumen que recibieron a un doble y no al original), ya que estuvo muy por debajo del nivel prometido y no alcanzó a debutar. Incluso en un foro escocés se llegó a decir que el chico de San Lorenzo llegó con la identidad de «la estrella» Pescadito Paz. Increíble.
De regreso en nuestro país, puso el dedo para atarle el moño al paquete de jugadores que el ciclón envió al Deportivo Armenio (1993/94) y formó parte de ese rejuntado que incluía a Walter Sanfilippo, Adrián González y muchos más.
Quemado para toda la cosecha, picoteó por donde pudo, lejos de las grandes luces. Algunos años en Talleres de Remedios de Escalada (1996 a 1999) y un paso por Deportivo Laferrere (2001), terminaron de redondear una trayectoria que encontró su punto máximo en Uruguay, cuando vistió los colores de Huracán Buceo (2000).
Y no es que se haya embelezado con la murga Agarrate Catalina, con la cerveza Pilsen o con la entrañable Patricia. Lo que reconfortó el alma del delantero fue haber conocido al nigeriano Ike Uzoma. Ese día comprendió que no había hecho una fea carrera, porque a decir verdad, nada era feo al lado de su oscuro compañero.

Juan Pordiosero