
Sola en la cancha
Perteneciente a la generación dorada de chicas en el fútbol, como Greta Rodríguez, Viviana Semienchuk y Angela Lerena, se hizo conocida por la morbosa tarea de moverse en un ámbito machista, haciendo campo de juego en las transmisiones de Torneos y Competencias a mediados de los 90’s.
Criada en Barrio Norte, en el seno de una familia de profesionales, no quiso ser menos y mientras se formaba periodísticamente en la escuela de Fernando Niembro y Marcelo Araujo, estudió Medicina.
Antes de convertirse en la Tití Fernández con cintura, Cecilia Pirolo deambuló por varios medios no tan conocidos. Pasó por una FM de Sarandí, formó parte de un programa partidario de Racing, siguió la campaña de San Lorenzo (el club de sus amores) y hasta laburó con Moria Casán en Soufflé a la tarde, un olvidable ciclo que se emitía por ATC.
Bajo el ala protectora de Niembro, llegó a las grandes ligas cuando la convocaron para realizar el típico trabajo de los cronistas en el terreno de juego. Su primer partido fue un Independiente-Ferro, con Julián Rico en los relatos y Elio Rossi en los comentarios. Después de su debut, quedó fija en los televisados de los sábados (generalmente en el interior del país), con Mariano Clos y su gran mentor.
Su presencia generó más de una opinión a favor y en contra (en junio de 1997 fue amenazada). La simple idea de ver a una chica en los vestuarios daba lugar a un montón de especulaciones que fueron perdiendo peso con el tiempo. «Eso es una pavada. Yo los espero a la salida o, de última, les pregunto desde afuera si están todos vestidos y puedo pasar. Los jugadores son muy respetuosos. Jamás me subestimaron por ser mujer ni me dieron notas por eso«, le dijo alguna vez al diario La Nación.
Cuando la novedad se convirtió en algo común y corriente, la carrera de Cecilia (que también laburó en Fox Sports) dejó de ser un tema recurrente entre los futboleros y sin que nadie lo advirtiera desapareció de los medios de comunicación.
Según pudimos averiguar, terminó su carrera universitaria y ejerció (al menos hasta hace un tiempo) en el Hospital Municipal de Vicente Lopez «Prof. B. Houssay«. Por suerte nos dejó el recuerdo su voz, su blanca sonrisa y esos pilotos para la lluvia que causaban sensación cuando Marcelo Benedetto todavía no era una estrella y tenía sobre el lomo 15 mil forreadas menos por parte de sus compañeros.
Juan Pordiosero